OCTAVIOWEB

Octavio Paz, un hombre malquerido

“Toda dictadura, sea de un hombre o de un partido, desemboca en las dos formas predilectas de la esquizofrenia: el monólogo y el mausoleo”

Fue, a nadie le quepa la menor duda, uno de los hombres más talentosos del continente. Un genio de la palabra. Pero tuvo dos faltas que lo hicieron tremendamente impopular. La primera, dedicarse a dos géneros casi clandestinos (poesía y ensayo); y la segunda, ser políticamente incorrecto y brutalmente honesto. Ello llevó a que Octavio Paz, nacido en Ciudad de México el 31 de marzo de 1914, fuera, durante buena parte de su vida, un apestado. Un hombre malquerido hasta por los suyos, que cuando no lo despreciaban lo combatían pero casi nunca lo admiraban y las pocas veces que lo hicieron fue con reparos y a regañadientes. Como cuando en 1990 le dieron el Premio Nobel de Literatura y los periódicos mexicanos dijeron celebrar al poeta pero no al personaje, que para ellos seguía siendo abominable. Le cobraban sus posiciones políticas de derecha, que denunciara la falta de democracia en la Nicaragua sandinista (intocable en aquel entonces), que anteriormente hubiera sido implacable con la Cuba castrista y con la Unión Soviética estalinista, que hubiera osado defender, incluso, la hegemonía del PRI, que Vargas Llosa calificó como “dictadura perfecta” y él de “sistema hegemónico de dominación de un partido” pero de dictadura nada. Y así, seguían distrayéndose, olvidándose y perdiéndose del brillante autor de obras como ‘El arco y la lira’, ‘Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe’, ‘El laberinto de la soledad’, ‘Salamandra’ o ‘Los hijos de Limo’. El viernes, el caudal de informativo anegó la conmemoración de su nacimiento, por ello hoy lo recordamos con gratitud. Puedes leer una breve semblanza sobre el Nobel malquerido aquí.

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REVIEW: Believe – Ivan Beecroft

Por: Humberto González

“Believe”, el último tema de Ivan Beecroft, es un one man show single, en donde el australiano se encarga de componer toda la música y hacerse cargo de la ejecución de cada uno de los instrumentos, además de la producción del single.

Y eso se nota. Quizás demasiado. Un tema sin nada que aporte al avance del músico de Melbourne. Su calidad musical es regular. “Believe” es un tema con una ejecución plana, y a pesar de la interesante voz de Beecroft, esto no se refleja en ningún otro renglón. Ni en los arreglos, ni en los tiempos, ni en las notas o las melodías. Cargado de simplezas en el mal sentido de la palabra, la monotonía musical no refleja ni una pizca de autenticidad, y, por el contrario, termina dejando caer al tema en una inmensidad de piezas que son irrelevantes.

Esto, aunado a una razón que se percibe en la simple superficie: una composición sin demasiado fondo, sin sensaciones que perseguir. No es una razón para no escuchar el tema, pero no es un tema que demande demasiada atención, por lo menos, a quien les escribe. Un intento fallido por intentar hacernos “creer”…

Gaslighter

REVIEW: Gaslighter – Tipsy in Chelsea

Por: Humberto González

Gaslighter es un paseo de 7 canciones, de las cuales dos son covers. Las 5 canciones restantes, sin embargo, no  dan a entender demasiado el sentido creador de Tipsy in Chelsea. La banda oriunda de Atlanta despliega sus alas en un primer tema lleno de bossa nova y fusión de géneros y sonidos interesantes. “Laugh Til’ I Cry” es sin dudas el tema más llamativo del álbum.

Después, incluso durante los covers a Badfinger o Phil Seymour, Gaslighter se desinfla sin poder retomar vida, e, incluso, esa chispa inicial se apaga y no regresa por largos ratos. Al menos, no hasta la cúspide de “Precious To Me”, en el que la chispa creadora, no de la banda, sino del mismo Seymour, despliega sus alas para levantar un disco que no presentaba demasiado en un principio.

Interesante a primeras, sí, con un ritmo de bossa nova clásico y el punteo de guitarras característico. Pero más allá de ello, Dean Falcone y Trish Thompson no ofrecen demasiado.

VARGASLLOSAWEB (1)

Vargas Llosa cumple 81 años

“Nada enriquece tanto los sentidos, la sensibilidad y los deseos humanos, como la lectura. Una persona que lee bien, disfruta muchísimo mejor de la vida, aunque también tiene más problemas frente al mundo.”

Jorge Mario Pedro Vargas Llosa, el escritor vivo más importante de la lengua española, arriba hoy a los 81 años de edad. Lo hace en buena forma y todavía activo: en marzo del año pasado publicó ‘Cinco esquinas’, su más reciente novela (la número 19 de su bibliografía) que, se espera, no sea la última. Autor de por lo menos cinco obras maestras (‘La ciudad y los perros’, ‘Conversación en La Catedral, ‘La casa verde’, ‘La Guerra del fin del mundo’, ‘La fiesta del chivo’), 9 obras de teatro y casi veinte ensayos sobre literatura y cultura, ostenta el título de ser todavía el último Premio Nobel de Literatura latinoamericano (sexto de este continente y único vivo), que ganó en 2010. En aquella oportunidad, pronunció uno de los mejores discursos de los últimos tiempos, titulado ‘Elogio a la lectura y la ficción’. Allí contó cómo, siendo un niño abandonado por su padre y en un hogar provinciano, encontró en la lectura su redención: “Mi salvación fue leer, leer los buenos libros, refugiarme en esos mundos donde vivir era exaltante, intenso, una aventura tras otra, donde podía sentirme libre y volvía a ser feliz (…) Sin los buenos libros, seríamos peores de lo que somos, más conformistas, menos inquietos e insumisos, y el espíritu crítico, motor del progreso, ni siquiera existiría”. Hoy, en esta Venezuela sumida en la dictadura y el oscurantismo, no sólo celebramos su vida sino que también instamos a seguir su ejemplo: lean y fórmense para que no haya Maduro y revolución que pueda con ustedes.

Puedes leer una breve semblanza de Mario Vargas Llosa, el Nobel que sobrevivió a los 33, aquí

RUPERTAWEB

Ruperta, la elefante de caricuao, muere de hambre

Es parte de los recuerdos de infancia de cualquier caraqueño. Ir a verla era, para todos, una de las grandes ilusiones (y emociones) de la niñez, y se entiende: una elefante africana era un animal que parecía reservado sólo para los libros de biología y para la televisión. Pero en Caricuao, al oeste de la ciudad, teníamos una llamada Ruperta. Sin embargo, visitarla ha dejado de ser sinónimo de emoción para convertirse en un lamento. Ya nadie se contenta ni se divierte ante su vista. Ahora todos se impresionan, conmueven y entristecen. Porque Ruperta (la foto habla por sí sola) está desnutrida. De las 7 toneladas que debería pesar, tiene apenas 4. Por haber sido alimentada durante las últimas dos semanas únicamente con auyama, le dio una diarrea que la dejó deshidratada y le produjo una caída. En un comunicado, el Ministerio de Ecosocialismo y Aguas (¿?) informó que ello sucedió “por pérdida de equilibrio, a consecuencia de su estado senil”; versión que fue desmentida por Clara Chávez, líder vecinal de Caricuao: “Ruperta se cayó hace días porque golpeaba las piedras en búsqueda de comida. No lo reconocen, pero sufrió una lesión y ahora quieren decir que perdió masa muscular porque está vieja”. Alarmados por su triste estado, un grupo de personas recolectó comida durante el fin de semana (requiere 150 kilos de alimento diario) que el Coordinador del Zoológico de Caricuao, Erik Lenarduzzi, se negó a recibir alegando medidas sanitarias; solo aceptó un cargamento de heno. Su caso no es el único. Según El Universal, “en el Zoológico murió un puma al que le suministraron anestesia vencida, se escaparon otros animales, murió un hipopótamo por ingerir pelotas, no aparecen un cunaguaro y un caballo, y no se conoce el estado de salud de un puma herido por otro de la misma especie”; por ello, los vecinos están alerta: no quieren que Ruperta corra la misma suerte.

PRADAWEB

RESEÑA: La vida invisible – Juan Manuel de Prada

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

‘La vida invisible’, de Juan Manuel de Prada, es un libro magnífico que puede (y debe) ser leído tanto por los que gustan de las buenas historias como por quien quiera darse un baño de buena prosa. Se trata de una novelaza (así, con superlativo peruano) que vale tanto por el fondo como por la forma, por lo que cuenta y por como lo cuenta, y que lo deja a uno con la misma sensación que se tiene al salir de cualquier catedral europea: la de que se estuvo, independientemente del estilo y de los gustos, ante algo grande.

La historia es la de un escritor, Alejandro Lozada, que en vísperas de su boda y apenas días después del 11-S viaja a Chicago a dictar una conferencia literaria. En el viaje conoce a dos personajes que terminarán por cambiarle completamente la vida: Elena, una joven con la que tiene una especie de affair no consumado y termina obsesionándose con él; y Chambers, un veterano de guerra que le proporciona las grabaciones de sus conversaciones con Fanny Riffel, una antigua estrella de revistas eróticas (pin-up-model) a la que un día encontró recluida en un ancianato, y cuya historia quiere que escriba. De regreso a Madrid, Lozada, que pretende que todo lo que pasó en Chicago quede sepultado, comienza a reconstruir y escribir la sórdida historia de Fanny Rimmel, a la par que empieza a sufrir los embates del acoso de Elena, lo que terminará, a él, que quería que todo quedara sepultado, obligándolo a dar un giro radical en su vida.

Es un resumen muy escueto para un libro muy grande en el que pasa mucho, muchísimo más. Y aunque aquí pudiera parecer que se trata de una novela policial o de misterio, hay que aclarar que ‘La vida invisible’ no tiene absolutamente nada de eso. Lo que De Prada hace a partir de esa historia es construir una novela que es atravesada transversalmente y en todas sus páginas por grandes temas como la expiación y la culpa, los secretos, y la locura. Es tremenda la aproximación que hace De Prada a ese mundo, el de la vida invisible.

Ahora bien, la forma del libro. En estructura es bastante simple: no hay narraciones simultáneas ni paralelas, tampoco saltos bruscos en el tiempo, o cambios intempestivos de narrador. Los narradores, además, están bastante bien definidos: en primera persona cuando él narra, en tercera cuando le pasa el testigo al otro. Pero la prosa de De Prada. Eso sí es otro tema. Eso sí es otra cosa. Es un libro con un lenguaje rico, suculento, culto. La cantidad de palabras y sobre todo de adjetivos es extraordinaria. Para ir anotando y aprendiendo. Es fantástico como para todo De Prada tiene una imagen, y buena, además, que es lo que más sorprende. Eso es digno de admirar, aplaudir y celebrar,  aunque puede suceder que haya partes en las que tanto adorno retórico se vuelva cansón. He allí su único defecto: que como las catedrales barrocas llega a abrumar y uno necesita respirar; aunque, como hemos aprendido tras ya tantos años de escasez, es mejor que sobre a que falte. Y a esta muy recomendable novela le sobra genio y prosa.

La vida invisible

Autor: Juan Manuel de Prada

Año: 2003

Páginas: 636

Calificación: 9/10

 

DANGONDWEB

Ya no me duele más – Silvestre Dangond

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

Más que una canción, este es un grito de liberación. Un himno de triunfo que sólo pueden entonar aquellos que han logrado sobrevivir a un despecho y que ya se encuentran fuera del influjo de aquel sufrimiento. Es el aleluya de los que lo consiguieron, y, por tanto, un tema alegre, feliz, jubiloso y exultante. Lo canta Vicente Dangond, quien suena muy (demasiado) parecido a Carlos Vives y quien, al igual que su paisano, ha logrado convertir al malquerido y a veces execrado vallenato en una cosa urbana que se deja colar, querer y hasta oír.

Ay dile que ya sanó mi corazón
Que no me duele más su amor
Que ya no lloro más por ella

Ve y dile
Que yo aprendí bien la lección
Que no me entrego a otra ilusión
Si es pa’ sufrir de esta manera

El tema arranca enviando un recado a través de un tercero (o tercera, no está claro) a esa mujer que lo dejó. El núcleo del mensaje es que él se encuentra bien (“ya sanó mi corazón”), y las pruebas son que ya no siente (“no me duele más su amor) ni padece (“ya no lloro más por ella”), de lo que se desprende que para él la ruptura fue dolorosa. La segunda parte del mensaje va por el mismo derrotero: aprendió de su error y no volverá a cometerlo. ¿Cuál fue ese error? “Entregarse a [una] ilusión”. De lo que se podría concluir que aquí fue él quien lo dio todo (se entregó) por algo que no era verdadero (una ilusión), y por ello salió perjudicado (sufrió tremendamente).

Que ya no piense en regresar
Aunque no le guardo rencor
Que ya pasó todo el dolor, oh, oh

Que solo el tiempo le dirá
Si alguien la quiso más que yo
Que me hizo fuerte con su adiós
Y hoy le deseo lo mejor

En la primera línea le cierra la puerta a la posibilidad de volver a estar juntos. No queda claro si esto surge como respuesta a una propuesta que llevaba el/la mensajero/a, o si es algo que él, por voluntad propia, se adelanta a dejar claro antes de que pueda plantearse. En todo caso, esa puerta está cerrada con llave, y no porque él la odie o tenga algo contra ella (“no le guardo rencor / ya pasó todo el dolor”) no está movido por ningún sentimiento innoble (“hoy le deseo lo mejor”) y por eso, incluso, es capaz de encontrarle el aspecto positivo (“me hizo fuerte con su adiós”) a ese mal trago. Hay una madurez sentimental en esta estrofa, un crecer y sacar lo mejor de la mala experiencia, cuidándose, eso sí, de no repetirla. Sin embargo, también mete ahí su aguijón: “sólo el tiempo le dirá / si alguien la quiso más que yo”. No está mal la frase: mira el cariño que perdiste y a ver si vuelves a encontrar quien te lo de.

Ay, ya no me duele más
Ya te logré olvidar
Y aunque te quise tanto tu recuerdo me hace mal

Ya no me duele más
Ya te logré olvidar
¿Pa’ qué morir de pena si la vida sigue igual?

Ese “¡ay!” es muy pequeño para la fuerza que tiene al ser interpretado. Tendría que ir en mayúscula, con varios signos de exclamación, y todavía se quedaría corto. Aquí el arreglo del tema es fantástico para lograr que verdaderamente se sienta como un grito de liberación, de desahogo. Al escucharlo uno siente que en ese “ya no me duele más / ya te logré olvidar” salen exorcizados todos los demonios de despecho que lo atormentaban, que se libera de una opresión, de un peso y de un sufrimiento tremendos. Y ojo a la siguiente línea (“aunque te quise tanto tu recuerdo me hace mal”), que es triste y lúcida. Triste porque no hay en esta tierra forma que un “querer tanto” conjugado en pretérito perfecto simple (ese tiempo absoluto de acciones terminadas) no lo sea, ya que nos indica que ese sentimiento, esa cosa bonita, está en el pasado y en el pasado quedó: no se repetirá; y lúcida porque se reconoce frágil e inmune al poder del recuerdo (“me hace mal”).

Todo lo que sigue a partir de aquí, que no es mucho tampoco, carece prácticamente de valor. Coquetea con otra mujer (“párame bolas mi vida / ‘tay bonita, ‘tay soltera”), la deja libre (“sigue tu camino sin mi amor”) y promete cambio (“todo cambiará a partir de hoy”). Son líneas prescindibles, que no por ello demeritan las anteriores, y a pesar de las cuáles sigue siendo un tremendo tema que ojalá muchos (si no todos) los despechados puedan cantar a todo pulmón en algún momento de su vida, para proclamarle al mundo que a ellos tampoco les duele más y que lograron olvidar.

Goethe

15 frases de Goethe para pensar

Es sinónimo de romanticismo y de Alemania. Su apellido da nombre al instituto oficial que a nivel mundial difunde la cultura germana. Sus obras se siguen leyendo casi dos siglos después de su desaparición. Fue, para Eliot, “el más grande hombre de letras alemán y el último verdadero hombre universal sobre la tierra”. ‘Los años de aprendizaje de Wilhelm Meister’ llegó a ser considerada por el filósofo alemán Arthur Schopenhauer como una de las cuatro mejores novelas de la historia. Su ‘Werther’ elevó la temperatura de toda una generación de jóvenes hasta producir una oleada de suicidios (se dice que unos 2000) semejantes al del protagonista. ‘Fausto’, para muchos su mejor obra, es un clásico indiscutible de la literatura universal y prácticamente su testamento: la muerte, con un infarto al miocardio, lo encontró terminando su segunda parte, que se publicó post-morten. Hoy, al cumplirse 185 años de la desaparición de Goethe, lo honramos y recordamos como el genio que fue. A continuación, alguna de sus mejores frases para pensar y reflexionar:

“Actuar es fácil, pensar es difícil; actuar según se piensa es aún más difícil.”

“Aprovechad el tiempo que vuela tan aprisa, el orden os enseñará a ganar tiempo.”

“Aquellos que ven en cada desilusión un estímulo para mayores conquistas, ésos poseen el recto punto de vista para con la vida.”

“Divide y manda: ¡sabio consejo!; une y guía: ¡otro lema mucho mejor!”

“El amor es el único juego que pierdes, simplemente por rehusarte a jugarlo.”

“El cobarde sólo amenaza cuando está a salvo.”

“El niño es realista; el muchacho, idealista; el hombre, escéptico, y el viejo místico.”

“El único hombre que no se equivoca es el que nunca hace nada.”

“Hay libros que no parecen escritos para que la gente aprenda, sino para que se entere que el autor ha aprendido algo.”

“La ley es poderosa, pero más poderosa es la necesidad.”

“La mayor riqueza del hombre consiste en tener un ánimo suficientemente grande para no desear la riqueza.”

“La noche es la mitad de la vida, y la mitad mejor.”

“La vida ociosa es una muerte anticipada.”

“Lo que puedas hacer o soñar, ponte a hacerlo. La osadía está llena de genialidad, poder y magia.”

“Si quieres conocerte, actúa. Al actuar es cuando verdaderamente nos medimos con los demás.”

 

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RESEÑA: La conjura contra América – Phillip Roth

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

¿Qué habría pasado en los Estados Unidos si por allá en 1940 Franklin Delano Roosevelt hubiera sido derrotado por un candidato republicano, aislacionista, antisemita y amigo de Hitler? Esa es la pregunta que en casi 400 páginas responde el brillante escritor norteamericano Phillip Roth en las páginas de ‘La conjura contra américa’, una fantástica ucronía (novela histórica alternativa) magníficamente escrita, en la que se nos narra la alarmante transformación de América tras la victoria de semejante espécimen.

 “El temor gobierna estas memorias, un temor perpetuo. Por supuesto, no hay infancia sin terrores, pero me pregunto si no habría sido yo un niño menos asustado de no haber tenido a Lindbergh por presidente o de no haber sido vástagos judíos”

Con estas líneas arranca la novela, escrita en primera persona y a modo de memoria. Su protagonista es un niño que vive en un vecindario judío en Newark (New Jersey), junto con su padre, su madre, su hermano mayor y un primo. Son una familia de clase media, que comparte el piso de abajo con unos inquilinos, y que viene de reponerse del crack bursátil de 1929 y de la llamada “Gran Depresión”. Todos profesan por Roosevelt una admiración que llega casi a la devoción y ven con malos (pésimos) ojos que Lindbergh (ese aviador que un día fue motivo de orgullo para la nación al llegar a París en vuelo directo desde Nueva York y ahora es amigo de Hittler y contrario a que EE.UU. participe en la II Guerra Mundial) gane la presidencia. Pero lo hace, y con él en la Casa Blanca comienzan una serie de cambios que parecen sutiles para todos menos para esta familia judía (a la que tachan de paranoica), que finalmente terminará por tener razón cuando todo desemboque en un tremendo caos.

Si ya el tema de la novela es interesante, lo es mucho más la manera en la que está desarrollada. Página a página, Roth va logrando que cada pieza encaje y todo vaya pareciendo perfectamente verosímil; más que eso: real. Para quien no tenga ni remota idea de la historia (cualquier niño de Liceo Bolivariano, por ejemplo) esta novela podría pasar perfectamente como el relato de un hecho real; e incluso, quien tenga la historia estudiada no dejará de ser visitado una que otra vez por la duda y la pregunta de si esto fue o no así. En ese sentido el libro logra con creces el cometido de novelar (construir) la historia a partir de la modificación de un suceso determinado; de especular con sentido, para que nos entendamos. Resulta indispensable para ello el tremendo conocimiento que tiene Roth de lo que podríamos llamar el alma norteamericana: tanto la sociológica como la política. Sabe cómo piensa, cómo actúa y cómo reacciona el americano promedio; y  sabe también cómo es y funciona el sistema: los partidos políticos, los medios de comunicación, los poderes y las instituciones.

Y sabe también otra cosa que en esta novela resulta fundamental: pensar y escribir como un niño. Ese derrotero por el que tan buenas plumas se han desbarrancado, Roth lo pasa con hidalguía. No cae en el estereotipo de la ingenuidad forzada (esos niños extremadamente cándidos y bobos) ni tampoco pierde el hilo (no le crece el niño en las páginas, sino que siempre se mantiene en la edad). Que sea narrado por un niño, además, da lugar a que el libro tenga un tinte costumbrista y descanse toda la tensión política (que es mucha) en esos ojos inocentes que suelen ver e interpretar lo que pasa afuera por la mediación de terceros (sus padres, sus amigos) y centrarse en detalles y anécdotas que unos ojos muy mayores pasarían por alto. Todo ello escrito, además, con una prosa sobria, discreta y correcta (no hay frases grandilocuentes ni muy hermosas, pero tampoco hacen falta) que se deja leer fácilmente.

Se trata, pues, de una novela magnífica: interesante, entretenida y bien escrita.

La conjura contra américa

Autor: Phillip Roth

Año: 2003

Páginas: 428

Calificación: 09/10

VOZ VEIS

Jamás se dice adiós – Voz Veis

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

Un reencuentro con el primer amor es la historia que canta –y cuenta– este tema de Voz Veis, perteneciente a su sexto disco, ‘¿Qué me has hecho tú?’. Un reencuentro entre dos que se quisieron mucho y tenían años sin verse, y que, cuando lo hacen, descubren que el único ha sido físico, porque el cariño que se tenían se mantiene inmutable. Y entonces, surge la sugerente idea que le da título al tema: hay gente que por más tiempo que pasen sin verse, por más cosas que los separen en la vida, nunca se despiden, jamás se dicen adiós.

¿Qué tal? ¿Cómo estás?
Hoy te encuentro más bella de lo normal
A pesar, que han pasado tantos años sin hablar
la verdad tienes la misma manera de mirar
que aún no puedo olvidar

Esta primera estrofa nos pone en la escena de un encuentro inesperado. Todo está cantado en primera persona, pero dirigido siempre a otra. No es exactamente un monólogo, sino más bien un diálogo del que solo tenemos las líneas de una sola de las partes. Arranca con un saludo casual (“¿Qué tal? ¿Cómo estás?”) tras el cual viene un piropo (“hoy te encuentro más bella de lo normal”). Hasta el momento no sabemos qué tipo de relación había entre ambos, pero sí que tenían mucho tiempo sin contacto (“han pasado tantos años sin hablar”). También, que al reencontrarse él la halla preciosa y que no ha podido olvidarla. Esa última línea (“que aún no puedo olvidar”) es la clave de la estrofa: porque ha pasado de todo y esa mirada suya ha permanecido en el recuerdo.

Yo sigo acá:
me reviento en cada gira y al llegar, descansar;
siempre encuentro alguna amiga a quien llamar.
No está mal,
¿pero a quien engaño si en mi alma estas
dura de sacar?

Seguimos con la misma estructura del diálogo mutilado; es decir, teniendo sólo su perspectiva. Ese arranque (“yo sigo acá”) sugiere que es la respuesta a una pregunta. “Me reviento en cada gira y al llegar, descansar…”: la pone al día de su vida y de su  rutina, que es, ya se ve, la de un cantante. Interesante esto, ya que le da un toque de realismo a la historia. Luego, entra al plano de lo sentimental: “siempre encuentro alguna amiga a quien llamar”. Tiene una vida, casi, de playboy, no le faltan las mujeres, pero inmediatamente agrega un “no está mal”; es decir, que algo no está bien, lo que se confirma inmediatamente con una confesión en forma de pregunta retórica tras la cual queda poco por decir: “¿a quién engaño si en mi alma estás dura de sacar?”. Ya no es sólo que la ve bonita, o que no ha olvidado su mirada; es que la tiene en el alma (en lo más profundo) y “dura de sacar”: sigue allí a pesar del tiempo, de las amigas que llama cuando llega de gira, de todo.

Fuimos tan perfectos debutando en el amor
Fuimos como el viento entregado al cielo
Fui un velero navegándote amor
y tú la playa anclada al corazón
Fuimos más que un cuento que se acabó
hay gente que jamás se dice adiós

Este es el coro de la canción, que arranca con una línea que bien paga todo el tema: “Fuimos tan perfectos debutando en el amor”. Es una frase nostálgica, que remite a un recuerdo feliz, a una añoranza maravillosa: el debut en el amor…sea lo que esto pueda ser. Llámese noviazgo o primera vez o ambas juntas, eso da igual. Lo importante es que en esas lides fueron “perfectos”. Y en ese momento, teniéndola en frente, viéndola, lo que le sale es eso: “¡Fuimos tan perfectos debutando en el amor!”. Es sencillamente precioso, incluso conmovedor. Aunque también doloroso: el fuimos (pretérito perfecto) se remite a algo que sucedió en el pasado y concluyó. Y con ello, ya tenemos el cuadro completo de la historia: dos primeros novios que se rencuentran tras mucho tiempo.

Le siguen dos líneas que no le hacen justicia a la anterior: “fuimos como el viento entregado al cielo” (¿?), “fui un velero navegándote amor y tú la playa anclada al corazón” (¿?); son dos imágenes que tienen poco o ningún sentido, y de las que es muy poco lo que se puede sacar. Pero tras ellas viene un cierre de altura: “Fuimos más que un cuento que se acabó. Hay gente que jamás se dice adiós”. Comencemos por lo primero: “más que un cuento que se acabó”; aquí está diciendo que lo de ellos no fue una historia del montón, con principio, desarrollo y fin, sino algo más, muchísimo más, que ni siquiera se puede medir con los estándares o parámetros típicos; no fue algo que pasó y en el pasado quedó. “Hay gente que jamás se dice adiós”: es una afirmación tan categórica (“jamás”) como esperanzadora, que sugiere una eternidad, al menos terrena: mientras estemos en este mundo jamás podremos decirnos adiós.

Puede pasar que ya tengas compañía
¿Y qué más da?
Si al final, lo que importa en esta vida es recordar,
es guardar eso que fotografía el corazón
que solo es de los dos

Esta estrofa arranca admitiendo la posibilidad de que en la vida de ella pueda haber otro en ese momento, cosa que despacha muy ligeramente con un “¿qué más da?” porque tiene confianza en algo inamovible: los recuerdos. Él es parte de su historia, de algo que nadie va a poder arrancar. “Al final, lo que importa en esta vida es recordar”. La sentencia hace volver a Sábato (“vivir consiste en crear recuerdos futuros”) y no deja de tener una cierta e interesante sabiduría existencial; inmediatamente le sigue otra frase mejor: “[lo que importa en esta vida] es guardar eso que fotografía el corazón, que solo es de los dos”. La imagen es tan gráfica como preciosa y se entiende perfectamente: se refiere a esos recuerdos que quedan grabados inmarcesiblemente en ese espacio inabarcable e inaccesible del corazón, los instantes que éste decide congelar para siempre, que son tan ingobernables como imborrables, y que, como bien agrega la canción “sólo [son] de los dos”, no pertenecen a más nadie.

Inmediatamente entra de nuevo el coro, que aquí cobra la plenitud de su sentido. “Fuimos tan perfectos debutando en el amor”; y como lo fueron, hay (tienen) un álbum entero de recuerdos, de fotografías del corazón; y como lo fueron, porque lo fueron, hay (y ellos son) gente que jamás se dice adiós.