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Pistola, papelón y el resto del mundo

Este Fuera del Aula puedes encontrarlo en nuestra vigésima edición impresa. Pídela por Twitter o descárgala por la web.

Por Gabriella Mesones – (@unamujerdecente)

Somos la generación del desencanto y la incertidumbre. La sensación colectiva es que somos un país fracasado, y podríamos hacerle los honores a Chocrón y venderle la nación a los asiáticos, agarrarnos el dinero y que cada quien busque su camino en la internacionalidad. La destrucción ya es parte de nuestra idiosincrasia. Lo vemos en nuestra vestimenta de arquitectura modernista, en los constantes edificios que vemos caídos y suplantados por cubos de vidrio, en las perennes construcciones que inundan la ciudad, en las noticias de los periódicos, en el discurso de nuestros líderes y en el discurso de los que no lo son.

Por mucho tiempo quise irme, hasta que se me quitaron las ganas. Sí, mis días también están teñidos de hostilidad, malos servicios, tráfico, contaminación, corrupción, discriminación, indignación y pare usted de contar. Pero alguna vez fuimos la ciudad más amable del mundo, y en la actualidad somos el país más feliz de esta corteza terrestre; sea como sea que los entes internacionales lleguen a esas conclusiones a las que siempre me mantendré escéptica.

Amo todo esto que nos rodea. Amo su desorden, su ruido y su caos; su carácter impredecible para lo bueno y para lo malo; y, sobre todo, creo que amo su energía destructora. Quizás por eso tenemos memoria a corto plazo: derribar para montar cosas nuevas nos deja poco espacio para el recuerdo. Por otro lado tenemos a su cielo azul y su sol tan caliente que pareciera que lo vemos de noche. Sus guacamayas y sus guacharacas que te despiertan a las cinco de la mañana. Sus mangos y sus guayabas. Su naturaleza luchadora que hace que crezcan lindas matitas con flores en el concreto y en los cables de electricidad. Su café y su cacao. Sus llanos, sus tepuyes, sus cataratas, sus ríos y sus montañas. El Ávila, a veces verde, a veces roja, a veces amarilla. Su gente zalamera con ansias de hablarte en la calle. Su gente extraña, extrañísima.

Hay una anécdota que siempre me ha parecido la metáfora perfecta: mi madre camina conmigo en mano y detiene una camionetica, me monta y con ella todavía pisando la calle el carrito arranca. Un señor detiene el carrito y regaña al conductor: “¿Cómo es esto posible? ¿Qué le ha pasado a esta ciudad que una señora no puede caminar tranquila con su hija?” Mi madre da las gracias y, apenas se sienta, el señor saca un machete y roba a toda la camionetica, menos a mi madre y a mí, claro. Nos sorprende de la misma forma un acto de maldad como uno de bondad y la mayoría de las veces encontramos estos extremos en una sola persona. Una metáfora de nuestra ciudad o del mundo, me gusta más pensar ese señor es la esencia de lo que se vive únicamente en esta ciudad.

En la calle me he caído a cervezas con obreros y después he conocido a mendigos que hablan del espacio y la velocidad de la luz mientras me ofrecen aguardiente a pico de botella. He comido mango con vendedores de libros que saben todo lo que yo quisiera saber de teatro venezolano. Se han inventado acentos para conquistarme en las calles, como lo hizo  “Habibi” con su acento llanero árabe. Viejitos españoles han bailado conmigo en plazas. Artesanos me han invitado a la playa con drogas duras incluidas. La piedrera que me ofreció unas puñaladas me terminó abrazando cuando se enteró de que era mi cumpleaños. Camioneros me han regalado patilla porque me han visto con sed caminando bajo el sol.

La magia de hablar con desconocidos es que no hay ningún tipo de atadura: he escuchado los sueños y las decepciones más profundas del que se sienta al lado mío en el carrito. He hablado de la maldad y de la esencia del ser humano con barrenderos que se jactan de ser los perfectos espectadores de la calle. He compartido cigarros con seres que se inventan profesiones y absurdas cuando les pregunto qué hacen. He tomado guayoyos con señores mayores que se han mochileado toda Latinoamérica y extrañan no haberlo hecho más. Se me han acercado mujeres hermosas de voz ronca y manzana de Adán para hablarme de cuán esclavos somos de nuestro cuerpo.

La realidad detrás de los esporádicos encuentros suele ser dura. Acostumbran a hablar de la tristeza, de los matrimonios fallidos, de las malas relaciones conlos hijos, de lo vacíos que están nuestros monederos, de los futuros proyectos que uno sabe que no se van a dar, de los vicios de los que no podemos despegarnos. Por alguna razón siempre he percibido que estas pequeñas descargas de calle están bañadas con un aire de humor, plenitud y hasta sabor, coño. Quizás es que estoy obsesionada con Gabriel García Márquez o capaz es que verdaderamente somos felices por el simple hecho de tener pájaros de colores en nuestro cielo azul, frutas que pareciera que tuvieran azúcar encima, palomas tímidas, viento fresco que nos pega en la cara, café increíble en cada esquina y petróleo en abundancia.

Recordando la literatura que leía cuando niña, me doy cuenta de que las historias venezolanas tenían siempre un halo de conformismo encima. Como en El cocuyo y la mora, donde el insecto era un insensible y un ingrato con quien lo cobija tiernamente. Creo también que Caracas nos trata así, porque nosotros no la tratamos muy distinto. La ciudad claro que es hablante y el discurso que generan a veces nos obliga a irnos, cuando en realidad debería convencernos para quedarnos. Tulio Hernández nos lo dice también: Caracas siempre ha sido una tarima desde la cual se habla al país, pero nadie se ocupa de mirarla a ella. Caracas termina siendo nuestra Odisea, un viaje complicado lleno de obstáculos terribles, pero al final la meta siempre es volver a casa, y qué buena suerte que casa sea este valle generoso que nos cobija o nuestros campos de papas, tapiramas y frijol. La casa está donde está el corazón, y qué rico que Caracas nos lo haya robado.

Cerco a la información en la Morgue de Bello Monte

La Morgue de Bello Monte (Caracas) comenzó el mes de agosto con una nueva cerca de alambrado eléctrico, la cual fue instalada para limitar el ingreso de periodistas de sucesos al lugar. Hoy miércoles 03 de agosto un grupo de periodistas, reporteros gráficos y camarógrafos protestó a las afueras de la morgue en rechazó a esta nueva traba de las autoridades; quienes fueron acompañados por Marcos Ruiz, Secretario General del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa (SNTP). Ruiz solicitó por medio de un comunicado una reunión con la directiva del Servicio Nacional de Medicina y Ciencias Forenses (SENAMECF) para establecer las garantías necesarias para el cumplimiento de la labor informativa. El cerco a la información forense en Caracas comenzó en 2003, cuando cerró la oficina de prensa de la antigua Policía Técnica Judicial (PTJ) y la información fue centralizada en el Ministerio de Interior y Justicia y el Ministerio de Comunicaciones; después de esta medida los periodistas de la fuente decidieron cubrirla directamente en la Morgue de Bello Monte, recaudando datos con los familiares y el personal. El nuevo obstáculo físico también es una metáfora de lo que sucede puertas adentro de la institución, trabajadores han denunciado de forma anónima que son vigilados constantemente y que sus celulares han sido decomisados en la sala de autopsias para evitar que llegue información a la prensa. Desde Revista Ojo nos solidarizamos con los reporteros afectados y nos unimos a su voz de protesta a través de la etiqueta #LaCercaNoEvitaCrimenes. (Foto: Contrapunto)

“Brindemos, porque en este país todo está cheverísimo y no pasa nada”

La pieza original de Elio Palencia y dirigida por Orlando Alfonzo, se presentará del 15 al 31 de agosto en la Sala Río Teatro Caribe

El colectivo Kebebasan Producciones presentará la obra Habitación Independiente para Hombre Solo, del dramaturgo venezolano Elio Palencia, en Río Teatro Caribe, del 15 al 31 de agosto, viernes y sábados a las 7pm y domingos a las 6:30.

Con la dirección y un epílogo performance de Orlando Alfonzo, la obra está ambientada en el año 1989, y cuenta la historia de siete jóvenes que comparten un hogar en Caracas. Puertas adentro: conviven en una casa que deben desalojar. Puertas afuera: se gesta el Caracazo. Read More…

Guía básica del Vintage

Con tantos mercaditos vintage en boga y la presión social de buscar a un súper hipster, OJO te trae las subidas y caídas de la moda de la primera mitad del siglo XX. 

Por Orianna Camejo – (@OriasMultiverse)

El término vintage empezó como el nombre de las mejores cosechas de las bodegas de vino. Pero ahora el término se ha diversificado hasta ser una tendencia que muchos confunden con un lifestyle. Vintage es cualquier objeto o producto que está en esa pequeña línea entre lo actual y lo antiguo, y es necesario que sea genuino, si no sería una pieza retro. Todos tienen ese punto vintage enfocado en alguna década o año del siglo XX, por lo que vintage se ha transformado en la denominación de una cantidad de estilos, objetos y formas de más de 10 décadas. Para rescatar a los confundidos entre retro y vintage, aquí están las etapas del vintage.

En tiempos de la Primera Guerra Mundial y posteriores, la silueta de los vestidos se degradó hasta que en los 20’s desapareció por completo para recrear una figura más prolongada y sofisticada. Después de esta era conocida como el período de la Gran Guerra, las faldas empiezan a recortarse. Así empezó la época del jazz, el desenfreno y el charleston. Coco Chanel fue una de las innovadoras que cambió tan drásticamente la línea desde la moda del siglo XIX a la de la década de los 20’s.

Después de 1922 llega el flapper, estilo que no fue único de su época pero que sí dejó bastante legado. Con la convulsión social, política y económica de los 20’s, llegó un estilo de mujer que rompió con todos los parámetros de lo ladylike. Eran abiertas sobre su vida sexual, seductoras, fumaban, bailaban, bebían y manejaban sus propios carros. Zelda Fitzgerald fue el primer ícono flapper americano. El intercambio cultural entre América y Europa dio raíces al asunto. El corte por la cintura desaparece y el dobladillo es usado en forma de pañuelo (como en la imagen de 1923). Esta liberación femenina hizo que, a principios de los 30’s, las faldas llegaran hasta la rodilla.

En los años de la Gran Depresión, los excesos dejan de ser una opción y regresa una imagen mucho más sobria. El corte en la cintura regresa con menos fuerza y los cortes de falda son más recatados. Las innovaciones no se hicieron en la forma sino en el decorado. De texturas florales y detalles de varias capas de tela, la moda no se permitía lo exuberante pero en la practicidad encontró la elegancia.

Con la Segunda Guerra Mundial América y los países confederados encontraron una época de fervor gracias a los acuerdos bilaterales. La calidad del sastre se convirtió esencial y los vestidos se transformaron en faldas ligeras y camisas. La forma se ajustaba al cuerpo para crear más ángulos. El estilo de las mangas al principio fue airado pero al transcurrir la Guerra y ponerse en boga los cortes masculinos, entraron las hombreras. Las faldas eran holgadas hasta 1940, cuando tomaron el corte de línea A para ahorrar tela.

Luego de la Segunda Guerra Mundial hubo una época de fuerte racionamiento. Christian Dior en 1947, para contra-atacar una nueva represión en la forma, crea una nueva línea que cambia la forma de vestir femenina y su sastrería. Con las faldas se alargó la figura y el corte hourglass pegado a la cintura realzó como nunca antes la figura femenina. Y para también terminar con las hombreras, tan masculinas, se utilizó una manga mucho más suelta y caída, aligerando la línea. Esta revolución devolvió a París como la capital de la moda.

La época de racionamiento culminó en 1951 y los principios de Dior se mantuvieron pero con menos rigurosidad y pomposidad. La silueta se aligeró, comenzaron las chaquetas cuadradas y las faldas rectas. En los cuellos se adoptó la línea circular y las mangas desaparecieron. Jackie O y Audrey Hepburn son grandes ejemplos de esta época.

A mitades de los 60’s las tensiones sociales y políticas que generaron la Guerra de Vietnam y Martin Luther King en América diversificaron las posibilidades de estilo. Primero se transformó la silueta con vestidos línea A, monocromáticos y vibrantes que fueron comercializados por Twiggy. Las interpretaciones retro del pantalón femenino se viralizaron y finalmente el movimiento hippie aligeró las cosas hasta convertir la moda en algo más que práctico, orgánico y fresco.

(Vía Tuppence Ha’penny)

Cultos, a la ley

Este jueves en la ONG se hizo por primera vez una reunión entre artistas y cultores con un propósito, discutir cómo va a ser esta nueva cultura nacionalista.

Por Orianna Camejo – (@OriasMultiverse)

Sentados en un círculo, rodeados de la exposición Tránsito a la Libertad de Amílcar Gualdrón, comenzó una discusión que tomó caminos insospechados. ¿Qué es la cultura? Es intangible e inexplicable, es orgánica. No preocupó conceptualizarla como pretende hacerlo la nueva legislación, sino estudiar cómo va a afectar la producción creativa y su relación con la gente.

Hay un epíteto que está intrínseco en esta nueva ley: nacional. Una cultura nacional que está enfocada en la geografía, la historia y la herencia; no en la creación y la innovación. Con la anti-moderación de Willy Mckey y las intervenciones de diferentes medios como la Organización Nelson Garrido, el periódico El Libertario, las revistas Arepa y OJO, fue una discusión donde afloraron preocupaciones pero que culminaron en un propósito común: a pesar de cualquier obstáculo, mantener las ventanas creativas abiertas, como se pueda.

La nueva Ley Orgánica de Cultura tiene una estructura flexible y muy abierta a la interpretación, por lo que no se puede conocer de antemano cuál va a ser su efecto. Los asistentes, sin embargo, se atrevieron a esbozar el panorama:

“No vamos a crear un concepto (de cultura) que los antropólogos no han podido dar, lo que debemos hacer es arte.” Willy Mckey.

“Esta nueva ley está disfrazada de verosimilitud gracias a lo tomado del modelo brasilero.” Gerardo Savarce

“Con la autogestión podría pasar lo mismo que con la educación y la salud. Se volvieron privadas y a nadie le importan las instituciones públicas.” Willy Mckey.

“Me importa que estos proyectos sigan pero, si van a tomar una fotografía en los barrios, no solo vayan a tomar la foto sino enséñenles a los niños a volar papagayo, compartan con ellos. Enséñenles nuestra cultura.” Luis Britto.

El punto clave entonces se convirtió por más de una hora en el plan presupuestario que se quiere implementar en el área de Cultura como ya lo han hecho con el deporte y las ciencias: el 1%. Esto quiere decir que el 1% de las ganancias de todo el sector privado deben ir a fomentar, crear y difundir la cultura. En Brasil esta fórmula ha sido modelo a seguir, pero Brasil es una Confederación y Venezuela es una República (una bien centralizada) por lo que el Estado impondrá en qué proyectos culturales se va a invertir este 1%.

La situación presupuestaria de los proyectos culturales venezolanos ya es precaria, no es fluida; por lo que la posibilidad de más obstáculos da una imagen desalentadora para proyectos que se quieran desarrollar en el futuro.

Otro matiz de la discusión la aportó Luis “el Gusano” Britto, escritor y dramaturgo que a través de una vivencia con un grupo de mujeres de la Misión Cultura dejó en claro que hay una división en la cultura venezolana. El Estado ha proporcionado a estos cultores para enseñar la cultura venezolana a todos los que residen en esta tierra, pero estos cultores son conocidos por ser cubanos. Esta ambigüedad peligrosa hace pender lo autóctono de un hilo. De todos estos pareceres, más un sin fin de perspectivas, cerró este encuentro con promesas de fomentar aun más a fondo la cultura. De hacer llegar la cultura venezolana con todos sus matices y propuestas a cada persona que ha jugado con un trompo, se ha asustado con las leyendas de la llorona, y disfruta del pabellón y la cachapa.

El Encuentro dio como frutos un sentimiento renovador entre los presentes para implementar la creatividad y la propia cultura sobre esta Ley Orgánica que pretende medirla. Entre los planes quedan una cartografía que demuestre cómo y qué tanto llega la cultura a los venezolanos, la alternativa informática que permita conocer cómo se invierte el 1% y la profundización de redes entre los proyectos nacionales y mantener las relaciones con proyectos internacionales.

 

Suena el 2013

Entre el reggae y el ska, el rock y el pop, el hip-hop y el bolero, la música nacional arrancó el 2013 con una agenda de lanzamientos muy prometedora. Merece la pena voltear y revisar revelaciones, aciertos y lamentos. Disfruta estas reseñas en la vigésimo primera edición impresa. Pídela por Twitter o descárgala vía web.

Por Joseph Artiles

Para el rock venezolano, el 2013 ha sido, cuando menos en cantidad, prolífico. Debuts, regresos, y confirmaciones de talento nacional es lo que ha sobrado en la primera mitad del año. No podíamos dejar de dar nuestra visión de algunos de los discos criollos que nos han puesto a bailar. Con el compromiso de oídos afinados, contexto y nada de cursilería.

Los Colores – Clásico

Pocas bandas nacionales han sido objeto de tanta promoción. Sin siquiera haber hecho público un tema o haber tocado en un par de bares, ya se oía hablar de “unos chamitos que suenan increíble”. Tampoco el bolero-rock había sido explorado por muchos músicos criollos; aunque no es un invento de la banda, ni mucho menos (Café Tacvba y Enjambre, de México ambas, han jugado toda su carrera con el género). Clásico, el disco debut de Los Colores tiene puntos de altísima calidad: el mayor está en la voz de Alejandro Sojo. En general es un disco romántico, de amor perfecto, hasta algo ingenuo, pero no por eso menos agradable. Otro punto positivo: define un estilo, sin hacerse repetitivo o cansón. A pesar de estar muy bien elaborado, con arreglos orquestales, no se despega de una sencillez muy atractiva. Se hace fácil darle vuelta y vuelta. “Ok”, “Tu miedo”, “Ave de cartón” y “Nos vamos los dos” son excelentes temas.

Telegrama – Cambia a tus amigos

Cinco años después de lanzar Country Club, la banda liderada por Javier García presenta su nuevo disco. Se nota mucho más elaborado y complejo a nivel musical que los trabajos anteriores de la banda. Mantiene la exploración de temática de sus letras: rebeldía amorosa, descontento y desapego con la situación del país. No es una banda con temas de desagarrado conflicto social, pero hablan con franqueza, sin poses fingidas, disfraces, ni gritos de revolución prefabricados. Solo una visión real de quien lamenta lo malo y aprecia lo bueno. Los 45 minutos que dura el disco pasan ligeros, como siempre que se disfruta algo. Puntos altos en “La hora de Caracas”, “Vamos”, “Solo estoy contigo” y “Hoy se hunde esta casa”.

La Vida Bohéme – Será

El segundo disco de la banda es quizás el más esperado de este año. Hace un buen recorrido fusionando el dance-rock con elementos de jazz, calipso y percusiones afro-latinas; aunque cae en sonidos repetitivos y el acostumbrado ruido, técnica ya vista en su primer trabajo. Con el cambio de imagen, la prosopopeya patriótica logra opacar el talento de la banda. El disco está lleno de contrastes: va de líricas grandilocuentes a otras de inexplicables similitudes con un discurso del partido de gobierno, como “Yo no nací en el cerro, me avergüenza decirlo pero es cierto”, del tema “Angelitos Negros”. Tiene mensajes muy bien logrados, entre lo personal y colectivo, en “La bestia”, “Viernes negro Helena”, “La piel del mal” y “Aún”.

Rawayana – Rawayanaland

Años luz separan Licencia para ser libre de este nuevo disco de Rawayana. Cuesta encapsularlos en un género con un trabajo que tiene desde un chachachá, hasta fusiones de hip-hop, jazz, ritmos latinos con el punto fuerte: el reggae. En el álbum se nota la influencia de Afro, de los Amigos Invisibles, uno de los productores. De hecho, es esa agrupación la primera que viene a la mente como punto de comparación con este disco de Rawayana, guardando las distancias. Las colaboraciones de McKlopedia, Natalia Lafourcade, Psycho y del mismo Afro son la guinda de un disco muy bien logrado, muy cuidado en los detalles. “La pistola”, “Mamita” y “Ay ay ay” son lo mejor de un disco muy bueno.

Americania – La fiesta del Rey Drama

La vuelta al ruedo de Americania, más que llena de drama, está cargada de nostalgia. Un disco de gusto particular, íntimo. Mucho menos movido que su debut, de menor fuerza. Tiene una energía depresiva al mejor estilo de Beck, Blind Pilot o lo menos estridente de Bloc Party; con la diferencia de su aire adolescente. A pesar de que es un disco ligero, por poco variado, se hace repetitivo y hasta aburrido. “Emilia”, “Silencio”, “Lista” y “Cuídame” destacan cuando se escuchan detenidamente, porque bien podrían pasar desapercibidos en el conjunto. Cada uno tendrá su tema favorito, dependiendo de su situación emocional. ¿Algo positivo? No queda ninguna duda del talento de Álvaro Casas, Ítalo Pizzolante y Armando Añez.

Los Paranoias – Que se activen las alarmas

Si disfrutas de la música de Los Paranoias, este nuevo trabajo te va a encantar. Los Paranoias no abandonan su comodidad, entre el britpop y su bien conocida afición por los Beatles; sin embargo, tras cuatro años de ausencia, cumplieron expectativas, y volvieron con un trabajo cuidado, de calidad. Las historias de amor, bueno y malo, están por todos lados en el disco. “2 de Agosto” y “Satélite” destacan muchísimo, este última el mejor tema del disco. Carlos Imperatori dejó su huella con una producción impecable, donde también colaboró en un par de temas. Víctor Rodríguez (Los Humanoides) y David Rondón también aportaron su experiencia en este, el quinto trabajo de la banda.

Apache y Canserbero – Apa & Can

Fórmula básica del hip-hop: versos que suenan a ciudad en crisis, la unión de los dos mejores liricistas del género en Venezuela, temas de barrio, problemas comunes a todos, temas de confrontación y otros de conciencia. Es la fórmula perfecta, aunque no la más arriesgada. Este álbum podría estar entre los mejores del género en el país; aunque la competencia (incluso con los mismos autores) es fuerte. Entre los temas destacados están “Stop” y “Stupid love story”; pero, de lejos, el mejor es “El mundo ABC” en el que cada estrofa comienza con una letra del abecedario.

La incandescencia del momento

Este artículo es parte de la vigésimo primera edición de Revista Ojo. Pídela por Twitter, búscala en las librerías o descárgala desde la web.

Por Carolina Acosta-Alzuru

Abrí la boca para hablar y, sin previo aviso, mi pierna izquierda temblaba. Duro. Sorprendida, la traté de controlar con la mano como si fuera un niño con un ataque de malcriadez. Agradecí mentalmente la mesa que la ocultaba y continué lo que estaba diciendo. Que no se me notara el temblor en la voz. Que no se me deshilvanara la exposición. Después de todo, soy profesora, disertar es parte de mi cotidianidad. Y hablar siempre se me ha hecho infinitamente más fácil que escribir. Sería irónico que balbuceara cuando, después de escribir páginas y páginas, había llegado a la meta: la presentación de mi libro La incandescencia de las cosas. Conversaciones con Leonardo Padrón en el 5to Festival de Lectura Chacao.

Siempre había querido asistir a esa fiesta de los libros en la Plaza Altamira de Caracas. Pero presentar mi trabajo allí tenía rango de sueño imposible. Entre otras cosas porque yo no vivo en Venezuela. Pero aquí estaba. Frente a mí había un gentío que desbordaba el “Salón Obelisco”. No en balde mi pierna insistía en su insurrección.

Estaba clarísima, la mayoría de ellos no estaban allí por mí, sino por el foco de mi libro: el escritor Leonardo Padrón. Tengo 14 años estudiándolo y caminando en paralelo con él. Estamos acostumbrados a pensar juntos en voz alta. Leonardo y yo somos buenos amigos. Sé bien cuán alta es su visibilidad y lo fuerte que es su poder de convocatoria. Pero en ese público también se asomaban los rostros más queridos de mi vida. Y los de las personas más cercanas al verdadero Leonardo, ese que yo había tratado de develar en una entrevista de 239 páginas. Él estaba a mi izquierda presidiendo el evento conmigo y estrenando una particular sensación de intemperie:
—Esta mañana estaba refrescando algunas páginas del libro y me decía: “¿Y yo conté esto?”. Es una conversación inmensamente desnuda de una persona que está escudriñando al otro para que llegue a eso que llaman el alma.

Que él evaluara el libro así me enorgullecía y tranquilizaba. Habría que esperar, por supuesto, la reacción de los lectores cuando lo hicieran suyo.

Pero todavía no podía imaginar al libro en manos de nadie. Por alguna razón mi mente no se movía hacia el futuro. Mas bien, retrocedía. Ante mis ojos se proyectaba la película del día que Ulises Milla, director de Editorial Alfa, me ofreció este proyecto, torciendo ruidosamente el camino que yo me había trazado para el año 2012. Vi mis viajes a Caracas para grabar las conversaciones que conformarían el libro. Mi lucha contra la escasez de tiempo —el que Leonardo me podía dar y el que yo tenía para estar lejos de mi casa y mis clases—. Reviví un año de madrugadas en las que el sol me encontró siempre sentada trabajando en mi mesita azul. Sentí el cansancio de la rutina de espantar a mis demonios que me repiten, como aquella profesora que tuve en bachillerato: “Tú no puedes escribir, Carolina, tú no sabes escribir”. Y me vi como una trapecista. Por un lado, aferrándome al rigor de mi entrenamiento académico en el diseño de cada conversación. Y por otro, soltándome a la hora de escribir. Quiero vacunar a mis textos contra la insipidez que le es endémica a la academia. Mi mesita azul no es un escritorio, es un ring de boxeo.

Regreso al presente. Un hombre del público toma el micrófono:

—Los escenarios del país han cambiado desde que usted terminó su libro. Si el libro cerrara mañana, ¿qué pregunta le haría a Leonardo? ¿Y cuál sería su respuesta, Leonardo?

El público aplaude la doble pregunta y nos mira expectante esperando un performance en vivo de lo que el libro promete. Yo siento que nos acababan de hacer un pase en el área que solo podemos chutar de volea. Es un tiro difícil, pero siempre es un espectáculo si logras convertirlo en gol.
Pregunto:

—Leonardo, dos semanas después de las elecciones presidenciales del 14 de abril, ¿tú ves el país más oscuro o más claro que hace 15 días?

Él responde de inmediato:

—En este momento tenemos mucha más esperanza de país, a pesar de lo oscuro que está el panorama. Venezuela ha conseguido la solidez de un líder realmente decisivo para los años que nos tocan por vivir. Es el momento de los demócratas. Es el momento de la verdad. Y ese momento solo es posible con todos nosotros. No se trata solo de un líder y su voz, se trata de un país entero.

El Salón Obelisco aplaude larga y sonoramente. Leonardo y yo sonreímos con cierto alivio. El país, siempre el país. En él confluyen de manera obsesiva nuestras angustias, esperanzas y discurso. Es la trama en permanente escritura. La telenovela que está atascada en su “etapa cumbre”.

Ya perdí la cuenta del número de veces que he tenido que responder esas dos preguntas infaltables: ¿Por qué estudias las telenovelas? ¿Por qué las de Padrón?

Son muchos los personajes y tramas salidos de la mente de Leonardo que se han convertido en análisis en mi mesa de disección. Pero es “Micaela”, la protagonista con Síndrome de Asperger de La mujer perfecta, la que nos recuerda con mayor contundencia que la telenovela es un poderoso vehículo que puede llevar en la maleta mucho más que una melodramática historia de amores contrariados. Pero hacerlo es temerario. No todos los escritores se arriesgan a pasar ese contrabando. No todos saben cómo birlar el doble cerco de las restricciones comerciales del género y del
contexto actual político/legal de la TV venezolana. Y no todos los que estudian las telenovelas tienen el privilegio de examinar esto de cerca.

En la Plaza Altamira dos jóvenes de mirada esquiva nos abordan. Por turnos se dirigen a Leonardo:

—Tengo Síndrome de Asperger y usted me salvó la vida. Gracias a La mujer perfecta los muchachos de mi salón dejaron de hacer bullying conmigo.

—Viendo a Micaela decidí ir a Sovenia (Sociedad Venezolana para Niños y Adultos Autistas), allí me diagnosticaron como Asperger. Ahora sé por qué los demás son diferentes a mí.

Leonardo, conmovido, me presenta:

—Carolina estudia mis novelas y estuvo muy cerca del desarrollo de “Micaela”.

A pesar de que por su condición de Aspergers el contacto físico les incomoda, los muchachos nos dan largos y sentidos abrazos. Se nos humedecen los ojos. La vida tiene momentos cristalinos.

La próxima vez que me pregunten por qué estudio a las telenovelas les contaré de esos abrazos y los invitaré a que conversen conmigo y con Leonardo Padrón de mucho más que telenovelas en las páginas de La incandescencia de las cosas.

#EstamosViendo: el twerk llevado a otro nivel


No hay mucho que decir, las redes sociales lo han dicho todo. El domingo en la noche, Miley Cyrus y su twerking fue lo más escandaloso de los VMAs 2013. Mientras Justin Timberlake hizo un espectáculo intachable que demostró su compromiso por la música, esta chica Disney dejó en claro que le interesan otras cosas. ¿Su presentación fue acertada o simplemente white trash?

Soy alcohólico. Soy drogadicto. Soy homosexual. Soy un genio.

A 29 años de su muerte, Truman Capote sigue siendo un bastión fresco y controversial en la literatura. En este conteo no solo están sus más conocidas obras, sino las mejores. Desde íconos cinematográficos que logró impulsar hasta sus atrevidas entrevistas. Todo lo que demuestra que era un hombre de genio, pero sobretodo arriesgado.

1 Breakfast at Tiffany’s (1958):

Para muchos hoy Breakfast at Tiffany’s solo es un nombre que pertenece a las películas de culto. Ligado a este nombre siempre está el de Audrey Hepburn, pero, para muchos de los que nacimos después de su muerte, nunca está el de Truman Capote. No es solo una película de culto, sino una novela que desarrolla un perfil: una sociedad llena de vida esbozada en párrafos.

2 In Cold Blood (1966): 

In Cold Blood es la novela más conocida de Capote. Más que una novela fue una investigación, un documento. En 1959, en Kansas, ocurrió un asesinato que devastó a los medios y que generó incertidumbre y miedo en todos los estadounidenses. Capote se obsesionó con este caso y junto a Harper Lee, escritora de To Kill a Mockingbird, entrevistaron a testigos y sospechosos hasta lograr resolverlo con la policía. Fue bautizada por Capote como una de las primeras novelas “no ficción”.

3 Prólogo de Music for Chamaleons (1980):

Música para camaleones es una de sus últimas obras y el pilar más importante para entender a este escritor. Este libro es el resultado del estudio elemental y más avanzado que Capote tuvo acerca de la literatura, de cómo debía ser su estilo. Este prólogo es necesario no solo para periodistas o escritores, sino para cualquier artista. Es la descripción vívida de cómo se debe despojar el estilo y la estética hasta llegar a su cúspide creativa.

4 Entrevista a Marilyn Monroe en Music for Chamaleons (1980):

Dentro de Música para camaleones hay cuentos cortos e historias que cruzan de la ficción a la no-ficción, y también hay entrevistas. Todos los relatos tienen algo en común: retratan personas, estilos y preferencias. Esta pequeña entrevista, que no es más que un relato posterior de una tarde con Marilyn Monroe muestra a la mujer ícono y leyenda desde lo honesto. La demuestra humana, y llena de inseguridades. Una tarde con Marilyn Monroe llena de confesiones, risas y champagne, imposible no leer.

5 Capote (2005):

11 años después de su muerte, el director Bennett Miller decide retratar a Truman Capote en la etapa más problemática profesional, social y personalmente: cuando investiga, por más de 5 años, para la creación de A sangre fría (1966). Aquí es cuando Phillip Seymour Hoffman recrea el papel que le hace ganador del Óscar a mejor actor en 2006. Una excelente interpretación para llegar a conocer las facetas de un escritor que experimentó con los límites entre la literatura y el periodismo hasta llevarlo a lo sublime.