Y me dijeron que era rápido

Ya en Venezuela estamos acostumbrados. Obtener cualquier documento se transforma en un suplicio que viene acompañado de dolores de cabeza, colas interminables y recaudos incoherentes. Los cinco años habían pasado, y me tocaba volver al SAIME a renovar el pasaporte. Todo el mundo me dijo que el proceso estaba funcionando muy bien, pero yo no corrí con la misma suerte

Por Juan Pedro Cámara Pérez

Eran las doce del mediodía en el centro de Puerto la Cruz. La ciudad se encontraba en plena faena, sin importar el sol inclemente de aquella tarde: los buhoneros agolpados en los bordes de las aceras vociferando sus ofertas, los estudiantes de liceo que decidieron tomarse la mañana libre, las señoras regateando precios, el cojo de la esquina que ayuda a los conductores a estacionar, la india que pide limosnas. Todos rodeados de ese olor a orine y jugo de naranja podrido característico del casco central de la ciudad.

Aquel espectáculo urbano jamás ha sido de mi agrado, pero no quedaba otra opción; allí están ubicadas —o mejor dicho, escondidas— las oficinas del SAIME.

Encontrar el lugar fue el primer reto. Luego de preguntarles a la verdulera, a los transeúntes y al vendedor de tizana, para terminar, todas las veces, en un cyber café —por la similitud entre las palabras SAIME y cyber—, y perder media hora vida, pude dar con el sitio.

En el tercer piso de un edificio que puede tener, fácilmente, 40 años, encontré las oficinas. El sitio estaba repleto. El aire acondicionado no funcionaba. Las colas para los diferentes trámites se perdían y entrelazaban a lo largo del pasillo central. –“Señora, ¿la cola para el pasaporte?”, pregunté a la primera empleada que encontré, quien, al parecer, estaba muy ocupada con su catálogo de cosméticos como para ayudarme. –“Ahí”, dijo señalando el bululú de gente sin siquiera levantar la mirada. Supe en ese momento que me encontraba solo.

Una vez en la cola solo tocaba esperar. No es la típica sala de espera. Y pensar que uno se queja de las revistas viejas que encuentra cuando va al doctor. Allí ni señal de teléfono había. Pasaban los minutos, las horas. El calor se hacía cada vez más pesado y más vaporoso. Y no avanzaba. La cola era inmóvil. Pues claro, con la mala suerte de tener cita al mediodía, mi turno tocaba en la hora de almuerzo de la mitad del personal. A las tres de la tarde ya podía, al menos, ver el final de la fila.

Una sola persona estaba atendiendo. Y no parecía sufrir de estrés. No dudó en pararse cuantas veces quiso a agarrar agua, o a pedirle galletas al compañero o en escribir por su celular, aparato que acaparaba las pocas sonrisas que la muchacha quiso ofrecer aquella tarde.

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Los delfines de Mochima

Nuestra fiel colaboradora @arianuchis nos trajo para la sección Por los caminos verdes -de la 11ra edición- su experiencia con los delfines en Mochima ¡Disfrútenlo!

Por Arianna Arteaga Quintero -@arianuchis-

En Venezuela existe una reserva importante de delfines, una de las especies más inteligentes que habitan el planeta. Su sobrevivencia está amenazada por el turismo indiscriminado y la contaminación, pero un todavía se puede presenciar el bonito espectáculo de verlos en su hábitat natural.

Mochima es un gran lugar para encontrarse con estos animalitos brillantes. Según los estudios llevados a cabo por el biólogo marino Jaime Bolaños junto a otros colegas de la Sociedad Ecológica Venezolana Vida Marina (SEA VIDA), el tamaño promedio de los grupos avistados es de 32 individuos, compuestos en un 37% por crías y juveniles; en 59% de las ocasiones los delfines se acercan a interactuar con las embarcaciones. También me comenta que ha visto grupos de hasta 150 delfines de la especie delfín común, predominante en la zona, cuyo nombre científico es Delphinussp.

Mi primer encuentro con ellos fue hace un par de años. Estaba con mi mamá para hacer el paseo de Aventura Marina al Santuario de los Delfines. Nuestro guía fue Carlos Israel Gooptar, un señor de ascendencia árabe, encantador y profundamente agradecido con los delfines que le salvaron la vida en un naufragio. Zarpamos tempranito en la mañana. En menos de una hora mi personita gritaba eufórica desde la proa de la lancha. Eran muchos, brincaban, nadaban de barriga para vernos, perseguían la lancha y con la misma que aparecieron ¡fuaz!, se perdieron en el azul.

Luego, hace unos meses mientras paseaba en velero por Mochima, los volví a ver. Nos levantamos a las seis de la mañana para zarpar de regreso a Puerto La Cruz, habíamos visto varios en la ida, pero esta vez el mar estaba como un plato, la luz era cálida, el viento apenas soplaba y los dichosos animales ultra inteligentes podían verse con la claridad de quien está en el agua con ellos. Entonces me pongo cursi. Con los delfines es distinto, me conmueven profundamente esos mamíferos inteligentísimos, los únicos después de nosotros con un cerebro tan grande en relación con su cuerpo, los que sanan con las ondas ultrasónicas de su ecolocalización, viven en grupos con fuertes lazos sociales, se comunican, copulan cuando les provoca, pueden dormir sólo la mitad de su cerebro, cazar en equipo, suicidarse y, a veces, hasta tienen la capacidad de ser brutalmente violentos. Read More…

Mi país, tu país, stand up con corbata

Por Jesús Torrivilla

Fotos Miguel Pineda

Desafiados cada día por la labor de hacer comedia en un país excepcional, Led Varela, José Rafael Guzmán, George Harris y José Rafael Briceño, estrenaron el viernes pasado la obra “Mi país, tu país”, en la que cada cada uno se turna para ofrecer su visión de las situaciones paradójicas que más de un venezolano ha tenido que pasar.

Montaje que se ajusta a la estructura del stand up comedy, en Mi país tu país el público podrá reírse con las rutinas que los comediantes llevan puliendo en los bares y otros escenarios caraqueños desde hace más de dos años. Ahora, la oportunidad se presenta en Teatrex, teatro de Paseo El Hatillo, para quienes quieran disfrutar del humor sentados cómodamente, en una propuesta prolija, hilada con entradas y salidas marcadas por una sobria iluminación, y por los contactos que George Harris hace desde Miami, a través de videos en los que cuenta anécdotas sobre la emigración criolla.

La invitación es para que se acerquen viernes y sábados a las 8pm y domingos a las 6pm a carcajearse con el día a día, opción preferible a rendirse ante el caos vernáculo. Ni Simón Bolívar se salva.

Para comprar las entradas en línea:

http://www.teatrex.com.ve/09_mptp.php

Para mí no eran putas

Este artículo que compartimos por acá pertenece a la sección Fuera del Aula de la 10ma edición de Revista Ojo. Disfrútenlo

Por Samantha Mesones -@samymesa-

Mi amiga Vale tiene 31 años. La conocí hace poco pero, por tener mi edad, tenemos bastantes cosas en común. Cosas tan tontas como que podemos hablar por el teléfono CANTV por más de media hora y como si nada. Y así, con el espíritu noventoso, me dice en una de esas llamadas larguísimas: “Sam, vamos a acabar el trapo mañana. Salimos y pendientes de unos besitos con unos chicos, qué se yo. Cualquier cosa que me saque de esto de trabajar en la casa”. No hago más que responderle: “Dime la hora y estoy lista”. Las rumbas son mejores si tienes las ganas de rumbear acumuladas.

Casualmente, uno de los toques más extraños en la historia de la ciudad iba a ocurrir ese día: la Tigresa del Oriente se presentaba y, más que ir a disfrutar, queríamos ir a “observar” a los participantes en esta fiesta, sin ofender ni criticar a nadie. No hay mucho que decir (no más de lo que se ha leído y hablado de esa noche tan extrañita). Cuando terminó eran más de las 3:00 a.m. y Vale, otro amigo y yo nos miramos a la cara y sin decir palabra, pensamos: “Es burda de temprano, ¿no?”. Agarramos el carro y los tres, ya riéndonos de cualquiera de las absurdidades que vimos esa noche, nos fuimos.

La fiesta seguía intacta en el sitio que fuimos en Altamira, aunque mi amiga Vale y yo estábamos pendientes como que de otra cosa. Ella ya le había puesto el ojo a un chico y yo a otro. Pero, al ir a buscar una cerveza, mi ojo cambió de ritmo. No había visto a este muchacho en toda la noche pero de repente lo tengo frente a mí y no podíamos dejar de hablar. Él me dice algo como: “Epa, pero qué lindo tu vestido”. Yo, más rumbeada que nunca, le respondo: “No, ¡qué lindo eres tú!”. Y como si nos conociéramos de siempre decidimos contarnos la vida en la esquina de este local miniatura. Read More…

El bolsillo es la solución

Por Marisabel González Ocanto

Rutas, carritos, güagüas o camioneticas por puesto. Son muchas las formas en las que se le llama al transporte público en este país, o, para no ir tan lejos, en la misma Caracas.Mientras algunos tienen recorridos cortos, dentro de un mismo municipio, hay otros que recorren la ciudad de polo a polo. Uno de esos casos es el grupo de unidades perteneciente a la Asociación Civil Casalta-Chacaíto-El Cafetal, que recorre los municipios Libertador, Chacao y Baruta.

Esta asociación de conductores cuenta con alrededor de 190 unidades, algunas con bastantes años de antigüedad, otras nuevas de este mismo año. En esta oportunidad, el viaje es en una de las camioneticas más nuevas: blanca por fuera y sin decoración de ningún tipo en su interior. Una emisora rumbera acompaña a los pasajeros en su viaje.

La ley se respeta donde se aplica con carácter y severidad; en especial, si se toca algo tan sagrado para cualquier ciudadano común como lo es el bolsillo. Esta medida lleva a que muchas unidades se porten a la altura, en aquellas zonas vigiladas por fiscales competentes.

La camionetica llega vacía a Chacaíto y se dirige hacia El Cafetal y Santa Paula. Su comportamiento, la mayoría de las veces, es el ideal: solo se detiene a recoger y dejar pasajeros en las paradas asignadas para ello, y cierra la puerta entre una parada y otra para evitar que ciudadanos inconscientes incumplan las normas. Como no todo es perfecto, una que otra vez se saltan el protocolo y cometen algún desliz. Eso sí, no hay fiscales cerca. Read More…

De paseo sin ropa

El siguiente artículo pertenece a la 9na edición de Revista Ojo. Disfrútenlo.

Por Jesús Torrivilla 

Para un grupo de caraqueños el pecado original es una abstracción obsoleta, una cosa del pasado. Se decidieron a conquistar las convenciones sociales, a luchar contra otro tipo de dominación: para ellos, el topless no es monopolio de los europeos. Quieren implantar la práctica del nudismo en Venezuela, y a lo que menos le tienen pudor es a los medios de comunicación.

El grupo Soy Nudista existe desde el año 2005. Su objetivo es sencillo: organizar paseos a sitios en las cuales se pueda disfrutar al natural. Su visión de esta práctica es familiar, prácticamente conservadora. Juan Carlos Narváez, médico y cabecilla del grupo explica su filosofía: “Queremos romper con el paradigma de que somos unos pervertidos que organizan orgías. Somos un grupo familiar en el sentido literal de la palabra, pero también en la manera en que nos hemos ido vinculando. Nosotros no mandamos un correo para hacer convocatoria el día anterior; al contrario, estamos comunicándonos todo el tiempo, compartimos como amigos”.

Idas a la playa, a la montaña, escapadas a posadas donde se pueda estar tranquilamente desnudo. Ellos, sin otra pretensión que pasar el rato, quieren hacer todas las actividades que harían los textiles en las mismas circunstancias. Sí, como en el mundo de Harry Potter se le llama muggles a quienes no comparten la capacidad para hacer magia; en la cofradía naturista se les llama “textiles” a los que todavía no se han deslastrado de sus ropas.

Acostumbran a encontrarse periódicamente con la gente que se inscribe en su web (www.soynudista.com.ve) y que muestra interés en participar en los paseos. La idea es conversar con ellos, conocer sus motivos y disposición en general hacia la actividad. Es decir, es una entrevista en todo el rigor, que se debe “aprobar” para lograr la entrada al grupo. La primera reunión del año fue en El León, en la Castellana. Como amigos de toda la vida, entre cervezas, batidos de jugos naturales, y el fragor del tráfico caraqueño de las 7p.m., comparten anécdotas. Enseñan con orgullo las reseñas que les han hecho en los medios de comunicación, conversan y se ríen de sus chistes internos, de los que solo ellos saben la combinación que desencadena las risas. Read More…

Un tendedero en La Habana

Luego de su estadía unas cortas semanas en La Habana, en julio del 2010, Leo Felipe Campos escribió la siguiente crónica donde cuenta su experiencia. El texto está publicado y pertenece al  blog www.mijaragual.com

Por Leo Felipe Campos

I

La maleta es rosada y grande, pesa 22 kilos. El morral es gris con naranja, va a la espalda, con una laptop dentro. El taxi acaba de marcharse, dobló por Escobar, una avenida larga y estrecha que respira el salitre del extenso malecón, a pocas cuadras, y se parece, con sus fachadas coloridas de edificios viejos y balcones, al resto de las calles de la populosa Centro Habana. No es de extrañar que se acerquen tres personas a preguntar si busco a alguien, si estoy perdido, si tengo dinero.

Espero a un moreno fornido de un metro ochenta con pinta de músico, beisbolista o boxeador. O militar. Porque se supone, a cuenta de prejuicios y lugares comunes, que los oficios exigen pinta y uno a veces termina creyéndoselo: Los medios suelen tener más culpas que razones. Al cabo de diez minutos baja un poeta, delgado y blanco, casi amarillo, como un vermicelli crudo. Suda. Hay en su rostro un rictus de preocupación. Mira a los lados. Saluda y sonríe. Usa lentes. Tiene el cabello largo y las manos rojas. Parece polaco, o croata. Quiere cargarlo todo. Adelanta que él está acostumbrado, y es verdad. Es de las pocas frases irrebatibles que escucharé en las dos semanas de recorrido a pie, de conversaciones con periodistas independientes, periodistas del diario Juventud Rebelde, ciudadanos que hacen vida en el malecón los fines de semana por las noches, abogados y médicos, profesores universitarios, editores, novelistas, disidentes, castristas, vecinos.

Así que es mejor escuchar y hacer silencio. Dejar que el poeta cargue la maleta rosada y sea él quien dirija la conversación y me ponga al tanto de lo que cree que necesito saber y todavía no intuyo. Dar la vuelta por las escaleras de caracol que suben por dentro, que son altas, de mármol y están partidas por el tiempo y la desatención, al igual que algunas ventanas, sin vidrios y, aunque parezca mentira, una decena de telarañas enormes que se instalan en los ángulos oscuros de las paredes. Como la mayoría, estas escaleras llegan hasta una pequeña puerta que se abre. Es de madera y está rota, carcomida por cualquier organismo vivo, como las químicas derivaciones del oxígeno. Luego de la penumbra de cuatro pisos en círculo con su vacío al medio, la luminosidad del sol entra en la retina como flecha y se siente. Read More…

La pegada del campeón tumbó a la Vinotinto

Por Joseph Artiles

La selección venezolana enfrentó ayer, en lo que fue uno de los amistosos de mayor relevancia en la historia de nuestro fútbol, a la actual campeona del mundo y número uno del ranking de la FIFA, España.

La “furia roja” fue recibida por todo lo alto, como bien lo merece (aunque cueste aceptar que así sea, sobre todo por parte de los aficionados). Desborde de medios de comunicación y cuanta parafernalia pudo brindar el Oriente del país cerraron un monumental marco para el encuentro. Este sería disfrutado por 101 países, en directo.

A pesar de que todo pintaba difícil para los vinotinto, quedaba viva una remota esperanza de sorprender al mundo y darle un susto a Goliat. Los españoles, más relajados, esperaban contar los minutos con goles. Y el público, en principio, no decepcionó. A pesar de la emoción por ver a sus ídolos ibéricos, el apoyo fue rotundo con la nuestra, como debe ser.

Comenzó el partido y la Vinotinto salió con todo. En 20 segundos ya Maldonado había probado al portero español que, solo por ser un amistoso, se trataba de Valdéz. Pintaban bien los primeros minutos con una Venezuela sin miedo, dispuesta a plantar cara. España parecía todo menos la mejor selección del mundo.

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Fusion Team: Campeones del mundo 2010

Por Catherin Valladares

Este artículo se publicó en la 9na edición de Revista Ojo, en la sección Adrenalina.

El paintball es un deporte en el que se utilizan pistolas de aire comprimido cargadas con bolas rellenas de pintura con las cuales se debe alcanzar a los contrincantes. Visto como un mero pasatiempo para algunos, otros lo practican con dedicación absoluta: Fusion Team es un equipo de paintball conformado por estudiantes venezolanos que se ha consagrado como el mejor en numerosas competencias.

Rodrigo Cugat (UNE), Edgar Gutiérrez, Juan Carlos Dolande, Luis Arocha (Unimet), Rafael Dolande (Unimet), Jorge Abdelnour (USM), Jorge Gutiérrez, Luis Laguardia y Jonathan Kotosky, son los integrantes de Fusion Team, equipo de Paintball ganador del World Cup 2010.

Fusion Team juega en las canchas venezolanas desde el año 2004. Dos años les tomó comenzar a participar en campeonatos en el exterior. Definen este deporte con la palabra “adrenalina”, esto es lo que sienten cada vez que salen a la cancha a jugarse el uniforme, sorteando la ansiedad y otras emociones fuertes que los golpean mientras juegan.

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La Restinga al Natural

Texto por Arianna Arteaga Quintero -@arianuchis

Este artículo salió publicado en la 9na edición de Revista Ojo en la sección Por los Caminos Verdes de nuestra amiga Arianna Arteaga Quintero.

Margarita es un destino que complace casi todos los gustos: playas, tiendas, gastronomía y rumba. Uno de los clásicos margariteños de toda la vida es recorrer la Laguna de la Restinga en unos peñeritos que salen de Macanao. Dura cerca de media hora y termina en la playa, un paseo simpaticón y bien típico de la isla que suele terminar con un buen atracón de ostras. Read More…