Berlinale Talents: cuando lo local te hace universal

Por: Mahelin Rondón, desde Berlin  | @Mahelin

Se necesita (o por lo menos yo lo necesité) tiempo para asimilar y traducir las imágenes, historias, personajes y estilos apreciados durante la edición Nro. 66 del Festival Internacional de Cine de Berlín, mejor conocido como Berlinale.

El Festival, que tuvo lugar del 11 al 21 de febrero, proyectó más de 400 películas en las principales salas de la capital alemana, con más de 330 mil espectadores, sin contar los cientos de celebridades, fotógrafos y periodistas que estuvieron presentes desde la alfombra roja y desde los diversos escenarios que agrupa la más reconocida gala cinematográfica de Alemania.

Para quienes viven en la ciudad o para quienes llegan de visita, siempre es un placer pasar por los alrededores de Potsdamer Platz, epicentro institucional y artístico de la Berlinale, así como aprovechar la ocasión para recorrer Berlin de oeste a este, de cine en cine, y de cerveza en cerveza.

Y es que muchas son las actividades que transcurren a los alrededores de las pantallas y que completan con foros y encuentros la extensa programación de cintas que reivindican la vida humana, que exponen las más crudas realidades y la constante búsqueda de la felicidad. Algunas de ellas se encuentran en el marco de la Berlinale Talents, una de las secciones más atractivas para jóvenes y principiantes en el mundo del cine.

Como su nombre lo indica, se trata de un laboratorio que reconfigura la noción de talento y la idea de éxito, indagando en lo individual y en lo local para proporcionar una pluralidad de perspectivas que se traduzcan en innovación artística. Es una incubadora donde todos están invitados a crecer, probar y redefinir sus orientaciones profesionales.

En una jornada de 6 días, los mejores 300 talentos emergentes de 78 países se agruparon para compartir experiencias laborales, discutir futuros proyectos y, por supuesto, enriquecerse creativa y personalmente a través del intercambio cultural. La edición Nro. 14 de la Berlinale Talents contó con la selección de dos venezolanos: Francisco Toro (Diseño de Sonido) y Michell Rivas (Director de Fotografía), quienes se unieron a más de 40 latinoamericanos.

Finalizada la intensa semana de talleres, intercambios, conferencias y actividades, conversamos con Francisco y Michell sobre esta experiencia, animados por conocer de primera mano sobre su participación e inspirar a otros talentos a confiar su trabajo e intentarlo.

 

Puntos de encuentro

  • Trabajaron en la película ‘Sobrevivientes‘ (se habla de la posibilidad de un cambio de nombre a ‘Amparo‘), de Rober Calzadilla, la cual quedó seleccionada en la convocatoria ‘Cine en Construcción‘ del Festival Internacional de Cine de San Sebastián y ha despertado la atención de otras galas, como la misma Berlinale. Ambos coinciden que éste fue el proyecto que aseguró la selección.
  • Recibieron el impulso de amigos, productores y colegas para que confiaran en su talento y aplicaran.
  • La influencia familiar en el comienzo de sus carreras. Michell recuerda siempre deslumbrarse con las fotos y álbumes de su madre, mientras que Francisco admiraba la afición de su padre al cine.
  • El método de trabajo lo definen en cada proyecto. La búsqueda y el resultado creativo está en conocer bien el guión, entender la historia y sus matices, conversar mucho con el director (y con el editor también, en el caso de Francsico), pensar y dejar respirar las ideas.
  • Trataron de olvidar el conocimiento adquirido para absorber, aprender más e integrar nuevos conceptos a su flujo de trabajo.

 

¿Qué fue lo más memorable de la Berlinale Talents?

-Francisco: Asistir al estudio en Berlin de Frank Kruse, Dominik Schleier y el compositor Christian Conrad, ver cómo trabajan, conversar directamente con ellos. El estudio queda en una antigua fábrica de cine así que fue increíble.  También escuchar por primera vez la nueva tecnología Dolby Atmos, la cual me sorprendió porque de entrada suena mejor y te da herramientas para usarlas de acuerdo con el tipo de película que tengas. Y la vista a Babelsberg Estudios.

-Michell: La visita a la Arri. También testar nuevas tecnologías 3D y cámaras de alta velocidad. Mis compañeros, conocer sus historias personales y proyectos. Encontrar similitudes con compañeros de todas partes del Mundo.

 

Michell Rivas en Berlín por Pong Ignacio.

Michell Rivas en Berlín por Pong Ignacio.

¿Qué te llevas de tu experiencia en la Berlinale Talens?

 

-Francisco: Evaluar las posibilidades de trabajar a distancia, expandir y conocer que son muchos los que lo hacen. Siempre se aprende. Es una plataforma estupenda por el grupo o la red de gente que conoces, cuyo contacto se da de forma relajada, conversando amenamente. La importancia de mantenerse activo, todo el mundo tiene experiencia.

-Michell: Arriesgarse. Mi inglés era malo, practiqué con Duolingo antes de venir y logré comunicarme. Saber que alguien aquí vio tu trabajo y piensa que tienes talento, eso te da mucho ánimo. El interés por el trabajo de mis compañeros. Yo vi todo lo que había hecho cada uno de los que formó parte de la edición 14, así no haya hablado con todos; todos tienen algo interesante que ofrecer. No subestimar.

 

¿Alguna sugerencias a la Berlinale Talents?

-Francisco: El trabajo en conjunto entre directores y editores, fortalecer ese flujo de trabajo, un taller en conjunto con ellos para conversar sobre la influencia del sonido en el montaje. Muy segmentada por el poco tiempo que se tiene.

-Michell: Más práctica, más trabajo técnico. Humanizar el proceso de conocerse.

Expresiones

 

-Francisco:

Construyes el sonido de una realidad que a su vez es ficción. El sonido es memoria”.

“Uno traduce las imágenes en sonidos”.

“Cada ciudad tiene una huella dactilar sonora”.

“Que todo respire”.

“El trabajo del diseñador de sonido es por un lado proponer y por otro fluir con todo lo que el director quiere”.

-Michell:

“No saber nada te permite tomar otros caminos”.

“Mi trabajo es orgánico”.

“La fotografía debe ser imagen con emoción, y a veces tiene que ser fea o con errores para generar una emoción, para estar en sintonía con el proyecto”.

“Los fotógrafos cobardes no comparten lo que saben. Lo leí de un fotógrafo y creo es así”.

“Para mi la fotografía es como cocinar. Tu sabes la receta, pero cada quien lo va a hacer a su manera, cada quien le pone lo que le gusta”

“Este es un trabajo en equipo. Hay que enseñar”.

“Trato de vivir para poder hacer fotografía”.

“Vivir, cagarla, recibir regaños, así es que tu fotografía crece”.

Francisco Toro en su estudio.

Francisco Toro en su estudio.

¿Qué planes tienen para el futuro?

-Francisco: Se está editando ‘Jazmines en el Lídice‘. Instalaciones artísticas. Es un formato con mucha libertad en el lenguaje, poco restrictivo y eso me parece interesante. Pronto estaré experimentando en el tema gracias a una exposición que está preparando Gabriela Gamboa.

-Michell: Regresar a Venezuela a enseñar. Quiero compartir y enseñar lo que aprenda en Europa. Unir a los fotógrafos, conocer y difundir soluciones técnicas en el campo para que todos podamos nutrirnos y crecer.

PIZZA

Probando la pizzas baratas de Sabana Grande

Por: Martha Allendes | @marth_checkosv – Ezequiel Abdala | @eaa17

Son la vertiente italiana de nuestras criollísimas ‘balas frías’: pizzas baratas que siempre están en promoción y se venden por triángulo para matar el hambre de los peatones. Están siempre listas y a la vista en mostradores de vidrio, iluminadas con potentes bombillos amarillos que las calientan y hacen ver más apetitosas. Sus precios bajos hacen sospechar de su calidad, pero las multitudes que colman sus locales llevan a pensar que quizás no son tan malas. Por ello, el equipo de @revistaojo decidió recorrer todo el boulevard de Sabana Grande y probar cuanta pizza de ese tipo encontró en el camino. He aquí el resultado, en orden de calidad.

CARMELO PIZZA (390 BsF)

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Es un clásico de las pizzas baratas. Nuestro ‘Sbarro’ caraqueño. Uno de los pioneros en este tipo de negocios, y el sitio que las puso de moda. Se ha multiplicado por toda la capital y ha llegado a ubicarse en ferias de Centros Comerciales. Hace poco abrieron un local al lado de El Tolón, en Las Mercedes. Sin embargo, siguen siendo callejeros por excelencia. No se encuentra entre los más baratos, pero tampoco entre los más caros, y sus pizzas, en su rango, siguen siendo superiores.

DESCRIPCIÓN: Pizza gruesa y de masa blanda, con una salsa poco condimentada pero gustosa. Buena presentación.

OPINIÓN: De entre las pizzas callejeras, las suyas siguen siendo las mejores. Tanto en sabor, como en presentación. El precio, aunque no es el más barato, sigue siendo competitivo.

PUNTUACIÓN: 9

UBICACIÓN: Inicio del boulevard de Sabana Grande.

PIZZA LOKA (430 BsF)

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El sitio es vistoso, juvenil e irreverente hasta con el idioma –“eslay de pizza” –. Las pizzas están en una vidriera, a la vista de todos. Manejan un concepto de local de paso: para comer e irse. No tienen mesas ni sillas, sólo una gran barra. Tampoco cubiertos y platos: la pizza la entregan en un triángulo de cartón y a lo San Blas: comes y te vas.

DESCRIPCIÓN: Masa gorda y medio cruda. Salsa full condimentada y con muy buen sabor. Bordes gruesos y buenos.

OPINIÓN: De sabor está muy bien. Lo condimentado de la salsa ayuda a hacerla más gustosa, aunque la masa es bastante mejorable. Es una opción a considerar a la hora de comerse una bala fría, aunque es la más cara de todo Sabana Grande.

PUNTUACIÓN: 8

UBICACIÓN: Boulevard de Sabana Grande, cerca de City Market.

PIZZERÍA ROYAL (350 BsF)

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En algún momento, juran quienes la conocieron en su buena época, las suyas fueron las mejores pizzas de Sabana Grande. Es un clásico del boulevard, con más de sesenta años de historia. Actualmente, y eso es evidente al entrar, no pasan por su mejor temporada. De hecho, no tienen ni siquiera un letrero que la identifique. Adentro, aunque la barra es de mármol, el sitio luce bastante oscuro y como detenido en el tiempo. Punto de reunión de mototaxistas.

DESCRIPCIÓN: Pizza un poco grasosa. Masa distinta a todas: finita, como de pan sobado y con un toque dulce. Bastante buena. Salsa y queso normales: no destacan ni por lo bueno ni por lo malo.

OPINIÓN: La masa hace a esta pizza diferente a todas las otras. Se puede comer sin problemas y hasta con gusto. Es diferente a todas las demás.

PUNTUACIÓN: 6,5

UBICACIÓN: Boulevard de Sabana Grande, al lado del Pasaje Asunción.

SIN NOMBRE (250 BsF)

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El local no tiene nombre y de entrada no parece el más recomendable. De hecho, hay que superar unos cuantos prejuicios para entrar. Pero son sólo eso: prejuicios, ya que una vez adentro, y soportando el calor que hace, se puede estar sin mucho problema. Hay mesas, sillas y hasta platos para la pizza.

DESCRIPCIÓN: Pizza de color anaranjado radioactivo. Masa gruesa, pero bien cocida. Ni cruda ni aguada. Salsa buena, con un toque de cilantro que le da un sabor distinto. Sin bordes.

OPINIÓN: Aunque el color de la pizza choque a la vista y haga temer lo peor, el sabor y la calidad lo compensan. Inexplicablemente, –por el sitio y por el precio– es una buena pizza que se puede comer sin problema.

PUNTUACIÓN: 6

UBICACIÓN: Boulevard de Sabana Grande, calle La Iglesia.

PIZZA COLA (220 BsF)

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Se jactan de ser “la mejor pizza por slice de Caracas” y hacen en redes un trabajo impecable. Tienen dos locales en Sabana Grande, uno en frente del otro, con sus vidrieras que dan a la calle, y los colores de la bandera de Italia en su logo. Es el típico local de pizza de calle, y está ubicado en un punto neurálgico, de mucho tránsito, por lo que suele estar lleno. Además, es la pizza más barata de todo el boulevard.

DESCRIPCIÓN: Pizza gorda y aguada. La masa parece más de pan que de pizza. Cantidad inmoderada de un queso de calidad más que discutible.

OPINIÓN: Al contrario del sitio anterior, este sitio es pinta y ya. La pizza no le hace justicia a lo bonito de los locales. La masa no es buena, y el exceso de queso malo aniquila cualquier posibilidad de disfrute.

PUNTUACIÓN: 4

UBICACIÓN: Calle Real de Sabana Grande, calle Negrín.

GRAN CAFÉ (400 BsF)

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Es un sitio emblemático de Sabana Grande, un mito si se quiere. Vivió hace años sus días de esplendor y gloria, y en el tiempo se quedaron. Ahora no pasa de ser un lugar más del boulevard. Si bien las pizzas nunca fueron su especialidad, las ofrecen en su vidriera, y por eso las probamos. Craso error.

DESCRIPCIÓN: Más grasa que pizza. Vieja. Masa rota y cruda. Muy mal sabor. Fermentado.

OPINIÓN: Una pizza nauseabunda e intragable. Fue la única que no pudimos comer.

PUNTUACIÓN: -10

UBICACIÓN: Boulevard de Sabana Grande, calle P. Navarro.

CONCLUSIÓN

Que no existe pizza mala es un lugar común bastante repetido que tiene poco de verdad, porque sí existen pizzas malas y para muestra las de ‘El Gran Café’ y ‘Pizza Cola’. Sin embargo, que hay un amplio rango en el que la pizza puede ser comestible e incluso considerada buena, aun siendo barata, es también verdad. Hay que decir, sí, que quien aspire a masas finitas y crujientes, o ingredientes muy sofisticados –olvídense del queso de cabra, los tomates secos y demás–, evidentemente no encontrará en estos sitios lo que busca. La pizza callejera suele ser gruesa y algo grasosa, y lo que la salva, más que los ingredientes que la acompaña, que inevitablemente son también de baja calidad, son las buenas salsas. Con eso, logra ser comestible y disfrutable. Como ‘bala fría’, para matar el hambre por un momento, funcionan bien. Las opciones están allí, queda de cada quien tomar el riesgo.

LIBREROS WEB

La joyería literaria de Caracas

Por : Ezequiel Abdala | @eaa17
Fotos: Ashley Garrido | @ashgarrido

“Somos el reducto cultural y educacional más importante de América”. Así de tajante es Carlos Ugueto, librero del puente de las Fuerzas Armadas, quien en su auto-elogio continental mete tanto a la América del norte como a la del sur, y se explaya explicando que eso que allí pasa de lunes a lunes, en Argentina sucede, si acaso, los domingos, y en Estados Unidos se limita a ventas de garajes. No, jura él, no hay en todo el continente algo como esto que los caraqueños tenemos debajo del famoso puente de la avenida que atraviesa Caracas de norte a sur, de sur a norte, de San Agustín a Cotiza, del Mercado de las Flores a El Helicoide.

Ugueto no se equivoca al hablar de reducto. En una de sus acepciones es definido como lugar de refugio y conservación. Y si bien la intemperie de una gran avenida no pareciera ser el sitio más idóneo para preservar libros en buen estado, lo cierto es que allí están conservadas, hablemos mejor de guardadas, auténticas joyas literarias. “Libros que ya no se editan más, que ya no llegan más. Hay hasta Biblias en ediciones de siglos pasados”, dice.

Un primer y somero recorrido permite notar algo que no es posible hallar ya en las librerías venezolanas: variedad. Con solo un vistazo es notable la gran oferta de títulos y géneros, diametralmente opuesta a las hileras uniformes y monocordes que hay ahora en las grandes cadenas de librerías. Autores -y editoriales- que uno lleva años sin ver en ellas están allí, tan campantes. Y no se trata, precisamente, de imposibles: son Tolstoi, Dostoyevski, Balzac o Dickens, por ejemplo, quienes conviven con las novedades del momento.

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“Ahorita lo que está de moda es la ciencia ficción. Los clásicos han ido decayendo un poco, y en su lugar lo que la gente busca son ese tipo de libros, historias de vampiros o de autoayuda”, me dice Javier Colmenares, quien es ya parte de la segunda generación de libreros de las Fuerzas Armadas. Su padre, toda una referencia, comenzó en el negocio en los 80’s, cuando los libros se guardaban en cajones de latón con cadenas y candados. “Era horrible: nos robaban los libros. Los indigentes se orinaban en las noches. Era una lucha constante”, rememora de aquella dura época.

Hoy todo es diferente: los cajones han dado paso a kioscos ordenados, numerados y pintados. El espacio, nacido en la improvisación y crecido en la tradición, adquirió en 2011 la dignidad de un nombre propio –“Resistencia Literaria”, se llama ahora–, luego de una inversión de 8 millones de bolívares del Gobierno del Distrito Capital. Pero no todo es color de rosas: Caracas sigue siendo Caracas y el centro, el centro. Allí, en plena avenida, dos parqueros están a punto de matarse por parar una camioneta. Hay gritos destemplados, insultos altisonantes y una amenaza de muerte: “No va a haber próxima vez, porque par de puñaladas es lo que te voy a meter, mamagüevo”, amenaza, y bien serio, un parquero a otro, yéndose, parece, a buscar el puñal.

“Las mujeres son las que más roban”, comenta Colmenares y su compañera de trabajo asiente. Nos interrumpe un liceísta de camisa azul que viene, en pleno enero, a buscar un libro de Artística que debió adquirir en octubre. “Quiero cambiar”, dice, y el librero le pregunta qué trae. Le da su libro de Artística del año pasado, Colmenares lo revisa, verifica que esté completo, y le hace la oferta: ‘dame éste, más 300 bolívares’. Trato hecho. Ése, el de los intercambios, es otro de los tipos de transacciones que se dan allí, junto con la compra de libros, a la que muchos puestos están abiertos.

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Otro estudiante, éste universitario, pregunta por textos de programación. Colmenares lo lleva adentro, y lo deja revisando. Al rato sale con dos gruesos volúmenes que suman 10.000 BsF. “¿Tienen punto?”, pregunta. “Claro”, le responde. Atrás también quedaron los tiempos en los que sólo había efectivo: ahora en la mayoría de los puestos se puede pagar con débito. Claro que allí los billetes todavía tienen su utilidad, ya que no faltan –más bien abundan– las mesas de ofertas, desordenadas, heterogéneas y variadas ellas, con un libro a cien, tres por doscientos, y precios semejantes.

En lo que sí no hay variedad es en la respuesta a la pregunta sobre quién es el autor extranjero más buscado bajo el puente: Gabriel García Márquez. Después de él, cada quien tienen su nombre J. K. Rowling para unos, Tolkien para otros, Verónica Roth para los demás, Deepak Chopra, Riso y Coelho, la trinidad de la autoayuda, para los necesitados, que son muchos. El libro imposible de conseguir es ‘Rayuela’, por el que todos claman. En cuanto a autores venezolanos, el primer lugar se lo disputan Rómulo Gallegos y Eduardo Liendo –“los que piden en el colegio”, explica uno de ellos–, aunque no faltan los nombres de Uslar Pietri y Herrera Luque. “¡Todavía quedan lectores!”, exclama aliviado uno de los libreros cuando alguien le compra una antología de cuentos de Guillermo Meneses editada por Monteávila. “Pero son pocos”, remata.

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Cuando un motorizado se detiene a preguntar por el Plan de la Patria, Colmenares me hace una infidencia: “Chávez fue un gran vendedor de libros. A nosotros nos fue muy bien con él. Hablaba de un libro y al día siguiente venían muchos a buscarlo. Aquí no tienes idea de la cantidad de ejemplares que se vendieron de ‘Las venas abiertas de América Latina’, o textos de Marx. Incluso de Vargas Llosa, que una vez lo recomendó antes de que se pelearan”. El fenómeno, sin embargo, duró lo que el presidente. “Ya casi no se vende nada de eso. Ni siquiera los libros sobre él, o de Fidel, de repente viene algún estudiante buscando algo de dialéctica, pero parece que el fenómeno terminó”, comenta.

Para explicarme su oficio, me cuenta lo que le pasó hace poco en Tecniciencias: a tres empleados –cajera, vendedor y portero sabio– les preguntó por ‘Las cuitas del joven Werther’, de Goethe, y todos le dijeron que no, que lo sentían mucho, pero que no lo tenían. El libro, no obstante, estaba en uno de los estantes, sólo que titulado simplemente Werther. “Esa es la diferencia entre un vendedor de libros y un librero. Nosotros sabemos lo que tenemos, y somos consejeros, maestros, guías. Hay que tener buena memoria y leer mucho para poder ser un buen librero”.

Entre sus tesoros, Colmenares me enseña un libro de Shakespeare fechado en 1872, y otro más viejo aún, fechado en 1807. Las obras completas de Pirandello y una revista porno de 2007 que mandaron a recoger apenas salió porque Diosa Canales aparece allí con 17 años –“yo le escribí ofreciéndosela, pero nunca me respondió. Está para el que la quiera por 5.000 bolívares”– reposan en su cofre. Luis Olivares, otro librero, me habla de dos históricos libros de historia que tiene en primera edición y en todos sus tomos: uno de la vida Pública de Simón Bolívar y otro de la Batalla de Carabobo.

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En una segunda vuelta, más detenida, se puede observar la pesada ‘Moby Dick’, de Melville (1.000 BsF); la primera edición de Seix Barral de ‘La guerra del fin del mundo’, de Vargas Llosa (800 BsF), el clandestino ‘Archipiélago Gulag’, de Solzhenitsyn; ‘Un hombre’, de la Oriana Fallaci escritora; los famosos y elogiados ‘Tres tristes tigres’, de Cabrera Infante (200 BsF); la voluminosa ‘Historia de dos ciudades’, de Dickens (600 BsF),  el entrañable ‘Un mundo para Julius‘ de Bryce Echenique (600 BsF); el místico ‘Péndulo de Foucault’, de Umberto Eco (1.000 BsF); cuatro novelas y varios cuentos de Faulkner recopilados en una  de las legendarias ediciones de Aguilar (300 BsF), las obras escogidas de un montón de clásicos como Balzac, Flaubert, Dostoyevski, un libro de principios del siglo pasado de un presbítero que firmaba como Juan Bosco y luego sería un popular santo (100 BsF), entre otros muchas otras joyas, desaparecidas de las librerías, pero disponibles, y a precios accesibles, a una cuadra del metro de La Hoyada, en “el reducto cultural de América”, la joyería literaria de Caracas.

CHITA WEB

‘Es el Chita Sanvicente / ese es nuestro entrenador’

Atrás quedaron los tiempos en los que para la grada entrenador había uno solo y era él. Lejana luce la época en la que al unísono todos cantaban que él, y nadie más que él, los hacía felices. Recién y acaba de terminar la reunión en la que muchos esperaban –y pedían– su cabeza. No la entregó en bandeja de plata –“ni él presentó su renuncia, ni nosotros se la pedimos”, dijo el presidente de la FVF–, y más bien salió altivo: “Solo fue una reunión de trabajo, mi contrato es de cuatro años”, respondió como sorprendido de que alguien dudara de su permanencia al frente de La Vinotinto. Sí, es oficial: el Profe ‘Chita’ –volvemos al canto de barra– sigue aquí.

Por: Juan Sanoja | @juansanoja

Como casi todos sus colegas que se regodearon en el éxito, Noel Sanvicente padece de una fuerte adicción al trabajo. El trastorno se fue desarrollando desde su etapa como jugador: no conforme con competir en la cancha con Marítimo, el nativo de San Félix aprovechaba los viajes que realizaba su equipo en Copa Libertadores para husmear lo que hacían otros clubes en sus entrenamientos. El por ese entonces futbolista veía “cosas totalmente diferentes” en las diversas canchas de Sudamérica. Ejercicios y herramientas que él jamás había presenciado en los campos de Caracas y Ciudad Guayana.

Aquel descubrimiento se juntó con su primera experiencia en un curso de entrenadores en Venezuela -“me dieron media hora de charla y luego me asignaron el carnet”-  y fue suficiente para que establececiera un diagnóstico sencillo, pero certero: el gremio estaba sumido en la mediocridad.

Tal evaluación le permitió a Sanvicente reducir la incertidumbre sobre su futuro: tras dejar de jugar, empezaría a entrenar. Su mente inquieta, su ansiedad por bregar y su vena educadora le harían bien al fútbol venezolano, pensaba por ese entonces el joven Noel. El proceso se aceleró cuando la rodilla que ya llevaba cuatro operaciones encima volvió a molestar. Una quinta intervención quirúrjica podía devenir en prótesis, por lo que Chita decidió colgar los tacos para tomar el silbato. Y el cronómetro. El cronómetro es fundamental para Sanvicente. El control del tiempo, en general, es otra de las pasiones incontrolables que sufre el guayanés. La puntualidad es innegociable para el hombre que llegó cinco horas antes al recinto en donde iba a celebrar su matrimonio. Un convencimiento que lo acompañó desde su primera experiencia como entrenador, cuando dirigió en segunda división del Caracas FC a unos quinceañeros Ronald Vargas y Alejandro Guerra, hasta nuestros días.

Con un puñado de convicciones encima, Chita comenzó a labrarse su camino de la única forma que él consideraba viable: con trabajo. Al igual que ocurre con otras figuras del deporte, no había nada en Noel que llamase la atención, más allá de sus resultados. Nunca ha anotado en una libretica, no viste de traje y no es de hacer muchos números con las manos desde la banda, o por lo menos la cámara no lo enfoca. Y no lo enfoca, en parte, porque a Sanvicente nunca le ha importado el tema mediático: generar matrices de opinión, proyectar su figura o alardear con sus métodos de trabajo. Él era puro hard work, un revolucionario a la calladita.

Y siempre funcionó. Siempre funcionó… hasta hoy. La historia es la siguiente: el tipo que llegó al éxito con las uñas, que en 15 años nunca sufrió un revés, que ostenta el título de mejor entrenador de la historia del fútbol venezolano, y que fue pedido a gritos por la afición y el periodismo para asumir el cargo de seleccionador nacional de Venezuela, hoy está ante la primera decepción de su carrera. A los 50 años, Noel Sanvicente está conociendo al fracaso. Una experiencia totalmente nueva para él: “A lo mejor he debido vivir esto cuando entrenaba en los equipos, pero siempre estuve ahí, de primero, ganando”, dijo un Chita consternado en la rueda de prensa previa al duelo frente a Ecuador. En la misma aparición frente a los medios, el entrenador expresó -palabras más, palabras menos- que no encontraba explicación a la situación actual del equipo. No pudo o no quiso dar el diagnóstico de un paciente que 24 horas después terminaría en estado vegetal.

Tras sufrir la cuarta derrota consecutiva en Eliminatorias, los signos y síntomas del equipo señalan hacia un lugar en particular: el cerebro. La mente de cada uno de los jugadores, por separado,  y la conciencia colectiva del grupo. Con esto no se quiere restar importancia al juego, al fútbol puro y duro, a la táctica, sino todo lo contrario. El juego es el cerebro y lo es porque los músculos responden a él, porque en el fútbol la velocidad más importante es la mental y porque –sobre todo en la Vinotinto– sin motivación y autoestima no hay paraíso.

Al contrario de lo que se ha propagado, idea siempre hubo. Noel, como manda el deber ser, diseccionó a la Selección de Farías –que era el conjunto que recibía y sobre el cual tendría que trabajar– y estableció un plan, una hoja de ruta. Claro está, el proyecto buscaría mantener los aspectos altos del equipo y se enfocaría en ir cubriendo, punto por punto, el checklist elaborado por él y su cuerpo técnico según las fallas que arrastraba Venezuela. Una de ellas, la organización ofensiva. Es decir, qué hacer cuando sus dirigidos tuviesen el balón.

“Con un solo entrenamiento se pueden trabajar una cantidad incontable de variantes ofensivas, dependiendo de los futbolistas, el rival y otros imponderables. Defensivamente hay conceptos que todo futbolista profesional maneja y que simplemente hay que trabajarlos. Siempre son los mismos: relevos, permutas, agrandar, achicar o presionar. Son nociones universales que se manejan aquí, en China o en cualquier lado. Pero en el ataque converge la creatividad del jugador con la del entrenador, y en ese solo entrenamiento puedes darle hasta treinta variantes para generar juego ofensivo”, llegó a explicar Chita en esta conversación con Ignacio Benedetti, actual jefe de prensa de la Selección.

El primer partido del ciclo fue emblemático, no por rendimiento ni resultado, sino porque en él se mostrarían varias de las premisas que el nuevo entrenador intentaría llevar al terreno. Más allá de la tan mentada ‘presión en toda la cancha’, el privilegiado pie de Edgar Jiménez dirigió salidas de balón que exhibian cierto diseño –mediocentro entre centrales y laterales a la altura del otro pivote–, se intentó utilizar todo el ancho de la cancha con cambios de frente, hubo asociaciones por dentro e intercambio de posiciones entre volantes y delanteros y el equipo, al defender, mordió en vez de aguantar. Una característica inherente al fútbol de Sanvicente:  “A mí me encanta la agresividad, pero muchos lo confunden con dar patadas. No. Es ir rápido a la pelota, tratar de hacer los movimientos con ganas, con esa motivación que uno les trata de inyectar”, explicó Noel hace algunos años en esta entrevista.

El propósito era “procurar que los volantes tengan ese espíritu combativo a la hora de recuperar la pelota y que puedan funcionar en las dos dimensiones del juego. Siempre buscando automatizar algunos movimientos y que ellos tengan la seguridad de recuperar y jugar, no que quiten y luego no tengan respuesta para jugar. Tenemos que tener equilibrio en las dos cosas. Agresividad para quitar, estar más cerca y tener respuesta para robar y atreverse. A veces nos confundimos: quitamos y ya no participamos. Hoy por hoy el fútbol te exige esa intensidad y esa dinámica para hacer las dos cosas y ser contundentes luego para aprovechar los momentos”, según le comentó el entrenador a Daniel Chapela.

Tal y como lo ve Sanvicente, el momento de juego que concentró más elementos de su idea fue el primer cuarto de partido contra Chile . Los 20’ iniciales, para ser exactos. Con esa vivencia en la recámara, junto a otros buenos minutos de fútbol, la Selección llegaba a la Copa América con sabor, olor y color de conjunto nuevo, de proyecto incipiente, de equipo que todavía no estaba hecho. El torneo, sea como fuere, sería recibido con las manos abiertas por el cuerpo técnico, ansioso de tener a su disposición a los futbolistas por más días de los que ofrecían las esporádicas fechas FIFA. Chita le sonreía a la circunstancia: la Selección, durante un mes, tendría molde de club.

Para sorpresa de muchos, el debut frente a Colombia mostró a una Selección con sabor, olor y color de conjunto veterano, de proyecto consolidado, de equipo hecho. Sanvicente había encontrado el once. La sensación cobró fuerza en los primeros minutos del choque frente a Perú, hasta que la expulsión de Amorebieta dio inicio a una cadena de eventos desafortunados que terminaría por despedazar la moral de un grupo de jugadores que, por cuestiones lógicas, ante tanto revés comenzaría a perder la confianza en lo que estaba haciendo, en los métodos de entrenamiento que su entrenador estaba implementando.

Por si fuera poco, el inicio de las Eliminatorias –que supondría un reseteo, una nueva oportunidad para hacer las cosas bien, otra ventana para competir y, sobre todo, el sueño de todo el país transformado en objetivo tangible por el cuerpo técnico– quedaría marcado por el blooper propiciado por Alain Baroja y Oswaldo Vizcarrondo. No importa cuánto se trabaje, las cosas no van a salir, habrán pensado por primera vez no pocos jugadores.

Un pensamiento que se vería reforzado cuando a los 35 segundos del siguiente partido Willian Borges enviaría la planificación a la basura. Venezuela quedaría desnuda ante toda una Brasil en Fortaleza. El quiebre era lógico e inevitable.

Los entrenamientos a doble turno, ya de por sí desgastantes, empezaron a ser inmamables. Las charlas con video, que requerían cierto nivel de concentración, ahora supondrían algo sumamente molesto y aburrido. Cualquier ejercicio que se realizase sería visto desde el cristal de la duda, el miedo y la desesperación. Y finalmente, en la cancha, los jugadores se sentirían vulnerables en medio de un modelo de juego que expondría las falencias de un grupo de futbolistas criados en un país con las ya conocidas fallas estructurales.

Y no fue un tema de improvisación o falta de ensayo y error, Sanvicente siempre ha mantenido que, para sentirse seguro, “lo que vaya a hacer en la cancha tengo que trabajarlo en los entrenamientos, para que el jugador juegue con confianza”. Pero sin resultados que respalden el esfuerzo titánico de la semana, es imposible convencer a un grupo de futbolista de cuál es el camino idóneo a seguir. Necesitas A para conseguir B, pero sin B no tienes A.

El gran problema se debe a que, haga lo que haga, a Venezuela le cuesta en demasía sacar resultados. Cada victoria, en pleno 2015, sigue siendo una bandera clavada, un territorio ganado, para una Selección que, no olvidemos, sacó apenas tres puntos en la Eliminatoria de Francia 98 pero que vive sumergida en un estrés propio de un país que desarrolló su vara de exigencias frente al televisor viendo las remotadas del Madrid y el Barcelona en la liga española.

Sumemos a esto que el grupo viene de un proceso que consiguió una identidad inquebrantable que produjo resultados y tendremos lo que hay actualmente: un vestuario dividido en torno a si la ruta trazada por Sanvicente, y sus métodos de trabajo, es el camino a seguir. El tema no es humo amarillo, sino una cuestión de naturaleza humana: tal y como ha dicho Chita a lo  largo de su carrera, “la gente se anota con los ganadores” y “la confianza en un técnico proviene de los resultados”.

Ante este panorama, el nativo de San Félix no ha logrado que su equipo siga compitiendo. No ha podido establecer en la Selección lo que tan importante fue para él en los clubes: que el futbolista se divirtiese en los entrenamientos. Construir un clima de armonía entre mentes ganadoras e inexpugnables. “Con tanta intensidad, dedicación al trabajo y responsabilidad, ¿el jugador tiene tiempo para disfrutar?”, le preguntó Ignacio Benedetti a Noel Sanvicente en esta charla.

A lo que Chita contestó: “¡Sí, claro! Disfruta cuando llega a la cancha y se da cuenta de la variedad de trabajos que hay, lo que le evita caer en la monotonía. Disfruta cuando se da cuenta de que todo trabajo tiene su sentido, que en la pretemporada hay mucha cantidad de pautas que requieren un mayor esfuerzo pero, una vez iniciado el torneo, hay mayor calidad que cantidad. He tenido bajo mi dirección a muchos futbolistas que anteriormente han estado a las órdenes de otros entrenadores y no se cansan de decir que ‘con Chita se trabaja distinto’. Estos futbolistas llegan a la cancha y disfrutan, y para mí esa es la clave, que el jugador llegue, trabaje y luego se lleve algo de ese trabajo para su casa. Yo no quiero que vengan a un entrenamiento solo por cumplir, sino que lo que se haga en cada pauta les quede, que les agrade, que disfruten porque esa es la mejor manera de convencer al futbolista. Cuando eso pasa es que se llega a la comprensión del entrenamiento, o por lo menos se hace mucho más sencillo entender las razones de cada instrucción. En el cuerpo técnico nos hemos dado cuenta de eso y por ello intentamos que se disfrute el entrenamiento para que así el futbolista se involucre mucho más en la práctica”.

Para lamento del país, cuando Sanvicente dio con la tecla en Rancagua, lo conseguido ante Colombia no devino en una serie de resultados positivos, sino en todo lo contrario. La fatítidica expulsión de Amorebieta frente a Perú se convertiría en el punto de inflexión más radical de la carrera del entrenador que hace tres lustros quiso implementar en Venezuela las “cosas diferentes” que veía en las canchas de diversos clubes regados por Sudamérica. Ante la falta de esa inercia positiva, Noel fue incapaz de encauzar un proyecto que, de no darse por terminado, tendrá que ser restructurado. A fin de cuentas, el objetivo de ir al mundial planteado por el cuerpo técnico ya no es posible.

Expertos coinciden en la reducción del mercado librero producto de la escasez de divisas

Consultados destacan que la situación ha afectado el flujo continuo de libros, que es de lo que viven las librerías

Por: Jacobo Villalobos – @JacoboV95

Según conocedores del ámbito literario, las actuales complicaciones para importar libros han comprometido la estructura de negocios de las librerías nacionales, desde los materiales y productos con los que operan hasta el desempeño laboral de los libreros, afectando las relaciones comerciales entre ellas y los consumidores.

Bellorimi Portocarrero, encargada de la Librería Nacho del Centro Comercial El Tolón, denuncia el enorme aumento de precios en los libros, como consecuencia del déficit de divisas para su importación, lo que ha llevado a que los lectores no compren con la misma frecuencia que antes. Asegura que se encuentran de manos atadas ante esta situación, haciendo referencia a la imposibilidad para “lanzar ofertas”.

El Mundo Economía y Negocios, en un artículo del 2013 titulado: “Aumenta la lectura a pesar de la limitada oferta”, ya aludía a la falta de divisas en el sector librero; carencia que se mantiene hasta el presente, lo que ha reducido el acceso a libros extranjeros. En consecuencia, muchas librerías del país se encuentran retrasadas con relación a las nuevas publicaciones a nivel mundial, además de que la oferta editorial se ve afectada.

Garcilaso Pumar, director de la Librería Lugar Común, aunque refiere la gran cantidad de productos de la que disponen, comenta que se han visto en la necesidad, como librería, de ser siempre creativos: buscar la manera de mantener una buena oferta, estudiar el mercado y publicar libros editados por ellos mismos para salvar las complicaciones.

“La dificultad es la obvia. Primero, no hay divisas, que es el principal problema, y cuando las hay es a un precio verdaderamente fuera de proporción”, afirma Pumar. Indica que esto ha afectado el flujo continuo de libros, que es de lo que viven las librerías. “Las librerías viven de la novedad”, acotó

Más positivo es el balance dado por Alberto Sáez, editor y cofundador de la editorial Libros del Fuego, quien señala la apuesta por la literatura nacional como mercado. “No podemos traer libros por las dificultades económicas, pero muchísima gente se está enfocando en el tema de hacer libros venezolanos”, asegura el editor.

Sin embargo, Sáez no elude la problemática. Afirma que en un principio la apuesta por el mercado nacional es una apuesta negativa, porque lo óptimo, a su parecer, es que los dos mercados, tanto el extranjero como el nacional, estén equilibrados y promovidos por cada editorial. “Hacen falta libros que son de lectura recurrente, obligatoria, y también hacen falta las novedades, que son las que marcan el ritmo de ventas de las librerías”. Indica que la reacción ante esta situación es el surgimiento de editoriales independientes.

Hablando sobre este contexto adverso, el editor de Libros del Fuego, opina que lo mejor es aprovecharlo, ofrecer una propuesta editorial de calidad que amortigüe los déficits en las ofertas libreras.

El destino de los consumidores

Un artículo del 29 de abril del 2013 del portal Queleer.com.ve, reseñó el aumento del público lector venezolano con relación al de hace un lustro. El texto refiere a la La Encuesta del Comportamiento Lector, Acceso al Libro y la Lectura en Venezuela realizada en el 2012, según la cual, para esa fecha, ya un 82,5% de los entrevistados aseguraba leer alguna publicación y un 50,2% indicaba su preferencia por los libros.

Mientras que Bellorimi Portocarrero cree que el lector venezolano, de cara al aumento de precios y la reducción del mercado librero, deberá esforzarse más para la adquisición del producto, Garcilaso Pumar niega que la solución sea más trabajo por parte del consumidor. El director de Lugar Común, apunta a que el problema radica en la concepción de la economía nacional, variables macroeconómicas y en un gobierno errático.

La idea de que el lector migre a la lectura digital queda descartada por los expertos consultados. El más optimista, Alberto Sáez, opina que la plataforma digital es solo un complemento de la lectura en físico, el cual debe ser explotado. Por otro lado, Pumar asegura que la situación a nivel nacional no está dada para que haya un lector digital.

“El libro es un bien de inversión (…) El libro no se va a devaluar”, concluyó Pumar.

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El gigante que se siente pequeño

El país dueño de la mayor economía de Sudamérica y la séptima mundial, también comparte con México una amarga proeza: perder dos veces el Mundial en su tierra. En el caso de Brasil la derrota ha llegado de forma trágica en ambas ocasiones y ha traído repercusiones sociales y psicológicas en la población. Ahora, el reto es recuperar la confianza y no dejarse amargar por los fantasmas del pasado

Por Manuel Quilarque – Fotos: Branco Chiacchio

 

El Maracanazo, derrota sufrida hace más de 60 años por la selección brasileña de fútbol ante el combinado uruguayo en su propia casa, fue una conmoción generalizada que hizo que surgiera en la sociedad brasileña un fenómeno que el escritor y dramaturgo Nelson Rodrigues denominó como “complejo de perro callejero”. Este particular complejo que data de 1950, consiste, según Rodrigues, en un sentimiento de inferioridad en que el ciudadano común de Brasil se coloca ante el mundo, no solamente en el ámbito deportivo, sino también en el cultural, político y económico.

En aquel entonces, los deportistas de la época hicieron su trabajo y ocho años después del trágico episodio de Rio de Janeiro, lograron levantar la Copa Jules Rimet en Suecia. Sin embargo, en el año 2013, 63 años después y menos de un mes antes de la realización de la Copa Confederaciones en territorio amazónico, resurgió de las cenizas ese sentimiento negativo y una parte importante de la población dijo: “No va a haber Mundial”.

En aquella época, el gobierno prometió mayor atención a la salud y a la educación del país, y la presión bajó. Brasil organizó y ganó la Confederaciones. “O campeão voltou”, gritaba el público. El “complejo de perro callejero” se difuminó y el país continuó su camino hacia la Copa Mundial de 2014.

Semanas antes de la inauguración de la fiesta futbolística, nuevamente volvió a reinar el espíritu del “no podemos” en el país, principalmente en Sao Paulo, donde se daría el pitazo inicial del espectáculo. “Tenemos un problema de desigualdad muy acentuado en Brasil; aunque ya se haya hecho mucho al respecto, todavía somos uno de los países más desiguales del mundo, y el gobierno prefiere gastar el dinero de nuestros impuestos en estadios de fútbol”, comentó Sidney Melo, empresario.

Turistas y periodistas del mundo entero elogiaron la organización del evento. Tanto en los estadios como en los Fan Fest, el público foráneo en general se sintió satisfecho. “Nos trataron de maravilla, aunque no todos hablaban español, siempre se esforzaron por atendernos muy bien”, afirmó Rodrigo Poblete, fanático chileno. Sí hubo Mundial.

“A fin de cuentas las cosas salieron bien, dimos un buen espectáculo y organizamos un buen Mundial, eso nadie lo puede negar”, dijo Sidney Melo. “Creo que los brasileños podemos estar tranquilos con respecto a la imagen que tiene el mundo de nosotros, al final todo salió bien”, expresó también Graziela Silva, psicóloga. Otros no fueron tan positivos en sus comentarios, pero no dejaron de reconocer que el Mundial fue un éxito: “se robaron todo el dinero, gastaron demasiado y muchos todavía están pasando hambre, pero al fin y al cabo funcionó, lo logramos”, afirmó Marcelo Viana, ingeniero en telecomunicaciones.

“Hepta” y no “hexa”

Los fanáticos brasileños tenían un número en la cabeza, el 6. Era el objetivo, la sexta copa para su país: podrían ganarla en casa y borrar definitivamente el fantasma del Maracanazo. El desempeño de la selección canarinho fue irregular, a pesar de obtener resultados positivos, al mismo tiempo se mostraba como un equipo nervioso, sin experiencia y con fallas técnicas.

En Belo Horizonte, en las semifinales, ocurrió lo que ningún brasileño quería pero que en el fondo todos sabían que era posible: la derrota. Nada más normal en un torneo deportivo, unos ganan y otros pierden. Pero esta no fue una derrota típica, fue “la mayor derrota de la historia de la selección”, como reseñaron algunos medios locales. La poderosa Alemania le pasó por encima a Brasil y le encajó 7 goles en un partido para el olvido. “El complejo de perro callejero” se manifestó nuevamente.

“El error de Felipão -Luiz Felipe Scolari, técnico de la selección- fue pensar que Brasil, solo por ser Brasil, ganaría el Mundial. Pensó que los muchachos iban a tener una inspiración divina que vendría de la fuerza de todo el país, pero en realidad lo que había era una presión gigantesca”, afirmó Gabriela Oliveira, comentarista deportivo de un portal de noticias web.

“Yo no sé qué nos pasó. Esperábamos una derrota en la organización del Mundial, pero jamás nos imaginamos que esto pasaría en el campo. Lo que vino fue el hepta (en referencia a los 7 goles de Alemania) y no el hexa”, declaró Clayton Silva, estudiante de educación física.

Las reacciones ante la estrepitosa caída de la seleção fueron, para algunos, incluso exageradas: autobuses quemados, tiendas saqueadas y malhumor generalizado fue el saldo de un resultado que, si bien no era el esperado, no deja de ser normal en una competición deportiva. La lección: es importante saber perder.

La era de la renovación

Apenas terminó el Mundial, el técnico Luiz Felipe Scolari renunció a la selección brasileña y la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF) prometió renovación. Fue así como el técnico Dunga, que ya había actuado con la canarinho en el Mundial de 2010, se convirtió en el flamante nuevo Director Técnico de la selección.

Para la prensa esto fue un duro golpe, Dunga tuvo una pésima relación con los medios de comunicación durante su paso por la verdeamarela, pero él mismo prometió mejorar su actitud con los medios. “En la era Dunga era complicado, porque si tú le preguntabas algo que a él no le gustase, simplemente se paraba y se iba, varias ruedas de prensa terminaron así”, expresó Gabriela Oliveira. “De verdad esperamos que haya un cambio de actitud, porque si no el pesimismo invadirá no solo a la fanaticada, sino también a la prensa”, agregó.

“¿Renovación volviendo al pasado? ¿Dónde se ha visto eso? A mí me parece una locura haber traído a alguien que ya tuvo su oportunidad con la selección. Para mí la solución era un técnico extranjero, que trajera ideas nuevas, un europeo. Pero la CBF es demasiado prejuiciosa con eso, se creen el ombligo del mundo en el fútbol”, afirmó Clayton Silva.

A pesar de todos los problemas, Dunga tuvo un excelente desempeño al frente del equipo brasileño: ganó la Copa América en Venezuela y la Copa Confederaciones en Sudáfrica, y en las eliminatorias para el Mundial de 2010, Brasil clasificó en primer lugar. “Hay que confiar”, dijo Oliveira.

El legado del Mundial

“El Mundial salió bien, no fue vergonzoso, gracias a Dios. Pero la gente no está contenta, el año pasado salimos a la calle exigiendo mejoras en la salud y en la educación, y no hemos visto nada de eso”, expresó Sidney Melo. Si bien en el 2010, cuando Dilma Rousseff fue electa presidenta, muchos pensaron que el Mundial de 2014 sería su mejor propaganda electoral, la profecía no se cumplió: el índice de rechazo aumentó y se vio obligada a medirse en una segunda vuelta electoral, que ganó con un estrechísimo margen de ventaja de apenas 2%.

Hay quienes afirman que los brasileños son exagerados en su inconformismo, otros piensan que es una actitud que los ayuda a exigirse cada vez más como sociedad o como país. Para Nelson Rodrigues, autor del “complejo de perro callejero”: “el brasileño es un narciso al revés, que escupe su propia imagen. He aquí la verdad: no encontramos pretextos personales o históricos para la autoestima”.

Apuntes sobre videodanza

Por Marcy Alejandra Rangel – @MarcyAlejandra

Soledad cuenta la historia de una mujer confinada al olvido, que se encuentra en un pueblo abandonado y que no puede olvidar un pasado que la atormenta. Buscando espacio, en cambio, es el reclamo de un bailarín que grita desde su interior que necesita un espacio escénico adecuado para interpretarse a sí mismo sobre las tablas. Ambas son historias contadas con pasos de baile a través del video. Ambas son las concepciones del coreógrafo venezolano Walter Castillo, puestas en digital para observar la danza en un plano distinto, donde se pueden contar nuevas historias.

La videodanza es un subgénero que deriva de la unión de la tecnología y el baile. Se desarrolla en un espacio propio, con todos los requerimientos técnicos que necesita una película tradicional: locación, direcciones de arte, fotografía, actoral, vestuario, iluminación, música original, guión, producción. Podría decirse que es más bien un género que nace del campo de las artes visuales, pero desligarla de la danza la haría carecer de su concepción primaria: buscar la excusa y el tiempo perfecto para contar una historia a través del baile. Read More…

“En el cine la realidad la construyen los peones”

Por Benjamín Gáfaro – @BenGafaro

 La película Libertador, relato épico sobre la vida de Simón Bolívar, prócer mítico de Latinoamérica, se estrenó en Venezuela el pasado 24 de julio de 2014. La recepción ha sido mixta, entre los detractores que criticaron algunas inconsistencias históricas y los espectadores que elogiaron la alta calidad de la producción.  Read More…

¡La calle es libre!: estatus sobre el espacio público

Del espacio público se habla mucho, pero ¿es –realmente– pensado? Y aún más importante, al ciudadano y a la ciudad, ¿se les estudia en conjunto? ¿Qué pasa con la mirada en la calle?

Claudia Aguirre – @Clau2812 

Corrado Beguinot, urbanista italiano, sostiene que hay tres formas para enfrentarse –estudiar– a la ciudad: de piedra, que es construida con ideas y luego cemento; de las relaciones, que guarda toda la interacción del ciudadano con el otro y el espacio; y de lo simbólico o subjetivo, que encierra un imaginario del lugar. Sin embargo, cuando se asoma una idea de ciudad, la primera imagen es una edificación. Pareciera que no importa el tipo de construcción, sino lo netamente arquitectónico –“las obras maestras”– y la utilidad inmediata del proyecto.  Read More…

La política perdida en la traducción

Este viernes, Luke Harding de The Guardian publicó un extenso artículo sobre el lado poco visto de la política internacional: sus intérpretes. Desde los momentos definitorios del fin de la Guerra Fría hasta la reforma de la revolución cultural China. Mucho de los discursos más imponentes del último siglo han quedado por la traducción de sus intérpretes y no por el verdadero contexto y sentencia de sus creadores.

En tres perfiles: Elena Kidd, intérprete de Mikhail Gorbachev; Victor Gao, intérprete de Deng Xiaoping; y Banafsheh Keynoush, intérprete de 4 presidentes iraníes, entre ellos, Mahmud Ahmadinejad y Hassan Rouhani.

Detrás de este trabajo no solo está pertenecer a la historia y traducirla, sino captar la personalidad de sus líderes y la emoción de sus discursos. Una vez preguntado a estos tres intérpretes sobre cuál fue su mayor reto, esto fue lo que respondieron: Read More…