NEGOCIOWEB

¿Se debe negociar o no?

Por: Emmanuel Rincón | @emmarincon

Algunas personas solo quieren ver el mundo arder, no lo dijo Platón o Montesquieu, lo dijo Alfred refiriéndose al Guasón. Ciudad Gótica también posee un sinfín de conjeturas políticas sin resolver, pero, ¿cómo se asemeja la situación actual de Venezuela con el comic y en qué se diferencia? Sencillo: en nuestro caso el Pingüino, el Guasón, Ra´s al Ghul, Bane, Harley Quinn, Enigma, y Sr. Frío están dentro de Miraflores, ostentan el poder, las armas, los ejércitos armados y bandas criminales; en el comic son tan sólo un grupo de desadaptados cuyos intentos por adueñarse de Ciudad Gótica siempre son evitados por los cuerpos policiales, o en última instancia por Batman. Ahora bien, en nuestra realidad no hay un Batman, y tampoco cuerpos policiales (hablemos sin tapujos, eso en Venezuela no existe), sí un Guasón, un Pingüino, y una Harley Quinn, que están dentro de Miraflores, y que tal como Alfred aseveró solo quieren ver el mundo arder.

La semana pasada estuve reunido con un par de diputados de la Asamblea Nacional (las reuniones fueron por separado —nada serio—). En dichas conversaciones ellos y sus colaboradores afirmaban que la Constituyente no iba, que habían negociaciones de por medio y que no llegábamos al 30; yo creo (y ojalá me equivoque) que la Constituyente sí va; es más, nunca he tenido dudas que va a aprobarse: echarla para atrás en este momento tendría un peso político demasiado alto para el gobierno y, como ya lo he dicho, hay personas que solo quieren ver el mundo arder.

Ahora, estas circunstancias nos enfrentan a un gran dilema, ¿debemos negociar con los captores de nuestra libertad?, ¿debemos darles oportunidad de salvarse a los culpables de nuestra tragedia como nación? Bien, la cuestión no es si debe negociarse o no, la cuestión es cuáles cosas se va a negociar: si es la salida de Nicolás Maduro, por supuesto que deben llevarse adelante las conversaciones; si son promesas a futuro, no.

¿Por qué sacamos a relucir todo esto? En medio de la paranoia en que vivimos como nación, tenemos radicales de ambos lados y en todas las direcciones políticas. En el seno opositor (con el cual me identifico) existen los que no admiten bajo ninguna circunstancia que se intente dialogar con los representantes del partido de gobierno, y piden que llegue Batman y los destruya a todos (les cuento, Batman en la vida real no existe), y salvo que usted mismo esté dispuesto a formar un ejército de diez mil personas —o más— armarlo, alimentarlo y motivarlos para ir al campo de batalla, no pida milagros ni hable babosadas: las armas están con el régimen y los criminales también, en el campo de la violencia seríamos derrotados en cuestión de segundos. Ahora, si las negociaciones van por el lado de suspender la constituyente y darle oxígeno al gobierno, es una conversación que ni siquiera debería empezar: lo único negociable es la salida de los criminales de Miraflores. Entonces, ¿debe negociarse o no? Por supuesto que sí: sí debe negociarse, porque, según nos han demostrado los militares de este país, no se va a repetir la escena rumana en la que Ceausescu fue capturado y fusilado. Aquí a los uniformados, si le dan la oportunidad, van a seguir disparando balas contra la juventud y llenándose los bolsillos. ¿Por qué? Porque a Venezuela la convirtieron en un país triste y miserable donde los billetes verdes valen una millonada, y mientras ellos puedan ser los únicos dueños de la riqueza, no la van a soltar.

Entonces, ¿qué alternativas nos quedan?, ¿acaso nos jodimos y ya? Pues no, la verdad es que no. Las relaciones políticas, tal como las sociales de cualquier ser humano, penden de un hilo y existen cientos y miles de formas por las cuales Nicolás Maduro puede salir del poder: se cayó bañándose y se rompió la cabeza, descubrió que Cilia lo engañaba, entró en una depresión y se fue, Diosdado se cayó a palos y borracho lo agarró a golpes, salió un loco y estrelló un avión contra Miraflores con el mandatario adentro, o sencillamente el miedo de toda la presión que se la ha venido encima lo consume y en determinado momento solo siente que debe escapar. No hay que olvidarlo: los que ostentan el poder también son seres humanos, hoy día se sienten intocables (o pretenden sentirse) pero saben que sus vidas de reyes están por terminar y lo único que están intentando es que sus cabezas no vayan a parar tan rápido en un sucio calabozo. Es por ello que prefieren ver el mundo arder a la distancia antes que sus pestañas. Mi lectura, la cual expondré con un riesgo enorme de equivocarme, es que la Constituyente se aprobará, aun a pesar del escándalo interno e internacional. Aquello desatará una agenda de calle donde reine la anarquía, y, por cierto, esto sí lo dijo el Guasón: “instaura una pequeña anarquía, altera el orden establecido, y todo se convierte en caos. Soy un agente del caos, ¿y sabes algo del caos? Es justo”. Con la Constituyente instaurada, el uso desproporcionado de la fuerza por parte del gobierno, las presiones internas y las sanciones internacionales harán del país una habitación llena de gas inflamable, y será cuestión de días (a mi parecer entre 15 y 30 días) para que el gobierno se queme en su propio infierno y finalmente acabe la fantasía revolucionaria.

Entonces, ¿negociar? Si es la salida de Maduro, dejen que los líderes opositores conversen con los captores y les den la posibilidad de irse; si aquello va a evitar un derramamiento de sangre aun mayor, es pertinente, puesto que de una u otra forma, este gobierno va a acabar, lo que no sabemos es cómo ni cuándo; de lo contrario no va a quedar de otra, la anarquía se instaurará con más fuerza que nunca, el gobierno va a terminar declinando, pero ese caos podría llevarse mucha sangre a su paso.

PD: Los líderes opositores ni son traidores ni son colaboradores del régimen. Se equivocan, a veces hablan de más y otras de menos, en otras ocasiones no saben explicar lo que pretenden hacer, y en muchas no han sabido leer al país, pero ni traidores ni colaboradores; si quieren llámenlos incompetentes (yo no lo hago) o hasta estúpidos, pero dejen de hacerle juego al gobierno instaurando la idea de que todo es maniobra del G2 y el oficialismo es una fuerza imbatible que tiene todo bajo control. Sinceramente, ser político es una mierda, y más en un país como este: actúes mal o actúes bien, siempre habrá quien te critique. Esa gente (con sus defectos y virtudes) también arriesga su vida a diario, y aunque la verdad en la mayoría de las ocasiones pienso todo lo contrario a lo que la MUD anuncia, la respeto, porque de una u otra forma vamos a tener que reconstruir a Venezuela, y eso sin liderazgo político no lo vamos a lograr (la anarquía no es la vía para la reestructuración, créanme que no). Así que discutan, quéjense, manifiesten sus inquietudes si quieren, pero no vuelvan a repetir que hay traidores y colaboradores y que el G2 es más poderoso que Dios. Siga yendo a la calle, apoye en lo que pueda, utilice las redes de forma inteligente para informar —y no desinformar a sus conciudadanos— y rece para que esta pesadilla acabe pronto.

Y recuerde: algunas personas solo quieren ver al mundo arder, y Miraflores está plagada de esas personas. Mi apuesta es que saldrán entre los 15 y 30 días después de la Constituyente (si me equivoco, que es muy probable, no seré el primero, ni el segundo).

LEOWEB (2)

La desgracia de tener una cámara en vez de un violín

Por: Emmanuel Rincón | @emmarincon

De seguro muchos ni se han enterado que en Caracas un fotógrafo llamado Leonardo Guzman está detenido “por tener el perfil”. Su historia es otra más de las que invaden a Venezuela día tras día y pasan sin pena ni gloria. A diferencia de Wuilly Arteaga, quien luego de sufrir los embates de la Guardia Nacional y ver su violín quebrado recibiera la solidaridad de millones de personas, incluidas Shakira, Marc Anthony, Alejandro Sanz y varios congresistas de los Estados Unidos, el atropello a los Derechos Humanos de Leonardo Guzman ha pasado totalmente desapercibidos para la sociedad venezolana, y es allí donde debemos preguntarnos, ¿por qué estamos como estamos?

A Leonardo Guzman la Guardia Nacional no solo lo reprimió como hizo con Wuilly, sino que también lo detuvo, y hoy se encuentra recluido sin saber qué va a depararle el futuro: podría ser liberado en cuestión de horas o podría pasar tras las rejas el tiempo que le queda al gobierno en el poder; todo esto es impredecible en una nación donde el debido proceso no es respetado.

Lo que sabemos de Leonardo Guzman es que se encontraba en su casa cuando se produjeron allanamientos ilegales en las residencias Las Torres de Montaña Alta, en San Antonio de los Altos; lo que no sabemos es porqué se lo llevaron: no se encontraba trabajando, no se encontraba protestando, sencillamente estaba en casa cuando unos Guardias Nacional tumbaron la puerta y se lo llevaron. Personas cercanas a Leonardo Guzman han ventilado que las razones que les han dado es que “tenía el perfil”, y eso ha sido suficiente para estar tras las rejas; quizás el hecho de usar la barba larga, o tener una cámara fotográfica (un elemento terrorista para las pretensiones de la dictadura) hayan motivado su aprehensión.

Este artículo no es solo una crítica contra el sistema procesal del país o contra la arbitrariedad de las Fuerzas Armadas, es más que todo un llamado de atención a esas personas que dicen preocuparse por la situación del país pero que tan solo se movilizan o publican lo que la prensa les vende, porque es más fácil sensibilizarse con un joven al que le rompen el violín, que con otro que ha arriesgado su vida para retratar las arbitrariedades del régimen bajo el cual vivimos. La injusticia aquí viene siendo aplicada también por todos los venezolanos, pues mientras que a algunos “héroes” los reconocen y apoyan en cualquier circunstancia, a otros los ignoran y les voltean los ojos para que el gobierno los ejecute a discreción. Pasa con los que tienen cámaras en vez de violines, y pasa con los muertos que no aparecen en video.

La vida de los fotógrafos es muy trágica en este país: siempre están en primera fila, tragando gas, a merced de los colectivos y de los guardias, recibiendo perdigones, empujones y golpes. Todo ello para mostrarle al país y al mundo lo que ocurre en Venezuela; pero a diferencia de los aventajados violinistas, quienes en caso de ver su instrumento deteriorado por los atropellos tienen de inmediato mil solicitudes para recomponérselo, a los fotógrafos nadie les presta atención, y si caen en desgracia, ya será culpa de su propio “descuido”.

A una amiga, a la cual seguro muchos conocen en Caracas, llamada Andrea Daniela Sandoval, quien ha estado registrando a través de su cuenta todo lo que ocurre en la capital desde hace tres meses, le robaron su cámara con un par de lentes hace varios días; la prensa no se solidarizó y la sociedad civil tampoco, salvo algunos de sus amigos en Facebook. No ha recibido una cámara, no ha recibido una invitación de Marc Anthony, tampoco la han llevado a visitar Nueva York y a hablar con los congresistas. Su historia pasó desapercibida, al igual que pasa la de Leonardo Guzman y la de cientos de fotógrafos que a diario exponen sus vidas para que la gente pueda enterarse y compartir lo que ocurre en el país.

Para culminar, quiero dejar por entendido que nada de esto es contra Wuilly Arteaga, sino contra las personas que “mueven sus corazones” por una causa que les vende la prensa y les hará ganar popularidad, y voltean la cara por otra causa que a nadie le importa. De Wuilly me alegra que haya podido recuperar su violín (de seguro ahora tiene una gran colección), y también todas las oportunidades que le han brindado; solo espero que lo mismo que hicieron con Wuilly lo hagan con cada fotógrafo pisoteado en resistencia, con cada paramédico, con cada articulista, y con todo aquel que sufre los embates de un gobierno autoritario y déspota.

GUARDIAWEB

¿Qué piensa un Guardia Nacional?

Por: Emmanuel Rincón | @emmarincon

Llevo semanas tratando de descifrar este misterio, ¿qué piensa un Guardia Nacional?, ¿cuáles razones lo empujan a amedrentar a sus iguales,  golpear salvajemente a jóvenes, y asesinar sin contemplación al hijo de una madre que bien podría ser la suya? Luego de observar las aberrantes imágenes donde una treintena de guardias patea, arrastra, tortura y sacude en el piso a un manifestante indefenso en el Estado Anzoátegui, aquella pregunta interna se hizo más fuerte: ¿qué pasa por la cabeza de un sujeto que ve a un ciudadano débil y desprotegido siendo atacado por compañeros suyos armados, con cascos, rodilleras y petos, para en vez de auxiliarle, ir a amedrentarle más? Desde el punto de vista psicoanalítico no bastaría un solo artículo, habría que dedicarle libros enteros para poder hacer introspección en los móviles de cada uno de ellos; pero, fuera de los móviles particulares, hay uno que les corroe el alma a todos, y es el odio, pues no puede haber otra razón para tamaña crueldad si no es la del odio por el odio.

La semana pasada me encontraba en uno de los puntos de tranca a la altura baja de la avenida Carabobo en San Cristóbal, cuando un grupo de Guardias Nacionales Bolivarianos (aproximadamente 100 motos) llegaron a dispersar a los manifestantes. Las señoras mayores intentaron negociar con ellos haciéndoles ofrecimientos de café y merienda, pero fueron corridas ante las amenazas de soltar gases lacrimógenos; la voz de mando en el pelotón ordenó entonces que no quería ver manifestantes en cinco minutos o comenzarían a sonar las armas. Un joven encapuchado se acercó y le dijo:

  • Pana, nuestra batalla no es contra ustedes, es contra el gobierno, ¿qué no ve que sufrimos los mismos padecimientos? Estamos aquí por sus hijos también, por la comida de sus hijos, por la educación de sus hijos, por la medicina de sus hijos.
  • Mis hijos no se meten en esta mierda, y arranque antes de que le encienda el culo a pata —le respondió el capitán apuntándole el escopetín a la cara.

El manifestante se dio media vuelta y rápidamente soltó a correr, mientras uno de los que secundaba al capitán disparó una lacrimógena que le rozó la espalda. No hubo forma de negociar. Los intentos de dialogar fueron infructíferos y en cuestión de minutos los gases y los perdigones habían inundado la zona. Se supo lo que pensaba el capitán, quien presumía en su muñeca izquierda de un reloj que a leguas se veía costoso, pero no así el resto de la tripulación.

Algo similar sucedió en la marcha realizada hacia el Cuartel Bolívar de San Cristóbal el pasado 24 de junio. Yo llevaba mi cámara y tomaba fotografías, mientras algunos voceros de la sociedad civil intentaban dialogar con los guardias para que pararan la represión. Uno se me acercó y me gritó:

  • ¡Guarda esa mierda antes de que te la rompa a plomo!

Allí no hubo oportunidad de dialogo. Al verlo supe que aquel sujeto no escucharía ningún argumento: su rostro estaba plagado de violencia e ignorancia, su mirada se veía pérdida, lejana y vacía, como si en el cuerpo solo quedara un espectro del alma que antes habitó. Las probabilidades de que mi cámara acabara estropeada en el suelo y yo con un perdigón en el cuerpo eran mucho mayores a las de hacer entrar en razón al gorila: esos sujetos están acostumbrados a la orden por medio de gritos, a la obediencia sin juicios, llevan años sumergidos en cuarteles y operativos en los que sus mentes se han acostumbrado a que un componente establezca un objetivo y todos los demás escuchen y cumplan sin importar las circunstancias. Son seres humanos que han perdido la capacidad de análisis y de deliberación, pues las decisiones ya han sido tomadas por otros, y ellos solo asienten. Sus patrones de conducta están condicionados por el odio y la manipulación ideológica: las Fuerzas Armadas están tan desligadas de la sociedad civil, que en sus cuarteles se ha implantado la idea de que esta es una lucha de militares contra civiles, y al verse en minoría naturalmente la fuerza y la aberración es lo único que les queda. Luchan por sobrevivir, creyendo perdido cualquier otro destino.

Han pasado 18 años desde que el Teniente Coronel del Ejército, Hugo Chávez Frías, asumiera la presidencia de la República. Han sido 18 años en los que el discurso de odio se ha repetido día tras día por medio de los voceros del gobierno, instaurando una lucha de clases en Venezuela. Son más de seis mil amaneceres repitiendo una y otra vez lo mismo: destruir a los apátridas, a los antirrevolucionarios, a los burgueses, imperialistas, basuras, traidores; los militares no están exentos de esta lucha, la mayoría de ellos, los que aún no gozan de promociones, viven bajo condiciones paupérrimas, alejados de sus familias, sin dinero ni alimentos, trasnochados, con una armadura encima, viendo a los transeúntes pasearse con sus vehículos y esposas; a esa mayoría la única esperanza que les queda es la de esperar a que pasen los años y tomar el puesto de su superior inmediato, a ver si así pueden comprarse los relojes que ellos tienen, los autos que ellos tienen, y manejar los negocios que ellos manejan. La obediencia y la crueldad no forman parte de un guion, sino de un resentimiento, de un abuso de poder que ha condicionado la mentalidad del grupo de uniformados, y que los ha llevado a pensar que disparándole un plomazo al rostro de un estudiante veinteañero están defendiendo a la patria.

No se crean, detrás de toda esta guerra sin cuartel los intereses económicos también priman: suficiente se ha hablado de las “detenciones cobradas en dólares” por miembros de los cuerpos de seguridad. El odio no es de gratis, son dosis que van bien recompensadas. Naturalmente todas estas eventualidades carecen de justificativos, cualquier hombre bien equilibrado sabría que golpear a un tercero no es la solución a los problemas; otro que ha atravesado campos más difíciles, y con mayor honorabilidad, jamás avalaría que treinta individuos con armaduras golpeen a uno que anda sin ellas. Aquello es sinónimo de una cobardía encubierta y lo cierto es que por estos momentos el odio no dejará de existir, el resentimiento no dejará de existir, la lucha de clases y condiciones sociales no dejará de existir, y las protestas y los intentos por restaurar la República tampoco, ¿entonces qué queda?, ¿cómo se va a resolver este conflicto? La respuesta es incierta. Lo que sí parece estar claro es que los militares no colgarán sus fusiles ni los entregaran al bando contrario: ya hay mucha sangre en sus botas y mucho odio en sus corazones; solo queda seguir bregando, seguir luchando para encontrar un cambio que no propiciarán los uniformados, sino la sociedad civil venezolana, que es la única capaz de recuperar la República que yace perdida desde hace un par de décadas.

COSTI

¿Y si aprueban la constituyente?

Por: Emmanuel Rincón | @emmarincon

¿Qué esperaban, una exploración argumentativa sobre los puntos legales que plantean ser demolidos por la nueva constitución? Pues no. Eso hoy día no existe, porque para poder analizar jurídicamente una normativa legal necesitamos de una propuesta “jurídica”, valga la redundancia, y al día de hoy el gobierno no ha expuesto tal cosa, únicamente ha ventilado los propósitos “políticos” de la misma:

  1. Ganar la paz, aislar a los violentos y reafirmar los valores de justicia y la no impunidad.
  2. Ampliar y perfeccionar el sistema económico venezolano.
  3. Constitucionalizar todas las misiones sociales.
  4. Potenciar el funcionamiento del sistema de justicia, seguridad y protección del pueblo.
  5. Impulsar las nuevas formas de “democracia participativa y protagónica”.
  6. Impulsar la política exterior soberana de defensa de nuestra integridad.
  7. Impulsar la identidad cultural, la “nueva venezolanidad”, y la “nueva espiritualidad del país”.
  8. La garantía del futuro para la juventud.
  9. El cambio climático, la supervivencia de la vida en el planeta.

Analizando el entramado de los nueve puntos a destacar difundidos por el gobierno, muchos se preguntaran: bien, ¿y esto cómo cara… me afecta? Siendo un poco más claro, valdría la pena decir que este “nuevo ordenamiento jurídico” afectará en poco nuestra vida social y política. ¿A qué me refiero con esto? ¿Es que acaso los puntos propuestos necesitan “legalizarse” para entrar en vigencia? ¿Acaso el gobierno no nos ha coartado ya el acceso a elecciones democráticas y ha vulnerado la actual constitución de todas las formas posibles? Entonces… ¿en qué nos afecta realmente la constituyente?, ¿qué cambiaría en caso de ser aplicada? Yo diría, en poco o nada… ¡sí!, leyeron bien, en poco o nada; con esto no quiero decir que debemos restarle importancia a la imposición a la fuerza de la misma, ni mucho menos que debemos tomárnoslo a la ligera, sino todo la contrario: la razón por la que esta constituyente no afectará nuestra vida social es porque la constituyente ya fue aplicada en Venezuela desde hace mucho tiempo: hace años que no vivimos bajo el ordenamiento jurídico que adornan los títulos oficiales del país, nuestra Constitución actual es una caricatura con la que el oficialismo juega a la República, mientras el comunismo es aplicado de manera desfachatada.

No obstante, y a pesar de que las relaciones jurídicas en Venezuela podrían variar poco —prácticamente hablando—, hay un par de puntos a los que debe prestársele mucha, mucha, muchísima atención:

  1. Ganar la paz, aislar a los violentos y reafirmar los valo… —politiquería, ignórenlo.
  2. Ampliar y perfeccionar el sistema económico venezolano —los invito a reírse con este punto.
  3. Constitucionalizar todas las misiones sociales —politiquería, las misiones sociales no necesitan carácter constitucional para ser aplicadas.
  4. Potenciar el funcionamiento del sistema de justicia, seguridad y protección del pueblo —legalizar la persecución y encarcelamiento de líderes políticos y activistas opositores, ¿importa?, ¿acaso ya no someten a quien les da la gana?
  5. Impulsar las nuevas formas de “democracia participativa y protagónica” —este es uno de los caracteres más vinculantes, la alteración de los circuitos electorales y el Estado Comunal; oficialmente no se ha aplicado, pero las elecciones en Venezuela no existen actualmente, es solo la consolidación de lo que ya viene sucediendo.
  6. Impulsar la política exterior soberana de defensa de nuestra integridad —más amor y regalos a Cuba, más insultos a Estados Unidos.
  7. Impulsar la identidad cultural, la “nueva venezolanidad”, y la “nueva espiritualidad del país” —ojo, mucho ojo a este punto; desde que entrara Hugo Chávez al poder los ritos santeros y paleros se han popularizado en Venezuela, sobre todo en las Fuerzas Armadas y círculos bolivarianos; ya hace más de una década que Fidel le advirtió al comandante que la religión es indispensable para controlar a los pueblos, y desde el 2000 ya era notoria la separación entre el gobierno actual y la Iglesia Católica, por lo que los asesores de La Habana le indicaron al jefe de la revolución que debía dejar penetrar nuevos ordenes religiosos al país; allí cobraron fuerza los Testigos de Jehová, los Evangélicos, los Yoruba, entre otros; a muchos venezolanos de las clases bajas les han hecho creer que estas religiones le aseguraran el éxito económico y que su proliferación está directamente ligada a los destinos de la revolución; dentro de la politiquería, esta es una politiquería peligrosa y radical. Hay que tener mucho cuidado con esto.
  8. La garantía del futuro para la juventud —¿Escucharon lo de la chamba juvenil? Saquen sus propias conclusiones y ríanse un poquito.
  9. El cambio climático, la supervivencia de la vida en el planeta —ríanse otro poquito, pero nada más otro poquito. Un gobierno que no puede ni alimentar a su población, que ha dejado que sus playas se inunden de petróleo, que por la negligencia y falta de inversión condujeron a la catástrofe de Amuay, quiere alertar sobre el deterioro del planeta.

Ya hace cinco años que me recibí de abogado en la Universidad Católica del Táchira, a la que los especialistas en derecho y juristas destacados solían mencionarla como la mejor casa de estudios en el país junto a la UCAB (en cuanto a leyes se refiere), ¿y quieren saber de todas las cosas aprendidas en la universidad cuantas son vinculantes hoy en día, cuantas se aplican tal cual como los dogmas jurídicos establecen? Bueno, supongo que ya todos tienen la respuesta a esa pregunta. En conclusión, la constituyente es nada más que una bolsa de politiquería con manifiestos extremistas, jurídicamente su aplicación no va a alterar en demasía las relaciones sociales del país: ya estamos inmersos en un Estado de derecho de terror, dicho por la Fiscal General de la República. Sin embargo, la finalidad de este despropósito jurídico es la de implementar la fuerza por encisma de la voluntad popular, y la necesidad de impedir a como dé lugar que dicho despropósito sea aplicado tiene poco que ver con la legitimidad del régimen: el gobierno venezolano ya está deslegitimado internacionalmente y también puertas adentro, nadie tiene dudas de que estamos bajo una dictadura.

Anteriormente, a pesar de las irregularidades políticas y jurídicas, el oficialismo podía escudarse bajo el sometimiento a votación de los cargos públicos, y de hecho, las razones por las cuales los líderes opositores no se habían atrevido a consolidar una agenda de calle tan intensa como la presentada en los últimos meses, era porque siempre hubo la falsa creencia de que de este gobierno iba a salir con votos, y que con el descontento propiciado por sus propias políticas económicas calamitosas tarde o temprano esta historia acabaría. No obstante, el cierre de las “vías democráticas”, es decir, la vulneración de las elecciones, y la aplicación de una “constituyente”, finalmente les abrieron los ojos a muchos (incluyendo dirigentes políticos), para darse cuenta de que el camino de las elecciones no sería el que propiciaría la salida del régimen, y esa es la razón por la cual considero que la constituyente es el viacrucis del oficialismo y no de la oposición, porque la búsqueda de su implementación a la fuerza derivará en la reacción que termine sacándoles del poder; o al menos, eso pienso yo. Espero que el tiempo me dé —nos dé— la razón a los que compartimos opinión.

ARMASWEB

Si no es con votos será con balas

Por: Emmanuel Rincón |  @emmarincon

Pongamos en contexto el título de este artículo: si no es con votos será con armas; repítanlo: si no es con votos será con armas; más lento: si no es con votos, será con armas. Las palabras de Nicolás Maduro brotaron en un momento en el que la estabilidad nacional es una morisqueta desconocida. Justo cuando los ojos del mundo reposan sobre sus hombros se atreve a dictar en televisión, frente a millones de personas, que de no alcanzar a sostener la revolución con votos lo haría con las armas. Si Pedro Carreño se atrevió a poner en entredicho la salud mental de la Fiscal Luisa Ortega por su actuar, ¿qué quedará para el timador de Miraflores quien se encuentra encendido en fuego y a consciencia empieza a rociarse con gasolina? Más que intimidar, lo que logró el presidente de la República fue desnudar su limitada capacidad de análisis político: en una coyuntura delicada, en la que mayor tacto debe tenerse debido a la asonada en los cuarteles, Nicolás sigue cavando su propia tumba llamando a las armas, cuando ha quedado claro que el pueblo lo que quiere es civilización.

El problema de concepción del chavismo es netamente ideológico y estructural. Resulta absurdo que tras 18 años en el poder sigan comportándose y hablando como guerrillas clandestinas de choque y no como jefes de Estado; se manifiestan como si fueran ellos los adversarios de una fuerza política y no el poder per se. Es por ello que constantemente eluden las culpas y tienden a ventilar conspiraciones que solo existen en sus cabezas. Resulta inaudito que tras casi dos décadas en el poder sigan con ese discurso selvático y revolucionario, con esa idea del poder por las armas, con ese temperamento de calentura y reacción, cuando el mundo lo que pide es relaciones civilizadas y formaciones políticas equilibradas sin extremismo.

Luego de que Nicolás Maduro anunciara que si no era con los votos sería con las armas, un batallón de la Guardia Nacional Bolivariana invadió el Palacio Legislativo, ese recinto sagrado en el cual se han aprobado todas las leyes que rigen nuestros destinos como nación —para bien o para mal—. Ese momento en el que un grupo de hombres armados intenta asaltar las competencias de otro grupo de hombres civilizados dispuestos a la ley, simboliza el rompimiento total no solo de las vías democráticas, sino de la cordura estatal; los miembros del gobierno llaman a la barbarie, se comportan como simios cuyo únicos argumentos para sostener el poder es la fuerza y no las ideas, y lo más triste es que no hay quien los saque del camino de la estupidez. El oficialismo pareciera no darse cuenta de que Venezuela está harta de la violencia, de las armas, del terror; que lo que el país necesita es paz —verdadera paz, no la que quiere imponer el gobierno a la fuerza—, acuerdos, coherencia, valores, democracia, elecciones, libertad, una economía sana; quizás son términos muy difíciles de procesar para una masa que tras 18 años de mandato solo han sabido invertir todo el dinero de un Estado en armas, drogas, y regalos; es por eso es que el país está como está, no hay forma en que el hijo vaya por la senda del bien cuando su padre se comporta como un despropósito; los secuaces del presidente de la República no se han terminado de percatar que los años 60’s quedaron atrás, esa época de revoluciones armadas y conspiraciones que llevaban a los hombres a perderse entre las junglas por años, para luego aparecer en calles y edificios dictando catedra de igualdad provocando muertes innecesarias.

Lo que ocurre en Venezuela hoy día ya no es asunto de ideologías políticas o cuestiones materiales, va mucho más allá: es la lucha de la razón contra el salvajismo, de los valores contra la corrupción, de quienes propagan la vida contra quienes llaman la muerte. El oficialismo ya ha dejado claro cuál será la vía que tomarán en caso de que los votos no los acompañen, y está muy claro que en efecto, los votos no los van a acompañar; la única alternativa que le quedan son las armas, el chantaje, la fuerza, la intimidación. La pregunta que hay que hacerse ahora es, ¿cómo va a reaccionar el lado opositor?, ¿seguirán poniéndole el pecho a las balas o buscarán vías alternas para detener la masacre anunciada?

Arma - AFP

La guerra de las 9mm contra pechos y cráneos

Por: Emmanuel Rincón | @emmarincon

Casi un centenar de muertos, ¿cuál es la cifra que indica el cambio de estrategia? La frustración es agobiante y va llegando el momento de decir: ¡ya basta! Y no de violencia o de represión, pues está claro que eso el gobierno no va a escucharlo: si no le han dolido las docenas de menores de edad asesinados con disparos al pecho, la cabeza y el rostro, no creo que vayan a dolerle otros cien u otros mil más.

Lo del lunes en Caracas fue superlativo en nivel de crueldad y de oscurantismo. Ya las almas opresoras no se esconden bajo los falsos escudos de “armas de dispersión”: apuntan 9mm a las cabezas y a los pechos de manifestantes cuyas únicas defensas son sus propios huesos y órganos. ¡Ya basta!, ¡ya basta! No es cuestión de gritárselo al gobierno, sino a nuestros propios dirigentes: ¡ya basta! ¿Hasta cuándo seguiremos yendo a una guerra contra asesinos endemoniados, armados con escudos de lata y piedras? ¿Ya no es suficiente sangre?, ¿o cuánta sangre pasa a considerarse necesaria para evaluar un cambio de rumbo? No funcionó. Hay que decirlo. No funcionó. A los megalomaníacos del Ejército no les ha conmovido en lo absoluto esta lucha desigual. Es incoherente, terco, y tonto, seguir poniendo la cara ante esbirros que sin contemplación disparan balas de muerte.

No es que no se ha conseguido nada, sí se ha conseguido, y bastante: son cada vez más los venezolanos que repudian al régimen, son cada vez más los organismos del Estado que apoyan la libertad, y son cada vez más los países que secundan nuestra causa; nada ha sido perdido, el esfuerzo no ha sido en vano, pero ha llegado la hora de decir ¡basta! ¿Cuál dirección vamos a tomar?, ¿cuáles medidas concretas vamos a ejecutar?, ¿hasta cuándo vamos a seguir permitiendo que delincuentes comunes salgan a dispararle a gente inocente, a menores de edad, a padres, hijos, esposos, primos, maestros, cuñados, obreros, médicos, estudiantes, ingenieros, hermanos, agricultores, periodistas, personas, (sí, personas, gente, ¡seres humanos!)?, ¿hasta cuándo?

Hay artículos que se escriben desde la razón, de allí emanan la mayoría de ellos, pero este se escribe desde otra parte que no voy a mencionar. ¡Ya basta!, no sigamos yendo a una guerra donde la matanza es la única respuesta que recibimos. ¿Qué podía hacer un Fabián Urbina de 17 años contra asesinos enmascarados llenos de armas y escudos?, ¿qué podía hacer?

Va llegando la hora de un cambio de discurso, de un cambio de actitud: la naturaleza de la Revolución Bolivariana del siglo XXI es la represión y la muerte, las alcantarillas del despropósito son su campo de acción, ¿vamos a seguir esperando que rectifique un grupo de personas con cientos de acusaciones de terrorismo y narcotráfico encima?

Los invito a reflexionar, a cada uno en privado, en sus casas, con sus familias y amigos, y a los políticos también, ¿es útil, es necesario, seguir enviando gente indefensa contra bestias totalitarias y armadas? Es indudable que la lucha debe seguir, hoy más que nunca, hoy más que siempre, o vamos hasta el final, o el final llega hasta nosotros, la pregunta ahora es, ¿de qué forma vamos a llegar hasta él?

PESOWEB

El peso de las muertes que no aparecen en video

Por: Emmanuel Rincón | @emmarincon

No podemos convertirnos en esclavos de la morbosidad y del sensacionalismo. No podemos permitir que algunos asesinatos transmuten en lo intranscendente por no haber registro visual. No debemos permitirle al gobierno que nos convierta en seres abominables, acostumbrados a la banalidad de una muerte cuya sombra ya no nos sorprenda.

Una estadística es un conjunto de números; una muerte tiene nombre, historia, querencias, costumbres, sueños, valores y un conjunto de lazos rotos dejados atrás. Por ello no podemos permitir que ese acto tan lúgubre se convierta en estadística. A veces resulta pesado tener que ser quién se pronuncie contra el clamor popular, pero no podemos dejar que los políticos y los medios de comunicación, sean del lado que sean, nos manipulen y nos lleven a pensar que algunas muertes valen más que otras.

Paola Ramírez, Juan Pablo Pernalete, Miguel Castillo Bracho, Paúl Moreno, Neomar Lander. Los registros visuales al momento de producirse sus desgracias han llevado sus nombres a ocupar portadas en diarios y revistas, y ha hecho que, inclusive, uno que otro político oportunista les otorgue a túneles y avenidas sus nombres para aumentar su registro de popularidad. Con esto no quiero decir que los Neomar, Juan Pablo, Miguel, Paúl, Paola o Armando Cañizalez no deban ser debidamente glorificados y sufridos, ¿pero es que acaso los otros muertos no merece  el mismo homenaje?

Hace un par de días un Guardia Nacional Bolivariano en El Paraíso le disparó en el ojo a un perro llamado Cross, que horas después tuvo que ser sacrificado. Ese perro ocupó un espacio en la opinión pública nacional impensado para cualquier animal: los muros de Facebook, cuentas de Twitter e Instagram de un millar de venezolanos se plagaron de mensajes de solidaridad con el can; aparecieron ilustraciones, dibujos, y una infinidad de cadenas para honrar su muerte, y mientras tanto, en ese momento, varias madres venezolanas seguían llorando la pérdida de hijos que no recibieron la merecida atención por parte de sus comunidades, ni de la prensa, ni mucho menos de los políticos, porque (y esa es la verdad) aquellas muertes no producían beneficios políticos ni comerciales. La muerte de Cross se explotó mediáticamente de tal manera, que inclusive hubo personas que se atrevieron a comparar al gobierno actual con el nazismo, sí, ¡con el nazismo!, con ese movimiento político comandado por Adolf Hitler que provocó la Segunda Guerra Mundial y propició la muerte de más de 60 millones de seres humanos; es decir: del doble de la población venezolana actual.

El jueves 15 de junio asesinaron en el Estado Táchira de un disparo en el rostro a José Gregorio Pérez Pérez; en Maracaibo también murió Luis Vera arrollado por una camioneta mientras protestaba. ¿A algunos les suenan? Seguramente a muchos no. En el pasado también han quedado más de una treintena de nombres que hoy nadie recuerda, a los que nadie les rindió tributos ni lagrimas; sé que a algunos les resultará incomodo, pero si tu llanto únicamente se han vertido tras enterarte de la muerte del perro, entonces te has dejado contaminar por la media, o simplemente actúas y transmites lo que piensas que los demás esperan de ti: compadecerte de la muerte del perro.

Quiero y debo aclarar, porque sé que algunas afirmaciones emitidas van a herir susceptibilidades y generar malentendidos: no es que Neomar y Paúl no merezcan los honores que les han brindado, no es que el asesinato despiadado de un perro no me interese, pero sencillamente no podemos permitir que unas muertes pesen más que otras, porque mientras estás leyendo esto, seguramente otro venezolano está siendo asesinado, y la realidad es mucho más amplia e intensa de lo que nos muestran los periódicos y los políticos.

Traté de recopilar los nombres de los fallecidos en protestas desde lo que va de año, y estos son:

1- Jairo Johan Ortiz Bustamante (19 años) 

2- Daniel Alejandro Queliz Araca (19 años)

3- Miguel Ángel Colmenares Milano (36 años)

4- Brayan David Principal Giménez (14 años)

5- Gruseny Antonio Canelón Scirpatempo (32 años)

6- Carlos José Moreno Barón (17 años) 

7- Paola Andreína Ramírez Gómez (23 años)

8- Niumar José San Clemente Barrios (28 años)

9 – Mervins Fernando Guitian Díaz (26 años)

10- Albert Alejandro Rodríguez Ponte (16 años) 

11- Ramón Ernesto Martínez Cegarra (28 años)

12- Francisco Javier González Núñez (34 años)

13- Kevin Steveen León Garzón (19 años)

14-Almelina Carrillo Virgüez (48 años)

15- Renzo Jesús Rodríguez Roda (54 años) 

16- Jesús Leonardo Sulbarán (41 años)

17- Johan Medina (23 años)

18- Luis Alberto Márquez (52 años)

19- Christian Humberto Ochoa Soriano (22 años)

20- Juan Pablo Pernalete Llovera (20 años)

21- Eyker Daniel Rojas Gil (20 años) 

22- Carlos Eduardo Aranguren Salcedo (30 años) 

23- Yonathan Quintero (21 años)

24- Ángel Enrique Moreira González (28 años)

25- María de los Ángeles Guanipa Barrientos (36 años)

 26- Ana Victoria Colmenares de Hernández (43 años)

27- Armando Cañizales Carrillo (18 años)

28- Gerardo Barrera (38 años)

29- Hecder Lugo Pérez (20 años)

30- Miguel Joseph Medina Romero (20 años)

31- Anderson Enrique Dugarte (32 años)

32- Miguel Fernando Castillo Bracho (27 años)

33- Luis José Alviárez Chacón (18 años)

34- Diego Armando Hernández Baron (33 años) 

35- Yeison Nathanael Mora Castillo (17 años)

36- Diego Fernando Arellano (31 años)

37- José Francisco Guerrero (15 años)

38- Manuel Felipe Castellanos (46 años) 

 39- Paul Moreno (24 años)

40- Daniel Rodríguez (16 años)

41-Jorge Escandón (37 años)

42- Edy Alejandro Terán Aguilar (23 años)

43- Yorman Alí Bervecia Cabeza (19 años)

44- Jhon Alberto Quintero (21 años)

 45- Luis Lucena (20 años)

46- Alfredo Carrizales (22 años)

 47- Elvis Adonis Montilla Pérez (22 años)

48- Miguel Bravo (25 años)

49- Ynigo Jesús Leiva (66 años)

50- Freiber Pérez (21 años)

51- Erick Antonio Molina Contreras (35 años)

 52- Juan Antonio Sánchez Suárez (21 años)

 53- Adrián José Duque Bravo (24 años)

54- Augusto Sergio Pugas Velásquez (22 años)

55- Manuel Sosa (30 años)

56- Danny José Subero (34 años)

57- Cesar David Pereira Villegas (21 años)

58- Nelson Antonio Moncada Gómez (37 años)

59- María Estefanía Rodríguez (46 años)

60- Luis Miguel Gutiérrez Molina (20 años)

 61- Yoiner Javier Peña Hernández (28 años)

62- Orlando Figuera (21 años)

 63- Edward José Paredes (25 años)

64- Neomar Lander (17 años)

 65- Elio Manuel Pacheco Pérez (20 años) 

66- Jairo Ramírez (47 años)

67- Robert Joel Centeno Briceño (29 años)

68- William Heriberto Marrero Rebolledo (33 años) 

 69- Jonathan Meneses (27 años)

70- Stivenson Zamora (21 años)

71- Kenyer Alexander Aranguren Pérez (20 años)

72- Yorgeiber Rafael Barrena Bolívar (15 años)

73- Sócrates Salgado (49 años)

74- Douglas Acevedo (41 años)

75- Cross (edad desconocida)

76- Luis Enrique Vera (20 años)

77- José Gregorio Pérez Pérez (21 años)

78- Iván Bastidas (edad desconocida)

Y en efecto, en lo que tardaba en escribir este artículo apareció una víctima más del odio sembrado en el país:

  1. Nelson Daniel Arévalo (23 años)

De antemano pido disculpas si se me ha escapado alguno. Que todos descansen en paz, y a que todos les rindan los honores que merecen.

GOLWEB

La corta distancia entre recibir una bomba y marcar un gol

Por: Emmanuel Rincón | @emmarincon

El día en que a Neomar Lander le estrellaron una bomba en el pecho tenía 17 años, la misma edad que Samuel Sosa al momento de disparar en Corea el tiro libre que nos llevará a disputar la final de un Mundial de fútbol contra Inglaterra. Como hecho curioso, la distancia entre estos dos acontecimientos no supera las 24 horas. Las emociones causadas por la bomba que estalló en el pecho del primero pueden equipararse a las del gol de Samuel en el minuto 91; aunque, claro está, únicamente en grado de intensidad, porque en cuanto al sentimiento y a la conmoción, naturalmente, hay un contraste enorme.

Minutos después de que Venezuela se supiera finalista de un Mundial de fútbol, una proeza soñada pero inimaginable hasta por el más fanático, el propio técnico de la selección, Rafael Dudamel, lanzó un mensaje: “Por favor, paren ya las armas. Hoy la alegría nos la ha dado un chico de 17 años, y ayer murió otro de 17. Presidente, paremos ya las armas que esos chicos que salen a las calles lo único que quieren es una Venezuela mejor”.

Parece impresionante que las ilusiones de todo un país estén sobre los hombros de niños de 17 años, y digo niños, porque sus cuerpos alargados y delgados todavía muestran esa falta de desarrollo; tanto el de Neomar Lander, que fácilmente pudo haber estado en Corea disputando las semifinales de un mundial, como el de Samuel Sosa, que fácilmente pudo haber estado en las calles de San Cristóbal o de Caracas protestando para pedir un país mejor.

Lo cierto es que en Venezuela del cielo al infierno hay un solo paso. Resulta sumamente difícil no celebrar, no sentirse alegre, agradecido, de que finalmente un grupo de muchachos nos representen a nivel mundial en el deporte rey; que hayan llegado a lo más alto sin perder un solo partido, que demuestren un nivel de intensidad, cooperación, táctica, estrategia y destreza nunca antes visto en otra selección nacional de fútbol; pero del otro lado el infierno arde, y es imposible no sentirse triste y desesperanzado: no por el gobierno que tenemos, porque el gobierno de un momento a otro va a cambiar, sino por la gente que habita nuestra tierra, por los “conciudadanos” con los que debemos compartir, aquellos que llevan las armas, aquellos que no tienen valores, aquellos que le disparan a un Neomar Lander y que fácilmente podrían dispararle a un Samuel Sosa.

Sentirse feliz estando triste, o sentirse triste manejando un estado de euforia se ha convertido en el día a día de los venezolanos, porque inclusive en la guerra, en la tiranía y en la desesperación, tiene que haber espacio para el gozo, porque la sanidad mental es la primera lucha que debe ganarse antes de pasar al campo de batalla: si ella se pierde, no hay forma de hacerle frente al enemigo. El gol de Sosa en Corea, y la bomba puesta en el pecho de Neomar requieren de una enorme precisión y de una gran puntería. La diferencia radica en que mientras el primero ejecutó para brindarle una alegría a treinta millones de personas; el segundo ejecutó para dañar, oscurecer, y ensombrecer la luz de toda una nación.

Que los niños, jóvenes y adolescentes de Venezuela pongan el pecho, la frente, y los pasos para sacar adelante a la nación genera esperanza, y demasiada; pero por favor, no hay que dejarlos solos, no puede dejárseles solos. Así como Peñaranda necesitó de los gritos de un Dudamel en la raya para permitirle a Sosa patear, Neomar, o algún compañero suyo, necesitaba de los gritos de un Capriles o de un Guevara que le indicaran cuáles eran los límites del juego.

Las cientos o miles de veces que vean el video de Samuel pegándole al balón como un Dios, poniéndolo en la escuadra del arco en Daejeon para llevarnos a la final del Mundial, piensen que en su lugar pudo haber estado Neomar; o, peor aún, que en el lugar de Neomar pudo haber estado Samuel.

Miguel-Castillo-Bracho

Por Miguel Castillo, martir

Por: Carlos Delgado Flores

LOS QUE ENSEÑAMOS PERIODISMO sabemos que, cuando nuestros alumnos se visten de toga y birrete y escuchan el gaudeamus igitur, en su graduación, no es que se van, es que los recibimos como nuestros colegas, como profesionales que profesan junto a nosotros un credo: el del oficio y sus valores, el de su razón de ser: como aquellos que reciben el testigo en esta larga carrera de generaciones.

No esperamos ver a nuestros antiguos alumnos morir, en las calles, defendiendo el derecho de la gente a estar informado, o sus propios derechos, como ciudadanos esclarecidos que deben ser. No esperamos que un reportaje, un documental o una campaña publicitaria les cuesten la vida, como tampoco esperamos que una protesta sea sometida a sangre y fuego, que el genocidio sea una opción política y que para poder tener futuro la gente tenga que arrancarlo de las manos avariciosas de una burocracia, dando la vida por la libertad.

Eso nos pasó hoy con Miguel Fernando Castillo Bracho (26), egresado de la Universidad Santa María en Comunicación Social; asesinado por el régimen durante la protesta ciudadana en defensa de la Constitución. Colega.

En Venezuela hay 17 escuelas y más de 46 mil estudiantes de comunicación social. Cada año egresan más de dos mil. Así como nuestros jóvenes defienden su derecho a una libertad que aquí no conocen, nuestros estudiantes se forman para construir un sentido común que sirva para hacer república y formar ciudadanos en el ejercicio de esa libertad; son la expresión de un pueblo que quiere ser moderno y ve en ellos una manera de consagrar su aspiración; saben de la vocación totalitaria del régimen, de la autocensura de los medios; saben del miedo a saber y el terror a decir. Y aun así salen a las calles, a sortear los escollos y a portarse como gremio, porque el país debe saber y el mundo, lo que está pasando aquí.

Los periodistas, reporteros gráficos, diseñadores gráficos, artistas, productores audiovisuales, locutores, relacionistas públicos, publicistas, productores de contenido digital, gestores de comunidades digitales, investigadores, profesores universitarios; los comunicadores sociales todos tenemos que reunirnos como una sola voz y una sola fuerza con el pueblo que lucha por darle fin a este horror que consume nuestras vidas. Si el pueblo ha decidido rebelarse contra tanta injusticia, es necesario que los comunicadores sociales también lo hagamos, que gremios y medios echemos el miedo a la espalda y abramos los ojos y los oídos, las cámaras y los micrófonos, para que haya buena información y queden contrarrestadas las mentiras interesadas y las versiones capciosas que hacen parte de la guerra que el estado secuestrado por una burocracia cínico-militar le ha planteado al pueblo para perpetuarse en el poder a costa de nuestro presente y nuestro futuro. Que cada comunicador y cada estudiante de comunicación hagan redes que refuercen el trabajo de los medios independientes, industriales o digitales, que lleven información fidedigna para tomar decisiones, para adoptar la innovación necesaria en el momento preciso y para alimentar el espíritu de este pueblo que se reencuentra con su historia, enfrentando la tiranía y la falta de alternativas.

Y esto lo haremos por nosotros, todos, no unos y otros, como siempre nos quiso el régimen. Porque ellos ya no es medio pueblo, sino los torvos asesinos que ocultan en las sombras sus ojos de odio. Lo haremos por el amor a la memoria de Miguel, por los hijos que no tendrá, por las muchas satisfacciones que no nos dará, desde la cámara o la cátedra. Lo haremos con la conciencia de que de una forma u otra, también él dio testimonio de amor y entrega, denunció su tiempo y anunció uno nuevo, de esperanza y libertad; porque muriendo nos entregó el testigo y ahora nos toca a nosotros responder.

Rogamos al buen Dios dar consuelo a los familiares y amigos de Miguel, quien ahora contempla su rostro y a quien interrogará en amor y no dudamos, pasará el examen con honores. Amén

MANUELWEB

Una frase que bien podría retratarnos

“Puede que sólo seas un pequeño cobarde que prefiere soportar la injusticia con tal de vivir incontaminado”

Es una de esas frases incómodas que acusa y revuelve conciencias, y para eso está. Hoy, cuando la revolución destructora ha logrado su cometido y Venezuela no es sino un pobre país que produce compasión y terror a la vez, queda preguntarnos si no pudiera el gran Manuel Vicent (periodista y escritor español nacido en Castellón tal día como hoy) espetarnos en la cara esa dura sentencia. ¿No somos, no fuimos, un país de pequeños cobardes que en su momento prefirieron soportar la injusticia para no verse contaminados (molestados) en sus intereses y en su vida? ¿No fue acaso ese el pecado capital que nos trajo a este infierno que hoy vivimos? Porque esta desgracia no se gestó de un día para otro. En esto no caímos de repente. Fue un proceso sistemático y progresivo, que contó siempre con la indiferencia cómplice de una población silente. Y de aquellos polvos, estos lodos. Un ejemplo: en 2005 el “Cartel de los Soles” asesinó al periodista Mauro Marcano cuando iba camino a Radio Maturín a denunciar con nombre y apellido a los narco-militares que lo componían. Cuando su familia pidió justicia, nadie se solidarizó con ella: el crimen quedó impune. ¿Qué hubiera pasado si en aquellos días hubiera habido una respuesta enérgica de la sociedad civil, exigiendo no sólo castigo para los criminales, sino que se hiciera pública la lista completa que tenía Marcano con los narco-militares y cuya copia poseía también el entonces Vicepresidente José Vicente Rangel Vale, con quien el periodista, según reseña de Aporrea, se había reunido tan solo una semana antes de su muerte para prevenirlo de lo que iba a contar? ¿Qué hubiera pasado, repetimos? Fácil: el narcotráfico (uno de los muchos males que padecemos) no se habría enquistado en Venezuela de la manera en la que lo ha hecho ni habría tampoco alcanzado las poderosas alturas que hoy todos conocemos y no podemos mencionar. Pero, claro, ése no era “nuestro” problema. Mejor soportar la injusticia, callar y vivir tranquilos…