RCTTV

La dignidad de RCTV

Primero apelaron a las presiones para que cambiaran la línea editorial; y los directivos dijeron que no. Entonces apelaron al dinero ($700 millones ofrecieron por comprar el canal); y los directivos dijeron que no. Finalmente apelaron a la fuerza (no renovarles la concesión); y los directivos, por última vez, dijeron que no. Mantuvieron la línea crítica y lo pagaron saliendo del aire. “No pudieron regocijarse en el triste espectáculo de lograr que cediéramos al chantaje de sacar periodistas o eliminar programas, o a la cobardía de autocensurarnos para impedir que continuaran las presiones”, dijo, orgulloso, Eladio Lárez en sus palabras de despedida. A la derrota fáctica, de los hechos, respondieron con una victoria moral. Dijeron adiós con la frente en alto: “Venezuela sabe que nos mantuvimos de pie”, fueron de las últimas palabras. Así fue el digno fin del canal dos. Del antiguo canal dos. El que tenía 53 años. El de toda la vida. Aquella noche, por última vez, hubo una televisora crítica de alcance nacional. A partir de allí, el silencio, la prudencia extrema, el mirar para otro lado y la desinformación se hicieron costumbre. A partir de allí, también, la televisión entró en una franca decadencia. Diez años se cumplen de ese día y no hay nada que celebrar. Sólo una cosa digna de recordar: el testimonio de coraje y gallardía que dieron. Gracias por ello, RCTV. Siempre serán uno de nuestros más recordados, admirados y aplaudidos ejemplos. Cada vez falta menos para que nos volvamos a ver.

 

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Relato de una agresión

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

‘#20M – 5:20 PM: Oficiales de la PNB, en moto, dispersan a manifestantes de la Francisco de Miranda’. Ese era el twitt que debía aparecer en el timeline de @RevistaOjo a esa hora. Nunca salió porque entre la redacción y la publicación, un oficial de la Policía Nacional Bolivariana (PNB) forcejeó conmigo para robarme el teléfono y al no conseguir quitármelo me golpeó dos veces en la cara, dañando así la máscara anti-gas que llevaba puesta y dejándome para el recuerdo un muy garciamarquiano ojo morado y un celular con la pantalla destrozada. Todo ello, a pesar de (o quizás gracias a) que iba debidamente identificado como periodista: tanto en el carnet, como en el casco, como en el chaleco antibalas, en letras notablemente grandes y con mayúscula sostenida, estaba, inconfundible, la palabra PRENSA. Nada de ello bastó. Tampoco, que a viva voz le gritara varias veces que era periodista. No hubo caso.

Era el día número 50 de protesta, contado a partir del momento en el que el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) disolvió a la Asamblea Nacional (AN). Desde ese 30 de marzo, mi vida, como la de tantos otros venezolanos, cambió. La decisión en ‘Revista OJO’ fue comprometernos (más): parar el contenido cultural y comenzar a contar lo que pasaba en la calle; narrar, en la medida de nuestras posibilidades, la protesta. Fue así como me tocó dejar de lado los análisis de canciones, las reseñas literarias y las entrevistas a artistas, para pasar a la crónica de protesta. La vida plácida de periodista cultural que semanalmente leía una novela, hacía entrevistas en cafés y asistía a inauguraciones, lanzamientos y ensayos, quedó en el pasado. Fue sustituida por la del reportero cuya única certeza es la hora en la que sale a la calle, no recuerda ya lo que es almorzar comida casera, se alimenta de todo lo que un kiosco puede proveer, conoce todos los sitios en los que hay baño público, vive en una insolación constante, y nunca sabe cuándo termina su jornada.

Las primeras protestas las cubrí apenas con la credencial de prensa, un paño con bicarbonato, el teléfono y una libreta. Para hacer crónica no hacía falta más. La represión, que ya la había, era lenta y moderada. Tenía sus propios códigos, se manejaba a su ritmo, y siempre existía un lugar donde estar seguro. Esa frontera, que separaba la seguridad del riesgo, estaba delimitada. Sin embargo, en algún momento se perdió y no ha vuelto a aparecer. ¿Cuándo? Es difícil precisar la fecha, pero no el instante: al comenzar las emboscadas. A partir de allí se acabaron las garantías e ir a una protesta significó estar expuesto, se estuviese donde se estuviese, a que en el momento y en el lugar menos esperado comenzaran a caer bombas, disparar perdigones y aparecer motorizados. Hasta ese momento funcionó el bicarbonato.

El dichoso pañito fue sustituido por un chaleco antibalas, una máscara anti-gas y un casco, cada uno más pesado e incómodo que el otro. Vestir el nuevo uniforme de trabajo se convirtió en un proceso por pasos y salir con él de la casa una odisea. He tenido que aprender a administrar y a usar cada uno de los bolsillos que tengo, a vivir con un casco colgando al lado, a moverme con un abultado bolso en la espalda, a chequear que siempre esté cerrado, a pararme, sentarme, cruzar las defensas de la autopista y montarme en cuanto muro haya con todo ese peso encima, a ponerme la máscara, la gorra y el casco en menos de un minuto, a entrevistar y hacerme entender con la máscara puesta, a pensar preguntas con sentido mientras veo para el cielo que no vaya a caer una bomba cerca, a tomar fotos con una mano, a twittear en segundos, y a caminar de espaldas y viendo al frente. Habilidades que da la calle.

En ella, durante la represión, he oído el zumbido violento de las bombas muy cerca, las he visto cruzar a escasos centímetros de mi persona, me han caído en los pies repetidas veces (una de ellas ya me rompió una máscara) y he sido testigo de cómo han herido a más de uno. Ya conozco sus nombres, presentaciones (monofásica, bifásica, trifásica) y efectos, conozco hasta la nausea su olor y las he visto incluso rojas. He estado en situaciones apremiantes, en las que bombas, perdigones, piedras y chorros de agua se juntan en el mismo momento. Son las implicaciones lógicas de un trabajo que exige estar presente en el lugar de los hechos. Gajes del oficio, que llaman. Sin embargo, las agresiones directas y premeditadas por parte de funcionarios no lo son.

Una bomba en el aire no reconoce credencial, una piedra y un perdigón puede que tampoco, pero un funcionario que dispara de frente sí. Y uno que roba y golpea también. Durante estos casi dos meses de protesta han sido varios los casos de periodistas agredidos aposta cubriendo manifestaciones. Uno de los más evidentes (desgraciadamente no el único) fue el de Reinaldo Riobueno, fotógrafo de Unión Radio, quien escuchó claramente cómo desde la tanqueta el jefe de la Guardia Nacional giró la instrucción de que le dispararan (“…al de suéter blanco”) directamente la bomba que apenas segundos después le fracturó tibia y peroné el pasado 03 de mayo. O también, el caso que motiva estas líneas.

Sucedió el pasado 20 de mayo, en el momento final de la represión, ése en el que la Policía Nacional (o la Guardia, según el caso), luego de infinidad de bombas disparadas, sale con las motos a barrer lo que queda. Después de un durísimo enfrentamiento de aproximadamente dos horas en la Avenida Francisco de Miranda, con algunas escaramuzas en El Rosal, la PNB había retrocedido hasta Chacaito, donde se encaraba con algunos manifestantes. Entonces, a eso de las 5:20 PM, decidieron aplicar la operación arrase. Mientras redactaba el twitt en el que informaba de ella, me dirigía a un edificio que tenía la reja abierta y en el que varios manifestantes se estaban refugiando. Lo estrecho de la reja hizo que se formara un embudo para entrar. Es en medio de ese apretujamiento que alguien me empieza a tratar de quitar el teléfono de la mano. Quien lo hace jala con fuerza. Me lo quiere robar. Al voltear, me encuentro con que es un oficial de la PNB. La primera impresión es tremenda. “¿Estás loco, pana? ¿No ves que soy prensa?”, le digo, por si no había visto las letras en el casco y en el chaleco. Pero el oficial sigue intentanto quitarme el teléfono. Es alucinante. El hombre persiste. Con fuerza. Sin empacho. Los otros PNB intentan sacar a los manifestantes del edificio para llevárselos presos. Hay detonaciones y gritos. Es una confusión enorme. Yo no suelto el teléfono y de un jalón logro quedármelo. Dos golpes en la cabeza son su respuesta. El primero parte los filtros de la máscara y la mueve, el otro llega al ojo. En ese momento logro entrar al edificio y sigo de largo escaleras arriba. En el último piso, saco el teléfono: pantalla destrozada y twitt sin publicar. La cobertura había terminado…pero sólo de momento.

OTRAS CRÓNICAS DE PROTESTA

#5A: Tiros, gases y coraje en la autopista

#7A: Resistencia (e impotencia) en la autopista

#8A: Empanadas de pabellón para la guerra

#10A: La resistencia continúa

#19A: Un ataque criminal

#20A: Historia de una post-marcha.

#22A: La conquista del oeste

#24A: Plantón a la violencia

#26A: “A Juan Pernalete le dispararon de frente”

#27A: “Si el pueblo no tiene paz, que la dictadura no tenga paz”

29A: 12 horas con la esperanza de Venezuela

#01M: El derrumbe de dos mitos

#03M: “Los venezolanos no somos este odio” 

#19M: Agua, perdigones y miedo.

Golpe de Estado, dice la prensa internacional

La prensa internacional está clara: en Venezuela hubo un Golpe de Estado, y como tal lo han reseñado. En España la noticia ocupó casi toda la atención: “Maduro anula el parlamento para consolidar su dictadura” es el duro titular de ‘El País’, que le dedica también la foto de apertura a Venezuela; lo mismo hace ABC, para el que no hay más información que esa: “Venezuela pide ‘auxilio’ frente al ‘golpe de estado’ de Maduro”, titulan, con una foto del dictador sudando. En Latinoamérica, Perú (que pasó por lo mismo) lleva la delantera: casi todos los periódicos abren con la información. ‘El Comercio’ coloca un sombrío dibujo del dictador y habla de “quiebre democrático”; ‘Perú21′ denuncia en grandes letras rojas el “auto-golpe” y ‘La República’, recordando tiempos remotos, lo califica como “Fujimorazo”. En Argentina la palabra “autogolpe” se repite en muchos titulares, uno de ellos el de ‘Clarín’, el diario más leído: “El chavismo invalidó al Parlamento y consumó un autogolpe en Venezuela”. En Bolivia, ‘El Diario’ lo tiene más que claro: “Dictadura en Venezuela” es su rotundo titular, que no deja lugar a dudas. Colombia es otro de los países que le pone atención a Venezuela: “Rechazo al golpe contra la democracia en Venezuela”, titula ‘El Tiempo’; “La antidemocracia en Venezuela”, denuncia ‘El Colombiano’, mientras que ‘El Espectador’, siempre de izquierdas y con manos de seda, titula ‘Acorralados’ y no habla de golpe sino de tensión creciente. En Estados Unidos, no tuvo tanta resonancia: sólo en los periódicos de la Florida (“Autogolpe”, titula en gigante ‘El Nuevo Herald’) y en ‘The New York Times’, que le dedicó la foto de apertura. Aquí algunas de las muchas portadas de la prensa internacional.

 

#PortadasComentadas: La prensa internacional está clara: en Venezuela hubo un Golpe de Estado, y como tal lo han reseñado. En España la noticia ocupó casi toda la atención: “Maduro anula el parlamento para consolidar su dictadura” es el duro titular de ‘El País’, que le dedica también la foto de apertura a Venezuela; lo mismo hace ABC, para el que no hay más información que esa: “Venezuela pide ‘auxilio’ frente al ‘golpe de estado’ de Maduro”, titulan, con una foto del dictador sudando. En Latinoamérica, Perú (que pasó por lo mismo) lleva la delantera: casi todos los periódicos abren con la información. ‘El Comercio’ coloca un sombrío dibujo del dictador y habla de “quiebre democrático”; Perú21 denuncia en grandes letras rojas el “auto-golpe” y ‘La República’, recordando tiempos remotos, lo califica como “Fujimorazo”. En Argentina la palabra “autogolpe” se repite en muchos titulares, uno de ellos el de ‘Clarín’, el diario más leído: “El chavismo invalidó al Parlamento y consumó un autogolpe en Venezuela”. En Bolivia, ‘El Diario’ lo tiene más que claro: “Dictadura en Venezuela” es su rotundo titular, que no deja lugar a dudas. Colombia es otro de los países que le pone atención a Venezuela: “Rechazo al golpe contra la democracia en Venezuela”, titula ‘El Tiempo’; “La antidemocracia en Venezuela”, denuncia ‘El Colombiano’, mientras que ‘El Espectador’, siempre de izquierdas y con manos de seda, titula ‘Acorralados’ y no habla de golpe sino de tensión creciente. En Estados Unidos, no tuvo tanta resonancia: sólo en los periódicos de la Florida (“Autogolpe”, titula en gigante ‘El Nuevo Herald’) y en ‘The New York Times’, que le dedicó la foto de apertura. Aquí algunas de las muchas portadas de la prensa internacional.

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SUENOWEB

Las portadas de la infamia

Son titulares y portadas que pasarán a aquella historia universal que escribió Borges: la de la infamia. Ayer, ya se sabe, la dictadura disolvió a la AN vía TSJ. Un golpe de estado en toda regla, que por obra y magia de la censura no fue reseñado como tal por algunos medios. En su titular de apertura, ‘Últimas Noticias’ lo hizo pasar como un acto administrativo más, en el que la víctima (la AN) pasó a ser victimario: “TSJ asume el rol de la AN por desacato”. ‘Notitarde’ también justificó el golpe citando a ZP y culpando a la AN: “Zapatero: Decisión del TSJ es por desacato de la AN”. ‘El Universal’ no mencionó las palabras golpe y dictadura en su portada y suavizó todo presentándolo como una “decisión” que la AN dice/opina que es “inconstitucional” (entrecomillándolo, además, para dejar en claro que no son ellos los que lo dicen): “AN rechaza decisión del TSJ por ‘inconstitucional’”. ‘El Aragüeño’ también jugó a restarle gravedad al asunto, haciéndolo parecer algo trivial y hasta lógico: “Mientras el parlamento se encuentre en desacato TSJ ejercerá competencias parlamentarias de la AN”. ‘El Sol de Margarita’ (que debería más bien llamarse ‘La Noche’) abrió con otra noticia, y jugó a invisibilizar el golpe: lo reseñó en pequeño –“Oposición acusa al gobierno de dar golpe de Estado”– y lo neutralizó con otro titular al lado: “TSJ acciona en defensa de la constitución”. Igual de asqueroso fue ‘El Clarín’, que abrió con otra información y se limitó a citar a Elvis Amoroso: “Sentencia del TSJ contra la AN es constitucional”. ¿Quiénes son los directores de estos “periódicos”? Eleazar Díaz Rangel (‘Últimas Noticias’), Gustavo Rízquez Romero (‘Notitarde’), familia Sindoni (‘El Aragueño’), Jesús Abreu Anselmi (‘El Universal’) y Mariela Contramestre de Cardozo (‘El Sol de Margarita’).

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MALNUTRICIONWEB

Venezolanos moriremos más temprano

Ayer, el diario barquisimetano ‘El Informador’ salió a la calle con un titular impactante: “Malnutrición reduce 15 años la vida del venezolano”. La nota arrancaba diciendo que: “en los últimos 10 años la edad promedio del venezolano ha disminuido 15 años”, lo cual, sin duda, era una noticia tremenda (que no una tremenda noticia, ojo). Sin embargo, cuando comenzamos a investigar para publicarla en la sección #JóvenesInformados nos encontramos con que la cifra no tenía sustento alguno y más bien partía de una base disparatada: que el promedio de vida del venezolano de hace una década era de entre 93 y 98 años, cifra altísima que no se correspondía con la realidad (según números del Banco Mundial era de 73 años). La mala noticia, sin embargo, es que aunque el cálculo esté equivocado, la sentencia no: la malnutrición va a reducir (ya está reduciendo) nuestra expectativa de vida. “Se espera que esta generación que se está formando muera a más pronta edad que sus padres”, explicó en agosto pasado José Hernández, presidente del Observatorio Venezolano de la Salud. ¿Por qué? Por la mala alimentación y la poca calidad de vida de la que gozamos. La lógica es simple: a peor nutrición más enfermedades y a más enfermedades menos tiempo de vida. Súmesele a eso la falta de medicinas y allí está la receta acortar la vida de varias generaciones. “Actualmente –explicó Daniel Campos, presidente del Colegio de Nutricionistas de Lara– patologías que antes se asociaban a personas de la tercera edad son padecidas por adultos jóvenes entre los 24 y 38 años. Vemos cómo se ha acrecentado el número de jóvenes que padecen de diabetes, hipertensión, que han sufrido parálisis faciales y accidente cerebrovascular (ACV). Todo está asociado a la clase de vida que se está llevando, a los problemas biopsicosociales que nos están afectando y, sobre todo, a la malnutrición que se tiene”; es decir: a la revolución.

RACIONAMIENTOS

Ese panfleto llamado Últimas Noticias

¿La diferencia entre un periódico y un panfleto? La puede ver usted clarita en esta imagen. Mientras los primeros informan, los segundos hacen propaganda. Mientras los primeros se hacen eco de los sucesos que afectan a la población, los panfletos se encargan de defender al gobierno. El caso del jueves fue paradigmático: tras varios días de fallos en el suministro eléctrico en varios estados del país, el diario zuliano ‘La Verdad’ reportó lo que sucedía en la entidad: “Están de vuelta los racionamientos” fue su titular. También ‘Últimas Noticias’ se hizo eco de la información pero de un modo radicalmente opuesto: “Recrudecen los ataques eléctricos”. Lo que en los hechos era la vuelta de los cortes de luz, gracias a la alquimia panfletaria del tabloide se convirtió en una batalla más de la guerra que libra el mundo contra el pobre e indefenso gobierno. Lo que en los hechos no es otra cosa sino la consecuencia directa de la falta de mantenimiento e inversión, el periodiquito de marras lo despachó (y justificó) como parte de un plan contra éste. Y así, al final, la dictadura (que con su mala gestión es la verdugo del pueblo y la responsable de esto) termina quedando como una víctima a la que no hay que exigirle nada sino compadecerla y apoyarla. Así trabajan los panfletos.

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El carnaval de Ciudad Caracas

Caracas es una ciudad poblada de mendigos que comen de la basura. Caracas es una ciudad llena de largas e interminables colas por comida. Caracas es una ciudad sucia. Caracas es una ciudad que a las 9 de la noche ya no tiene a prácticamente nadie en la calle. Caracas es una ciudad cuyas aceras amanecen diariamente manchadas de sangre. Y es también la ciudad en la que circula este vulgar panfleto. “Ciudad Caracas” se llama y es financiado con el dinero que el Alcalde Jorge Rodríguez saca de los bolsillos de los habitantes del Municipio Libertador: lo edita una tal “Fundación para la Comunicación Popular CCS de la Alcaldía de Caracas” y circula gratuitamente de lunes a domingo. Papel no le falta y tinta tampoco: sale a la calle con una edición de 20 páginas, 6 de ellas a full color. Lo imprime la Corporación Alfredo Maneiro y hasta 2015 (última fecha de la que se tienen datos) tenía un tiraje de 120.000 ejemplares diarios. Se publica, claro, con errores y horrores ortográficos, pero eso es lo de menos. Lo de más es la línea desinformativa. Tiene el nombre de nuestra ciudad, pero no publica ninguna de las realidades descritas arriba. Más bien es al revés. Se burla de ellas. Para muestra este botón de hoy: “Caracas una fiesta” es su obsceno (y mal redactado) titular, que le da paso a 5 páginas de “información” en la que se dedican a narrar los fastuosos “Carnavales Internacionales Caracas 2017”. Aunque hablan de un “espectacular desfile de carrozas”, basta con ver la que pusieron en portada para que se les caiga la mentira: un paupérrimo armatoste decorado con unos famélicos muñequitos de cartón dignos de cualquier cartelera de liceo. La “fastuosa” carroza está dedicada a los CLAP: las bolsas del hambre, el emblema de la miseria que vivimos. Y con eso hacen fiesta. ¿Es justo que se nos saque del bolsillo un montón de dinero para mantener a unos vagos que no hacen otra cosa sino burlarse de nuestra pobreza?

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El demencial titular de Últimas Noticias

Disparatado, desproporcionado, increíble, alucinante, demencial. Adjetivos no faltan para calificar el titular de hoy de ‘Últimas Noticias’, cuya portada debería estar enmarcada junto con la de aquel tabloide de supermercado gringo que un día publicó que Hillary Clinton había adoptado a un bebé alien: ambas informaciones tienen exactamente el mismo nivel de verosimilitud. Según la realidad que nos pinta el tabloide de marras, hay un poder, el Legislativo, que se encuentra secuestrado (de otra manera no se entiende que se use el verbo rescatar) por mezquinos intereses antipopulares. Esta situación, siempre según el mundo ultimeño, tiene intranquilo, mortificado más bien, al buen presidente que tenemos, hombre de virtudes republicanas a toda prueba, ya se sabe, y siempre preocupado por la institucionalidad de la nación; quien ayer no ha aguantado más y ha lanzado un grito de auxilio a los íntegros, justos, honrados y honorables magistrados del Tribunal Supremo de Justicia para que pongan orden y rescaten la Asamblea. “Que a nadie le tiemble el pulso para restablecerle el parlamento al pueblo”, destacó el periódico. Curioso que hable de pueblo: la mayoría opositora de la que Maduro quiere “rescatar” a la AN fue electa con 7,7 millones de votos en 2015; Maduro, supuestamente, fue electo con 7,5 millones de votos en 2013; y los Magistrados del TSJ que van a poner orden fueron electos con ningún voto porque su elección es de segundo grado. Es decir, que si de representar el sentir y el querer popular se trata, nada más legítimo (por tiempo y número de votos) que la actual mayoría opositora de la AN. Pero poco importa ello al final: la palabra pueblo no es más que una muletilla sin sentido, la vieja confiable de un dictador sin la gallardía suficiente para declararse en público como tal, y que por eso monta pantomimas “legales” para cubrir sus arbitrariedades, ayudado, cómo no, por panfletos como este.

NUEVOPAISWEB

El Nuevo País pasa de diario a semanario

La imagen corresponde a la que fuera la última portada de ‘El Nuevo País’, al menos como diario. Ayer, cuando el agresivo tabloide (al que Maduro había pedido combatir hasta “verle el hueso”) celebraba su aniversario número 29, anunciaron, precisamente debajo de la gráfica conmemorativa, que ya no estarán más en los quioscos con frecuencia diaria: pasan a ser un semanario (otro más) para poder sobrevivir. También ‘Zeta’, perteneciente al mismo grupo editorial, sufrirá a partir de este viernes los estragos de la crisis y dejará de circular en formato de revista para pasar a ser un tabloide. Ya el año pasado, ‘Tal Cual’ y ‘Correo del Caroní’, ambos diarios, también debieron volverse semanarios para poder continuar circulando. Un semanario de tradición, ‘La Razón’, se encuentra actualmente en estado crítico por la falta de papel: apenas 14 ediciones le quedan. Por contraste, los panfletos propagandísticos del gobierno (‘Ciudad Caracas’, ‘Correo del Orinoco’ y ‘Últimas Noticias’), así como la prensa oficialista (‘El Universal’), siguen teniendo todo el papel que necesitan y continúan en la calle con ediciones gruesas y a todo color. ¿Por qué pasa esto? Porque el gobierno tiene el control absoluto del papel periódico por medio de un monopolio (tan socialistas ellos) llamado Corporación Maneiro, que es el único que vende papel periódico en Venezuela. Sobre él escribimos un reportaje de investigación publicado en mayo pasado, #MesDeLaCensura, en el que develamos la historia completa de este perverso organismo por medio del cual el gobierno ha logrado matar de hambre y callar a los periódicos críticos. La historia completa aquí

IMPULSOWEB

Así destruye el gobierno a la prensa independiente

Ayer, en esta misma sección, les mostramos las vomitivas portadas de ‘Últimas Noticias’. Portadas a cambio de las cuáles este tabloide tiene todo el papel que necesita para sacar ediciones voluminosas y económicas. De hecho, si es el diario comercial más barato del país (80 BsF) no es precisamente porque tenga vocación popular sino por todos los contactos (y beneficios) revolucionarios de los que goza. No pasa así con los demás periódicos, y menos con los independientes. Y para muestra, un botón: el de @elimpulso, el diario más antiguo del país. Por ser independiente, el gobierno lo tiene asfixiado. No lo cierra, pero hace todo lo posible para que quiebre. Tal como informamos en nuestro mensaje de año nuevo, El Impulso arrancó enero en digital, sin poder circular en la calle, porque quedó sin papel. Hace unos días, la Corporación Maneiro, el monopolio gubernamental que vende papel periódico, por fin le envió boninas. Hoy, El Impulso ha vuelto a circular con una edición reducida de 16 páginas a 500 bolívares. Han prometido hacerlo “con más impulso”. Gran alegría, claro que sí. Pero esta historia no necesariamente tiene final feliz: el papel les alcanza para tres semanas. ¿Y luego de ellas? ¿Les volverán a llegar bobinas? ¿Se las darán cuando estén a horas de dejar de circular nuevamente? ¿O después de que dejen de circular? “¿Cómo se gerencia un periódico en esas condiciones?”, le preguntamos, tiempo ha, a su editor Carlos Carmona. “Es terrible. La incomodidad de los trabajadores es enorme. Muchos se me han ido buscando nuevos horizontes por no tener un futuro garantizado o razonablemente tranquilo, viven en una permanente duda o angustia. Adicionalmente, no puedo cerrar ningún tipo de trato o preventa a largo plazo porque yo mismo tengo la duda de si me venderán papel o no, tengo que hacer mini preventas semestrales porque no me puedo comprometer a ofrecer algo que no sé si voy a poder cumplir”. Así es como actúa la censura moderna.