tibisay_lucena

#23M: Información confirmada

Tibisay Lucena apareció de nuevo y anunció unas elecciones que parecían haber desaparecido del mapa político: alcaldes y gobernadores serán escogidos el 10 de diciembre. Una votación lejana, atípica e intrascendente, si se toma en cuenta que esos comicios pudiesen estar enmarcados dentro de una nueva Constitución, cuya elección, dijo, se hará en julio.

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Los magistrados Danilo Antonio Mojica Monsalvo (Sala de Casación Social) y Marisela Godoy (Sala de Casación Civil) rechazaron la convocatoria a la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) propuesta por Nicolás Maduro. El primero argumentó que la medida no es la solución a la crisis –y que, de hacerse, el referéndum consultivo es menester, por ser ‘el mecanismo de democracia directa por antonomasia’–, mientras que la segunda apeló a una célebre frase del expresidente Chávez (“No se puede cambiar ni una coma, ni una letra, de la Constitución sin consultar al pueblo”) para apoyar el planteamiento de su colega.
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Presidente Maduro presentó bases comiciales para la ANC. El primer mandatario expuso que se elegirán 540 corredactores de manera sectorial y territorial. “Ellos quieren decidir qué sector vota, cuándo lo hace y por quién”, dijo Julio Borges al respecto.
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La Asamblea Nacional (AN) pidió desconocer la Constituyente. Aseguraron, no obstante, que solicitarán al Consejo Nacional Electoral (CNE) la realización de un referéndum consultivo. Freddy Guevara aseveró que, incluso, los comicios pudiesen realizarse sin la supervisión del ente electoral y ser puestos en marcha por la Asamblea. De no tener respuesta, el siguiente paso será la desobediencia civil.
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Oposición marchará nuevamente en defensa del voto. Lo hará desde el este y el oeste de la ciudad hasta el CNE. Los puntos de concentración serán Parque Cristal (Chacao), Bello Monte (Baruta) y Centro Comercial La Villa (Libertador). Al amanecer, correrá el día 54 de protesta.

Miguel-Castillo-Bracho

Por Miguel Castillo, martir

Por: Carlos Delgado Flores

LOS QUE ENSEÑAMOS PERIODISMO sabemos que, cuando nuestros alumnos se visten de toga y birrete y escuchan el gaudeamus igitur, en su graduación, no es que se van, es que los recibimos como nuestros colegas, como profesionales que profesan junto a nosotros un credo: el del oficio y sus valores, el de su razón de ser: como aquellos que reciben el testigo en esta larga carrera de generaciones.

No esperamos ver a nuestros antiguos alumnos morir, en las calles, defendiendo el derecho de la gente a estar informado, o sus propios derechos, como ciudadanos esclarecidos que deben ser. No esperamos que un reportaje, un documental o una campaña publicitaria les cuesten la vida, como tampoco esperamos que una protesta sea sometida a sangre y fuego, que el genocidio sea una opción política y que para poder tener futuro la gente tenga que arrancarlo de las manos avariciosas de una burocracia, dando la vida por la libertad.

Eso nos pasó hoy con Miguel Fernando Castillo Bracho (26), egresado de la Universidad Santa María en Comunicación Social; asesinado por el régimen durante la protesta ciudadana en defensa de la Constitución. Colega.

En Venezuela hay 17 escuelas y más de 46 mil estudiantes de comunicación social. Cada año egresan más de dos mil. Así como nuestros jóvenes defienden su derecho a una libertad que aquí no conocen, nuestros estudiantes se forman para construir un sentido común que sirva para hacer república y formar ciudadanos en el ejercicio de esa libertad; son la expresión de un pueblo que quiere ser moderno y ve en ellos una manera de consagrar su aspiración; saben de la vocación totalitaria del régimen, de la autocensura de los medios; saben del miedo a saber y el terror a decir. Y aun así salen a las calles, a sortear los escollos y a portarse como gremio, porque el país debe saber y el mundo, lo que está pasando aquí.

Los periodistas, reporteros gráficos, diseñadores gráficos, artistas, productores audiovisuales, locutores, relacionistas públicos, publicistas, productores de contenido digital, gestores de comunidades digitales, investigadores, profesores universitarios; los comunicadores sociales todos tenemos que reunirnos como una sola voz y una sola fuerza con el pueblo que lucha por darle fin a este horror que consume nuestras vidas. Si el pueblo ha decidido rebelarse contra tanta injusticia, es necesario que los comunicadores sociales también lo hagamos, que gremios y medios echemos el miedo a la espalda y abramos los ojos y los oídos, las cámaras y los micrófonos, para que haya buena información y queden contrarrestadas las mentiras interesadas y las versiones capciosas que hacen parte de la guerra que el estado secuestrado por una burocracia cínico-militar le ha planteado al pueblo para perpetuarse en el poder a costa de nuestro presente y nuestro futuro. Que cada comunicador y cada estudiante de comunicación hagan redes que refuercen el trabajo de los medios independientes, industriales o digitales, que lleven información fidedigna para tomar decisiones, para adoptar la innovación necesaria en el momento preciso y para alimentar el espíritu de este pueblo que se reencuentra con su historia, enfrentando la tiranía y la falta de alternativas.

Y esto lo haremos por nosotros, todos, no unos y otros, como siempre nos quiso el régimen. Porque ellos ya no es medio pueblo, sino los torvos asesinos que ocultan en las sombras sus ojos de odio. Lo haremos por el amor a la memoria de Miguel, por los hijos que no tendrá, por las muchas satisfacciones que no nos dará, desde la cámara o la cátedra. Lo haremos con la conciencia de que de una forma u otra, también él dio testimonio de amor y entrega, denunció su tiempo y anunció uno nuevo, de esperanza y libertad; porque muriendo nos entregó el testigo y ahora nos toca a nosotros responder.

Rogamos al buen Dios dar consuelo a los familiares y amigos de Miguel, quien ahora contempla su rostro y a quien interrogará en amor y no dudamos, pasará el examen con honores. Amén

GNB

Así asesinaron a Juan Pablo Pernalete

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

A Juan Pablo Pernalete lo asesinó un Guardia Nacional. En ello coinciden todos los testimonios recogidos ayer en Altamira, donde se llevó a cabo un homenaje simbólico en su memoria. “Lo puedo jurar por mi vida, porque yo lo vi”, dice Elios Jaspe, testigo directo de la muerte del estudiante de la UNIMET. Lo mismo aseguran otros dos manifestantes que se encontraban en el lugar: “Allí no habían efectivos de la Policía Nacional Bolivariana. Sólo Guardias Nacionales”. De ese modo desmienten la versión dada por Diosdado Cabello en su programa de televisión, en el que aseguró que en ese momento no había efectivos de la Guardia Nacional en Altamira.

“La diferencia es que Diosdado estaba cómodo en su casa, mientras nosotros estábamos aquí en la calle. Yo lo vi”, replica Jaspe, estudiante de la Universidad Santa María. Su testimonio es el más esclarecedor de todos, ya que se encontraba cerca de Pernalete cuando lo asesinaron. Para ese momento, ya los manifestantes de la marcha opositora, que había comenzado a ser reprimida en El Rosal, habían desalojado la autopista Francisco Fajardo por el Distribuidor Altamira. La mayoría se encontraba en la Plaza Francia.

Cuadras más abajo, un grupo de jóvenes se enfrentaba a la Guardia Nacional en las avenidas Sur Altamira y Del Ávila (San Juan Bosco y Luis Roche, se llaman, respectivamente, de la Francisco de Miranda para arriba). El grueso de los jóvenes estaba en la Sur Altamira, que es donde usualmente se suele concentrar el mayor número de ellos. Pernalete y Jaspe estaban en la Del Ávila. “No creo que hayamos habido 30 personas”, relata Jaspe del grupo que estaba allí. El enfrentamiento se estaba llevando a cabo casi a la altura de la Torre Británica, en el paso de cebra, donde había un piquete de la Guardia Nacional. Pernalete se encontraba próximo a la esquina. Entonces, por la calle José Félix Sosa (donde se encuentra dicha torre) aparecieron de imprevisto tres efectivos de la GN: “Los tres guardias salieron de esa esquina y dispararon a quemarropa bombas lacrimógenas de las plateadas grandes. Juan Pablo cae desmayado y automáticamente los jóvenes que estaban cerca de él comenzaron a pedir ayuda. Lo cargaron dos locales más arriba y lo montaron en una moto para llevarlo a Salud Chacao”.

“A él le dieron allí, en la esquinita”, cuenta otro joven que se encontraba presente, y que accede a hablar en condición de anonimato. “Eso fue de repente. Los Guardias aparecieron disparando con escopeta. Le dispararon a menos de cincuenta metros. De frente al pecho. Era una bomba de las más duras, tipo cilindro, que son de las más grandes”, explica. “Cuando él cae, nosotros tratamos de auxiliarlo. Entonces, allí a mí me agarran unos Guardias, me dan dos cachetadas, me roban el teléfono y luego me sueltan”.

“Yo pensé que era otro desmayado más”, explica una mujer que trabaja en la zona, que vio cuando a Juan Pablo lo llevaban cargado. Ella también confirma que era la Guardia Nacional la que se encontraba allí. La acompaña una vecina de Altamira Sur, que muestra el cartucho de una lacrimógena que aterrizó en el pasillo de su edificio. “Ese cayó en el piso 3. Ese día la represión fue muy fuerte acá. Echaron bombas en los edifcios”.

DISPARAN LAS BOMBAS DE FRENTE

Según denuncian algunos de los jóvenes que se encuentran en la primera línea de las manifestaciones, disparar bombas lacrimógenas de frente se ha convertido en una práctica común desde hace poco más de una semana. “No lo hacen para dispersar, sino para lastimar”, denuncia un joven que fue víctima de esta práctica. El yeso que le cubre el brazo del hombro a la muñeca es la prueba: “A mí me dispararon una lacrimógena directamente al brazo: lo tengo fracturado en 5 partes, y además me agarró una vena. No me desangré de milagro. Si me hubieran dado en la cabeza, me hubieran matado”, dice. Sucedió en la marcha del 19 de abril en la autopista Francisco Fajardo. “Me dispararon de arriba. Yo estaba en el nivel de abajo, y de arriba me dispararon. Fue mandada directamente, a quemarropa prácticamente. Quien lo mandó fue el General de ellos, uno que siempre anda con una capucha, un sweater negro y unos lentes de sol”.

Otra víctima de esta práctica fue Román Camacho, videógrafo de La Patilla, quien en la marcha del 10 de abril sufrió una fractura de tibia por el impacto de una bomba mientras cubría la manifestación: “Recibí el impacto de una bomba lacrimógena disparada por la GNB mientras reportaba. Disparaban las bombas directamente a las personas violando todo procedimiento para control de manifestaciones y uso seguro de esos equipos”, relató en ese momento.

¿USÓ LA GNB OTRA ARMA?

En la mañana de hoy, el diario oficialista ‘Últimas Noticias‘ publicó una información según la cual no habría sido una lacrimógena sino una pistola de perno el arma usada para asesinar a Juan Pablo. La versión, obtenida de una fuente judicial anónima y lanzada en primera plana y como titular de apertura, está basada en las conclusiones preliminares de la Unidad Criminalística del Ministerio Público, quienes dicen que el rastro de la herida “es similar a la que deja una pistola de perno cautiva”, pero no agregan (ni concluyen) más. De momento, de parte del Ministerio Público no ha habido ningún tipo de pronunciamiento oficial.

Versiones sobre el uso de otro tipo de instrumentos para reprimir, tales como disparo de cartuchos de bombas vacías, metras y monedas, han sido varias veces relatadas por los manifestantes, pero hasta ahora el equipo periodístico de Revista Ojo no ha podido obtener evidencias físicas que las confirmen.

De momento, una cosa es clara: Juan Pablo Pernalete murió cuando tres Guardias Nacionales entraron de sorpresa por la esquina noreste de la Torre Británica y dispararon. Si el arma homicida fue un rifle de lacrimógenas (como dicen todos los testigos) o una pistola de perno (como dice ‘Últimas Noticias‘) le corresponde al Fiscal 81 del Área Metropolitana de Caracas, encargado por el Ministerio Público para el caso, aclararlo.

OTROS TEXTOS SOBRE LAS PROTESTAS

#5A: Tiros, gases y coraje en la autopista

-#7A: Resistencia (e impotencia) en la autopista

-#8A: Empanadas de pabellón para la guerra

#10A: La resistencia continúa

-#19A: Un ataque criminal

-#20A: Historia de una post-marcha.

-#22A: La conquista del oeste

-#24A: Plantón a la violencia

-#26A: “A Juan Pernalete le dispararon de frente”

-27A: “Si el pueblo no tiene paz, que la dictadura no tenga paz”

QUEPASOWEB

¿Qué pasó la noche del #20A en Caracas?

Noche de desorden en Caracas, que se vio sacudida, en varias zonas del oeste, por una serie de violentos disturbios que incluyeron saqueos. Fue pasadas las 8 PM cuando desde las redes sociales comenzaron los usuarios de El Valle, la Avenida Victoria, Baruta, La Candelaria y Petare a reportar detonaciones por sus zonas. La GN y la PNB se hicieron presentes, y los reportes, entonces, comenzaron a hablar de enfrentamientos hasta bien entrada la madrugada. ‘¿Qué pasaba?’ era la pregunta que todos se hacían y a la que nadie podía responder a ciencia cierta. Mucho menos cuál fue el detonante o móvil de estos hechos, que mantuvieron insomne a parte importante de la capital. Lo cierto es que hubo un problema grave de orden público, que obligó, incluso, a Freddy Bernal (el hombre del Caracazo) a hacer una transmisión, pasada la 1 de la madrugada, vía Periscope, y llamar a la calma sus compatriotas, indicándoles que ya todo estaba controlado. Fueron horas tensas, que dejaron un saldo de varios comercios saqueados y al menos 12 muertos, según un reporte de El Estímulo. Dice la información del portal web, que en El Valle fueron 20 los comercios atracados y 11 los muertos, 8 de ellos electrocutados a causa del cerco de seguridad que había en una panadería que intentaron tomar; el otro fallecido fue en Petare. De acuerdo con información del diputado Olivares, al Hospital Universitario llegaron 8 pacientes heridos de bala.

FOTO: Agencia EFE

#19A: Se le ganó al miedo

Ni las bestiales amenazas vertidas por la dictadura en su todopoderoso y omnipresente sistema de medios, ni las armas prometidas por el dictador a medio millón de sus camisas pardas, ni las intimidantes advertencias del teniente Cabello (“sabemos dónde viven”), nada de ello pudo impedir que el pueblo de Caracas se lanzara hoy en masa a manifestar su descontento. Fue una de las jornadas de calle más grandes que se han visto (y vivido) en nuestra historia reciente. Por millares que probablemente se puedan contar en millones, la gente, con un valor y una entereza encomiables, salió a las calles. No hubo lugar para el miedo ni tampoco para la cobardía. Jóvenes, adultos y ancianos, gente de valía y con valor, dignos e íntegros, retaron con su presencia en la calle a la dictadura. Se le plantaron. Y fueron, claro, reprimidos brutalmente. En una autopista a reventar, los cuerpos de seguridad de la dictadura lanzaron bombas a granel, que cayeron en medio de una multitud que no tenía para donde (ni cómo) escapar. Angustia y desesperación se vivieron en la Francisco Fajardo este mediodía. De allí que tantos optaran por el Guaire. El número de asfixiados fue grande, y el de heridos también. Pero ese condenable horror por el que algún día pagarán no pudo opacar un hecho irrebatible y verdaderamente importante: teniendo todo en contra para no hacerlo, la gente salió y aguantó en la calle. Mañana, a la misma hora y desde los mismos puntos, la oposición convocó al pueblo de Caracas a dar otra demostración de coraje y valentía. No es épica barata ni son adjetivos gratuitos: es que, aunque la frustración que produce el no ver resultados concretos e inmediatos puede nublar el juicio, cada jornada en la que jugándosela la oposición reta a la dictadura en la calle tiene un mérito (y un valor) tremendos, de los que algún día hablarán los libros. Paciencia, queridos lectores: resistencia es la palabra de esta hora difícil, y es una palabra larga.

JI - Represion y censura

Vamos sin miedo

Si serán determinantes las próximas horas o si de ellas se escribirá en los libros de historia son cosas que escapan a nuestra ciencia. Pareciera que hoy pudiera pasar mucho y puede que no termine pasando nada. Nada concluyente, queremos decir. Acabar con la dictadura es algo que (desgraciadamente) no está ni en nuestras manos ni en las tuyas; pero impedir que la dictadura acabe con nosotros, sí.

Durante los últimos días, y especialmente en las últimas horas, hemos visto al dictador y a sus hombres jugar sin disimulo con la carta del miedo. Matones a fin de cuentas (cartel, dicen algunos; mafia criminal, otros), amenazan con las armas y por la vía de la fuerza. Y ante ese espectáculo de muerte, transmitido en cadena y por todos los medios, es legítimo (y hasta lógico) tener miedo. Pero es imperativo sobreponerse a él. Porque si no lo dominas, te domina; y al ser dominado pierdes esa cosa preciosa e indispensable para una vida digna: la libertad.

Salir a la calle hoy, poner un pie en ella, es un acto tremendo de coraje, valor y rebeldía, pero sobre todo de dignidad. Es reafirmar que somos nosotros (y no un gordo bigotón semi-analfabeto y su banda de delincuentes) los dueños de nuestras decisiones y acciones, de nuestra vida.

Al hacerlo, puede que no acabemos directamente con la dictadura, pero habremos impedido que ella nos domine; es decir, que acabe con nosotros. Y esa es la gran victoria que podemos (y tenemos que) alcanzar hoy: la de reivindicar nuestra libertad. Si viniera acompañada del fin del proceso, tanto mejor. Pero dejémosle a la historia ser la historia. Nosotros, hagamos lo que debemos: salgamos a la calle a desafiar a la dictadura y a dejarle en claro que no nos asusta, que no nos domina, que no nos controla; entiéndase: que no somos (ni seremos) sus esclavos.

ASESINOSWEB

La milicia asesina de Maduro

Corría el año 2014 cuando el espíritu de Gandhi poseyó al presidente obrero. En septiembre de ese año, en su época más beata, con el padre Numa Molina al lado, anunció un costoso Plan Nacional de Desarme ($50 millones). “Hace falta ir al desarme para coronar el proceso de paz. Sigamos detrás del sueño, detrás de la utopía, la utopía de una Venezuela en paz”, decía. Los cartelitos bolivarianos de “Zona Libre de Armas” invadieron la república y por doquiera salía el presidente, pacifiquísimo él, destruyendo revólveres, esos instrumentos de muerte. En medio de su delirio pacifista llegó a decir que “las armas de la República las tienen que tener la Fuerza Armada Nacional Bolivariana y la Policía Nacional”. Aquello, como tantas cosas suyas, no pasó de ser una impostura, uno de sus actos hipocritones. Hombre sin palabra, no tardaría en desmentirse. En enero de este año, ya convertido en dictador, anunció que llenaría cada barrio y campo con entre 10 y 20 mil fusiles. Lo hizo en un país que cerró el año con 21.752 homicidios (cifra de la Fiscalía). Así de criminal. Pero ayer en la tarde fue a más: en la Avenida Urdaneta se rodeó de un grupo de milicianos (civiles fanatizados, armados y disfrazados de militares) a los que anunció que les daría medio millón de fusiles ($10 mil c/u, según cifras del diputado Olivares). Lo hizo luego de un discurso exaltado, en el que criminalizó a la oposición (violenta, mezquina, anti-patria, apátrida, enloquecida, extremista y terrorista, la llamó) y le dio carta libre a la milicia para actuar. En paralelo, Diosdado Cabello anunció que el #19A la milicia estará (y actuará) “hasta que sea necesario” junto con 60 mil motorizados, a la vez que reveló que tienen ya las direcciones de los dirigentes de la oposición (“sabemos dónde viven”). ¿Para qué? Si criminalizan a sus adversarios, arman a un grupo de civiles y les dan carta blanca para actuar, la respuesta está de más. Nosotros cumplimos con informar (y documentar) todo su horror.

Hermanos Sanchez

Bajo tortura, obligan a dos jóvenes a declarar contra PJ

Darle otro nombre es hacerle un flaco favor a la verdad. Lo que ha sucedido con los hermanos Sánchez Ramírez, Francisco y Alejandro, de 21 años y estudiantes de Ciencias Políticas en la UCV, tiene un solo nombre y ése es tortura. Los dos hermanos fueron secuestrados el Jueves Santo, tras concluir la manifestación de ese día. Sin orden de captura alguna, el SEBIN los raptó y estuvieron desaparecidos por horas hasta que el Ministro Reverol se responsabilizó, en la tarde y vía twitter, como cabecilla de la acción delictiva. Sin juicio alguno, los sentenció como terroristas y anunció que habían “confesado” (¿qué? ¿ante quién? ¿en qué condiciones?). Durante casi 24 horas, ésa fue la única información que hubo: que Reverol los tenía secuestrados. Al día siguiente, Viernes Santo, sus progenitores (cuya casa fue allanada) pudieron verlos. Allí, ellos les informaron que en el Sebin fueron amarrados a un tubo y obligados a permanecer de pie por horas, rociaron sus ropas con gasolina y constantemente recibieron amenazas a su vida; es decir: fueron torturados. Siguiendo el guion clásico de toda dictadura, de la tortura obtuvieron una confesión contra sus enemigos: el partido opositor Primero Justicia y tres de sus diputados (José Guerra, Tomás Guanipa y Miguel Matheus) a quienes “acusaron” de ejecutar y planificar acciones violentas. “Reto a Maduro a que presente una sola prueba que no sea obtenida bajo tortura. Toda confesión obtenida bajo tortura carece de validez y los morochos Sánchez fueron torturados salvajemente”, dijo el diputado José Guerra, uno de los pretendidos incriminados. En respuesta, la dictadura ha hecho circular una foto de ambos, sentados en el suelo en el Circuito Penal de Caracas. “Se ven más sanos que Capriles y Borges juntos”, escribieron. Prueba de nada: las torturas que han recibido, como bien hemos descrito, no dejan huella física. El caso ha sido denunciado ante la ONU y la OEA, donde crímenes de este tipo no prescriben. Porque justicia habrá en algún momento.

Nazareno

Paramilitares atacan al Cardenal en Santa Teresa

Cuenta la leyenda, y la cuenta Gabriel García Márquez, que los ojos tristes del Nazareno de San Pablo (“ojos muertos que miráis / con mirar indescriptible / y con fuerza irresistible / atraéis y cautiváis”) fueron testigos de cómo al mediodía de un martes de 1958 una manifestación de médicos reprimida por la dictadura de Pérez Jiménez irrumpió en la Basílica de Santa Teresa. El párroco, Monseñor Hortensio Carrillo, les dio refugio y en respuesta la Seguridad Nacional rodeó el templo y lo bombardeó de lacrimógenas. Casi 500 personas quedaron atrapadas (y asfixiadas) en la casa del Nazareno. No fue sino hasta la tarde cuando los dejaron salir. Sin embargo, al párroco (herido por una bomba que le estalló en los pies) y a sus colaboradores los dejaron detenidos adentro sin permitirles siquiera asistencia médica. Durante toda la noche, ráfagas de ametralladoras fueron disparadas contra el templo. Una de ellas pegó a 20 centímetros de la cabeza del Monseñor Carrillo y otra perforó al Nazareno. A la mañana siguiente, el pueblo caraqueño se armó con piedras y botellas y se arrojó en masa a liberar la Basílica. Era 22 de enero de 1958: un día después, caería la dictadura.

Al mediodía de hoy, nuevamente, esos ojos tristes fueron testigos de otro ataque en Santa Teresa. Luego de terminar de celebrar la misa mayor del Miércoles Santo (en la que se pronunció contra la dictadura y pidió el cese de la represión contra las manifestaciones), el Arzobispo de Caracas, Cardenal Jorge Urosa Savino, fue atacado por un grupo de paramilitares que irrumpió en el recinto sagrado y se le fue encima gritando consignas en su contra. El prelado fue arropado y protegido por un número importante de feligreses, quienes con coraje se interpusieron y permitieron que fuera puesto a resguardo en la sacristía. En la puerta oeste se armó una violenta trifulca que causó pánico entre los devotos y vació la Basílica.

¿Significará ataque, como en el 58, el preludio del fin de otra dictadura?

NADIEWEB

Hablaron las piedras: nadie quiere a Maduro

El desprecio popular por el dictador hambreador, antes silente y expresado apenas en susurros y en ausencia, anoche se hizo manifiesto en un monumental abucheo que estuvo acompañado con el lanzamiento de objetos a su persona. Todo sucedió al final de un acto en el que se conmemoraba el Bicentenario de la Batalla de San Félix, transmitido en cadena nacional. Soberbio como él solo (y muy mal aconsejado también), el dictador quiso darse un baño de pueblo (así de disociado de la realidad se encuentra) y se encontró fue bañado de abucheos, pitas, insultos y hasta objetos. En la transmisión en cadena se pudo ver cómo ante la descarga, era arropado por sus guardaespaldas, la toma se iba a negro y la transmisión salía del aire. El hecho, que inmediatamente fue la comidilla de las redes sociales y a falta de medios se difundió por WhatsApp y demás sistemas de mensajería, pretendió ser desmentido por los agentes de la dictadura. Para Villegas y compañía no fue más que el acto de amor de un pueblo que enloquece por su presidente. En realidad fue el acto de desprecio de un pueblo castigado por el hambre, la pobreza y la mala gestión, hacia el responsable de su miseria. No fue, sino un pequeño acto de justicia, la única forma de expresarse que le dejaron a un pueblo al que le quitaron los medios, las elecciones y cualquier posibilidad de opinar en contra y manifestar su descontento. Lo dijo Cristo hace dos mil años (y lo citó Chávez bastantes veces): cuando todos callen, hablarán las piedras. Anoche, Martes Santo casualmente, gritaron.