Los pedacitos de Andrés Caicedo

Por Jesús Torrivilla –@jtvilla

La literatura está llena de figuras marginales, tipos cuya vida se solapa entre las páginas de sus libros y se funden en un solo mito que pocos descubren. Fuera de los reflectores, de los cocteles y de la buena educación, pululan los escritores que encarnan una verdadera pulsión contracultural. Andrés Caicedo, escritor colombiano que se suicidó a los 25 años, es uno de ellos.

¡Que viva la música!, su única novela, es testimonio del vaivén juvenil de los setenta, época de hervidero de drogas, rock y salsa. En Latinoamérica, mientras unos se sorprendían del mundo rural, naif y mágico de los pueblos profundos, Caicedo veía cine y escuchaba a los Rolling Stones. Los fragmentos de su vida, rotos después de la sentencia de los sesenta seconales que acabaron con su desazón, pueden reconstruirse a partir de las preocupaciones que se revelan en su última novela.

Ángel Gustavo Infante, profesor de literatura latinoamericana de la Universidad Católica Andrés Bello, ubica a Caicedo en una tradición paralela a la del boom latinoamericano, del realismo mágico consagrado en las altas esferas con el Nobel de García Márquez en 1982. “Ángel Rama, crítico uruguayo, hace en 1980 una antología del relato breve latinoamericano para el semanario Marcha, en Montevideo. El libro se llamó Novísimos narradores hispanoamericanos, y en él se mostraban una generación de escritores de comienzos de los setenta con tendencias realistas en sus temáticas. En esa clasificación habla de la novela de la onda, en la que podría calzar ¡Que viva la música!, de Caicedo; también de otros autores como Valverdi y Luis Rafael Sánchez. Ellos tenían en común una línea de trabajo que se vale de la letra de las canciones para proyectar ritmo en sus textos. De la música”.

Esta opción parte de la explosión de la música como identificación de la cultura juvenil en los años sesenta. En 1977, Luis Ospina entrevista a Caicedo en un video titulado Entrevista pirata, allí se puede escuchar al colombiano afirmando: “La juventud se me hace que está optando es por la música, porque para oírla no se necesita de una aceptación, sino que se le puede oír en los buses, en las calles, a través de puertas abiertas, en radios prendidos”.

El uso de la palabra aceptación salta a la vista como una herida rutilante. En la grabación, también habla de la literatura de Cabrera Infante como alternativa, y se refiere al texto lúdico del cubano basado en una canción de Rita Montaner. “Yo creo que esa fórmula para la nueva literatura de hoy se puede encontrar en el poema de Cabrera infante, uno de los mejores que he leído en los últimos cinco años, que dice textualmente, es muy fácil de memorizar:

¡Ay, José, así no se puede!

¡Ay, José, así no sé!

¡Ay, José, así no!

¡Ay, José, así!

¡Ay, José!

¡Ay!

Los críticos reconocen claramente el camino que ha trazado Cabrera en Latinoamérica como precursor de la literatura ligada a la música como motor vital del texto. Ángel Gustavo Infante elabora al respecto: “Este fenómeno comienza desde el 62 con la publicación de Tres tristes tigresDelito por bailar el chachachá, de Cabrera. Y se esparce por todo el mundo hispanohablante con ejemplos como Celia Cruz reina rumba, de Umberto Valverde en Colombia; Entre el oro y la carne, de Napoleón Oropeza ySi yo fuera Pedro Infante, de Eduardo Liendo, en Venezuela, por citar ejemplos locales. Estas novelas demuestran un interés por la música del Caribe en el contexto urbano, no solo de la letra como referente, sino del interés por aplicar el ritmo, para contar la historia de la cultura popular”. Sin embargo, explica que Caicedo tiene una particularidad: “Él está entre dos aguas, el rock anglosajón y la salsa caribeña de la Fania en los 70 como elementos que desencadenan las estructuras narrativas”.

Espejo roto del rock

Dicen las primeras líneas de ¡Que viva la música!“Soy rubia. Rubísima. Soy tan rubia que me dicen: ‘Mona, no es sino que aletee ese pelo sobre mi cara y verá que me libra de esta sombra que me acosa’. No era sombra sino muerte lo que le cruzaba la cara y me dio miedo perder mi brillo”.

Esa voz, la de María del Carmen Huerta, es la que desarrolla Caicedo a la largo de la novela como el testimonio en espejo de una chica acomodada de Cali y sus vaivenes en la droga y en la música. Caicedo, solitario y con el corazón roto, llegó a escribir en sus correspondencias personales: “Antes, mucho antes de que me prendara de mujer alguna, mi corazón ya había sido ganado por la violencia”. Es ese el vínculo que une la novela como una gran deflagración que se consume.

Escrita entre 1973 y 1977, en el ímpetu de sus páginas se adivina la turbulenta historia de Colombia, en una época en que el negocio del narcotráfico reventaba los bolsillos de los primeros capos y los altos precios de la libra del café construían una prosperidad ficticia; los acompasados pasos de la salsa llenaban los locales y reproductores de toda Latinoamérica con el auge de la Fania; y el cadencioso y oscuro rock and roll de los Rolling Stones hacía estragos en las radios.

Y es, precisamente, en uno de los episodios trágicos de los Stones en el que podemos encontrar el reflejo de otro de los fragmentos de Caicedo, quizás el que se nublaba de condena y resignación durante la escritura de la novela.

La historia de Brian Jones, miembro fundador de la banda británica, reverbera especialmente en las páginas de ¡Que viva la música! Los paralelismos son reveladores. En 1969 Brian Jones se ahoga en una piscina un mes después de que sus compañeros de banda lo expulsaran del grupo. El conflicto, signado por las adicciones de Jones, tuvo su detonante en “mujer alguna”: Keith Richards se había quedado con su novia Anita Pallenberg. Cuando encontraron su cuerpo, la policía escribió en el parte “muerte por desventura”, y su hígado y corazón estaban anormalmente hinchados por las drogas.

Caicedo se refiere al episodio en su novela, en un párrafo en el que podríamos ser testigos de una proyección reveladora:  “Leopoldo no hacía otra cosa que presentarme amigos fascinantes. Llegaban de USA y les hacíamos grandes rumbas. Oíamos música las 24 horas, porque uno con la cocaína no duerme. Acumulé una cultura impresionante. Que no me vengan a decir a mí que Brian Jones murió de irresponsabilidad o de flojera; ni si quiera de amor en vano. Las cosas no se dan así como así. Murió fue de desencanto”.

La de Caicedo y la de Brian Jones son dos inconformidades que se encuentran en el desencanto. El colombiano, a pesar del riesgo de convertirse en un arquetipo, tiene una vocación erudita que lo hace diferenciarse, y que es el rasgo que destaca el escritor boliviano Edmundo Paz Soldán en su blog Río fugitivo:

“Caicedo encarna a la perfección el mito del adolescente eterno, alguien a quien vivir más de veinticinco años le parece una ‘insensatez’. Es un producto redondo de los años sesenta, que ensalzan la rebeldía juvenil, que idealizan la inmadurez adolescente. Hay en sus obras algo de sus contemporáneos de la Onda, pero a diferencia de ellos lo suyo no se acaba en el gesto contracultual del joven que usa el sexo, las drogas y el rock como forma de rebelión ante sus padres y la sociedad; junto a ese gesto está, también, la actitud de un crítico serio, que ha leído a Borges, a Pinter, a Ionesco, y que está buscando obsesivamente cierta plenitud que sólo puede darle los libros, las películas: “me hace falta un nuevo fervor por algún escritor, así como lo tuve por Poe, Vargas Llosa, Lowry, Henry james, Hawthorne, Styron”.

En el fondo, lo que se puede extraer de la vida de Andrés Caicedo es una forma obstinada de redención, de la cultura como acercamiento obsesivo, como justificación a un mundo insensato. Y que mediante la escritura se convierten en despedida. En ¡Que viva la música! encontramos uno de esos bramidos finales:  “Yo soy la fragmentación. La música es cada uno de esos pedacitos que antes tuve en mí y los fui desprendiendo al azar. Yo estoy ante una cosa y pienso en miles. La música es la solución a lo que yo no enfrento, mientras pierdo el tiempo mirando la cosa: un libro (en los que ya no puedo avanzar dos páginas), el sesgo de una falda, de una reja. La música es también, recobrado, el tiempo que yo pierdo”.

El adiós no es del todo triste: “Una canción que no envejece es la decisión universal de que mis errores han sido perdonados”.

PS: Siempre me pongo a escribir de Caicedo con cierta periodicidad. A este texto en particular siento que le hizo falta más humor granuja, como decir que el ritmo de la novela Que viva la música es tan descompasado como el trote de Maickel Melamed. Esto por mi teoría de que esa novela es tan imperfecta que es hermosa. No sé. A partir de esta exploración lo próximo que quiero escribir probablemente ahondará en por qué me gustó tanto esa novela y en qué circunstancias la leí; asuntos de otra herida.

Bonsoir, París

Por Natalia Martín.

Al llegar a París me encontré caminando entre un montón de “¿Vous êtes perdu, madmoiselle?” de árabes y moros, vecinos de mi mala decisión de hostal. “Sí, je suis perdu”, hasta que encontré el St. Christopher’s Inn Backpacker’s Hostel. Llegué al hostal, dejé mis cosas en el locker del sótano y fui a ducharme para salir al encuentro con Alexandre Cherreau, el chico con el que había quedado a través de CouchSurfing, una página internacional de viajeros que te permite encontrarte con residentes de las ciudades para que te la muestren e incluso puedes dormir en sus sofás. Read More…

La nostalgia alegre de Americania

Por Andrea Atilano – @teatilano

Americania presenta su segunda producción discográfica bajo el muy apropiado nombre “La fiesta del drama”. Este disco de 36 minutos de duración es una píldora feliz de buena música que presenta a un grupo que ha madurado musical y líricamente hablando, con un sonido diferente y mucho más indie-pop que el de su producción anterior, “Sigo”.

Italo Pizzolante (guitarra y voz), Armando Añez (bajo, teclados y voz) y Álvaro Casas (batería y voz) conservan en este disco lo que es la envidia de todas las agrupaciones venezolanas en búsqueda de un cantante, y es que la banda caraqueña vuelve a elaborar un trabajo en el que sus voces ideales son centrales en la composición de cada pieza. Perfectamente afinado y en concordancia, el canto de Pizzolante se complementa con el de sus dos compañeros en una producción que se parece más a “Concierto en la Sala”, la versión acústica de su primer disco “Sigo”, que al disco en sí, compuesto por aquellas primeras canciones más enérgicas y rock, tanto vocal como instrumentalmente hablando, reforzadas por una presencia de la batería más fuerte que la que se aprecia en este nuevo trabajo.

“La Fiesta del Rey Drama” nos muestra el lado hasta ahora más experimental de Americania, que parece estar explorando el camino indie pop latinoamericano por el que ya han transitado artistas como Natalia Lafourcade (con “Mujer Divina”) o Zoé (con “MTV Unplugged: Música de fondo”); las melodías felices contradicen la poesía triste que compone el disco y lo conceptualiza en una especia de nostalgia alegre, apreciable en las líricas románticas de canciones como ‘Emilia’ o ‘Clara’, y más a menudo en aquellas de despecho melódico como la de su primer sencillo, “Estoy afuera, sal”.

Americania rescata el piano como instrumento clave de su acústico “Concierto en la Sala” y lo adopta nuevamente como el  acompañamiento perfecto para “La Fiesta del Rey Drama”. Como contraparte, el ukelele  presente en el disco ilumina las canciones con la  melodía que producen sus cuatro cuerdas siete pulsadas; el uso de sintetizadores apreciable en  canciones como ‘Guerra’ también es más notable en esta producción que en las anteriores.

Este segundo trabajo discográfico de Americania es en definitiva un cambio de dirección musical de la banda, que explora con libertad y sin miedo sus influencias indie, llevándolas hasta terrenos familiares para el género en latinoamerica y obteniendo como resultado un disco musicalmente impecable, de canciones que bien podrían ser poemas nostálgicos de la modernidad caraqueña. El lanzamiento del disco será el 06 de abril y la única recomendación para ese día es que no dejen de escucharlo.

Marejada de buena vibra y Stand Up Paddle en Los Caracas

Por Gerhard Weil – @GerhardWeil

Fotos: Ernesto Borges @Ephcto / Joan Carolina Chopite

La luz mágica cubría lentamente el escenario. Mientras La Punta se iluminaba, una gaviota alzaba su vuelo y se subía el telón para comenzar el show.  El 26 de diciembre en Los Caracas, más de una decena de entusiastas disfrutaron de una clínica y exhibición gratuita de primer nivel del experimentado waterman francés Bruno André, representante de la reconocida marca de Stand Up Paddles: Nah Skwell.

El concepto era organizar un evento integral que diera a conocer el deporte acuático no motorizado con mayor índice de crecimiento mundial ofreciendo una clínica con los team riders Bruno André y Diony Guadagnino, atletas especializados en la modalidad de paddle surf, quienes sirvieron de anfitriones para probar los modelos de la colección 2013 de la reconocida marca líder en el mercado europeo, la cual será próximamente comercializada en Venezuela.

Bruno fue el primero en entrar al agua para demostrar todas sus habilidades sobre el Paddle. Durante la expression sesion hizo ver fácil las maniobras más complejas y acaparó las miradas del público mientras ejecutaba con maestría un amplio repertorio de figuras. CarvingsOff the topsroundhouses y 360´s, usando, al pie de la letra, el manual para hacer las transiciones, de riel a riel, en las zonas de poder de las derechas, largas y alineadas, con dos a tres pies de altura en el point break de Los Caracas.

Fue impresionante ver cómo André conectaba cada ola dibujando líneas precisas desde la base de la ola hacia la cresta usando el remo como una especie de bisagra que le permitía generar aun más velocidad. Sin lugar a dudas, un verdadero espectáculo de fluidez digno de admiración.

Luego dió una clase de remado, incluyendo tips del ángulo de paleada y la posición correcta del cuerpo, además de explicar una técnica de torsión de muñecas que permite desarrollar un mejor performance de desplazamiento. Posteriormente se dividieron grupos controlados de cinco personas quienes recibieron un coaching personalizado para corregir las fallas en tiempo real.

Atletas de preselección nacional, medios de comunicación especializados, productores audiovisuales y fotógrafos vinculados a la industria del surf se hicieron presentes para darle vida a una mañana en un ambiente familiar cargado de buena vibra, que incluyó al colectivo de fotógrafos de Surftopía: Ricardo Domínguez, Víctor López, Ernesto Borges y Kristian Ortega.

El Nah Skwell Stand Up Paddle Test and Expression Sesion se llevó a cabo gracias al valioso apoyo de ZonaRadical.com, La Mega, Revista Extrema, Meridiano.com.ve, Movimiento Vertical, Hoy Que Hay, Vibras Mag, además del aval institucional de la Fundación Pro Surf y la Federación Venezolana de Surfing.

 Las raíces del deporte del SUP

Desde hace miles de años, la humanidad ha usado canoas, troncos y cualquier vehículo que flote como medio de transporte, apoyándose de un remo para desplazarse. El resultado es que desde hace poco más de una década, los surfers de origen hawaiano empezaron a practicar el Stand Up Paddle Board, que es hoy en día el deporte acuático no motorizado con mayor crecimiento a nivel mundial gracias a su versatilidad y beneficios.

Los inicios del Paddle Board se refieren a la década de los años 60 cuando los Beach Boys (instructores de surf) en la playa de Waikiki en la isla de Oahu en Hawai usaban sus longboards y los remos de canoa para asistir a los turistas que se iniciaban en el deporte del surf, ya que estar en una posición vertical les permitía tener una mejor visibilidad de su grupo y ver los sets, a lo lejos, en el horizonte.

Así, a principios del año 2000, legendarios surfistas hawaianos como Laird Hamilton y Robby Naish, comenzaron a hacer SUP como una forma alternativa para su entrenamiento los días de poco oleaje y rápidamente se dieron cuenta de la versatilidad de este deporte.

#EstamosViendo: David Bowie rompe 10 años de silencio

Luego de transcurridos 10 años del lanzamiento de su último álbum, Reality, y a propósito de su sexagésimo tercer cumpleaños, David Bowie dio a conocer este martes su nueva canción “Where Are We Now”.

The Next Day es el nombre del álbum que contendrá esta canción y que estará disponible a partir del 11 de marzo en el Reino Unido.

La canción remite a sitios importantes de la vida de Bowie y el aura melancólica de la melodía y el video ha generado dudas sobre si esta será la última producción del artista.

http://www.youtube.com/watch?v=FOyDTy9DtHQ&feature=player_embedded

#EstamosViendo: 2012 en 60 segundos

http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=g1MVjYHpQls

Por Gabriela Benazar Acosta-@GabyBenazar

 ¿Qué no pasó en 2012? Guerras civiles, un hombre saltando desde la estratósfera, Michael Phelps y Usain Bolt rompiendo récords y hasta naufragios improbables. Google ya hizo su  video de resumen del año, pero este 2012 que termina necesita un repaso más (especialmente al no haberse acabado el mundo, como estaba previsto).

 La agencia de noticias Reuters  compiló en apenas 60 segundos los eventos más relevantes de este año. Un paseo de imágenes breves que cubren lo más noticioso de política internacional, deportes, música y eventos que fueron punto de inflexión en la historia de quienes los vivieron.

Después de estos intensos 366 días ¿Qué podemos esperar de 2013?

 

#EstamosViendo: Mejores películas del año

http://vimeo.com/55071466#

Por Gabriela Benazar Acosta- @GabyBenazar

Criterion Corner elaboró una compilación de escenas de aquellas películas que ellos consideran que son las mejores de este año que ya está por terminar. Desde cine independiente hasta grandes producciones de Hollywood, 25 largometrajes componen la lista de lo mejor de 2012.

 Skyfall, The Avengers, Oslo October 31st, The Cabin in The Woods, the Deep Blue Sea, Anna Karenina, Après Mai y Django Unchained son algunos de los títulos que llegaron a la lista de los bloggers cinéfilos de Nueva York.

Adiós, 2012

Por Gabriela Benazar Acosta- @GabyBenazar 

Hay personas que no le prestan atención al fin del año. Yo no soy una de ellas. Para mí es un momento para apreciar todo lo que pasó en 365 días (o 366, según sea el caso) y todo lo que he cambiado, para bien o mal.

Todos los años cuando estamos llegando al fin de diciembre, son casi inevitables los pensamientos referentes a lo rápido que pasó el año, a lo que se logró y lo que no tanto y prácticamente con inmediatez surgen las ideas sobre el nuevo ciclo que se iniciará solo en un par de días.

Pero ¿Cómo hacemos esa transición de un año a otro?

Las transiciones son altamente subestimadas por lo imperceptibles que pueden llegar a ser. Cada día hay un cambio; ayer no era la misma persona que soy hoy. Todos los días algo aprendes, algo vives, algo te cautiva y te hace cambiar. Un año es una gran transición que se desglosa en un cúmulo enorme de otras más pequeñas.

¿Cuáles fueron esas transiciones que nos marcaron tanto este año? Pueden ser las decisiones que tomamos, o las que no, que nos llevaron por un camino determinado a veces sin punto de retorno. Desde las más pequeñas, como dejar el café, hasta las más grandes como decidir qué estudiar o dónde trabajar van hilando poco a poco la reflexión hacia la que llegas al fin del año.

¿Recuerdas qué era lo que querías lograr este año que se acaba? Si lo obtuviste, puedes sentirte satisfecho. Si cambiaste de opinión o simplemente aún no lo has logrado, tienes algo de motivación tácita para el próximo año. Mientras haya algo que te mueva seguirás creciendo.

Lo que considero más importante de estos cierres es entender en qué me equivoqué y en qué hice lo que tenía que hacer; en las cosas que me hicieron extremadamente feliz y absurdamente miserable; qué aprendí y de quién y los momentos que sé que cuando vea hacia atrás dentro de unos 10 o 20 años recordaré como lo mejor de 2012.

El día en que te conocí, ese café que nos tomamos juntos, ese libro que me regalaron de cumpleaños, la materia que raspé, los premios que gané, todo lo que dije y me dijeron, ese viaje a la playa. 2012, te dejo dándote las gracias y recordándote a Cortázar:

¿Por qué, después,
lo que queda de mí
es sólo un anegarse entre las cenizas
sin un adiós, sin nada más que el gesto
de liberar las manos?

#EstamosViendo: Alfred Gómez Jr. – Si Es Amor

“Si es amor, absoluto amor, llenará tu corazón” mediante esta letra Andrés Gómez Jr. de la ciudad de Pto. La Cruz, nos presentá su video Si Es Amor, bajo la dirección y animación de Juvenal Mata y Ariana Aguilera.  “La música sencillamente llena un espacio en el alma y el cuerpo de quien recurre a ella. Esa es su función y eso me gusta hacer con ella” comentó Alfred.

Para más información síguelo a través de @alfredgomezjr

Crowdfunding para dejar de matarnos

Por Juan Pedro Cámara Perez – @juanpecamara

Los sondeos de opinión soy muy claros. En un país que se mantiene en constante efervescencia, paralizado en muchos casos por carencias en los servicios públicos, el desabastecimiento alimenticio, la pérdida del poder adquisitivo, etc, hay un problema que los supera a todos: la criminalidad. Según la un estudio de la encuestadora Gallup, el 61% de los venezolanos coincide en que la violencia es la peor de las plagas que azotan a los venezolanos.

El tema está en la palestra y son muchos los que se organizan para aportar sus ideas. Dentro de estas iniciativas llega Apuntes para dejar de matarnos, un documental de financiamiento colectivo que recopilará el testimonio de un país invadido por una violencia que ha tomado casi todos los espacios; calles, hogares e instituciones.

El proyecto está dirigido por Juan Carlos González Díaz, sociólogo, escritor y documentalista venezolano que se propone no solo mostrar la cara más trágica, sino también los esfuerzos que se han venido haciendo para pacificar el país. “A través de un coro de voces, este documental será un vehículo para qué más personas se convenzan de que en Venezuela podemos vivir y morir sin necesidad de matarnos”, informa la página web del documental.

Para completar la producción de este documental, sus realizadores buscan apoyarse del crowdfunding, una estrategia de financiamiento colectivo que permite a los usuarios interesados en apoyar el proyecto brindar aportes monetarios, con una retribución, claro está. Esta vez podrás ver tu nombre en los créditos de la pieza (entre otras muestras de agradecimiento) con aportes tan grandes como lo desees. Ya la campaña comenzó, y se mantendrá en línea hasta el 14 de enero. Para colaborar, ingresar en este enlace, y seguir las instrucciones que ofrece el portal.

Quizás algún día volvamos a ver con desparpajo un insulto de carro a carro, o que un motorizado se lleve por delante el retrovisor. A lo mejor en algún momento volveremos a sentir indignación de ver golpes en el hemiciclo de la Asamblea Nacional o a llorar las cifras que se acumulan y olvidan con igual facilidad. En palabras de Héctor Torres, colaborador del documental: “Siempre trato de hacerle entender a mis hijos que esto que estamos viviendo no es normal”.