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REVIEW: The Journey – Inter-Continental Concerts

Por: Humberto González

The Journey es el nuevo álbum de Inter-Continental Concerts, banda liderada por el iraní Shahed Mohseni Zonoozi. Un álbum que mezcla los sabores musicales de diferentes regiones del planeta. Desde “The Cyprus Station”, primer tema del álbum compuesto por 10 piezas, la banda intenta sumergir al escucha en un viaje de sonidos, en un viaje sensorial y geográfico interesante desde cualquier perspectiva.

No hay repetición ni lugares comunes dentro del mundo de The Journey. La guitarra española despliega sus alas desde el segundo uno, y no cesa sino hasta el final del viaje. Es, además, el elemento clave dentro de toda la propuesta musical del iraní.

“The Fellowship” es quizás el tema más diferente del resto. Comienza con un piano evocador, acompañado de una voz suave y ensoñadora. Es, quizás, el mejor tema del álbum, por lo que  transmite y lo que sugiere. Sin embargo, a veces la mezcla de las voces, tanto en “The Fellowship” como en el resto de los temas del álbum, resulta un tanto incómoda, pero esto es quizás un problema de producción.

Más allá de eso, The Journey es un gran álbum de la mano de Inter-Continental Concerts, y de la mano de la creativa mente musical que es Mohseni.

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REVIEW: Winter Calling

Por: Humberto González

Not Like You” es el clásico video de la banda de metalcore estadounidense. Sin ebargo, el bajo presupuesto llama mucho más la atención que el mismo tema de la banda. Sobre todo por la posición de la cámara en cada uno de los planos, en donde la atención se concentra sobre todo en las luces detrás de la banda. Más allá de agregar una intención estética que sea atractiva, el video de Winter Calling se convierte en un ejercicio de After Effects mal hecho.

Follow me down” sigue la misma línea; sin embargo, es un vídeo mucho más narrativo y más atractivo que el anterior. Al menos, acá notamos una intención de contar una historia que, si bien no es del todo complementaria artísticamente, es un intento por realizar una aproximación más artística. Winter Calling pega de imprimir la misma propuesta de realización en los 3 videos que hasta ahora acompañan al álbum. Una disposición clara por tendencias clásicas de la realización de vídeos, que si no fuera por la nitidez de la imagen digital o la pantalla en la que se visualiza, podría tratarse fácilmente de un video de los años 90.

A New Me a Few Me” es quizás el más experimental y más atractivo del trío de videos. Quizás por la cobertura de la historia, es el más diferente de los demás. Blake Cortes dirige las tres piezas audiovisuales. Y aunque cuenta con un presupuesto para realizarlos, queda demasiado por entender la necesidad de piezas que no aportan nada al esquema musical del álbum “Faces”.

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REVIEW: Eleven Nine – Eric Anders

Por: Humberto Sánchez

A pesar de describirse como indie, Eleven Nine llama la atención estilísticamente desde una propuesta que se desplaza por sonidos que quizás no son propios del género. El último álbum del oriundo de California, Eric Anders, es, según él mismo describe y alega, un álbum “anti-Trump”. Compuesto por diez temas, en donde se incluye un cover al tema de CCR “Who’ll Stop the Rain”.

La última producción del californiano es una producción de grandes rasgos y grandes gestos técnicos. “This Fire Has Burned Too Long” es quizás uno de los temas más interesantes del disco, no solo por sus letras y por su interesante propuesta musical, sino porque devela la gran capacidad de composición no solo a nivel lírico sino a nivel de música por parte de Anders. Un tema que se deriva entre el indie y el blues, llegando a extremos en donde hay un interesante despliegue de sentimientos oscuros y, quizás, tenebrosos.

El álbum protesta tiene una interesante seguidilla de canciones que quizás en orden pueden demostrar, más allá de un álbum, un largo elemento de protesta política a través de la música, con temas que son efectivos desde todos los frentes.

“Eleven Nine” es un disco interesante que demuestra la madurez artística de Eric Anders, un músico con un futuro más que prometedor.

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REVIEW: The Compound – Meanr Mynr

Por: Humberto González

El último EP de Meanr Mynr se encuentra entre la mala producción y la creatividad trivial. Una mezcla incoherente de sonidos y ritmos que no calan del primero al último segundo de la entrega. The Compound está compuesto por tres temas del músico oriundo de Denver, siendo “Soul Out” el tema que da inicio al corto EP. No es una atractiva invitación para escuchar más, ni mucho menos.

“Soul Out” es, sin más, una amalgama de pasajes en la guitarra con un ritmo que se mueve entre el hip hop y la música más electrónica. Tienen mucho que ver este tema con “Blasé” y “Stay Up”, el segundo y tercer tema, respectivamente, del EP. Y es que ninguno contempla una cohesividad conceptual palpable, ninguna intención de que la fluidez musical reine.

“The Compound” es una pieza para escuchar y dejar. Muy dificilmente de revisitar.

Music for

REVIEW: Music for Icebergs – Mike Sayre

Por: Humberto González

Mike Sayre se atreve a nadar en aguas profundas con su útlimo disco, que no es de tomarse a la ligera. Music for Icebergs es un álbum contemplativo, más que cualquier otra cosa. Un álbum que con 5 extensos temas logra comulgar su principal premisa: esta es, quizás, la música que escucharíamos en una situación de naufragio en un enorme bloque de hielo.

La música está hecha especialmente para escribir, o pensar o indagar. Quizás para dormir. “Génesis” sincroniza con el ambiente y dibuja durante 8 minutos el sonido quizás más experimental de todos. “Fimbul”, sin embargo, es un quiebre, en el más puro sentido de la palabra. El sonido del agrietar, el eco del escenario, nos lleva hacia el momento.

“Antrophocene” es otro tema digno, no solo por la labor que ejerce de sumergir al que escucha, sino por su cualidad completamente creadora en el momento.

Ya para los últimos 20 minutos del álbum, “Floes/Flows” y “Elegy” se presentan como la pieza segura para cerrar. Un concepto que se apega al pie de la letra de lo que Sayre ha propuesto desde un principio. El neoyorquino ofrece en “Music for Icebergs” un compendio de 4 dramas intensos sobre la soledad y la tempestad. “Elegy” es un temazo, que presenta por primera vez, a lo largo del álbum, una necesidad de redimir eso que no es posible a través de los meros ambientes.

https://soundcloud.com/mikesayre/fimbul

GaBso

Review: Made we wanna change my name – GaBso

Por: Humberto González

El último EP de GaBso es una amalgama de sonidos y géneros que, por mucho esfuerzo, producción y dinero, no llegan a concretarse en un concepto atractivo, mucho menos en ser música con contenido memorable. Este último trabajo musical del israelí es, sin embargo, un trabajo con un esfuerzo si bien no tan notable, entendible.

El EP comienza con “Where I’ll Put My Shoes”, un tema con beats y sonidos que referencian al dubstep más clásico, pero acompados de la voz pulcra, limpia y afinada de GaBso. Sin embargo, los temas que le siguen caen no solo en una repetición aburrida y tediosa, sino que son acompañados por letras vacías y lugares comunes de la música sin corazón. “Words Words Words Words” es un ejemplo claro de ello, en donde la repetición de la palabra es quizás lo más poético del tema.

“789” da cierre a un EP con pocas cosas positivas que decir. Un disco que no llega a calar en ningún frente.

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REVIEW: Believe – Ivan Beecroft

Por: Humberto González

“Believe”, el último tema de Ivan Beecroft, es un one man show single, en donde el australiano se encarga de componer toda la música y hacerse cargo de la ejecución de cada uno de los instrumentos, además de la producción del single.

Y eso se nota. Quizás demasiado. Un tema sin nada que aporte al avance del músico de Melbourne. Su calidad musical es regular. “Believe” es un tema con una ejecución plana, y a pesar de la interesante voz de Beecroft, esto no se refleja en ningún otro renglón. Ni en los arreglos, ni en los tiempos, ni en las notas o las melodías. Cargado de simplezas en el mal sentido de la palabra, la monotonía musical no refleja ni una pizca de autenticidad, y, por el contrario, termina dejando caer al tema en una inmensidad de piezas que son irrelevantes.

Esto, aunado a una razón que se percibe en la simple superficie: una composición sin demasiado fondo, sin sensaciones que perseguir. No es una razón para no escuchar el tema, pero no es un tema que demande demasiada atención, por lo menos, a quien les escribe. Un intento fallido por intentar hacernos “creer”…

Gaslighter

REVIEW: Gaslighter – Tipsy in Chelsea

Por: Humberto González

Gaslighter es un paseo de 7 canciones, de las cuales dos son covers. Las 5 canciones restantes, sin embargo, no  dan a entender demasiado el sentido creador de Tipsy in Chelsea. La banda oriunda de Atlanta despliega sus alas en un primer tema lleno de bossa nova y fusión de géneros y sonidos interesantes. “Laugh Til’ I Cry” es sin dudas el tema más llamativo del álbum.

Después, incluso durante los covers a Badfinger o Phil Seymour, Gaslighter se desinfla sin poder retomar vida, e, incluso, esa chispa inicial se apaga y no regresa por largos ratos. Al menos, no hasta la cúspide de “Precious To Me”, en el que la chispa creadora, no de la banda, sino del mismo Seymour, despliega sus alas para levantar un disco que no presentaba demasiado en un principio.

Interesante a primeras, sí, con un ritmo de bossa nova clásico y el punteo de guitarras característico. Pero más allá de ello, Dean Falcone y Trish Thompson no ofrecen demasiado.

DANGONDWEB

Ya no me duele más – Silvestre Dangond

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

Más que una canción, este es un grito de liberación. Un himno de triunfo que sólo pueden entonar aquellos que han logrado sobrevivir a un despecho y que ya se encuentran fuera del influjo de aquel sufrimiento. Es el aleluya de los que lo consiguieron, y, por tanto, un tema alegre, feliz, jubiloso y exultante. Lo canta Vicente Dangond, quien suena muy (demasiado) parecido a Carlos Vives y quien, al igual que su paisano, ha logrado convertir al malquerido y a veces execrado vallenato en una cosa urbana que se deja colar, querer y hasta oír.

Ay dile que ya sanó mi corazón
Que no me duele más su amor
Que ya no lloro más por ella

Ve y dile
Que yo aprendí bien la lección
Que no me entrego a otra ilusión
Si es pa’ sufrir de esta manera

El tema arranca enviando un recado a través de un tercero (o tercera, no está claro) a esa mujer que lo dejó. El núcleo del mensaje es que él se encuentra bien (“ya sanó mi corazón”), y las pruebas son que ya no siente (“no me duele más su amor) ni padece (“ya no lloro más por ella”), de lo que se desprende que para él la ruptura fue dolorosa. La segunda parte del mensaje va por el mismo derrotero: aprendió de su error y no volverá a cometerlo. ¿Cuál fue ese error? “Entregarse a [una] ilusión”. De lo que se podría concluir que aquí fue él quien lo dio todo (se entregó) por algo que no era verdadero (una ilusión), y por ello salió perjudicado (sufrió tremendamente).

Que ya no piense en regresar
Aunque no le guardo rencor
Que ya pasó todo el dolor, oh, oh

Que solo el tiempo le dirá
Si alguien la quiso más que yo
Que me hizo fuerte con su adiós
Y hoy le deseo lo mejor

En la primera línea le cierra la puerta a la posibilidad de volver a estar juntos. No queda claro si esto surge como respuesta a una propuesta que llevaba el/la mensajero/a, o si es algo que él, por voluntad propia, se adelanta a dejar claro antes de que pueda plantearse. En todo caso, esa puerta está cerrada con llave, y no porque él la odie o tenga algo contra ella (“no le guardo rencor / ya pasó todo el dolor”) no está movido por ningún sentimiento innoble (“hoy le deseo lo mejor”) y por eso, incluso, es capaz de encontrarle el aspecto positivo (“me hizo fuerte con su adiós”) a ese mal trago. Hay una madurez sentimental en esta estrofa, un crecer y sacar lo mejor de la mala experiencia, cuidándose, eso sí, de no repetirla. Sin embargo, también mete ahí su aguijón: “sólo el tiempo le dirá / si alguien la quiso más que yo”. No está mal la frase: mira el cariño que perdiste y a ver si vuelves a encontrar quien te lo de.

Ay, ya no me duele más
Ya te logré olvidar
Y aunque te quise tanto tu recuerdo me hace mal

Ya no me duele más
Ya te logré olvidar
¿Pa’ qué morir de pena si la vida sigue igual?

Ese “¡ay!” es muy pequeño para la fuerza que tiene al ser interpretado. Tendría que ir en mayúscula, con varios signos de exclamación, y todavía se quedaría corto. Aquí el arreglo del tema es fantástico para lograr que verdaderamente se sienta como un grito de liberación, de desahogo. Al escucharlo uno siente que en ese “ya no me duele más / ya te logré olvidar” salen exorcizados todos los demonios de despecho que lo atormentaban, que se libera de una opresión, de un peso y de un sufrimiento tremendos. Y ojo a la siguiente línea (“aunque te quise tanto tu recuerdo me hace mal”), que es triste y lúcida. Triste porque no hay en esta tierra forma que un “querer tanto” conjugado en pretérito perfecto simple (ese tiempo absoluto de acciones terminadas) no lo sea, ya que nos indica que ese sentimiento, esa cosa bonita, está en el pasado y en el pasado quedó: no se repetirá; y lúcida porque se reconoce frágil e inmune al poder del recuerdo (“me hace mal”).

Todo lo que sigue a partir de aquí, que no es mucho tampoco, carece prácticamente de valor. Coquetea con otra mujer (“párame bolas mi vida / ‘tay bonita, ‘tay soltera”), la deja libre (“sigue tu camino sin mi amor”) y promete cambio (“todo cambiará a partir de hoy”). Son líneas prescindibles, que no por ello demeritan las anteriores, y a pesar de las cuáles sigue siendo un tremendo tema que ojalá muchos (si no todos) los despechados puedan cantar a todo pulmón en algún momento de su vida, para proclamarle al mundo que a ellos tampoco les duele más y que lograron olvidar.

VOZ VEIS

Jamás se dice adiós – Voz Veis

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

Un reencuentro con el primer amor es la historia que canta –y cuenta– este tema de Voz Veis, perteneciente a su sexto disco, ‘¿Qué me has hecho tú?’. Un reencuentro entre dos que se quisieron mucho y tenían años sin verse, y que, cuando lo hacen, descubren que el único ha sido físico, porque el cariño que se tenían se mantiene inmutable. Y entonces, surge la sugerente idea que le da título al tema: hay gente que por más tiempo que pasen sin verse, por más cosas que los separen en la vida, nunca se despiden, jamás se dicen adiós.

¿Qué tal? ¿Cómo estás?
Hoy te encuentro más bella de lo normal
A pesar, que han pasado tantos años sin hablar
la verdad tienes la misma manera de mirar
que aún no puedo olvidar

Esta primera estrofa nos pone en la escena de un encuentro inesperado. Todo está cantado en primera persona, pero dirigido siempre a otra. No es exactamente un monólogo, sino más bien un diálogo del que solo tenemos las líneas de una sola de las partes. Arranca con un saludo casual (“¿Qué tal? ¿Cómo estás?”) tras el cual viene un piropo (“hoy te encuentro más bella de lo normal”). Hasta el momento no sabemos qué tipo de relación había entre ambos, pero sí que tenían mucho tiempo sin contacto (“han pasado tantos años sin hablar”). También, que al reencontrarse él la halla preciosa y que no ha podido olvidarla. Esa última línea (“que aún no puedo olvidar”) es la clave de la estrofa: porque ha pasado de todo y esa mirada suya ha permanecido en el recuerdo.

Yo sigo acá:
me reviento en cada gira y al llegar, descansar;
siempre encuentro alguna amiga a quien llamar.
No está mal,
¿pero a quien engaño si en mi alma estas
dura de sacar?

Seguimos con la misma estructura del diálogo mutilado; es decir, teniendo sólo su perspectiva. Ese arranque (“yo sigo acá”) sugiere que es la respuesta a una pregunta. “Me reviento en cada gira y al llegar, descansar…”: la pone al día de su vida y de su  rutina, que es, ya se ve, la de un cantante. Interesante esto, ya que le da un toque de realismo a la historia. Luego, entra al plano de lo sentimental: “siempre encuentro alguna amiga a quien llamar”. Tiene una vida, casi, de playboy, no le faltan las mujeres, pero inmediatamente agrega un “no está mal”; es decir, que algo no está bien, lo que se confirma inmediatamente con una confesión en forma de pregunta retórica tras la cual queda poco por decir: “¿a quién engaño si en mi alma estás dura de sacar?”. Ya no es sólo que la ve bonita, o que no ha olvidado su mirada; es que la tiene en el alma (en lo más profundo) y “dura de sacar”: sigue allí a pesar del tiempo, de las amigas que llama cuando llega de gira, de todo.

Fuimos tan perfectos debutando en el amor
Fuimos como el viento entregado al cielo
Fui un velero navegándote amor
y tú la playa anclada al corazón
Fuimos más que un cuento que se acabó
hay gente que jamás se dice adiós

Este es el coro de la canción, que arranca con una línea que bien paga todo el tema: “Fuimos tan perfectos debutando en el amor”. Es una frase nostálgica, que remite a un recuerdo feliz, a una añoranza maravillosa: el debut en el amor…sea lo que esto pueda ser. Llámese noviazgo o primera vez o ambas juntas, eso da igual. Lo importante es que en esas lides fueron “perfectos”. Y en ese momento, teniéndola en frente, viéndola, lo que le sale es eso: “¡Fuimos tan perfectos debutando en el amor!”. Es sencillamente precioso, incluso conmovedor. Aunque también doloroso: el fuimos (pretérito perfecto) se remite a algo que sucedió en el pasado y concluyó. Y con ello, ya tenemos el cuadro completo de la historia: dos primeros novios que se rencuentran tras mucho tiempo.

Le siguen dos líneas que no le hacen justicia a la anterior: “fuimos como el viento entregado al cielo” (¿?), “fui un velero navegándote amor y tú la playa anclada al corazón” (¿?); son dos imágenes que tienen poco o ningún sentido, y de las que es muy poco lo que se puede sacar. Pero tras ellas viene un cierre de altura: “Fuimos más que un cuento que se acabó. Hay gente que jamás se dice adiós”. Comencemos por lo primero: “más que un cuento que se acabó”; aquí está diciendo que lo de ellos no fue una historia del montón, con principio, desarrollo y fin, sino algo más, muchísimo más, que ni siquiera se puede medir con los estándares o parámetros típicos; no fue algo que pasó y en el pasado quedó. “Hay gente que jamás se dice adiós”: es una afirmación tan categórica (“jamás”) como esperanzadora, que sugiere una eternidad, al menos terrena: mientras estemos en este mundo jamás podremos decirnos adiós.

Puede pasar que ya tengas compañía
¿Y qué más da?
Si al final, lo que importa en esta vida es recordar,
es guardar eso que fotografía el corazón
que solo es de los dos

Esta estrofa arranca admitiendo la posibilidad de que en la vida de ella pueda haber otro en ese momento, cosa que despacha muy ligeramente con un “¿qué más da?” porque tiene confianza en algo inamovible: los recuerdos. Él es parte de su historia, de algo que nadie va a poder arrancar. “Al final, lo que importa en esta vida es recordar”. La sentencia hace volver a Sábato (“vivir consiste en crear recuerdos futuros”) y no deja de tener una cierta e interesante sabiduría existencial; inmediatamente le sigue otra frase mejor: “[lo que importa en esta vida] es guardar eso que fotografía el corazón, que solo es de los dos”. La imagen es tan gráfica como preciosa y se entiende perfectamente: se refiere a esos recuerdos que quedan grabados inmarcesiblemente en ese espacio inabarcable e inaccesible del corazón, los instantes que éste decide congelar para siempre, que son tan ingobernables como imborrables, y que, como bien agrega la canción “sólo [son] de los dos”, no pertenecen a más nadie.

Inmediatamente entra de nuevo el coro, que aquí cobra la plenitud de su sentido. “Fuimos tan perfectos debutando en el amor”; y como lo fueron, hay (tienen) un álbum entero de recuerdos, de fotografías del corazón; y como lo fueron, porque lo fueron, hay (y ellos son) gente que jamás se dice adiós.