Cuando conociera a Colón

Por Daniel González @DanielPistola

No, no está mal redactado, el nombre de este artículo es así por el simple hecho de que llevo mucho planificando lo que haría si pudiera viajar por el tiempo y conocer a Cristóbal Colon o, como yo lo llamaría, Chris.

Lo primero no sería tomarme una foto para ponerla en twitter porque el twitter no existiría, ni mucho menos tomarme una foto, porque seguramente me caerían a palazos por andar con ese artefacto en dichos tiempos. Es más, ni me gustaría conocerlo mientras se esté haciendo famoso. Lo quisiera conocer, aproximadamente, un año antes de que hiciera sus viajes cuando todo el mundo al que le comentaba sus planes le decía que era un loco.

Al final de este encuentro le diría al pana que le eche bolas a sus sueños, que yo también creía que la tierra era redonda, y le explicaría el porqué con detalles que todavía —ni en la actualidad— yo conozco (obviamente me metería en wikipedia antes de irme al pasado). Le diría que tiene que hablar con la corona española para que se ahorrara unos años de jalar bola, y que simplemente tenía que echarle pichón a su sueños porque yo creía en él.

La idea es hacerme amigo de Colón, tanto así que me invite al viaje con ese poco de piratas. No porque quiera algo sexual con los piratas, ojo, sino porque quiero la posición de Rodrigo de Triana para gritar: ¡tierra!

Llegaría al nuevo continente y proclamaría unos terrenos en Miami en NY, Buenos Aires y en La Lagunita.

CAP: entre la historia y la polémica

Por Guillermo Ramos Flamerich

En la revista Élite número 2.517 del 21 de diciembre de 1973 se relata la historia de José Couri, quien arriesgó un millón de bolívares apostando que Carlos Andrés Pérez ganaría las elecciones presidenciales de aquel año. Sirvió como respuesta a un reto firmado por simpatizantes de Copei. Couri dio como razón para aceptar el desafío “repudiar públicamente la arrogancia de los copeyanos”. Pasados los comicios electorales, el ganador afirmó que utilizaría el millón para obras sociales. Más allá de lo pintoresco de esta anécdota, el país inauguraba un quinquenio de opulencia, fluidez de recursos y la concepción de una nación próxima a lograr el desarrollo. Con un líder que podría arropar a todo el Tercer Mundo bajo las cobijas de la socialdemocracia. Comienza así la entrada de Carlos Andrés Pérez a las grandes ligas de nuestra historia.

El 5 de octubre de 2011 asistí al velorio de Carlos Andrés en la casa sindical de AD en El Paraíso. Más allá de las pancartas y jingles proyectados, frases como: “era un ser humano, los seres humanos cometemos errores”; “el Congreso no lo dejó gobernar”; “Carlos Andrés prometió y cumplió” aparecían en todos los rincones. Por los alrededores el tráfico no era el habitual y una que otra persona hablaba en tono de burla sobre los restos del ex presidente y el tiempo transcurrido desde su fallecimiento el día de Navidad de 2010.

En una fotografía de Manuel Sardá posterior al golpe de Estado del 4 de febrero de 1992, se denota una pancarta donde aparece la imagen de Hugo Chávez al momento de rendirse en el Museo Histórico Militar y la de Carlos Andrés Pérez  con las manos juntas en posición de oración. La primera tiene una leyenda que dice: “Decentes a la calle”, la segunda: “Corruptos a la cárcel”. Es curioso notar que, en 2010, un automóvil presentaba un letrero con unas palabras muy sencillas, pero contrarias a las antes mencionadas. El escrito rezaba así: “Señor… Devuélvenos a CAP y te entregamos Chávez”. Esa es la política; un día estas arriba, otras veces abajo y viceversa, afirmaría cualquier persona que se crea experta en el tema. Los noventa sirvieron para la satanización de Pérez. Todos los problemas y vicios del sistema recaían casi en su totalidad en una sola persona. Read More…

El oficio de cazar tendencias

Este artículo se publicó en la 11era edición de Revista Ojo en la sección Ampliando Horizontes, hoy lo compartimos con ustedes por acá.

Si te apasiona todo lo que sucede en las grandes pasarelas del mundo, conocer lo último que hizo Banksy y tienes a Pitchfork como página de inicio en tu explorador, es probable que seas un Coolhunter y aún no lo sabes. Te invitamos a que conozcas cómo hacer de este oficio una profesión formal

Por Patricia Anuel -@patyneta-

Foto: Peter Duhon, bajo una licencia CC BY 2.0

La moda es un fenómeno antropológico y sociológico que conjuga dos partes antagónicas inherentes al ser humano: el deseo de seguir lo que el entorno impone, y, a la vez, destacar la personalidad de cada individuo. Esto se traduce en la búsqueda constante de elementos que nos diferencien de los demás.

A principios de los noventa, algunos profesionales en el área de la moda comenzaron a especializarse en la proyección y observación de tendencias, con el fin último de descubrir la estética de lo cool. Allí nació el Coolhunting.

La premisa de este nuevo oficio radicaba en analizar e investigar nuevas tendencias en áreas tan complejas como el arte, la música, la vestimenta, el esparcimiento e, inclusive, tendencias ligadas directamente con el mundo digital, como gadgets y aplicaciones.

Para ser Coolhunter es recomendable estudiar una carrera previa como Diseño Gráfico, Arte o Comunicación Social, debido a que es necesario tener las herramientas básicas para poder realizar un estudio exhaustivo de cómo y por qué un elemento puede convertirse en moda, tomando en cuenta sus antecedentes y analizando, demográficamente, cómo puede amalgamarse a la sociedad.

Existen varias especializaciones en el área de Tendencias y Coolhunting, principalmente en Europa. Muchas de ellas pueden realizarse a distancia, por lo que son una buena opción para aquellos que no disponen del dinero necesario para trasladarse a otro país. Sin embargo, lo más importante para ir acercándose a este maravilloso mundo es tener criterio y un buen ojo. De allí en adelante, el trabajo es mucho más sencillo.

Una Madame con mucho estilo @MadameFedora

Valerie Lollet, también conocida como Madame Fedora, es el ejemplo perfecto de cómo un profesional puede convertirse en Coolhunter. Estudió Comunicación Social en la UCAB y Técnicas Gráficas Digitales en el Centro de Diseño Digital. Luego de una amplia experiencia en el mundo de la publicidad, entró en Sony Entertainment Television, en donde tuvo la oportunidad de crear y producir conceptos creativos para diversos segmentos del canal. Algunos años después decidió complementar sus estudios con el curso online Coolhunting aplicado a la moda, del Instituto Superior de Arte, en España. Lollet relata: “Aunque la duración estipulada es de dos meses, realmente dura mucho más, ya que los trabajos prácticos son extensos, y el tutor puede tardarse bastante en enviar de vuelta las observaciones y correcciones”.

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Logro Vinotinto, hazaña invaluable

Durante las pasadas semanas, un fenómeno deportivo unió a nuestra Venezuela en un solo sentimiento, una sola pasión que inundó la vida diaria de todos los venezolanos de un patriotismo que hacía años no se manifestaba, y que demostró que en este país existe la hermandad, más allá de la división política y social que actualmente azota a nuestra sociedad. Nuestra selección nacional de futbol, La Vinotinto, alcanzó un logro sumamente importante no solo a nivel deportivo, sino la hazaña sin precedentes de hacer ver a Venezuela como una sola patria.

Por Juan Carlos Applewhite -@japplewhitep-

Mucho se comentó sobre el proceso de preparación de esta selección de 23 jugadores, el cual se centró en compromisos amistosos y un entrenamiento físico de alto rendimiento en la ciudad americana de Dallas. Lo cierto es que dicha preparación rendiría frutos que ni los mismos integrantes de nuestra vinotinto hubieran esperado. Nos aguardaba un compromiso más que importante: el reto de competir contra equipos del más alto nivel, los cuales se armaron con todo su potencial para pelear por el titulo de selecciones más antiguo del mundo. La Copa America de Argentina nos esperaba.

Todo indicaba, al inicio, que el camino a recorrer seria intenso, de mucha dificultad, para algunos hasta imposible: nos toco enfrentar a Brasil, Ecuador, Paraguay en la primera ronda del torneo. Para comprender objetivamente lo que esto significaba, bastaba con echar vista a las listas de convocados por dichas selecciones, plagadas de futuras estrellas del mundo futbolístico y jugadores consolidados en las más prestigiosas y competitivas ligas del mundo. Pero nuestra Vinotinto llegaba a Argentina con jugadores que, definitivamente, iban a responder al compromiso que enfrentaban y que este grupo inicial representaba. Read More…

Empresas Polar: 70 años de tradición venezolana

Empresas Polar no es una compañía común. Sus productos, más allá de tener años en el mercado, han cambiado la forma de vida de los venezolanos. El sueño de todo empresario se ha cumplido porque todas sus marcas se han convertido en la referencia nacional. Entre los productos más característicos de Venezuela se encuentran “la polarcita”, pero nada más enigmático que la Harina Pan. Las arepas son el elemento más distintivo de nuestra identidad gastronómica. Sin embargo, “El pan americano”, como lo conocen los extranjeros, no estaría en todas las mesas del país si no fuera por una idea de la Polar con la que revolucionó su preparación, al simplificarla increíblemente, con la invención de la querida Harina Pan. Actualmente, los pilones han quedado de adorno, y eso de moler maíz es una práctica que sólo cabe en algunas canciones tradicionales, que no se realiza en los hogares de esta nación. Hoy, que las Empresas Polar cumplen 70 años de haber irrumpido en la venezolanidad, vale la pena revisar la historia de este producto.

Para conocer más de la historia de historia de la Harina Pan haz click aquí http://bit.ly/8ZcYSE

Felicitamos a Empresas Polar en su 70 aniversario

Ese libro es una porquería

 

Por Jesús Torrivilla @jtvilla

Te obligaron a leerlo en una materia y lo aborreciste, te lo compraste porque ganó un premio y te decepcionó, quizás pensaste que podrías entender por qué todos llaman a esa obra un “clásico”. Luchaste con cada página. Con tus amigos dices a viva voz que odiaste ese libro, que es una basura. Pero escrito así, titulando un artículo, suena duro. Este es un ejercicio de catarsis en un país tan acostumbrado al –no tan soterrado– hábito de jalar mecate, de ser diplomático, hipócrita. Tanto que coqueteamos ahora con la autocensura.

Esto, además, pretende ser una advertencia, de pana, de lector a lector. Por eso les preguntamos a cinco escritores venezolanos por los libros que les parecieron sencillamente malos. Las razones son libres: desde la calidad literaria hasta el libérrimo gusto.

Detestar un libro tiene un peligro absoluto: que piensen por un momento que también se desprecia la lectura. La advertencia nunca está de más. Sin embargo, todos nos hemos encontrado con algún libraco que no nos conmueve, que no nos sabe bien. Es una cuestión, digamos, culinaria. Precisamente, Eduardo Sánchez Rugeles –ganador del premio Arturo Úslar Pietri de novela en su primera edición y ex profesor de literatura– es de los primeros que despacha sin piedad: “Hay gente que disfruta comer, por ejemplo, remolacha, pero yo no la soporto, me resulta vomitiva. Y vomitivo literariamente, para mí, es Bryce Echenique. No puedo con él, no me gusta; su humor me resulta insulso, no me hace reír, no me hace sonreír, no me conmueve, no me seduce, no me dice nada. Reo de nocturnidad me pareció muy mala, pero la peor, sin duda –pues ni pude terminarla–, fue El hombre que hablaba de Octavia de Cádiz. Sé, sin embargo, que Bryce, más que un club de fans, tiene una trayectoria y un grupo de lectores muy serios, y eso lo respeto. Yo, particularmente, no lo paso”.

También descarga en contra de Mantra, de Rodrigo Fresán: “He llegado a afirmar incluso –tras revisar otros textos de manera superficial– que Rodrigo Fresán no tiene nada, que es un loco; pero, como te decía anteriormente, son opiniones biliares, juicios que nacen desde lo volitivo, desde el disgusto. Reconozco que Fresán, en la última década, ha configurado una trayectoria con títulos importantes”. Sin embargo, aclara: “Si me tocara ver a un chamo con un libro de Fresán en las manos y el tipo, extrañamente, lo estuviera disfrutando procuraría no censurarlo. Pensaría que está confundido y que, ojalá, supere ese triste momento de su vida, pero nunca le diría que no leyera”.

Quizás no haya nada peor que esperar demasiado de un libro, ya sea por nuestras expectativas, sus cifras de ventas o sus promesas de fácil redención. Gisela Kozak Rovero –escritora, profesora de la UCV y columnista de Tal Cual– nos hace un par de oportunas advertencias. Alejémonos, por ejemplo de “El código Da Vinci, de Dan Brown. Sí, ya sé, le gustó a todo el mundo y Brown se llenó de dólares, pero es pésima. Una ristra interminable de párrafos cortos –como de adolescente en vías de aprender a redactar– impregnados de una petulancia insoportable: pseudo-ciencia, pseudo-religión, pseudo-literatura. Reconozco, claro, que en mi caso es duro tener la razón en contra de la voluntad general. Para la gente que gusta de la mezcla de religión y literatura, El evangelio según Jesucristo, de José Saramago, es una gran alternativa”.

Tampoco hay galardón que valga con El Vano Ayer, de Isaac Rosa, pues es –según Kozak–: “Una novela de los años setenta para un jurado comunistoide de los años setenta. Se habrá ganado el premio Rómulo Gallegos, pero es solo un ejercicio de taller de un tipo muy talentoso. Quien quiera leer sobre el franquismo que lea Beatus Ille, de Antonio Muñoz Molina, uno de los mejores escritores vivos de lengua española”.

Asimismo, no es tímida al sugerirnos evitar todo Paulo Coelho: “A la basura sin pensarlo. Claro, es multimillonario y pertenece a la Academia de la Lengua en Brasil. Soy una envidiosa, seguramente, no hay alternativa”.

Israel Centeno –narrador finalista del premio Planeta Casa de América– también tuvo su mala experiencia con Coelho. Aunque especifica que “por cábala” siempre termina los libros que comienza, Veronika decide morir le pareció “muy malo”. “Me lo leí una tarde en la que estaba encerrado en un almacén y había terminado un inventario, cuando trabajaba para una librería virtual; realmente infame”. De igual forma advierte en contra de El Zorro de Isabel Allende, Aníbal de Tom Harrys y Omertá de Mario Puzzo.

Las tentaciones del mundo de la literatura son varias. Tal vez no tantas como en negocios quizás más antiguos que el mismo oficio de escribir, pero existen. Un escritor se puede perder entre sus propias pulsiones creadoras y la idea de su lector ideal, como lo denomina Umberto Eco. También están por allí los críticos, pululando. Por eso Fedosy Santaella –galardonado novelista y cuentista que salta fácilmente del mundo escrito al audiovisual–, si bien prefiere no hablar de qué libros no le gustaron, aprovecha para denunciar un síndrome preocupante. Lo llama el campesinismo literario: “El escritor campesino cree, por ejemplo, que debe seguir tendencias literarias para que la gente hable bien de él y diga que es un fenómeno; ni siquiera para que sus libros se vendan, sino para entrar en yo no sé qué panteón nacional de la literatura. Uno los lee y sí, posiblemente sus libros estén muy bien escritos y cuenten historias que lucen muy del gusto de la gente ‘inteligente’, pero en realidad son libros sin vida, sin honestidad y sin retos”.

Para él, “un escritor escribe historias que a la gente le gusta leer”. El término campesino hace referencia a gestas de caudillos, vicios premodernos y rencillas decimonónicas: “El problema es que cuando uno trata de sacar la cabeza por encima de la olla, vienen los que están con uno allí y lo halan para abajo. Pensar distinto pareciera no solo un pecado para los gobernantes de este país, sino también para los que se pretenden ‘gobernantes literarios’ del terrenito nacional. No se trata de libros malos, se trata de malas actitudes”.

Y hay también compromisos ineludibles. Colette Capriles –psicóloga social con maestría en Filosofía, columnista de El Nacional y profesora de la Universidad Simón Bolívar– no escatima en admitir: “Hay libros abominables que hay que leer (pienso en Los diarios del Che, por decirte algo que trabajo en mis clases), libros que chocan con nuestras convicciones, y que ni siquiera tienen valor literario”. Ahí es donde, precisamente, la lectura como placer se estrella contra el muro de la obligación, de la curiosidad… ¿del deber?

Acerca de sus propios chascos literarios, Capriles duda. Nombra a Isabel Allende y critica el “uso programático del realismo mágico”, pero inmediatamente recuerda: “Un libro malo en el que avancé bastante fue Beatriz y los cuerpos celestes, de Lucía Extebarría. Sí, ese sería, en mi selección, el más malo de los malos: mala escritura, anécdotas sin importancia, y un premio Nadal por describir aventuras sexuales adolescentes”.

Más adelante, en su respuesta, se excusa: “Lamento que mis dos ejemplos de mala escritura sean obras de mujeres. Suele suceder… Recomiendo entonces uno de Herta Muller –cualquiera–, porque escribe como los dioses. Digo, ¡para cumplir con la cuota de lo políticamente correcto!”.

Sabemos, de todos modos, que los consejos se los lleva el viento. ¿No era ese el dicho? Estas advertencias se quedan aquí, para regodearse en disgustos comunes o, quizás, sentir vergüenza por placeres culposos. Sin que le quede nada por dentro, Fedosy Santaella nos ofrece una sentencia final que bien podría ser el motor propio e íntimo de cada lector: “Eso sí, nunca dejaré de leer libros que me diviertan, aunque yo mismo me vuelva un pesado escribiendo”.

Ojo con: Joaquín Ortega

Del humor y sus diez reglas

Texto por: Joaquín Ortega

Escribir humor es una labor que se prueba todos los días. Es como ser boxeador y aguantar unos rounds… o como ser deportista y darle unas cuantas vueltas a la pista sin terminar con una bombona al cuello.  Escribir para radio y TV implica descifrar una serie de claves que te permitirán asumir, si estás frente a un sacrificio o simplemente frente a un tipo de tarea, con ciertas condiciones que hay que cumplir.

El primer asunto es el pago: ni es tan bueno ni es tan regular. Otro es el tiempo. La propia lógica de las producciones nacionales te hace saber cuándo vas a entrar, pero nunca cuando vas a salir de los estudios. Cuando tienes la oportunidad de responder “cómo se vive de lo que vives” te asaltan miles de dudas y certezas. Las dudas se las confieres a la casualidad, a un regalo divino, a un afán conectado con tus propias locuras. Las certezas sabes que están del lado de la constancia, la paciencia, la madurez y ver hacia adelante. Por otro lado, también la reflexión te conduce a darte cuenta que no sólo se escribe humor para uno mismo. Nunca es un ejercicio onanista. Se compone para un público y para algunas sensibilidades. Se aprende con el tiempo cuál es el tipo de chiste que abre la comunicación con las otras risas, pero luego, te das cuenta que debes moverte y dejarlos atrás.

Lo fundamental es nunca escribir el primer chiste que se te viene a la mente, sino el segundo. Escribir no es lo mismo que mantener la conversación arriba cuando estás al aire o frente a una audiencia. Guardo con muchísimo cariño las enseñanzas de las primeras voces en el humor escrito, y también aprendí que se debe admirar, pero con distancia. Si se quiere tener personalidad propia, tenemos que matar a los padres intelectuales. Read More…