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Conversando con la resistencia

Por: Juan Sanoja | @JuanSanoja

Son hijos de la represión. Nacieron para enfrentar las peores condiciones. Sus pulmones se han llenado de gas y sus cuerpos son un solo tatuaje compuesto de mil cicatrices. Vinieron al mundo con la Revolución Bolivariana y están dispuestos a entregar su vida, literalmente, para que el resto de Venezuela deje de padecer el Socialismo del Siglo XXI. Terroristas según quienes hoy gobiernan –antaño golpistas, guerrilleros y encapuchados–, se han convertido en un símbolo histórico de esta lucha. Santos en mil hogares, héroes nacionales por consenso, su papel en la crisis comienza a ser controversial. No han sido estos los días de calle, calle y más calle. El plebiscito y la liberación de Leopoldo han enfriado el pavimento y ellos, independientes por convicción, están configurando su propia agenda ante la discrepancia con una Mesa de la Unidad de la que, según nuestro entrevistado, no han recibido ni financiamiento ni asesoría.
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Su crecimiento ha sido orgánico y rudimentario. Fueron coincidiendo en manifestaciones y la empatía hizo el resto. No sólo luchaban por lo mismo, sino que lo hacían de la misma manera. Había que organizarse y buscar apoyo. Fue así como empezaron a crearse células con diferentes anillos de confianza. El organigrama no es nada del otro mundo: grupos de 30-40 personas que se reúnen en el mismo lugar y a la misma hora para hacerle frente al gas, agua y perdigón, mientras unos 6-7 se encargan, además de resistir, de labores logísticas y de establecer el modus operandi. Cada resistencia es un universo y no hay emperador que los gobierne. En Revista OJO tuvimos la oportunidad de conversar con uno de estos jóvenes y esto fue lo que nos dijo:

-¿Cómo te uniste a la resistencia?

-Primero yo asistía a las marchas como cualquier otro: iba y protestaba. Pero con el paso de los días, cuando empezó a movilizarse más gente, me acercaba más al frente y ahí mismo fui conociendo a los del movimiento. Cuando estábamos, digamos, en zona verde, conversábamos y ellos me dijeron para unirme a la resistencia como tal. Me dijeron que necesitaban organización y estaban, por supuesto, buscando gente. Había mucha disparidad con la cantidad de guardias, entonces cualquier persona que se quisiese sumar era bienvenida.

-¿Había una especie de contrato? ¿Les pediste algún número para contactarlos?

-Al principio simplemente nos encontrábamos en las marchas y ya. Pero con el tiempo empezamos a organizarnos más y sí teníamos contacto entre algunos de nosotros, incluso por teléfono. Nos reuníamos y nos organizábamos para preparar las manifestaciones que viniesen.

-¿Dónde se hacían esas reuniones?

-En una casa que puso alguien del movimiento. No era nadie de afuera, ningún político ni nada. Era gente del mismo movimiento y nos organizábamos ahí.

-El gobierno ha dicho en reiteradas ocasiones que ustedes reciben dinero de los dirigentes opositores. ¿Ha habido algún tipo de financiamiento? ¿Qué relación tienen con los políticos? ¿Se han reunido?

-No, no. Más allá de que, por ejemplo, cuando había marchas, sobre todo allí, normalmente algunos diputados de oposición iban al frente con nosotros. Pero era algo más simbólico que otra cosa. Nosotros en ningún momento estrechamos manos. Nunca hablamos con ellos porque nosotros no estamos sirviendo ningún partido, sino a nuestro movimiento, a nosotros mismos. Sí es cierto que estamos luchando por la misma causa que estos dirigentes de oposición y que el pueblo que sale a manifestar, pero en ningún momento tuvimos contacto, ni nos dirigimos palabra. Nada con ellos.

-¿Consideras que conoces a suficientes miembros de la resistencia como para afirmar que no hay financiamiento?

 -Te puedo decir que lo que se puede ver como financiamiento, lo que son las máscaras y eso, es proveniente de donaciones que gente anónima nos hace llegar y con eso es que montamos la resistencia como tal. Pero no existe ningún intermediario que tengamos identificado para decir: ‘Mira, él nos da las máscaras, este nos da los guantes’. No. Son donaciones: el mismo pueblo que nos ayuda. Obviamente con el pasar del tiempo y mientras más manifestaciones ha habido, incluso se puede ver que en redes sociales hay cuentas que se encargan de recibir ese tipo de donativos y de alguna manera nos los hacen llegar. Pero nunca con contacto directo, nunca con nombre. Nada de eso.

-Tratan de mantener el anonimato…

-Sí, exacto, porque nunca sabes quién está del otro lado. Además, viendo cómo se ha manejado la situación, queremos evitar compartir nombres, y no tanto por nosotros, porque en definitiva ya nosotros nos arriesgamos yendo al frente, sino más bien por la seguridad de las personas que intentan ser parte de esto, así no sea en la lucha.

-Volvamos a la sede. ¿Cómo funcionaba y para qué la utilizaban?

-La utilizábamos para guardar los equipos y allí nos reuníamos, aunque no todo el grupo de resistencia, sólo una parte. Allí organizábamos, por ejemplo, si la marcha salía desde tal punto, tratábamos de prever nosotros dónde empezaría la represión. Preparábamos un plan: qué debíamos hacer, vías de escape, todo eso. Y hacíamos una especie de análisis del movimiento político, porque eso influía bastante en el nivel de represión. También hacíamos una especie de recapitulación, es decir, quiénes estábamos disponibles, porque normalmente siempre había heridos y teníamos que ver cuántos teníamos disponibles, para de ahí en adelante crear un plan.

-¿Cómo es el organigrama de la resistencia?

-La resistencia es el nombre que se le da al movimiento, pero no es que es una organización que está toda conectada. Los de Caracas no es que tengan un contacto con la gente de Maracay o con los de Carabobo, no. Son células y cada una se organiza de distintas maneras. Pero coincidimos, no varía mucho el plan… También es que cuando empieza la represión tenemos que cambiar todo lo que teníamos en mente porque es muy complicado mantener un plan cuando tienes tanta fuerza en contra. Si te encuentras con un grupo de otro lado, te apoyan. Nunca hubo problema. Pero eso sí: contacto como tal con otra célula, muy muy poco.

En tu grupo, ¿cuántos participaban y con cuántos te comunicabas por teléfono o en reuniones?

-Bueno, cuando yo me inicié éramos 38 y teníamos contacto directo unas 6-7 personas. No nos gusta hacer nada por mensajes, ni de Whatsapp ni nada. Es más bien: ‘Mira, nos vemos en este sitio’ y ahí nos organizamos. Todo en persona. Pero ya tú sabías con quién te estabas juntando y el número de esas personas.

-¿Cuál es su filosofía? ¿Qué los motiva? ¿Tienen algunos códigos?

-Cada uno se impulsaba por distintos motivos. Unos protestaban por la situación económica, otros estaban pasándola bastante mal, otros era por la inseguridad, otros por experiencias en barrios… Todos, la gran mayoría, somos personas de bajos recursos. Entonces, lo que empezó a movilizarnos fue que, cuando se convocaba una manifestación, nosotros veíamos que nunca se podía avanzar y que a la primera bomba lacrimógena, a la primera arremetida, las personas retrocedían y ahí se acababa la manifestación. La gente por un temor, por supuesto entendible, se iba. Entonces se empezó a decir: ‘Ajá, ¿qué hacemos? ¿Qué podemos hacer para que esto funcione a la larga?’ Y era eso: mantenernos en la calle y ponerle resistencia a las fuerzas represoras de la manera que fuera.

De ideología, no existe en la resistencia algo así como ‘somos de izquierda’, ‘somos de derecha’, ‘somos neoliberales’, ‘somos chavistas críticos’, no. Nada de eso. Simplemente nuestro fin es que se nos escuche. Permitir, porque nosotros éramos el escudo de la manifestación, que la protesta avanzara hasta donde la gente quisiera y por supuesto eso es un método de protesta. Porque la situación que se vive es sumamente delicada y hay tantos problemas… Se ven afectadas personas de cualquier ideología, religión, tendencia política, clase social, lo que sea. Todos estamos involucrados. No hay un estigma que nos redondee a todos.

-El gobierno los acusa de violentos. ¿Qué opinión tienes al respecto?

 -Normalmente en las manifestaciones, en el lugar que sea, nosotros nunca llegábamos de buenas a primeras al piquete y que ‘lánzales piedras, molotov, morteros y vamos a herirlos’. No. Nunca. Siempre había un parado. Nos parábamos en frente, visualizábamos la situación para ver cómo iban a accionar ellos y uno del grupo se adelantaba y se encargaba de hablar con el sargento, el encargado del piquete. En muchas ocasiones nos dijeron que no iban a hacer nada, que ellos estaban ahí, parando el transitar de la manifestación, que ellos no iban a dispersarla ni nada. Pero en lo que nos dábamos la vuelta y nos distraíamos un poco, ya empezaba la represión: bombas, activaban las ballenas, nos daban perdigonazos y nos emboscaban con otro piquete desde otra zona. Ahí empezaba la lucha como tal.

-¿No tenían miedo?

-Era más el miedo, porque claro que sientes temor, sabes que estás arriesgando tu vida… pero era más el miedo a lo que pasaría si no hacíamos nada, que a recibir perdigonazos, que te metieran una bomba lacrimógena o que la ballena te tumbara. Ese temor se mitigaba frente al miedo de seguir el día a día que estamos viviendo desde hace tanto tiempo.

-¿Cómo calificas a la dirigencia de la Mesa de la Unidad?

-Bueno, es complejo. En todo movimiento, sobre todo en los más sensibles, así como este, hay gente que se radicaliza de tal manera que se ciega. Entonces, a veces no se entiende que si queremos salir de este gobierno alguien se tiene que montar. No va a ser la resistencia que se una como partido político y vaya a empezar a dirigir este país. La MUD es esa opción. ¿Qué pasa? Ellos como partido político, viviendo las artimañas del gobierno, se tienen que alejar un poco de ese movimiento nuestro, el de calle, cuando la cosa se pone ruda. Ellos se tienen que alejar de todo eso porque ellos tienen que mantenerse como partido político. Y eso lo entiendo, aunque no todos lo comprendan. En lo que no estoy de acuerdo es en algunas cosas después del plebiscito, ya con la liberación de Leopoldo López. Esta semana se apagó bastante la calle, en cuanto al llamado de la MUD. Ellos hicieron un llamado: ‘Esta semana no habrá calle. Sólo el parón del jueves, pero no va a haber manifestaciones de calle’. Y eso obviamente no es lo que reflejó el resultado del plebiscito ni el deseo mismo de la gente, de la resistencia. La gente quiere seguir protestando, te convoquen o no. En definitiva, la gente protesta como quiere. La Unidad, si quiere cambiar este gobierno, tiene que alinearse con el pensamiento y el deseo de la gente y hacer su agenda basándose en ello, no en la política racional. Que sigan manejando otras cosas, como hacer sesiones de la Asamblea o nombrar magistrados, está bien, eso es entendible, pero no por eso la calle se va a parar. Hay que seguir en la calle. Hay que seguir manifestando.

-¿Hay una especie de separación entre la dirigencia y la resistencia?

-Sí, claro. Nunca estuvimos unidos como un sólo grupo ideológicamente, pero antes nos enfocábamos en las convocatorias que ellos hacían porque ahí se asomaba el pueblo. Y cuando tienes ahí a la gente, a 200.000 personas marchando detrás de ti, digamos que tu ideal se ve reforzado. Si no hay manifestación, porque también es entendible que no todo el mundo quiera manifestar todos los días, esas 200.000 personas no pueden manifestar todos los días, se pueden anunciar otras cosas: trancazos, lo del paro. Está bien, no marchas todos los días, pero estás realizando otro tipo de protestas. Nuestra protesta es la calle y sé que la mayoría de la gente está unida y alineada con ese pensamiento: de esto se sale es en la calle, plantándole cara a la represión y al gobierno.

-¿Cuál es tu opinión sobre esta especie de peajes que se han visto, por ejemplo, en Altamira, de personas de la resistencia pidiendo dinero? ¿Son infiltrados?

-Primero que nada, la resistencia no pide dinero. Eso está claro: la resistencia no pide dinero. El término infiltrados, no sé exactamente… Yo creo que más bien es gente que se aprovecha de la imagen que tenemos nosotros para sacar provecho, así como cuando ponen a un niño a pedir dinero afuera de un supermercado, de una panadería. Entonces la gente aprovecha y suelta chamos en la calle a pedir dinero en nombre de la resistencia, cuando en realidad eso no es así. La resistencia nunca ha pedido dinero, nunca ha pedido nada. Los donativos y eso ni siquiera nosotros los pedimos. La misma gente nos ve y nos quiere ayudar y nosotros por supuesto que los recibimos. Pero pedir dinero en la calle, trancar para pedir dinero o comida, no, eso nunca lo hacemos.

-¿Ustedes se creen libertadores o héroes?

-No, no. Nosotros no queremos ni que nos endiosen ni que nos entierren. Considerarnos libertadores, no. Cuando tú salías con tu franela “Soy libertador” lo que se buscaba era crear una especie de simbolismo. No es que tú sales y dices: ‘Yo hoy voy a luchar y me voy a poner a la par de un Simón Bolívar o Francisco de Miranda’. No. No me gusta que nos endiosen. Somos un movimiento que protesta como cualquier persona. Como las madres que quieren salir a las calles a poner pancartas, como el señor que puede poner una ramita para trancar, como cualquier persona que proteste. Sólo que nosotros tenemos una postura diferente y lo hacemos de esta manera. Pero cualquier tipo de propuesta es aceptada y no es criticable. Así que, para mí, cualquier persona que quiera salir de esto, y se esté esforzando, es un libertador.

-¿Qué piensas de los linchamientos?

-Cuando tú estás ahí en la calle resistiendo y ves que hay un infiltrado del gobierno o que alguien se aprovecha de esa situación para cometer un delito: sea rompiendo santamarías, robándote, que ha pasado… Bueno, esa misma adrenalina te lleva a darle un parado. Por supuesto que tú intentas conversarlo, pero ha sido tan reiterado que la frustración se apodera y te vuelves agresivo, pero no es que nosotros vamos a salir a la calle a linchar. No estoy de acuerdo con eso. Creo que hay otras formas de poner resistencia. No hace falta un mensaje tan violento. Pero, claro, si ves a alguien que se aprovecha de la situación, del mal endémico que tiene el país, para robarte, para seguir robando, para seguir sembrando ese temor a la gente, no está bien, claro que no está bien. Por eso actuamos, porque es reiterado y de alguna manera hay que pararlo. Si hablas con una persona y no te entiende, vuelves a darle la oportunidad y no te entiende, y ves que sigue haciéndolo, ya hay que actuar de otra manera. Nosotros en una oportunidad nos dimos cuenta de que unas personas que ya teníamos identificadas, que se sumaban a la manifestación pero que en realidad no hacían nada, estaban ahí para sembrar caos.

-¿Cómo ves a Venezuela después del 30J?

-La resistencia, como cualquier venezolano, tiene una incertidumbre gigante, porque se acaba la República, se acaba cualquier tipo de libertad y no sabemos qué puede pasar, porque en definitiva la resistencia nace como respuesta al accionar del gobierno, no nace por iniciativa propia de ‘vamos a hacer esto porque nos da la gana’. Nosotros somos la respuesta a las acciones del gobierno. Dependiendo cómo se vaya manejando la cosa, ya veremos qué acciones vamos a tomar.

FOTO: Rafael Briceño

Cristian Hernández: “El miedo ayuda a hacer buenas fotos”

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

Cristian Hernández no tiene cara para su edad. Tampoco para el oficio que ejerce. Vestido con una camisa beige, como estaba ese día, bien podría pasar todavía por bachiller. De parasistemas si quieren, pero bachiller. Y resulta que no. Resulta que ese muchacho flaco y despeinado con el que hablo entre bulla, cerveza y lonjas de cerdo en los populares chinos de Los Palos Grandes, es en realidad un tarajallo de 27 años, con título de Comunicador Social de la UCV, un montón de medios en su CV (‘El Tiempo’, ‘Tal Cual’, ‘2001’, ‘Últimas Noticias’) y parte del ‘staff’ profesional nada menos que de la madrileña agencia EFE.

Y quién lo diría. Porque en principio Cristian lo que quería era hacer radio; y de hecho fue ello lo que lo motivó a estudiar Comunicación Social en la Central. Sin embargo, en su camino se cruzaron la fotografía y Héctor Castillo (fotoperiodista de ÚN y profesor de la UCV) y lo demás fue una historia que él resumirá magníficamente con un “mis fotos eran mejores que las de todos mis amigos…y bueno”. Y bueno que entonces se dio cuenta de que servía para eso, se compró una Nikon D40X, hizo algún taller, salió a la calle, conoció a otros fotoperiodistas, aprendió de ellos, comenzó a experimentar, trabajó en un montón de medios, llegó a EFE y cuando ya estaba considerando irse de Venezuela, estallaron las protestas y, contrario a lo que haría el resto del mundo, se quedó demasiado.

Ya el día de la entrevista tenía el cuerpo lleno de cicatrices, producto de la cantidad de bombas, piedras y perdigones que ha recibido, y también de alguna caida explicable y memorable. Hoy, día de la publicación, no tiene teléfono: se lo robaron los colectivos, junto con una de sus cámaras, el 05 de julio en la AN. Ese día lo tiraron al suelo y lo patearon. Pero no lo sacaron de la calle.  Cristian no se arredra ni se asusta, sigue. ¿Qué se le va a hacer?: le gusta estar en la candela, que es, de hecho, la forma que tiene para describir su oficio. Aquí la conversación con un pirómano de las fotos:

Cristian, un fotoperiodista es alguien que…

-…aunque sabe que es peligroso, igual se mete en la candela.

-¿Qué se necesita para ello?

-Básico: tragarse el ego. Saber que tienes demasiado que aprender y que todo lo que sabes puede estar mal. A ti te podrán gustar mucho tus fotos y de repente puede que no sirvan para eso.

-En el fotoperiodismo, a la hora de realizar una foto, ¿qué debe primar? ¿la calidad estética de la imagen o la información que contiene?

-Para mí esto es una pirámide y la base es informativa. Todo lo demás es lujo. Hay fotos movidas y desenfocadas que sirven. Ahora, si la foto es bonita, mejor. Y si es redondita, perfecto.

-¿Qué es una buena foto para ti?

Una que cumpla la función de informar y de contar una historia. En segundo plano queda si es bonita o no. Repito: la base de la pirámide es que la foto informe y cuente lo que tiene que contar.

-¿Qué opinas de la manipulación digital de las imágenes? ¿Eso tiene cabida en el fotoperiodismo?

Siempre y cuando no estés manipulando la imagen para que sea otra cosa distinta a la que tomaste, sí. Puedes cambiar las luces, cropear, pero quitar algo, no: porque tú estás comprometido con la verdad.

-¿Existe el fotoperiodismo ciudadano, Cristian?

-La cosa es que hay una demanda altísima de información y nosotros no podemos estar en todos lados. El fotoperiodismo ciudadano está bien, pero habría que ver qué quiere comunicar el ciudadano y qué herramientas tiene.

-Te lo pongo más fácil, ¿una persona con una cámara es un fotoperiodista?

-Podemos hacer una prueba: dile a esa persona que vaya a una marcha chavista. ¿Va a sacar buenas fotos o va a sacar fotos de las vainas feas que él ve? ¿Es capaz de tomar fotos de una vaina chavista e informarte correctamente? Yo creo que la prueba de fuego sería enviarlo a cubrir algo que lo incomode. Porque lo importante es que tienes que ser profesional donde estés, en la situación que estés, sea peligrosa o no, aburrida o divertida. Esto no es solo tomar la foto, sino saber lo que necesitas: puedes tomar una foto arrechísima o bella y que no informe, y te la desechan porque no sirve.

-¿Con qué equipo trabajas ahorita?

Con una Canon 5D de gama alta. Pero eso no importa mucho: lo usas porque son las herramientas que te dan.

-¿No importa, dices?

Yo creo que la flecha no hace al indio, pero a mejor flecha mejor indio. Es una relación 50/50. Puedes tener la mejor cámara y no saberla usar, o tener una mala y tomar una buena foto.

-¿Hay algún lente que te guste en particular?

-Lo que me gusta más son las cámaras full frame y los lentes L. Esas cámaras son rápidas y responden muy bien. La calidad es otro nivel.

-¿Quiénes son tus referentes?

-Depende. Tengo pintores, artistas, otros fotógrafos.

-De pintores…

-Rembrandt

-¿Por qué?

-La luz. La luz de Rembrandt es muy buena. Y también Goya me gusta.

-¿Cómo describirías estos días de cobertura?

-Ha sido más violenta. A nivel político creo que la situación está bastante delicada y hay que respetarla y hay que tener la cabeza bastante fría.

-¿Qué ha sido lo más difícil de esta cobertura?

-En La Urbina nos echaron tiros. Eso fue difícil. Me ha tocado correr, colectivos me han tratado de quitar la cámara, me han golpeado; en 2014 me rompieron el casco con un tubo. Hay varios momentos peligrosos y probablemente no sean los últimos.

-¿Has llegado a sentir que tu vida está en peligro?

Cuando nos han echado tiros y vamos pa’lante, con cuidado. En esos momentos.

 -¿Y una foto vale la vida?

-No. Nunca. Ninguna foto vale la vida.

¿Ni siquiera una buena foto?

-No, no.

-Cuando estás en mitad del enfrentamiento, con riesgo para ti, ¿todavía tienes cabeza para pensar en si una foto es buena o mala?

– Sí, claro. Tenemos la capacidad de conseguir una buena foto en cualquier lugar.

-¿Y no sientes miedo?

-Siempre. Pero creo que el miedo ayuda a sacar buenas fotos.

-¿Tras más de setenta días de protesta es posible hacer una foto original?

-Yo siempre trato de hacer una foto distinta. Pero igual uno nunca sabe qué puede pasar. Siempre va a haber algo distinto y el reto es tratar de conseguirlo. La cosa es estar preparado y tener la capacidad de hacerlo.

-¿Cuál es tu mejor foto?

-La que voy a tomar mañana.

-jajajaja. Bueno. De las que ya tomaste, ¿cuál te gusta más?

-Siempre pasa que lo que le gusta a la gente es lo que no te gusta a ti. Por eso yo trato de no inflarme mucho el ego. Pero de las que más me han gustado. Ehhhh. Ya va. Una bandera de 7 estrellas. Esa me la publicaron en TIME. Pero es que no sé. Todas son distintas, todas son mis hijas, no puedo escoger.

-Hubo una foto tuya, muy famosa: la de la PNB en la autopista y la gente escondida tras la defensa. ¿Qué puedes decir de ella?

-En verdad, a mí en el momento me pareció una foto nula, y de repente cuando llegué a la casa me di cuenta del fenómeno que fue. Pero a  mí me pareció normal.

-¿Cuál es la foto que te hubiera gustado hacer?

De algún sitio en el que no he estado. Pero no se puede controlar todo. Quisiera estar en todos lados pero no es posible.

-¿Y te ha pasado que has estado y se te ha escapado la foto?

-Todo el tiempo.

-¿Y qué sientes?

-Que la cagué. Es una frustración arrecha. He estado en eso mil veces. Por ejemplo, cuando la señora de la tanqueta: no hice esa foto porque estaba atrás haciendo heridos. Pero eso no significa que hiciera un mal trabajo. La foto puede pasar frente tuyo y puedes no verla.

FOTO: Francisco Touceiro

Rayner Peña, el Benjamín de las fotos

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

Quien entrara a la panadería y lo viera allí sentado, no sospecharía ni remotamente que detrás de ese muchacho flaco, de chemisse azul y túneles se esconde el que ya varios de sus colegas califican como una promesa del fotoperiodismo criollo. Pensaría, seguramente, en un estudiante universitario, pero difícilmente en un fotógrafo que tiene cien días metido en la candela, documentando desde el primer frente las protestas en Venezuela. Sería muy difícil barruntar que esos ojos un tanto esquivos están entrenados para ver y capturar (cámara mediante) lo que casi nadie; que esa humanidad endeble se para entre Guardias y manifestantes, y soporta perdigones, bombas y metras. Tendría la persona que sentarse con él y escucharle contar el sinfín de peligrosas anécdotas que guarda (es también un auténtico storyteller que suele responder preguntas con cuentos), o ver en su perfil de Instagram alguna de las magníficas fotos que ha tomado, para dase cuenta que no es exageración, colegueo o mucho cariño, sino que efectivamente Rayner Peña, ese muchachito de 21 años, es, con ganado derecho, el Benjamín de esa familia de talentosísimos fotógrafos que están cubriendo las protestas.

Su historia arranca con una Fujifilm SH25 (“semi-profesional”, en sus palabras) y un afán estético y detectivesco (“me gustaba encontrar cosas bonitas y ocultas”) que parecía llevarlo por los derroteros de la fotografía de estudio. Pero la calle tenía otro plan para él. El 13 de febrero de 2014, veinticuatro horas después de uno de los varios ‘días D’ que ha tenido Venezuela, decide salir: “Vi las noticias y dije: ‘¿Qué tal si voy y hago fotos?’”. Y eso hizo: no tenía credencial (tiempo después un medio digital lo dotaría de una) ni experiencia (“no sabía ni siquiera cómo moverme”), pero le sobraban redaños: “Me puse a ver cómo trabajaban los demás, me empecé a montar en muros y rejas, y seguí”. Entonces, lo entendió todo: “A mí no se me terminaba de dar la fotografía de estudio, ni la comercial, sobre todo por un tema de las luces y la escena; y me gustó la calle porque allí no había nada preparado: solo tenía que buscar con el ojo la forma de que la foto quedara”.

Y en la calle sigue tres años después, fiel a su búsqueda. Ya la credencial no es de un medio desconocido, sino de El Pitazo, de cuyo ‘staff’ forma parte. Ya no mira de lejos a esos fotógrafos que antes admiraba, sino que se les para al lado y los trata de tú: “En 2014 los veía haciendo fotos y yo decía: ‘quisiera estar allí’. Ahora me estoy codeando con ellos. Me ha pasado incluso que me han felicitado por algunas fotos y eso me satisface bastante”.

He aquí, pues, el diálogo con un muchacho realizado.

-Un fotoperiodista es alguien que…

-…busca la foto para informar, sin que sea necesario que deba llevar un texto.

-¿Qué se requiere para ser uno?

-Tener nociones básicas de las leyes de la fotografía, respetar a las personas que se están fotografiando, saber cuidarse y moverse en la calle, y tener el ojo bastante pulido sobre los temas noticiosos.

-En el fotoperiodismo, a la hora de realizar una foto, ¿qué debe primar? ¿la calidad estética de la imagen o la información que contiene?

-La información. Los fotoperiodistas buscamos fotos que tengan noticia, el contexto, lo que pasó. Es diferente, por ejemplo, el fotógrafo que hace sociales y luego va a hacer fotoperiodismo: porque puede hacer una foto bonita de los manifestantes sin contenido noticioso.

-Si pudiéramos ponerlo en porcentaje…

-La información es 90% y la estética es 10%.

-¿Qué es una buena foto para ti?

-Una que tenga una buena composición y que tenga el mensaje bien claro. Hay veces que a mí me gusta que la foto rompa las leyes de la fotografía, de los tercios, de la mirada. Eso me parece interesa. Además que es repetitivo que siempre sea la foto del chamo en un punto de atención siguiendo la ley de la mirada, siempre en un mismo punto. Terminas entonces haciendo la misma foto. Si rompes las leyes vas a tener algo variado y la foto igual va a ser buena.

-¿Qué opinas de la manipulación digital de las imágenes? ¿Eso tiene cabida en el fotoperiodismo?

-Yo opino que no. El fotoperiodismo trata de mostrar cosas de la realidad. Una verdad, algo que pasó, un suceso, algo que no se puede ni se debe manipular. La mayoría usa programas para mover luces, mudar fotos para que se vean mejor, pero no alterar la foto. Es que ya, si hay algo atravesado que distrae la atención, un brazo por ejemplo, ya eso deja de ser una buena foto.

-¿Existe el fotoperiodismo ciudadano?

-Hay personas que hacen fotos sin saber de fotografía e informan. Ahora, no sé si es fotoperiodismo. He visto a gente haciendo fotos al lado de nosotros para ganar seguidores o cosas así, y no informan con las fotos. Yo creo que para que una persona sea considerada fotoperiodista debe tener básicamente preparación, saber qué es el periodismo, los mensajes, los contextos.

-¿Con qué equipo trabajas ahorita?

-Ahorita trabajo con una Canon T5i. Antes tenía una  Canon XSI de 10 MP, pero se me cayó par de veces,  se le dañó el lente y le costaba disparar. La están reparando ahorita.

-¿Hay un lente que te guste en particular?

-Lamentablemente no he tenido la oportunidad de trabajar con equipos tan buenos para poder opinar de lentes. De hecho, la cámara que tenía ahorita tenía una velocidad de ráfaga muy lenta: disparaba 10 fotos en ráfaga y luego tenía que esperar 5 segundos. Y me perdí una cantidad de fotos increíbles por eso.

-¿La cámara hace al fotógrafo?

-Este tema de que cámara no hace fotógrafo no lo comparto del todo. No es lo mismo salir a la calle con una cámara compacta que con una más profesional. Con otra puedes hacer fotos a las 7 de la noche y te van a quedar muy bonitas.

¿Cuánto es el fotógrafo y cuánto cámara?

-50/50.

-¿Cuál ha sido el momento más difícil de esta cobertura?

-Cuando pisaron al chamo en Altamira. Ese día, yo hablaba con colegas y desde temprano sentíamos una cosa rara. En la autopista fue súper fuerte. Nos pegaban piedras y cosa. En Altamira estábamos tomando agua y sentíamos una vibra rara. Y cuando empieza la represión otra vez en Altamira, nos hacen retroceder. La GN nos dice: ‘No bajen ni suban. Se quedan allí’. Y nosotros sin poder movernos. Todos los trabajadores de prensa nos quedamos allí, y subieron las tanquetas. Empieza el enfrentamiento fuerte, la tanqueta choca en ese momento, los chamos se le van encima, le quitan una de las puertas a la tanqueta. Cuando le quitaron la puerta, el chofer se molestó demasiado y comenzó a moverla como si fuera un carrito chocón. En ese momento, un manifestante le da una patada a un guardia, lo tira al piso, el que queda en la moto dispara la bomba que tenía y se queda sin nada, sale corriendo. Los manifestantes se van encima de la moto y viene la tanqueta con todo. Yo estaba en la acera, me acerco, hay un coñazo de GNB, regreso y es cuando la tanqueta arranca y pisa al chamo. Tenía un angular y estaba muy lejos. En ese momento recuerdo que me puse loquísimo. Cuando la tanqueta le pasa por encima, ella avanza y todo el mundo quedó como: CDLM. Yo corrí, intenté hacerle la foto al chamo. Tengo la foto de cuando lo montaron en la moto. Pasan dos minutos, lo montan en la moto y veo a un manifestante corriendo con la escopeta en la mano. Le tomo la foto y me pongo en el piso a pensar en todo lo que había visto. Alguien pasa corriendo y es el chamo quemado. El chamo tenía todo quemado. Lo sientan en el piso y cuando reacciona pega un grito de dolor increíble. Increíble ese grito. Ese ha sido el día más rudo.

-¿No te da miedo, Rayner?

-Sí. Sí.

-¿Y cómo es que el miedo no te ha llevado a renunciar?

-No sé. Yo comparto con un amigo que el miedo es el límite que tenemos nosotros. Cuando sentimos miedo no corremos pero tratamos de estar lo más cubierto posibles, tratar de hacer la foto con el mayor cuidado posible. A veces nos tenemos que arriesgar para hacer una foto y hay compañeros que lo han pagado.

-¿Cuánto es lo más que has arriesgado tú por una foto?

-No sé. He estado casi al lado de los manifestantes en la autopista: allí hay bombas, piedras, perdigones. La otra vez un muchacho prendió un cohetón y tenía una botella con gasolina y no se dio cuenta de que la mecha se estaba consumiendo. Le tomé una foto y salí corriendo. Vino un chamo, le dio un empujón, se le cayó y pufff, explotó.

-¿Y una foto vale la vida?

-No. Y siempre nos lo repetimos. En la casa, entre colegas, siempre. Una foto no vale una vida. Un detalle de un día de cobertura no vale una vida.

-¿Tras tantos días de protesta es posible hacer una foto original?

-Sí. De hecho creo que vivimos pensando qué podemos publicar ahora. Qué buscamos, cuáles detalles. En estos días había un chamo con un casco de la Guardia devolviendo bombas con un palo de golf. Hemos visto niños. Eso lo he hablado con algunos compañeros: puede ser la misma foto del guardia disparando, pero quizás el guardia tiene algo diferente. Puede ser repetitiva, pero no podemos quedarnos en no hacerla por eso, porque puede pasar lo de Neomar: que nadie tiene la foto. Todos pensamos lo mismo: ‘Este chamo va a lanzar algo’, nadie tomó la foto y le pasó algo al chamo.

-¿Has llorado?

-Ese día en Altamira de la tanqueta, que me recosté de las piernas a pensar 10 segundos, boté dos lágrimas y seguí.

-¿Hay alguna foto que te haya afectado especialmente?

-La del chamo quemado gritando de dolor me afecta bastante. La de la tanqueta: tengo mucha incomodidad con esa foto. En las que hay llanto. Esas cosas pegan bastante: la expresión de dolor de la persona herida.

-¿Se te ha escapado alguna foto?

-Mira, el día que mataron a Neomar estuve a punto de tomarle una foto. Él siempre llevaba la misma vestimenta. Recuerdo un día en Altamira Sur que la Guardia estaba bastante agresiva. Desde el parlante de la tanqueta les gritaban a los chamos que eran unas mariquitas, que se acercaran, que les iban a partir las patas. Les gritaban eso, y recuerdo que Neomar bajaba y les gritaba cosas en contra. Y el Guardia decía: ‘Vamos por el carajito de los pantalocitos para enseñarlo a ser hombre y que se ponga los pantalones bien puestos’. El día que lo mataron, temprano, yo lo vi, e iba a levantar la cámara para hacerle una foto: estaba lanzando una molotov y él iba, flaquito, caminando solo, sesenta metros más adelante que el resto de los manifestantes, y  me quedé viéndolo con su chalequito. Y no sé por qué no le hice la foto. Hay veces que me pasa eso: se me va la foto.

-¿Cuál es tu mejor foto?

-Todavía no le he hecho. Eso nos pasa. Y por eso andamos con la insistencia de vamos a ir y seguir. Hay fotos buenas. No sé. Tengo que buscarla. Lo que pasa es que cuando salgo hago entre 800 y 1200.

-¿Cuál es la foto que te hubiera gustado hacer?

-Hay una de Miguel Gutiérrez en la que se ve la tanqueta, los Guardias detrás y de fondo los manifestantes detrás. Esa foto es muy buena y engloba mucho lo que está pasando.

FOTO: @enphoque

Leo Álvarez: “El silencio no es opción”

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

Como si el título pudiera borrarse, lo aprendido olvidarse y los años de ejercicio desaparecer, Leo Álvarez arranca la entrevista (y así lo registra la grabadora) con una frase de antología: “Fui abogado. Y asqueado y convencido de que uno no puede caminar en un palo de agua sin mojarse, renuncié al derecho”. Con esa abjuración pública, con ese abandono en pretérito, este hombre libre (libérrimo, más bien), informal, buena nota y de espíritu joven como una melodía de Aditus, comienza a explicar cómo y por qué está ahorita en el primer frente de las manifestaciones documentando las protestas. Sin embargo, su historia con la fotografía empieza mucho (muchísimo) más atrás: “Siempre hice fotos. Desde chamo me gustaba el cuento de la imagen. Pero nunca pensé que fuera a ser fotógrafo. Mi mamá me lo decía. Y yo que no. Y en algún momento en 1999 acompañé a mi ex esposa a hacer un curso con Roberto Mata y ahí me quedé pegado. Realmente pegado”. Y lo que lo atrapó, en principio, fue el documentalismo: a él, que le fascinaba recorrer Venezuela, que no podía ver un pueblo o un caserío porque ya se metía de cabeza allí, la fotografía le dio lo que tanto buscaba: “Fue la excusa para profundizar en esa historia y el complemento ideal de lo que era mi pasión. Me hizo reencontrarme con mi país”.

Un país que también vivía tiempos revolucionarios y convulsos, a los que Leo no fue ajeno. Con orgullo cuenta que desde la primera de las manifestaciones (“Con mis hijos no te metas”, año 2001) estuvo en la calle documentando la protesta cámara en mano. Sin credencial, chaleco ni máscara, pero sí con una línea estética clara: la violencia sugerida; una que no se ve pero que sí se siente en las fotos, que son en blanco y negro, y con borde. Es un trabajo personal, que va construyendo manifestación a manifestación, y gracias al cual no sólo llega a exponer hasta en Francia, sino que consigue un puesto con la agencia AP (“yo lo hacía por arte, y me ofrecieron hacerlo por dinero y me pareció una buena opción”). Pasan los años, y el conflicto sigue y escala hasta este 2017, cuando regresando de una manifestación (“la primera gran marcha de abril”) Leo cae en cuenta de una cosa: ya no hay, no quedan, medios que transmitan lo que pasa. En su cabeza una idea: luchar contra ello. Entonces, decide aprovechar el potencial de las redes y usar las suyas (una cuenta de IG y otra de twitter) como una ventana para mostrar lo que él recoge en las calles: “No se trata de buscar seguidores, o que digan qué buen fotógrafo eres, sino de mostrar lo que los medios tradicionales deberían mostrar y no han mostrado”, explica. Y es que aunque haya dejado el derecho y reniegue de él, Leo Alvarez, en el fondo, no ha perdido las ganas de hacer justicia.

Aquí nuestra conversación

Leo, un fotoperiodista es alguien que… persigue la imagen de la noticia.

-En el fotoperiodismo, a la hora de realizar una foto, ¿qué debe primar? ¿la calidad estética de la imagen o la información que contiene?

-El fotoperiodismo para mí es la información netamente. Ahí está el caso de la imagen del ruso con la pistola: es una imagen impactante, digna de un premio periodístico, pero no fotográfico. Vale oro y contiene una información valiosísima, pero eso no hace que sea una foto buena como tal. Barthes decía que la fotografía tenía que tener por lo menos uno de cuatro elementos, y uno era la proeza: algo que por el hecho que está representando amerite ser retratado, lo que no hace que sea una gran imagen. Ahora, si la información la puedes mezclar con estética, mejor. En mi caso, yo no puedo desligar la estética del ojo. A mí muchas veces la belleza de un momento, su sensación, el ‘comeflorismo’ y el arte me atrapan, y entonces me pierdo de unas imágenes que están contando algo. Allí pienso más como fotógrafo. Si pensara más como periodista, ya no me importaría la estética sino la noticia.  A veces uno funciona de una manera o de otra.

-¿Qué opinas de la manipulación digital de las imágenes? ¿Eso tiene cabida en el fotoperiodismo?

-En la fotografía documental no tiene cabida. Ahora, en el fotoperiodismo trabajas con una máscara anti gas, en unas condiciones en las que ya no sabes cuál es el cuadro y toca luego reencuadrar. Reencuaderne en prensa es legal. Si hay que resaltar algo, vale. Ahora, agregar o quitar cosas, eso no es ético.

-¿Debe un fotógrafo herir la sensibilidad del espectador para que tome conciencia de la gravedad de una situación o hay otras maneras de hacerlo?

-Hay dos tendencias. Ahí está Sebastián Salgado, que levantó una gran polémica en el libro de Susan Sontag. Decían que Salgado se ocupaba del aspecto estético de sus imágenes y que la estetización de la tragedia solo podía resultar en la pasividad de quien lo mira, porque terminamos volviendo héroes a estas personas que están sufriendo conflictos horribles y no estás haciendo nada para cambiarlo. Él dice que lo que quiere es denunciar y que la gente vea cosas de las que no se enteraría. La otra tendencia es el amarillismo, ¿cuando ves la sangre, eso hace que cambies? Ver mucha violencia te desensibiliza también. ¿Debo herir? Depende del discurso de cada uno. En fotografía funciona la honestidad. Yo me voy más por el cuento de la metáfora.

-¿Existe el fotoperiodismo ciudadano, Leo?

-Sí. Y esto te lo dice un profesor de fotografía [desde 2003 Leo da clases en Roberto Mata]: a diferencia de la música, que necesita un oído, o de la pintura, que necesita trazo, la fotografía se aprende y lo único que se necesita es tener honestidad, ganas de trabajar, y caminar en una dirección: crear un cuerpo de trabajo consistente temáticamente. Se aprende. No necesitas estudiar fotografía para ser fotógrafo. A nosotros en la escuela diariamente nos sorprenden fotos de chamos que tú las ves y dices: ‘¿De dónde salió esto?’. La educación visual es natural desde los 60’s para acá: estás bombardeado por imágenes, sabes con qué comulgas y con qué no. Y con honestidad y un ojo educado, si te pones a trabajar, llegas. En Venezuela hay una cultura visual de un nivel tan amplio y gente aficionada a la imagen de un nivel tan alto, que yo no diferencio entre un fotógrafo profesional y uno que no. Conozco a muchos que se consideran amateur y tienen una calidad mayor. Al final, la diferencia entre un profesional y un amateur es que ser profesional significa: me prostituyo, cobro por hacer incluso lo que no me gusta. Estoy dispuesto a hacer lo que no me gusta si me pagan. El amateur no.

-A ver, esto es un titular fantástico: ‘ser profesional significa que me prostituyo…’

-Jajajaja. No. No. No. Ahora sí es verdad que me van a odiar todos. Evidentemente no es literal. Lo que quiero decir es que en Venezuela hay una cultura visual de un nivel tan amplio, y gente aficionada a la imagen de un nivel tan alto, que yo no diferencio entre un profesional y uno que no. Conozco muchísimos que se consideran amateurs y tienen una calidad mayor que la de los que nos consideramos profesionales. Al final, el término profesional significa: yo cobro. El amateur no.

-Pero puedes cobrar y hacer lo que te gusta…

-Sí. Claro. Pero el porcentaje es bajo. Tienes hijos que atender, tienes que llevar comida a la casa, pagar el colegio, el deporte, las vacaciones. Resulta que terminas haciendo cosas que no son las que más te gustan, pero que igual son bonitas. Ahora, hay gente que hace cosas que odian. Yo puedo hacer sociales y me divierto. pero conozco algunos que dicen que eso es un asco. ‘Vete a trabajar de abogado para que veas lo que es un asco’, les digo.

-Aprovechando que eres profesor, ¿cuánto es la cámara y cuánto el fotógrafo, Leo?

-Mira, puedes tener una cámara arrechísima y hacer una mierda de foto. El fotógrafo de verdad hace fotos buenas con celulares o con cámaras. Hay gente que con teléfonos hace fotos fantásticas. Lo que vas a tener es que adaptarte a lo que tienes. Si tienes una cámara que no tiene télex no puedes hacer imágenes de futbol. Igual en las protestas. Cubre lo que tienes que cubrir de acuerdo con lo que tu equipo te permita.

-¿Con qué equipo trabajas ahorita?

-Yo trabajo con Canon. Eso es básicamente lo mío.  Mi equipo de película es una cámara 1 N usada que compré en USA.

-¿Has perdido algún equipo?

-La ballena me ha dañado ya dos cuerpos; y un perdigón, un lente. No conozco a un fotógrafo que no haya perdido una cámara o algo así. Menos mal que en mi caso uno era un equipo bastante viejo. Ahora estoy llevando es un solo cuerpo: si me asaltan, se llevarán un cuerpo y no dos.

-Tomando en cuenta que llevas más de diez años cubriendo manifestaciones, ¿en qué se diferencian estas de otras?

-Sin querer hacer diferenciaciones elitescas, hasta 2014 eran marchas del este. Entre abril y junio ha habido una gran evolución. Yo diría que ocurrió en mayo. En abril, al frente, había puros estudiantes caraqueños: ahora hay gente del barrio, del interior, gente humilde que está peleando en primera fila y en mayor proporción que los estudiantes en 2007 o en 2014. Ahora no hay miedo. Antes la dinámica consistía en participar y escuchar a los políticos. Caía una lacrimógena y se acababa. Ahora no. Ahora caen las bombas y es cuando comienza el guaguancó. Es decir: aquí nos quedamos resteado. Ese nivel de ‘resteo’ tiene que ver con una cosa que antes no existía: la convicción. Una convicción inquebrantable. Esa pregunta me hace pensar que antes era manifestar un descontento, pero ahora es intentar lograr un cambio y jugárselo todo. Y ves a los chamos heridos por perdigones y se los llevan atrás y dos minutos después vuelven adelante. Esto es más cercano a un 27 de febrero que a un 2003-2004. Yo te diría que lo que uno ve hoy por hoy solo lo vi el 11 de abril. Esto es otra cosa.

-¿Y en cuanto a la cobertura?

-A nivel de cobertura antiguamente había un cierto respeto por las formas del fotoperiodismo que ya se perdió. Aquí estás a tu riesgo, sabiendo a lo que te estás exponiendo, sabiendo que probablemente no vaya a haber respeto. Todos tenemos heridas de perdigones, bombazos, rotos en la piel. Parece que el mensaje es: ‘no tomes fotos de lo que no debas’.

-¿Cuál ha sido el momento más difícil?

-Te diría, y va a sonar cliché, la muerte de Neomar. Un chamo que yo retraté en la autopista con una flor. Me pareció un carajito lindo espiritualmente. Haberme enterado de que era ese chamo el que mataron, eso me quebró. Y todavía me afecta. Todavía no te sé decir por qué: si es porque veo a mis hijos en él o qué.

-¿Has tenido miedo?

-Fíjate: yo siento mucho más miedo de noche parado en un semáforo, o caminando, que cuando estoy cubriendo una marcha. En esa situación, las posibilidades de que te pase algo, así estés cubriendo el frente, son una millonésima parte inferior. Yo ando con casco y un chaleco antibalas. ¿Da miedo que te fracturen un brazo? Sí. Pero eso no es miedo. Temor al dolor, en todo caso. Miedo me da cuando estoy sin el chaleco antibalas.

-¿Y una foto vale la vida?

-“Ninguna foto vale la vida”. Ese es el slogan que usamos en la escuela. Yo le meto siempre una coletilla: “pero el silencio visual tampoco es una opción”. Yo creo que ahí, entre una y otra, encuentras la respuesta de hasta dónde arriesgas. ¿Hay que asumir un riesgo? Sí. Por supuesto. Pero dentro de la mayor seguridad que el medio te permita.

-¿Y cómo haces para minimizar el riesgo?

-Uno está como entrenado para hacer estas cosas. Tú estás viendo una cantidad de códigos y sabes dónde estás parado. Oyes los tiros y vas hacia los tiros. Estás entrenado al revés de la gente. Corres en contra de donde la gente va. Pero no corres desnudo, con las manos arriba y exponiéndote. Vas corriendo con un sentido de protección, de acuerdo adonde el oído escucha que viene el disparo, si tienes identificado de donde sale el peligro. No es tampoco una cosa tan loca. Sabes cuándo tienes que irte, en qué momento te mueves y cuándo no.

-¿Tras tantos días de protesta es posible hacer una foto original?

-Se puede, sí, pero cada vez menos. Para mi trabajo personal voy pescando. Pero no puedo dejar de hacer la foto de una protesta, porque la protesta ocurrió. ¿Es una foto parecida? Sí. ¿Es novedosa? No. Pero lleva la leyenda de lo que ocurre, la honestidad de tu nombre. Esto está ocurriendo en Caracas hoy, en este momento. Si logras tener una foto hermosísima, bien. Yo tengo algunas porque siento que me gustan como fotos, pero no guardan relación con lo que intento que se vea en la ventana. Estoy volcado a que se vea lo que siento que es importante que se vea.

-¿Cuáles fotos tuyas seleccionarías?

-Son muchas. Una que me gusta mucho es la de la señora en la tanqueta con los brazos abiertos. Es hecha con un télex, fotográficamente probablemente no tenga un valor más allá de la metáfora que implica una señora mayor desarmada impidiendo que una tanqueta reprima a la gente. Me gusta mucho porque es una metáfora que representa Venezuela: un país sin armas que está dispuesto a oponerse de frente a un régimen que está armado y que tiene unas intenciones completamente distintas a las del resto del país y lo ves resumido en esa imagen. Es una imagen que probablemente no me guste como foto pero como mensaje me parece la más bonita.

-¿Y cuál es tu mejor foto?

-Es que con esto pasa como con los hijos: no hay uno que te guste más que otro. Hoy, que Neomar se murió ayer, te digo que la de él. No me lo puedo sacar de la cabeza. Me cuesta porque veo a mis hijos en él y es muy arrecho. Me dices la semana pasada y probablemente te digo otra. Hay una que me encanta, de un chamo en Altamira que va como flotando llevando una bomba, y él está como volando, como en un mundo, guao. Ese tipo de cosas me gusta: cuando siento que son unos guerreros que están luchando. Fotográficamente, en frio, te tendría que decir que cuando salen los dos bandos, son fotos que tienen un gran valor: la fuerza de represión por un lado y los manifestantes por otro, con una bandera que identifica que eso está pasando en el país, eso tiene valor. Igual me conmueve más la de María José frente a la tanqueta.

-¿Cuál es la foto que te hubiera gustado hacer?

-Quizás por ser documentalista, yo no veo la fotografía como algo aislado. No hay una foto suelta que yo pueda ubicar. Hay trabajos. Yo me quito el sombrero ante el trabajo de Federico Parra. Juan Barreto. Carlos Becerra. Marco Bello. Entre muchos otros.

FOTO: Federico Parra

Rafael Hernández, la vida por una foto

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

No es necesario llegar a la hora de conversación para darse cuenta de que Rafael Hernández (@sincepto) es un tipo que está hecho de otra madera. Y no porque sea desprendido y generoso, de sangre liviana y trato fácil, o porque suelte titulares prácticamente en cada respuesta. No. O no principalmente. Es que además goza de la rareza de una vocación llevada al límite. “A mí me dicen: ‘tu mejor foto por tu vida’; y yo digo: ‘dale, hago mi mejor foto’” soltará en alguna parte de la entrevista, que luego, ante el asombro y la fascinación del entrevistador, matizará (“no es la foto per se, sino estar en la calle, documentar y visibilizar lo que le está pasando a mí país”) pero no desmentirá. Y no lo hará porque la idea es absolutamente coherente con una frase de ese escritor y poeta maldito llamado Charles Bukowsky, que a Hernández le gusta citar: “Find what you love and let it kill you” (encuentra lo que amas y deja que te mate). “Y yo lo encontré”, apostillará, triunfador él.

Y sí, ciertamente lo encontró, pero ni tan fácil ni tan rápido. Ateniéndonos a su relato, la suya es la historia de un llamado claro que llegó con interferencia. “Todos corrían para huir y yo para acercarme”, recordará de sus primeros años. Pero no será hasta que sus padres, en algún momento que a falta de precisión hay que ubicar entre 2004 y 2006, le regalen una cámara (“una Sony de principiante”), que a él le caiga la locha. “Fui a una marcha al CNE con mi cámara, y allí me di cuenta de que el aporte más importante que podía realizar era documentar”. Y aun así, todavía se hará de oídos sordos otro rato: tras graduarse de Comunicador Social en la USM, trabajará algunos años como publicista. Tendrá que morirse Chávez y el país remecerse para que se dé cuenta (¡por fin!) “de que lo que quería era estar recogiendo y no viendo las noticias” y tome la decisión kamikaze de abandonar ese mundo de sloganes y reuniones para empezar de cero en la calle.

Y aunque escriba (que sí lo hace, y muchas veces con polémica incluida) y en algún momento haga la finta de decir que no puede vivir tampoco sin el texto (“siento que falta algo si está la una y no la otra”), sólo hay que oírlo hablar de la fotografía, escucharlo describir de memoria las mejores que ha tomado (“en mi vida sólo he hecho tres fotos buenas”) o que en el aire involuntariamente haga el gesto de disparar la cámara, para saber que Rafael Hernández es, básicamente, un fotógrafo de raza. He aquí el diálogo con él:

-Completa la frase: Un fotoperiodista es alguien que…

-…está en el momento correcto.

-¿Y cómo se hace para estarlo?

-Depende de la suerte, del instinto y del olfato. Muchas veces depende netamente es de la suerte y allí lo que tú aportas es lo bien preparado que estés para aprovechar ese momento: porque tienes un criterio, una idea de lo que se puede hacer, sabes operar tu equipo, tienes talento, y logras aprovechar el momento. Otras veces depende del olfato: a veces un gusanito te dice ‘métete por allí’,  sigues ese instinto y resulta que por ahí sucede algo.

-¿Con qué cámara trabajas?

-Canon 7D. Es una cámara profesional de gama media pero es súper cómoda. Yo siento que en fotoperiodismo la cámara no te hace. Yo sé que suena a cliché, pero los cliché son cliché porque son verdad. En el presente no tengo una cámara propia porque me han dañado dos en lo que va de protesta, pero con el celular he hecho fotos que yo siento que quiero mostrar, aunque con mi cámara hubiesen quedado más arrechas. Tú ves chamos con cámara amateurs, que no valen nada, y hacen trabajos impecables y tienen una búsqueda inquietante y curiosa. Creo que una de las cualidades es ser muy curioso y no conformarse con lo que se ve, sino ir más allá para encontrar el detalle o ese punto que no está a simple viste: tienes una escena, busca la manera de verla de una forma más creativa.

-¿Hay algún lente que te guste especialmente?

-Para mí sería el 35 mm o el 2.0. Creo que se acerca mucho a lo que el ojo humano ve, y tiene esa versatilidad de poder destacar bien los elementos y te permite agarrar un poco más la escena.

-¿Cómo es una buena foto para ti?

-Una buena foto debe hablar por sí misma. Nunca puedes prescindir de la fotoleyenda, pero la foto debe ser lo suficientemente poderosa como para trascender en el tiempo, y para eso tiene que estar bien compuesta, en el lugar correcto, y tener una carga de información importante y relevante. No puede ser una foto que no hable de nada, sino que los elementos se conjuguen para crear una historia. Una foto que no me cuente una historia no es una foto que valga la pena ver.

-¿Cómo es la relación entre calidad estética e información en el fotoperiodismo?

-Yo creo que debe haber un balance importante. Hay fotógrafos que hacen fotos preciosas, que son artísticamente muy bellas, pero la carga informativa y la historia pierden predominancia dentro de esa foto y esa foto se debilita en el tiempo. Puede ser un boom en el momento porque es muy bonita pero realmente más adelante se vuelve del montón. En cambio, cuando tiene esa carga de información, cuando sabe contar esa historia, esa foto siempre va a vivir.

-¿Puedes ponerlo en porcentaje?

-50/50.

-¿Tiene cabida el photoshop en el fotoperiodismo?

-No tiene cabida. A la imagen le puedes calibrar ciertos valores para destacar. Pero eso tiene que ser muy sutil, muy bien pensado. Hay medios que tienen a grandes fotógrafos y usan el foto montaje: eso me parece una falta de respeto con el espectador, con el fotógrafo y con el medio. Nada de photoshop.

-¿Existe el fotoperiodismo ciudadano?

-Yo creo que no existe. Para ser fotoperiodista tienes que tener cierta preparación, cierto talento y cierta responsabilidad. Existe el info-ciudadano que registra momentos importantes, los documenta, los difunde y tiene una importancia gigantesca, ya que sin ellos estaríamos más débiles de lo que estamos. Pero yo no los meto en el fotoperiodismo. Hay aspectos que no se cuidan allí: hay un aspecto editorial y uno estético que son importantes.

-¿Cómo ha sido la cobertura de estas protestas?

-Han sido días más violentos. En 2014 perdí una cámara y ya. Ahora he perdido dos. Y los daños físicos han sido mayores: ahora van contra ti, te disparan; llegas a tu casa, te quitas los pantalones y te encuentras con cinco morados de bombas que te han pegado y que por el calor del momento ni te enteras. Es mucho más salvaje. Las fuerzas de seguridad se declaran como tus enemigos. Y los manifestantes están más aguerridos y paranoicos a la hora de un infiltrado.

-¿El momento más difícil de esta cobertura?

-Fue en El Paraíso, uno de los primeros días. Llegaron los colectivos y los tuvimos muy cerca, armados hasta los dientes, con las armas afueras, pendientes de quebrarse a alguien. Mi asistente y yo logramos alejarnos un poco y vimos cómo a un fotoperiodista extranjero lo agarraron y le cayeron a golpes. Lo socorrimos después. Pero ese momento fue muy cagante. Tenerlos cerca, arrechos y con las armas afuera.

-¿Has llegado a sentir que tu vida ha estado en peligro?

-Tooodos los días. Pero se te olvida cuando se te dispara la adrenalina

-Y sin embargo sigues…

-Claro.

-¿Por qué?

-A mí me gusta citar una frase de Bukowsky: ‘Find what you love and let it kill you’. Y yo lo encontré. A mí me da mucho miedo, sé que mi vida, mis equipos y mi integridad están en peligro. Pero si estás cumpliendo el propósito de tu vida no puedes dejar de hacerlo.

-¿Una buena foto vale una vida?

-Sin dudarlo. Ni lo pienso. Claro. A mí me dicen: ‘tu mejor foto por tu vida’. Y yo digo: ‘dale, hago mi mejor foto’. Todos los días lo pienso: ‘hoy me puede costar la vida pero ojalá haga la mejor foto’.

-Pero ya va, tienes 32 años, ¿de verdad no te importaría morir por una foto?

-No me hubiese importado morir a los 20 por una foto. Porque tú encuentras tu propósito en la vida y sabes que lo vas a cumplir hasta cierto punto, de ahí pa’lante es un regalo. Capaz ya lo cumplí. No sé. No lo creo. Pero capaz me toca hacer una foto relevante en el tiempo, inmortal, y bueno, ya, no importa: si vale mi vida yo la pago. Es lo de Bukowsky. Es una realidad. Cuando consigues el propósito te puedes morir en el proceso, y bueno, qué cagada morirte, pero nada: cumpliste tu propósito.

-¿Y no hay otro propósito mayor que una foto?

-Es que no es la foto per se. Es estar en la calle, documentar y visibilizar lo que le está pasando a mí país para que tenga la oportunidad de cambiar. Yo poder aportar, poner mi granito de arena. El mecanismo de ese propósito en este momento es la foto. Pero mañana puede ser una crónica o un twitt o cualquier cosa, pero ojalá sea la foto porque creo que es lo que más hago y lo que más me gusta.

-Ok. Pero a ver: la tomas, te matan y ni siquiera la viste publicada…¿entonces?

-¡Pero el primero que la vi fui yo! La vi aquí [se señala los ojos]. Y eso te queda. Mira: yo he hecho 3 fotos buenas en mi vida y me acuerdo del momento en el que las hice y las puedo recrear con los ojos cerrados elemento por elemento, sombra por sombra, rayito de luz por rayito de luz.

-Entonces, dale, a ver…

-La primera: en la Avenida Fuerzas Armadas. Estaban robando al equipo de prensa de Vivo Play. Los colectivos los tenían amenazados contra el suelo y la policía les pasó por al lado. Tuve la suerte de ser el único fotoperiodista que estaba allí. Había otros, pero esa escena sólo la vi yo y la retraté. En esa foto está el gesto de pánico de la reportera, la cara del camarógrafo sin entender lo que pasaba, el odio en la cara de los colectivos, la indiferencia en la pose de la policía. Todo, absolutamente todo. No tenía el lente que tenía que tener en ese momento, pero la foto me hace sentir muy orgulloso, y nos ganamos el Premio Nacional de Periodismo de Colombia.

La segunda: En el 2014, una foto en la que se ve a la policía y a la resistencia enfrentándose en la UCV. Es una foto con una estética arrechísima, en la que se plasma ese contraste de una manera que yo nunca había logrado. Cada expresión en el rostro te cuenta una historia de la persona que está allí. Todos los elementos están pintados.

La tercera: Un amor platónico que bailaba tango. Le hice un retrato que yo siento que exuda tango. Es una foto súper misteriosa, súper tango. Ella es hermosa y se ve hermosa.

-Tras tantos días de protesta, ¿cómo hacer una foto original?

-Ese es el gran reto que nos tiene a todos muy preocupados. Buscar la originalidad, el elemento diferenciador mucho más que antes. Hay que tener los ojos muy abiertos y respirar profundo.

-¿Cuál es tu mejor foto de esta cobertura?

-No la he hecho todavía. No he hecho una foto de la que me sienta orgulloso en estos días. Estoy esperando que se me presente. La estoy buscando todos los días. Estoy preparado cuando me llegue. Pero no me ha llegado.

-¿Vas a saber cuándo te llegue?

-Sí. Es una cuestión del momento. Esto era lo que esperaba. Y clap. La lanzas. Pero tienes que estar preparado, moverte, correr, respirar profundo, estar con los ojos abiertos y tener la cámara lista.

-¿Y después de esa foto qué?

-Después de eso mis compañeros me van a recordar que soy una mierda. Entonces ellos van a hacer una mejor que me mueva a mí a querer superarme.

-¿La foto que te hubiera gustado hacer?

-La foto más arrecha es la que se ve la GNB, los escudos y atrás el gentío. Esa era la foto: la resistencia protegiendo a una Venezuela que está siendo oprimida por la Guardia. Esa es una foto perfecta. Yo hubiese dado la vida por ella. Allí está el criterio periodístico al 100%. Miguel Gutiérrez hizo la foto que para mí define estos días, y es una foto limpia, sin mayor ingenio y es la más arrecha. Esa es la foto que van a ver mis hijos en los libros de historia. De eso estoy seguro.

FOTOGRAFOSWEB

OJO con los fotógrafos

Parece de Perogrullo, pero no está de más detenerse en ello: detrás de cada una de esas fantásticas fotografías que durante estos cien días han copado medios y redes hay un hombre que la toma. Siendo más exactos: un hombre que arriesga su integridad física y a veces incluso su vida para tomarla. No se trata de canonizarlos ni de aumentar sus méritos y virtudes, pero en tiempos en los que incluso los periodistas (con sus honrosísimas excepciones, por supuesto) decidieron ver para otro lado, han sido ellos los que han evitado que el ‘blackout’ y el silencio sean totales, y gracias a quienes (casi) todo se ha visto. Las armas de fuego detonadas en las manifestaciones, las escopetas de lacrimógenas siendo accionadas de frente, la brutalidad en la represión, lo desmedido de ésta, las escandalosas violaciones de los Derechos Humanos, todo ello ha sido captado por sus lentes. También el coraje de la mujer de la tanqueta, la nobleza del joven desnudo, las lágrimas del violinista que no quiso ser como Dudamel, el ingenio de los escuderos, la valentía de los paramédicos, el arrojo de los manifestantes han quedado inmortalizados por su trabajo. Gracias a ellos hemos podido ver lo mejor y lo peor de Venezuela. Han sido y se han convertido en los ojos de un país. Por ello, les hemos puesto el nuestro encima. Durante varias semanas nos lanzamos a la ardua tarea de robarles algunas horas de sus apretadísimas (y complicaría unas) agendas para conversar con ellos. El resultado ha sido un ciclo de entrevistas que empezaremos a publicar con frecuencia diaria. Es la forma que encontramos para reconocer (y dar a conocer más, si se puede) a unos profesionales excepcionales que están dejando la vida en la calle por informar a Venezuela. A partir de mañana, ya lo saben: #OjoConLosFotógrafos.

EXCLUSIVAWEB

Pedro Yammine: “Pude sentir y oír como cada uno de los huesos de mis costillas se partía”

Por: Antonieta Abreu | @AntoAbreuh

I

Pedro Yammine, el joven pisado dos veces por una tanqueta de 9 toneladas, salió de su casa el 03 de mayo y le dijo a su novia: “Tranquila que no me va a pasar nada, yo me voy a cuidar”. Dejó a su madre molesta: antes de irse, ella le había preguntado qué necesidad tenía él de salir. “No me puedo quedar aquí en la casa sintiendo que no estoy haciendo nada, la impotencia que siento es muy grande”, fue su respuesta. En ese momento, ya  estaban empezando reprimir en la autopista.

Unos shorts del Caracas FC, una camisa de lenguaje de mudos y otra adicional para cubrirse la cara era la ropa que llevaba.

Bombas lacrimógenas iban y venían en plena Francisco Fajardo: cuatro tanquetas, dos ballenas, una cantidad importante de motorizados y la infantería era lo que tenía la Guardia Nacional. “Vamos muchachos: sí pueden. Vamos. Estamos preparados”. Ese mensaje, lleno de ironía y de sarcasmo, se transmitía por la salida del  parlante de la tanqueta que manejaba un grupo de la GNB. Esto hacia que la rabia y la euforia que él y sus compañeros tenían por dentro se intensificaran.

Los comenzaron a rodear por la parte de arriba de los distribuidores lanzando bombas, pero esta vez no para dispersar a los grupos de choque, sino para pegarles directamente. Cuando notaron que ya estaban muy acorralados, comenzaron a dar unos cuantos pasos para atrás. Los de infantería ya se encontraban muy cerca de los escuderos. En ese momento, los GNB comenzaron a disparar perdigones y lacrimógenas. Sin parar, Pedro corría y se cubría de las bombas hacia un lado y otro para no ahogarse. Entonces, la represión llegó a su punto de ebullición: comenzaron a lanzar todas sus municiones al mismo tiempo, método que suelen usar la PNB y la GNB cuando quieren ganar terreno.

Todo se convirtió en un ciclo repetitivo: los comenzaron a acorralar por La Carlota y tuvieron que saltar hacia el Liceo Gustavo Herrera, donde les disparaban a quemarropa. A la altura del Burger King de Bello Campo, Pedro  pudo reducir su ritmo y caminar a paso normal junto a sus compañeros hasta que volvieron a caer a la Torre Británica de Altamira. Allí, comenzó la represión nuevamente y los Guardias salieron armados con sus motos. Esta vez, los estudiantes no tuvieron miedo y se pusieron de pie frente a ellos; la GNB respondió con una humareda de bombas y perdigones.

II

“Qué tipo tan cobarde, ¿él no sabe cuánto cuesta una moto de esas?”, es lo que piensa Pedro cuando ve que un GNB sale corriendo y deja tirada su moto. Junto a un grupo de choque de 20 personas aproximadamente se había acercado para hacer presión frente a los Guardias detrás de las barricadas. Un aire fugaz y un sonido de soplete es lo que siente y oye Pedro por el lado derecho de su cara. Al voltearse se da cuenta de que uno de los Guardias le había disparado directamente una lacrimógena, pero había fallado el tiro. Pedro se sorprende, pero cuando se voltea, ve que el Guardia no tiene tiempo de recargar el arma  para volverle a disparar y opta por la salida más cobarde: correr.

“¡Dios mío! ¿Qué está pasando aquí?”, es lo que piensa cuando ve ante sus ojos cómo se desarrolla una lucha campal entre estudiantes y Guardias. Es el primero, de todos los choques en los que ha estado presente, en el que ve tanta valentía entre sus semejantes frente a las fuerzas represivas, cosa que lo emociona. Cuando llega cerca de la moto, Pedro y sus compañeros corren detrás de la barricada para que la tanqueta que venía de frente no pudiera seguir derecho y chocara contra ellos. En cuestión de segundos, él se voltea y estando de espaldas la tanqueta lo sorprende y lo atropella. “Luego me entero de lo que pasó, pero para ese momento sólo recuerdo que la tanqueta ya venía encima de mí”, dice, pero el médico tratante se dio cuenta del detalle y le dijo que si no hubiese sido por la moto arrollada del otro lado, él no estaría entre nosotros.

“Pude sentir y oír como cada uno de los huesos de mis costillas se partía. Pero con tanta adrenalina en el cuerpo, el dolor no llegaba a mí todavía: algo parecido a como cuando te levantas  y te suenas la espalda en la mañana. En ese momento, mi primera reacción consciente fue que mi corazón no había explotado; es decir, que yo seguía vivo, y si sigo vivo, bien”.

Si no hubiera actuado rápido, la otra rueda le habría aplastado las piernas y lo hubiera podido dejar inválido: pero las recoge a tiempo. Se queda en forma fetal debajo de la tanqueta hasta que ésta retrocede. Entonces, rueda y se levanta con sus propias piernas y se va fuera de ahí rápidamente. Los estudiantes lo cargan, lo montan sobre la parrillera de una moto y lo llevan a una línea segura en medio de tanto alboroto. Enseguida, los paramédicos de la UCV lo ingresan dentro de una camioneta Toyota y lo trasladan para que lo atiendan. “Recuerdo que por cada hueco que pasaba esa camioneta era muy doloroso, y para distraerme y mantener mi mente activa intentaba pedir el número de teléfono de una de las enfermeras que me parecía muy linda; le lanzaba besos y todo”.

Lo trasladaron a la clínica El Ávila sin ninguna documentación en mano, ya que la cédula la tenía en su zapato derecho, el cual había perdido. Solo tenía su conciencia activa para poder decir en voz alta su nombre completo, número de seguro y cédula de identidad momentos antes de desmayarse.

“Ya yo estaba conciente de mi situación. Sabía que estaba muy grave y que tenía muchas fracturas en el cuerpo. Sentía una presión muy fuerte en los dientes, la cual persiste todavía y no me permite abrir mucho la boca”.

Luego de que le colocan los medicamentos por medio de una vía, Pedro por fin logra descansar. Sus ojos no volvieron a abrirse sino hasta 48 horas después, en terapia intensiva y con un tubo en las costillas. Él sólo quería saber la hora y el día.  “Me parecía a Darth Vader de lo mal que estaba respirando”, cuenta. Tenía mucho dolor en ese momento pero a la vez era reconfortante que lo sintiera, ya que significaba que poco a poco sus pulmones se expandían.

En la mano derecha tenía una fractura y con la izquierda escribía algunos jeroglíficos para poder hacer preguntas y responderle a los demás, ya que no podía hablar mucho. A su papá lo dejó entrar primero que a su mamá, ya  que ella es algo nerviosa y no quería que lo viera hasta que se sintiera fuerte.

III

La mañana del miércoles 10 de mayo, Pedro Yammine está acostado en una cama clínica bien equipada. Tiene dos tubos colocados en el tórax, una fractura en el brazo derecho, una vía que le van cambiando constantemente, y sus lentes bien puestos. Cada tanto, las enfermeras entran a tomarle la tensión y a llevarle la comida. La mastica poco a poco, con la mandíbula doliente. A quienes lo visitan, los recibe cálida y amablemente, agradeciendo su presencia.

-¿Has visto fotos y videos del momento? ¿Qué sientes al verlas?

-Pude ver las fotos y videos cuando ya estaba consciente, podía hablar y no me podía alterar. Pero la verdad es que no sentí algo que me marcara, ya que los ángulos de los videos no son muy buenos y no se veían muy bien.

-¿Si te encontraras de frente al Guardia que manejaba la tanqueta, qué le dirías?

-Al principio, seguramente, lo insultaría para desahogarme, pero además de eso le preguntaría el por qué, qué pasó de verdad en ese momento, por qué lo hizo, o por qué tiene que manejar eso. Seguramente también lloraría. No sé, tal vez él me daría una explicación de que está pasando por una situación muy triste en su vida, y tal vez yo trataría de entenderlo, porque sigo sin comprender cómo alguien puede defender una moto a cambio de la posible vida de un ser humano, porque él también debería ser venezolano. Le haría muchas preguntas en realidad, pero creo que nunca le disculparía la acción.

-¿Qué sientes cuando te llaman héroe?

-A mí me molesta que mucha gente me llame héroe cuando en realidad yo no he logrado cambiar nada. Se los respeto, porque, claro, puede ser su opinión, pero a mí me molesta bastante, porque si no se logra nada con esto, habré sido simplemente una persona que fue atropellada y ya. Bueno, en realidad fue así: una persona atropellada y ya. Pero fui alguien que lo vivió en  un país con un cuarto de personas que trata de controlar a la mayoría con represión.

-¿Crees que valió la pena?

-Por ahora no sé si valió la pena, pero espero que sí.

-¿Volverías a la calle?

-Sí. Y volvería a estar en ese punto de riesgo, pero con más prudencia esta vez.

-¿Qué mensaje les puedes dar a los que te están relevando en ella?

-Eso. Que sean más prudentes que yo, y que se den cuenta de que al final dejarse llevar por las emociones y la valentía termina por llenarlo a uno de impotencia. Yo tuve dos ocasiones en las que me gritaron que parara: cuando la bomba me paso por al lado y cuando el choque de la tanqueta, pero bueno, no las escuché. Yo incluso me pare enseguida e iba a seguir.

-¿Perteneces a algún partido?

-Yo la verdad es que no pertenezco a ningún partido político en específico. Lo que deseo  es que Venezuela tenga un gobierno de gabinete amplio, con gente de distintos pensamientos y trayectorias, que se tomen en cuenta a la hora de gobernar.

-Un mensaje para los venezolanos…

-Me ha gustado bastante que se haya seguido con las movilizaciones y marchas sin parar, a pesar de los muertos y heridos que habido, yo sobre todo. Y les diría que no se paren, porque lamentablemente nos siguen robando como sea, nos estafan, el CNE, el TSJ. No importa lo que ganemos legalmente o pacíficamente, tenemos que hacer valer nuestros derechos.

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Henrique Capriles: “Venezuela se encamina hacia un desenlace”

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

Con el paso del tiempo, Henrique Capriles ha ido adquiriendo en la forma de hablar un cierto aire de sabiduría sosegada que le hace a uno recordar al Padre Sergio de Tolstoi en su etapa anacoreta. Apenas le faltan la barba y el hábito, pero ya el trabajo lo tiene hecho en los gestos y en la expresión. Nunca dirá el antipático ‘yo se los dije’, pero sí levantará el índice izquierdo, mirará a su interlocutor de frente y sonreirá cuando quiera hacer énfasis en que a este extremo no habríamos llegado nunca si se hubiera permitido ese referéndum revocatorio del que él fue uno de los impulsores. Lo hará también cuando repase en voz alta lo que ha sido su trayectoria (siempre peleé por el voto, llamé a participar en cuanta elección hubo, participé en todos los procesos, y cuando acabaron con eso, entonces me vine a la calle) y se encuentre con que ha sido coherente y tiene razones para estar haciendo lo que hace. En ese momento, que puede durar si acaso tres segundos, pero que se siente como si fuera un minuto entero, es difícil sostenerle la mirada sin asentir o soltar un okey. Capriles, no quepa duda, sabe encantar y persuadir.

Ayer, de riguroso negro, iba caminando como uno más en la marcha que fue del Colegio San Ignacio hasta Las Mercedes para rendirle homenaje a la memoria de Miguel Castillo. Tenía al lado a una monja cuyo hábito blanco hacía contraste con la ropa de él, y a varias personas que le tomaban fotos. No pasaba desapercibido (imposible), pero tampoco estaba en medio de uno de esos soporíferos remolinos de gente que suelen formarse alrededor suyo en cualquier concentración. Iba discreto, como la ocasión lo ameritaba. Ello, sin embargo, no obstó para que atendiera a Revista OJO

-Gobernador, ¿por qué está usted aquí?

-Vengo a darle aliento a la gente. Y a hacerme solidario con la familia de Miguel, como me he hecho solidario con la familia de todos los venezolanos que han sido asesinados, de todos los caídos. Vengo a decirles que su muerte no va a ser en vano, que no podemos dejar que la muerte sea en vano, y que la indignación y el dolor que sentimos lo tenemos que convertir en fuerza para seguir la lucha que daba Miguel.

-¿Es inevitable que siga muriendo gente en las protestas?

-No. No es inevitable. Es que eso no tiene por qué pasar. No tiene que derramarse la sangre de ningún venezolano que pide respeto a la Constitución, a sus derechos, al futuro. Porque además no son muertes naturales ni consecuencia de que alguien se cayó de la autopista. No. Son asesinatos. Son homicidios. Y por supuesto que eso se puede evitar.

-¿Cómo?

-Si la justicia funciona, si la justicia actúa, un Guardia, a la hora de matar a una persona, se lo pensaría un poquito más. El problema es que estamos lidiando con un gobierno que actúa con total impunidad. Ayer en La Candelaria, estando prohibido el porte de armas, llegó un grupo paramilitar a una concentración y los amedrentó disparando.

-Usted habla de un gobierno que actúa con impunidad, en el que hay grupos armados, ¿no es una lucha muy desigual?

-Ellos tienen las armas. Tienen las tanquetas. Pero nosotros tenemos lo más importante: la mayoría de los venezolanos. Y esa mayoría se va a terminar imponiendo. No veo forma de que el gobierno pueda imponerse haciendo lo que está haciendo hoy. Ellos de repente pensarán que la gente va a cansarse o a asustarse, y han logrado el efecto contrario. La cantidad de gente que ha salido es impresionante. Ayer salió tanta gente como salió el primer día. Impresionante. Había siempre la pregunta: ‘¿no cree que la gente se va a cansar?’. La gente se puede cansar en lo físico, porque el cuerpo se cansa, pero no en la razón de por qué luchar.

-¿Y cuál es esa razón?

-Que nuestro país está en crisis y que esta es nuestra tierra, no tenemos otra: aquí nacimos, aquí queremos tener las oportunidades y aquí queremos morir, pero de viejos. Y siendo nuestro país, la indiferencia no es una opción y la indolencia tampoco. No somos Maduro. Y cuando a usted le cierran todas las puertas democráticas, todas, no le resuelven la crisis económica, no hay comida, se padecen carencias de todo tipo, entonces le toca a la gente luchar, como estamos haciendo. Y esa es la lucha de todos.

-En las manifestaciones lo vemos sin máscara, sin chaleco, sin siquiera un casco, ¿por qué?

-Porque me corresponde luchar como cualquier otro venezolano. Nunca he creído que el poder es un privilegio, siempre lo he visto como  una responsabilidad. Y a mí me toca luchar como cualquier otro.

-¿Usted no tiene miedo, gobernador?

-No es por dármelas de valiente, pero miedo a qué.

-A que lo metan preso, por ejemplo. Usted no tiene inmunidad parlamentaria…

-No. Yo ya estuve preso. Miedo me dan otras cosas. Miedo me da que este país se siga destruyendo, que la gente siga comiendo en la basura, que se siga agravando la crisis. Si a algo le debemos tener miedo los venezolanos es a que el país estalle, y todo lo que estamos haciendo es para evitar eso. Bastante lo advertimos el año pasado: las consecuencias que tendría quitarle a la gente su derecho a expresarse con el voto. Y aquí está. Lo estamos viendo. Todo esto se hubiera podido evitar, que siga este escenario se puede evitar.

-¿Cómo?

-Con elecciones libres y democráticas. El pueblo venezolano quiere votar: los venezolanos hemos demostrado en cada proceso electoral que votamos y creemos en el voto como mecanismo para crear los campos. El país grande sabe cómo luchamos para que el conflicto político se resolviera con el voto, y nos quitaron hasta el derecho a poder ir a elecciones.

-¿Podría ser la constituyente una vía para resolver el conflicto?

-No. Eso es un proceso fraudulento. Maduro ha convocado a sus amigos para hacer una Constitución con ellos. Y eso no lo podemos aceptar los venezolanos.  Nosotros tenemos derecho a participar y derecho a decidir. Porque así lo dice la Constitución. Esas son las reglas del juego.

-Y si el CNE convocara las elecciones regionales…

 -Ojalá. Pero no está planteado.

-Pero de ser el caso, ¿participarían?

-Por supuesto. Elecciones que estén en la Constitución: claro que vamos. Pero te repito: no está planteado.

-¿Qué es lo que está planteado entonces?

-Está planteado darle continuidad a un fraude que va a seguir agravando la crisis en el país.

-¿Estamos en un punto de inflexión? ¿De no retorno?

-Lo fue después de lo que hicieron con la Asamblea Nacional (AN). Sin duda alguna.

-¿Por qué lo de la Asamblea fue tan importante para marcar ese punto?

-Porque desconocieron la voluntad de 14 millones de venezolanos. Y si algo tenemos los venezolanos es cultura de votar. No somos como otros países: aquí sabemos votar y lo hacemos. Votamos por una AN y el gobierno la desconoció. Y no es desconocer a los diputados: es desconocernos a nosotros los venezolanos. Y eso no se puede aceptar. Demasiado hemos tolerado y aceptado. Hemos sido demasiado tolerante frente a los abusos y arbitrariedades. Demasiado. Pero bueno, el pueblo se cansó y está en la calle. No es un problema de Caracas o del este de Caracas: es de toda Venezuela.

-Dice usted que el venezolano sabe votar, ¿pero sabe pelear en la calle como otros países?

-Sí. Lo estamos demostrando. Estamos resistiendo. Pacíficamente.

-¿Y eso funciona?

-Si hacemos una investigación de todas las luchas de este tipo que han dado todos los países, veremos que la lucha exitosa es la pacífica: esa es la que genera resultado al final. Puede tardar un poco más, pero ella es la que termina dando los objetivos.

-Evidentemente usted no es adivino, ¿pero podría dar un estimado de cuánto más va a tardar?

-En la introducción diste la respuesta: no soy adivino, ni tengo una bola de cristal, ni pretendo ser Hermes ‘El Iluminado’. Pero la película la he visto completa y creo que Venezuela se encamina hacia un desenlace.

-¿Qué mensaje tiene usted que darles a los jóvenes venezolanos?

-Venezuela es principalmente para ellos. Ellos son los más interesados en que este país cambie, porque Dios mediante tienen más años de vida y están haciendo lo que tienen que hacer. Porque para una persona que tiene toda la vida por delante este no puede ser el país para vivir.

-¿Y para los que están en las manifestaciones del otro lado, quiero decir: a los Guardias y Policías Nacionales, que también son jóvenes?

-No sé. A veces me pongo a dudar de si son Guardias o Policías. Conozco a muchos y actúan completamente distinto. Creen en otras cosas. A esos muchachos no les vemos el rostro, no sabemos quiénes son. En Maracaibo usaron presos como brigada de choque, hicieron una prueba, no sabemos si la continúen haciendo en otros estados o en Caracas.

-Confirma usted entonces que esto sucedió.

-Sí. La prueba la hicieron en Maracaibo, y eso nos reitera la mente criminal que tienen algunos de los altos funcionarios de Caracas. Contra eso también estamos luchando.

-Pero qué mensaje les daría a los que sí son Guardias, son jóvenes y reprimen.

-Mira. No sé. Uno los ve actuando de esa manera y se pregunta si tienen madre, hijo, esposa, familia, porque eso no es actuación de orden público, ¡es que están cometiendo delitos! Es actuar como criminales. Y una persona que se pone un uniforme, que estudió para ser militar, estudió fue para defender el país, la patria, la soberanía, al pueblo venezolano a la constitución. Todo lo contrario de lo que están haciendo.

-Quisiera consultarle sobre otra denuncia que usted hizo recientemente, la de la detención de 85 militares. ¿Tiene alguna otra información?

-Son más los militares presos. Hay de todo, en su mayoría son tenientes, no de alto rango. Hay dos generales que fueron relevados en Carabobo o en Cojedes. Hay mucha inconformidad. A los generales los trajeron obligados para hablarles de la constituyente, para imponerles el fraude, una constituyente militar que nadie sabe de qué se trata, y eso lo que busca es la partidización de la Fuerza Armada, más todavía. Yo sé que hay mucho militar de carrera descontento. Y ojo, son más de 85 los detenidos. Los 85 que denuncio es porque los familiares me pidieron que lo hiciera.

-¿Y están en la DGCIM?

-No, ahí en Boleíta no caben todos. Están repartidos. En el DGCIM hay un grupo, hay otro en Ramo Verde, otro en Fuerte Tiuna. Están repartidos en distintas celdas de reclusión que ellos tienen en las bases militares.

-Muchas gracias, gobernador.

-A ti.

TIPSWEB

Consejos para combatir las lacrimógenas

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

Mónica Kräuter es Licenciada en Química de la USB y profesora titular de esa casa de estudios. Desde 2014 ha emprendido una cruzada para derrumbar mitos e informar a la gente sobre qué hacer para combatir el efecto de las bombas lacrimógenas. Ha publicado documentos, escrito infinidad de twitts –su cuenta @mkrauterusb es de lectura indispensable– y dado innumerables charlas al respecto. Terminada una de ellas, que ofrece en la Vigilia que los estudiantes realizaron el pasado sábado en la Plaza Bolívar de Chacao, Revista OJO tuvo la oportunidad de hablar con ella sobre cuál es la mejor manera para luchar y protegerse contra los efectos de este gas, qué se debe hacer (y qué no) cuando se está en contacto con él y cuáles son los remedios más efectivos.

-Profesora Kräuter, ¿cuál es la mejor manera de combatir el efecto del gas lacrimógeno?

-Dado que no se trata exactamente de un gas, sino de un polvillo ácido que contiene cloro y se dispersa como humo, la mejor manera de combatirlo es neutralizándolo. ¿Cómo? Tapando nuestra nariz y nuestra boca con pañitos o mascarillas que estén muy embebidas en una base, como lo puede ser una solución de bicarbonato.

-¿Cómo se prepara esta solución?

-Muy fácil: 3 cucharaditas de bicarbonato en un vaso de agua, que preferiblemente sea potable en caso de que haya que tomarlo. Eso es todo.

-¿Esa solución se puede ingerir?

-Sí. El bicarbonato se puede ingerir sin problema. De hecho, los gastroenterólogos lo están recomendando dado que no se consiguen en el mercado los antiácidos comunes.

-¿Funciona tan bien como el Maalox?

-El Maalox funciona y también se puede digerir. El problema es que no se consigue y se vence. Una solución de bicarbonato puede durar muchísimo tiempo, aproximadamente un año. Esa es la ventaja que tiene.

-¿Cuáles son los consejos para una persona que se encuentra en una manifestación en la que comienzan a echar gas lacrimógeno?

-El primer consejo realmente sería no provocar a los cuerpos de seguridad, porque si lo hacemos y se torna violenta la manifestación ellos tienen todo el derecho de utilizar gas lacrimógeno, porque está diseñado para eso.

Ahora bien, si ya han lanzado las bombas, lo primero es tapar nariz y boca con un paño o mascarilla empapado en bicarbonato. Luego, es importante identificar la dirección del viento y caminar en contra para así poder ventilarnos con aire fresco, e ir a un paso más o menos acelerado, no corriendo, porque correr hace que aspiremos más gas, pero sí aceleradamente.

-¿Qué debe hacer una persona cuando le cae una bomba cerca?

Alejarse lo más posible. La persona que está cerca de una lacrimógena está sometida a una concentración muy elevada de polvillo: mientras ellas emiten están muy calientes, lo hacen con fuerza y eso nos vuelve más vulnerables.

-Y si la persona no tiene bicarbonato, ni tapabocas ni nada, sino que de imprevisto se encuentra con una bomba.

-Lo principal es tapar nariz y boca. Intentarlo así sea con la misma franela, con algo que tenga. Taparse las vías respiratorias con el codo, como cuando vamos a estornudar, acelerar la marcha y salir del lugar para ventilarse con aire fresco.

-Ahora bien, ¿qué consejo puede dar con respecto a la vestimenta para las personas que van a manifestaciones?

-Mira, si vamos a las manifestaciones lo ideal es ir tapados. Camisa manga larga y pantalón, que cubra todo el cuerpo. Al llegar a casa, esa ropa hay que lavarla bien, así como el calzado y los accesorios expuestos, ya que este polvillo puede estar activo hasta por 5 días y más.

-¿Es bueno echarse antes bicarbonato?

-Sí. Es una manera de proteger nuestra piel, ya que funciona muy bien y genera una barrera. Al echárnoslo antes vamos preparando la piel y la vamos sellando prácticamente. Es como lo que sucede con el protector solar: que es bueno echárselo desde antes de la exposición al sol.

-Ahora que menciona el protector solar, ¿recomienda su uso si se tiene el riesgo de estar expuesto a las lacrimógenas?

-Siempre es recomendable el uso del protector solar cuando uno va a estar expuesto al sol, pero si hay riesgo de lacrimógenas no es recomendable echarlo en exceso, porque como lo que éstas emiten es un polvillo, facilitan que se nos adhiera a la piel.

-¿Para proteger los ojos que es lo más recomendable?

-En principio, para los ojos, unos lentes que sellen muy bien el ingreso del polvillo. Los lentes de natación son extraordinarios porque tienen una ventosa, se sellan muy bien e impiden el paso del polvillo.

-¿Y qué hacer en caso de que los ojos queden afectados?

-Hay que dejarlos lagrimar  y evitar rascarlos y tocarlos, más porque probablemente tendremos los dedos llenos de compuesto. Luego, lavarlos con abundante agua de arriba abajo. En caso de irritación aguda, es recomendable el uso de lágrimas artificiales o colirios con hialuronato de sodio o carboximetil celulosa.

-¿Qué nos puede decir respecto a los tapabocas médicos que tanto se ven en las manifestaciones?

-Hay que tener en claro que por tratarse de un polvillo muy fino debemos usar mascarillas que sellen muy bien su ingreso a las vías respiratorias. Los tapabocas médicos funcionan bien si están embebidos en bicarbonato, ojo, ya que al hacerlo se tiene la barrera física y la barrera química.

Quisiera preguntarle por algunas recetas populares. ¿Echarse agua funciona?

-Mira, el agua tiene que ser en cantidades muy grandes, porque si es poquita y tenemos la concentración de este compuesto, que tiene cloro, puede ser peor. Sólo si es en cantidades realmente importantes  se puede usar agua, porque de lo contrario puede ser contraproducente.

-¿Y vinagre?

-El vinagre funcionaba hace muchos años, pero ya no. Estas bombas han cambiado de composición, son ácidas y se necesita una base para neutralizarlas. El vinagre es un ácido y no funciona. Tiene que ser una base como cualquier antiácido o, insisto, bicarbonato, que es extraordinariamente efectivo.

-¿Y pasta de diente?

-¡PARA NADA! No se debe utilizar, ni tampoco el Vicks VapoRub o cualquier crema mentolada, porque esto es un polvillo y si nos echamos cualquier pasta o crema se nos va a pegar, y lo que  va a pasar es que vamos a tener más accesible el polvillo y encima una quemadura.

-¿Y la leche con bicarbonato?

-Puede funcionar si lo vamos a ingerir. Pero como la leche se degrada es una solución que vamos a tener que preparar y botar constantemente.

-¿Y los caramelos de menta?

-Eso puede funcionar para distraer el organismo y darnos un respiro. Pero los mentoles no van a neutralizar el gas. Atención. Y eso es lo que debemos buscar hacer: neutralizarlo. Y sólo una base lo hace.

Chamo - PNB

“No me considero un héroe”

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

“Tenía los trazos de un adolescente delgado, pequeño y sin camisa, que aguantó con bravura el envión de dos policías nacionales armados hasta los dientes. El muchacho se levantó, los encaró y les escupió la rabia de todo un país”. Así narró el escritor Rodrigo Blanco Calderón el momento que hizo famoso a Gustavo, un joven actor de 23 años que el pasado 08 de abril se enfrentó a tres efectivos de la PNB. Inmortalizado en un video que se hizo viral por redes sociales, ese hecho es el responsable de que el 27 de abril, en Altamira Sur, esté firmando gorras tricolor. Lo hace con la mano temblorosa, tras confesar que es primera vez que le piden algo así. “Es para mi nieto”, le dice la mujer que le hace la petición. “Sería un orgullo que fuera tan valiente como tú”, continúa. Esos y otros elogios, seguidos de peticiones de fotos, suceden luego de que se baja del camión desde el que leyó unas breves líneas que escribió sobre la situación del país, en el marco del homenaje que se le rinde a José Pernalete. Es allí cuando OJO logra hablar con él.

-Relátame en tus propias palabras el momento en el que te enfrentas con los oficiales de la PNB

-En ese momento yo estaba muy indignado, la manifestación había echado para atrás y yo me quedo solo adelante con una amiga, frustrado. Sentí que la indignación que tenía en ese momento era la indignación de toda Venezuela. Indignado, comencé a gritarles a los policías hasta que ellos se acercan y me empujan. Mi reacción en ese momento fue esa. No supe de qué otra manera responder. Me paré y pasó lo que pasó.

-¿Estabas solo?

-Yo estaba con una amiga y había otro chamo allí. Alguien anónimo que no conocía.

-¿No tuviste miedo?

-No. No tenía miedo.

-¿Qué sucede después, cuando ya el video se corta?

-Después de eso le digo a mi amiga: ‘vamos a retirarnos porque aquí no hay nadie’. En eso corremos hacia El Bosque y la tanqueta con las motos avanza hacia nosotros. Nos emboscaron pero al final se dieron cuenta de que no podían hacernos nada porque no teníamos nada. Mi amiga tenía marcadores en su bolso, yo estaba semi-desnudo.

-¿Cómo te enteras de la existencia del video?

-Yo me entero al día siguiente porque alguien me manda un mensaje en instagram y me dice ‘¿eres tú el del video?’, yo digo ‘¿qué video?’, y cuando me meto veo que sí y digo ‘wow: se hizo viral’. Nunca fue mi intención que se viralizara esa imagen; y bueno, ahorita soy un símbolo, a pesar de que yo siento que sigo siendo yo: un venezolano más que sale todos los días a reclamar sus derechos por la protesta pacífica.

-¿Qué dijo tu familia cuando vio el video? ¿Se asustaron?

-Mis padres son como cualquier otros padres. Al principio estaban nerviosos, pero después me entendieron. Ellos me han entendido a través de toda mi lucha. Estoy en esto desde 2014.

-¿Te cambió en algo la viralización del video? ¿Ganaste seguidores en redes o algo así?

-No. Mis redes sociales están privadas. El cambio fue en mí, en mis acpectos personales, en creer más en la lucha que estoy llevando.

-¿Te sientes un héroe?

-No me siento un héroe. Quiero que Venezuela se sienta, sienta el heroísmo por ella misma, no que me vean como símbolo.

-¿Qué mensaje le darías al país en este momento?

-Que sigamos luchando por la Venezuela que queremos, porque se puede lograr. El régimen quiere criminalizarnos y frenar la protesta. Sigamos adelante luchando por nuestra libertad.

-Si nuevamente tuvieras en frente al PNB que te empujó, ¿qué le dirías?

-Les diría que piensen bien si su trabajo vale más que mi vida o la vida de cualquier venezolano que ellos reprimen.