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¿Qué pasó la noche del #20A en Caracas?

Noche de desorden en Caracas, que se vio sacudida, en varias zonas del oeste, por una serie de violentos disturbios que incluyeron saqueos. Fue pasadas las 8 PM cuando desde las redes sociales comenzaron los usuarios de El Valle, la Avenida Victoria, Baruta, La Candelaria y Petare a reportar detonaciones por sus zonas. La GN y la PNB se hicieron presentes, y los reportes, entonces, comenzaron a hablar de enfrentamientos hasta bien entrada la madrugada. ‘¿Qué pasaba?’ era la pregunta que todos se hacían y a la que nadie podía responder a ciencia cierta. Mucho menos cuál fue el detonante o móvil de estos hechos, que mantuvieron insomne a parte importante de la capital. Lo cierto es que hubo un problema grave de orden público, que obligó, incluso, a Freddy Bernal (el hombre del Caracazo) a hacer una transmisión, pasada la 1 de la madrugada, vía Periscope, y llamar a la calma sus compatriotas, indicándoles que ya todo estaba controlado. Fueron horas tensas, que dejaron un saldo de varios comercios saqueados y al menos 12 muertos, según un reporte de El Estímulo. Dice la información del portal web, que en El Valle fueron 20 los comercios atracados y 11 los muertos, 8 de ellos electrocutados a causa del cerco de seguridad que había en una panadería que intentaron tomar; el otro fallecido fue en Petare. De acuerdo con información del diputado Olivares, al Hospital Universitario llegaron 8 pacientes heridos de bala.

FOTO: Agencia EFE

#19A: Se le ganó al miedo

Ni las bestiales amenazas vertidas por la dictadura en su todopoderoso y omnipresente sistema de medios, ni las armas prometidas por el dictador a medio millón de sus camisas pardas, ni las intimidantes advertencias del teniente Cabello (“sabemos dónde viven”), nada de ello pudo impedir que el pueblo de Caracas se lanzara hoy en masa a manifestar su descontento. Fue una de las jornadas de calle más grandes que se han visto (y vivido) en nuestra historia reciente. Por millares que probablemente se puedan contar en millones, la gente, con un valor y una entereza encomiables, salió a las calles. No hubo lugar para el miedo ni tampoco para la cobardía. Jóvenes, adultos y ancianos, gente de valía y con valor, dignos e íntegros, retaron con su presencia en la calle a la dictadura. Se le plantaron. Y fueron, claro, reprimidos brutalmente. En una autopista a reventar, los cuerpos de seguridad de la dictadura lanzaron bombas a granel, que cayeron en medio de una multitud que no tenía para donde (ni cómo) escapar. Angustia y desesperación se vivieron en la Francisco Fajardo este mediodía. De allí que tantos optaran por el Guaire. El número de asfixiados fue grande, y el de heridos también. Pero ese condenable horror por el que algún día pagarán no pudo opacar un hecho irrebatible y verdaderamente importante: teniendo todo en contra para no hacerlo, la gente salió y aguantó en la calle. Mañana, a la misma hora y desde los mismos puntos, la oposición convocó al pueblo de Caracas a dar otra demostración de coraje y valentía. No es épica barata ni son adjetivos gratuitos: es que, aunque la frustración que produce el no ver resultados concretos e inmediatos puede nublar el juicio, cada jornada en la que jugándosela la oposición reta a la dictadura en la calle tiene un mérito (y un valor) tremendos, de los que algún día hablarán los libros. Paciencia, queridos lectores: resistencia es la palabra de esta hora difícil, y es una palabra larga.

JI - Represion y censura

Vamos sin miedo

Si serán determinantes las próximas horas o si de ellas se escribirá en los libros de historia son cosas que escapan a nuestra ciencia. Pareciera que hoy pudiera pasar mucho y puede que no termine pasando nada. Nada concluyente, queremos decir. Acabar con la dictadura es algo que (desgraciadamente) no está ni en nuestras manos ni en las tuyas; pero impedir que la dictadura acabe con nosotros, sí.

Durante los últimos días, y especialmente en las últimas horas, hemos visto al dictador y a sus hombres jugar sin disimulo con la carta del miedo. Matones a fin de cuentas (cartel, dicen algunos; mafia criminal, otros), amenazan con las armas y por la vía de la fuerza. Y ante ese espectáculo de muerte, transmitido en cadena y por todos los medios, es legítimo (y hasta lógico) tener miedo. Pero es imperativo sobreponerse a él. Porque si no lo dominas, te domina; y al ser dominado pierdes esa cosa preciosa e indispensable para una vida digna: la libertad.

Salir a la calle hoy, poner un pie en ella, es un acto tremendo de coraje, valor y rebeldía, pero sobre todo de dignidad. Es reafirmar que somos nosotros (y no un gordo bigotón semi-analfabeto y su banda de delincuentes) los dueños de nuestras decisiones y acciones, de nuestra vida.

Al hacerlo, puede que no acabemos directamente con la dictadura, pero habremos impedido que ella nos domine; es decir, que acabe con nosotros. Y esa es la gran victoria que podemos (y tenemos que) alcanzar hoy: la de reivindicar nuestra libertad. Si viniera acompañada del fin del proceso, tanto mejor. Pero dejémosle a la historia ser la historia. Nosotros, hagamos lo que debemos: salgamos a la calle a desafiar a la dictadura y a dejarle en claro que no nos asusta, que no nos domina, que no nos controla; entiéndase: que no somos (ni seremos) sus esclavos.

ASESINOSWEB

La milicia asesina de Maduro

Corría el año 2014 cuando el espíritu de Gandhi poseyó al presidente obrero. En septiembre de ese año, en su época más beata, con el padre Numa Molina al lado, anunció un costoso Plan Nacional de Desarme ($50 millones). “Hace falta ir al desarme para coronar el proceso de paz. Sigamos detrás del sueño, detrás de la utopía, la utopía de una Venezuela en paz”, decía. Los cartelitos bolivarianos de “Zona Libre de Armas” invadieron la república y por doquiera salía el presidente, pacifiquísimo él, destruyendo revólveres, esos instrumentos de muerte. En medio de su delirio pacifista llegó a decir que “las armas de la República las tienen que tener la Fuerza Armada Nacional Bolivariana y la Policía Nacional”. Aquello, como tantas cosas suyas, no pasó de ser una impostura, uno de sus actos hipocritones. Hombre sin palabra, no tardaría en desmentirse. En enero de este año, ya convertido en dictador, anunció que llenaría cada barrio y campo con entre 10 y 20 mil fusiles. Lo hizo en un país que cerró el año con 21.752 homicidios (cifra de la Fiscalía). Así de criminal. Pero ayer en la tarde fue a más: en la Avenida Urdaneta se rodeó de un grupo de milicianos (civiles fanatizados, armados y disfrazados de militares) a los que anunció que les daría medio millón de fusiles ($10 mil c/u, según cifras del diputado Olivares). Lo hizo luego de un discurso exaltado, en el que criminalizó a la oposición (violenta, mezquina, anti-patria, apátrida, enloquecida, extremista y terrorista, la llamó) y le dio carta libre a la milicia para actuar. En paralelo, Diosdado Cabello anunció que el #19A la milicia estará (y actuará) “hasta que sea necesario” junto con 60 mil motorizados, a la vez que reveló que tienen ya las direcciones de los dirigentes de la oposición (“sabemos dónde viven”). ¿Para qué? Si criminalizan a sus adversarios, arman a un grupo de civiles y les dan carta blanca para actuar, la respuesta está de más. Nosotros cumplimos con informar (y documentar) todo su horror.

Hermanos Sanchez

Bajo tortura, obligan a dos jóvenes a declarar contra PJ

Darle otro nombre es hacerle un flaco favor a la verdad. Lo que ha sucedido con los hermanos Sánchez Ramírez, Francisco y Alejandro, de 21 años y estudiantes de Ciencias Políticas en la UCV, tiene un solo nombre y ése es tortura. Los dos hermanos fueron secuestrados el Jueves Santo, tras concluir la manifestación de ese día. Sin orden de captura alguna, el SEBIN los raptó y estuvieron desaparecidos por horas hasta que el Ministro Reverol se responsabilizó, en la tarde y vía twitter, como cabecilla de la acción delictiva. Sin juicio alguno, los sentenció como terroristas y anunció que habían “confesado” (¿qué? ¿ante quién? ¿en qué condiciones?). Durante casi 24 horas, ésa fue la única información que hubo: que Reverol los tenía secuestrados. Al día siguiente, Viernes Santo, sus progenitores (cuya casa fue allanada) pudieron verlos. Allí, ellos les informaron que en el Sebin fueron amarrados a un tubo y obligados a permanecer de pie por horas, rociaron sus ropas con gasolina y constantemente recibieron amenazas a su vida; es decir: fueron torturados. Siguiendo el guion clásico de toda dictadura, de la tortura obtuvieron una confesión contra sus enemigos: el partido opositor Primero Justicia y tres de sus diputados (José Guerra, Tomás Guanipa y Miguel Matheus) a quienes “acusaron” de ejecutar y planificar acciones violentas. “Reto a Maduro a que presente una sola prueba que no sea obtenida bajo tortura. Toda confesión obtenida bajo tortura carece de validez y los morochos Sánchez fueron torturados salvajemente”, dijo el diputado José Guerra, uno de los pretendidos incriminados. En respuesta, la dictadura ha hecho circular una foto de ambos, sentados en el suelo en el Circuito Penal de Caracas. “Se ven más sanos que Capriles y Borges juntos”, escribieron. Prueba de nada: las torturas que han recibido, como bien hemos descrito, no dejan huella física. El caso ha sido denunciado ante la ONU y la OEA, donde crímenes de este tipo no prescriben. Porque justicia habrá en algún momento.

Nazareno

Paramilitares atacan al Cardenal en Santa Teresa

Cuenta la leyenda, y la cuenta Gabriel García Márquez, que los ojos tristes del Nazareno de San Pablo (“ojos muertos que miráis / con mirar indescriptible / y con fuerza irresistible / atraéis y cautiváis”) fueron testigos de cómo al mediodía de un martes de 1958 una manifestación de médicos reprimida por la dictadura de Pérez Jiménez irrumpió en la Basílica de Santa Teresa. El párroco, Monseñor Hortensio Carrillo, les dio refugio y en respuesta la Seguridad Nacional rodeó el templo y lo bombardeó de lacrimógenas. Casi 500 personas quedaron atrapadas (y asfixiadas) en la casa del Nazareno. No fue sino hasta la tarde cuando los dejaron salir. Sin embargo, al párroco (herido por una bomba que le estalló en los pies) y a sus colaboradores los dejaron detenidos adentro sin permitirles siquiera asistencia médica. Durante toda la noche, ráfagas de ametralladoras fueron disparadas contra el templo. Una de ellas pegó a 20 centímetros de la cabeza del Monseñor Carrillo y otra perforó al Nazareno. A la mañana siguiente, el pueblo caraqueño se armó con piedras y botellas y se arrojó en masa a liberar la Basílica. Era 22 de enero de 1958: un día después, caería la dictadura.

Al mediodía de hoy, nuevamente, esos ojos tristes fueron testigos de otro ataque en Santa Teresa. Luego de terminar de celebrar la misa mayor del Miércoles Santo (en la que se pronunció contra la dictadura y pidió el cese de la represión contra las manifestaciones), el Arzobispo de Caracas, Cardenal Jorge Urosa Savino, fue atacado por un grupo de paramilitares que irrumpió en el recinto sagrado y se le fue encima gritando consignas en su contra. El prelado fue arropado y protegido por un número importante de feligreses, quienes con coraje se interpusieron y permitieron que fuera puesto a resguardo en la sacristía. En la puerta oeste se armó una violenta trifulca que causó pánico entre los devotos y vació la Basílica.

¿Significará ataque, como en el 58, el preludio del fin de otra dictadura?

NADIEWEB

Hablaron las piedras: nadie quiere a Maduro

El desprecio popular por el dictador hambreador, antes silente y expresado apenas en susurros y en ausencia, anoche se hizo manifiesto en un monumental abucheo que estuvo acompañado con el lanzamiento de objetos a su persona. Todo sucedió al final de un acto en el que se conmemoraba el Bicentenario de la Batalla de San Félix, transmitido en cadena nacional. Soberbio como él solo (y muy mal aconsejado también), el dictador quiso darse un baño de pueblo (así de disociado de la realidad se encuentra) y se encontró fue bañado de abucheos, pitas, insultos y hasta objetos. En la transmisión en cadena se pudo ver cómo ante la descarga, era arropado por sus guardaespaldas, la toma se iba a negro y la transmisión salía del aire. El hecho, que inmediatamente fue la comidilla de las redes sociales y a falta de medios se difundió por WhatsApp y demás sistemas de mensajería, pretendió ser desmentido por los agentes de la dictadura. Para Villegas y compañía no fue más que el acto de amor de un pueblo que enloquece por su presidente. En realidad fue el acto de desprecio de un pueblo castigado por el hambre, la pobreza y la mala gestión, hacia el responsable de su miseria. No fue, sino un pequeño acto de justicia, la única forma de expresarse que le dejaron a un pueblo al que le quitaron los medios, las elecciones y cualquier posibilidad de opinar en contra y manifestar su descontento. Lo dijo Cristo hace dos mil años (y lo citó Chávez bastantes veces): cuando todos callen, hablarán las piedras. Anoche, Martes Santo casualmente, gritaron.

Se restean

La oposición se restea

Fue un acto simbólico e institucional, pero que deja sentado un precedente importante. Esta mañana, en la sede de la Asamblea Nacional, miembros de la sociedad civil, representantes de los diversos sectores de la vida nacional y diputados se reunieron para firmar un documento conjunto en el que están plasmadas las consideraciones y pasos a seguir para el restablecimiento de la democracia en Venezuela. Diez son los puntos que tiene el manifiesto, que arranca denunciando que aún persiste el Golpe de Estado en Venezuela y que hay 56 sentencias (no sólo las dos últimas) del TSJ que son responsables de la ruptura del hilo constitucional. En el documento instan a la Fiscal a que tome medidas contra los magistrados golpistas, y exhortan a las Fuerzas Armadas y a la Defensoría a pronunciarse. Invitan, también, a los magistrados a renunciar o en su defecto a que el Consejo Moral Republicano haga lo que debe para poder comenzar su destitución. Con respecto a las elecciones, piden que sean “generales” (no regionales, como ofreció el dictador); y al pueblo lo convocan “a la movilización y organización” en defensa de la democracia: “instamos que sea activado un mecanismo de resistencia democrática no violenta, hasta lograr nuestras exigencias”. Finalmente, cierran invocando el artículo 333, comprometiéndose, todos, a trabajar “por el restablecimiento efectivo de la democracia (…) en contra de las pretensiones de un movimiento totalitario y decadente transformado ya en una dictadura hegemónica”. En pocas palabras: se restean, y lo hacen ahora formalmente.

10 A

#10A: Represión y censura

Represión y censura son las palabras con las que se puede resumir la jornada de hoy. Nuevamente, la oposición, con un coraje admirable, volvió a tomar las calles, pese a que cada vez que lo hace se expone a cuerpos de seguridad que usan gas tóxico y vencido, y que disparan las bombas de frente a los manifestantes (lo que no sólo los asfixia, sino que los quema, hiere e incluso fractura). Nuevamente, también, la televisión y la radio callaron vergonzosamente. Hoy no habían pasado ni diez minutos desde que los manifestantes salieron de la Plaza Brion de Chacaito, cuando comenzaron a caer las bombas lacrimógenas sobre ellos. La represión fue inmediata y logró su cometido: dispersar en pequeños grupos a los manifestantes. La autopista Francisco Fajardo, Las Mercedes, Bello Monte, El Rosal, Chacaito, Chacao y Altamira fueron puntos donde hubo disturbios a lo largo del día. Pero disturbios pequeños, en los que la fuerza pública se pudo despachar con gusto: más de 200 heridos y 18 detenidos fue el saldo del día en Caracas. Entre los heridos hay que contar a un bebé de un mes de nacido quien se vio afectado por los gases cuando una clínica de Las Mercedes, en la que era atendida una diputada de la oposición (Delsa Solórzano) que fue impactada por una lacrimógena en el pecho, fue atacada por los cuerpos represivos. También está el caso de un joven, a quien en las redes sociales dieron por asesinado, que fue impactado en la cabeza por una lacrimógena y tuvo un severo traumatismo craneal, pero ya se encuentra estable. Con respecto a las detenciones, el Ministro de Interior y Justicia, Nestor Reverol, dijo que habían apresado a 18 “anticristos” (así de ridículo), que con su protesta pretendían “robarle la paz al pueblo venezolano” (que tiene anualmente 21 mil asesinados). “Qué nadie se desmovilice”, pidió el diputado José Manuel Olivares, vocero encargado de la oposición, quien anunció que mañana, desde la AN, harán anuncios importantes.

Editorial-Represion

Lo condenable no es la protesta: es la dictadura

La temperatura en la calle llegó a punto de ebullición. Hoy, la indignación, tras tantas vejaciones y humillaciones, comenzó a desbordarse y se tradujo, como era lógico, en violencia y represión. No perdamos esto de vista: el conflicto que hay a esta hora en la calle tiene un único origen, una única causa y un único responsable: la dictadura. Si la gente está peleando, si la gente no se está conteniendo y está apelando a la fuerza, todo ello es producto de que las vagas del CNE congelaron las elecciones, el pran del TSJ y su “tren” de magistrados delincuentes disolvieron la Asamblea, el obeso inútil que nos mal gobierna acabó con el país, y su gente no para de robar. Si hay rabia en la calle, es porque la dictadura no ha dejado alternativa ni válvula de escape alguna. Hace una semana fue la primera salida tras el golpe, y la reprimieron con bombas. El martes y el jueves sucedió lo mismo. Y si el día de hoy lo ponemos en una categoría diferente, es porque el nivel de represión fue mayor y más rápido. Desde el primer momento, los cuerpos de seguridad actuaron con una saña tremenda, empleando todos los medios (gas rojo incluido). Ha sido una jornada muy dura, que cierra con imágenes lamentables de represión brutal. También de excesos, cómo no. Pero víctima y victimario no se pueden pesar en la misma balanza. Quejarse de los excesos que comete un pueblo que se rebela contra una dictadura es tan hipócrita como dolerse de las heridas que recibe un violador por parte de una víctima que se hartó de ser sodomizada. Esto no lo ha provocado la oposición que protesta, sino la dictadura que la oprime. Lo que ha pasado no es culpa de la gente, sino de la dictadura que la oprime. Lo que pueda pasar de aquí en adelante no será culpa de la gente, sino de la dictadura que la oprime. Lo condenable no es la rebelión de la gente, sino la dictadura que la oprime. Por ello, toda solución al conflicto venezolano comienza por una sola cosa: acabar con la dictadura que nos oprime.