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Raúl Isaías Baduel: 10 días desaparecido

“El General Baduel, nuestro Ministro de la Defensa y uno de los hombres que se convirtió en bastión de la resistencia popular, en bastión de la victoria revolucionaria. ¡Que viva el General Baduel! ¡Aquí estamos, hermano de toda la vida, después de tantos años, Raúl Isaías, podemos decir delante de la nación: todo ha valido la pena y todo valdrá la pena! ¡Aquí estamos los soldados y el pueblo venezolano dispuestos a hacer patria!”. Así valoraba Hugo Chávez a Raúl Isaías Baduel hasta que al General se le ocurrió llevarle la contraria públicamente al Comandante Supremo. Quien fuese el líder de la operación cívico-militar que le devolvió el poder al nativo de Sabaneta en aquel abril de 2002 pasaría a ser enemigo número uno de la Revolución Bolivariana cinco años más tarde, tras oponerse al referéndum constitucional promovido desde el gobierno. “Soy un preso de Hugo Chávez”, llegó a decir luego de ser condenado en 2010 a casi 8 años de cárcel por la apropiación indebida de dinero del Estado. Según Raúl Isaías, su hermano de toda la vida, su amigo del alma, su compadre, lo había metido preso porque ese era el destino de todos los que contrariasen los caprichos autoritarios del líder del extinto MVR. La medida, cuenta el General, fue pensada años atrás desde Cuba y con la participación de la mente perversa de Fidel Castro. Baduel era un peligro para el proyecto socialista. Luego de cumplir siete años y once meses de prisión, y en vísperas para salir en libertad, el Tribunal Primero de Ejecución de Caracas dictó dos nuevos delitos en marzo de este año. Permanecería en prisión. Mientras cumplía condena, funcionarios de la Dirección de Contrainteligencia Militar (Dgcim) lo sacaron en la madrugada del 8 de agosto de la cárcel de Ramo Verde, y hoy, diez días después, no se sabe nada de su paradero. ¿Por qué rescaté a Hugo Chávez? La pregunta debe atormentarle cada día, cada hora, cada minuto y cada segundo. Desde donde quiera que esté, Raúl Isaías debe estar arrepentido.

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Antidemocráticos y torturadores

Al chavismo siempre le interesó ponerse el traje democrático. Gobierno del pueblo, para el pueblo y por el pueblo. Democracia participativa y protagónica. Liderazgo obrero. Políticas para las mayorías y decisiones adaptadas a sus necesidades. Con esa máscara llegó al poder, consiguió aliados y legitimó su accionar en clave internacional. Más allá de sus rencillas con Mr. Danger, Uribe y el ‘maldito pueblo de Israel’, el gobierno de Chávez procuró crear amigos por todo el globo terráqueo, unos a punta de chequera, otros con mera diplomacia. En América Latina coincidió (y propició) el auge de la izquierda de los Lula, Kirchner, Correa y Evo Morales y en el resto del mundo tuvo camaradas más polémicos como Fidel Castro, Al Assad y Gadafi. Hasta al viejo Carter se lo trajo para dar a entender que incluso con el Imperio se podía dialogar. Encantador de serpientes, el Comandante conocía la importancia de quedar bien frente a los ojos del planeta Tierra. Ojos que hoy, a casi un lustro de su muerte, coinciden en dos impresiones: en Venezuela impera una dictadura y hay violación sistemática de los derechos humanos. Los últimos en pronunciar la primera aseveración fueron los cancilleres y representantes de Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Honduras, México, Panamá, Paraguay y Perú, quienes suscribieron la Declaración de Lima, un documento que aborda varias aristas de la crisis venezolana y cuyas resoluciones son las siguientes: desconocer a la ANC, apoyar al Parlamento y a la Fiscal General, desaprobar el gobierno de Maduro, apoyar la implementación de la Carta Democrática y la decisión del Mercosur y condenar las violaciones a los derechos humanos. Sobre este último punto, la ONU emitió ayer un comunicado contundente: los tratos crueles, inhumanos y degradantes no son aislados, sino sistemáticos. Los allanamientos violentos de viviendas, las bombas disparadas a corta distancia, el uso de metras, tuercas y tornillos para dispersar y las torturas a las personas detenidas en protestas son procedimientos rutinarios en los cuerpos de seguridad del Estado. El mundo ya está claro: son antidemocráticos y torturadores.

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Las piedras en el zapato de la dictadura

Por: Juan Sanoja | @JuanSanoja

Sabía lo que le esperaba. Preso desde febrero de 2015, había perdido espacio en la opinión pública nacional. Su liderazgo, desde la distancia, estaba mermado. En popularidad, sufría los embates del olvido. A Antonio Ledezma la insignificancia le carcomía y decidió disparar un último cartucho desde la cárcel que dos años atrás le habían asignado: su hogar. No era el primer mensaje que colgaría en YouTube –el día del plebiscito y el pasado 26 de julio subió comunicados–, pero sí el más contundente.

Con temple y voz profunda, Ledezma señaló, desde la autocrítica, el camino que debía tomar la oposición venezolana. Preciso, puntual y certero, enumeró cada uno de los errores de la Mesa de la Unidad Democrática. “Asumidos todos los riesgos, he decidido mandar este mensaje”, dijo al empezar su alocución, para luego pasar a la lista de fallos: permitir que el chavismo echara del hemiciclo a los diputados de Amazonas, dejar que Maduro gobernara por decreto ante un supuesto desacato y dialogar a escondidas.

“No se pueden ganar batallas, cuando nos derrotamos nosotros mismos”, sentenció el sexagenario Antonio, como abuelo que reparte lecciones a sus nietos. No tendrá en la maleta los mil refranes de Allup, pero irradia la sapiencia de los zorros más viejos de la política.

Según Ledezma, el secretismo generó rumores. Aunado a ello, la oposición pecó al elegir a los dirigentes menos indicados para conversar con el gobierno, esos que velaron por libertades personales y no por la liberación de todo el pueblo de Venezuela. Allí, en República Dominicana, la mesa de negociación enterró el revocatorio. “A veces la gente no entiende nuestras propias contradicciones, cuando ve que nos metemos autogoles y que nosotros mismos diluimos nuestros triunfos, porque a veces priva la vanidad. A veces los egos se convierten en demonios tormentosos”.

Unas contradicciones que, por cierto, no pocas veces han confundido a quienes día a día patean calle: “marche mañana, no marche mañana, pare mañana, no pare mañana, marche a las 12, no marche a las 12. Esos son pequeños detalles que a veces conspiran contra nuestros esfuerzos”. Pequeñísimos detalles como, por ejemplo, ir a unas regionales con este Consejo Nacional Electoral, propuesta defendida por Acción Democrática y Henry Ramos Allup.

“Ahora vienen a plantearnos elecciones regionales. Yo no me imagino a nadie que sea leal a la lucha que ha dado el pueblo inscribiéndose, haciendo una fila india para inscribirse en ese Consejo Nacional Electoral (CNE). Bastante que le aguantamos a este CNE, que protagonizó este domingo una de las estafas más burdas”, opinaba Ledezma antes de que el plan de AD fuese anunciado al país.

Antonio, junto a Leopoldo López y María Corina Machado, era de los que opinaba en 2014 que la salida del gobierno era urgente y que, llegado el 2015, lucía impostergable. El fundador de Alianza Bravo Pueblo perteneció en sus inicios a Acción Democrática e incluso fue una figura cercana a Carlos Andrés Pérez, pero hoy, con 62 años, sus ideas para salir de la crisis están más cerca de Voluntad Popular y Vente Venezuela que del histórico partido blanco de Rómulo Betancourt.

A su lado, y en la misma lucha, tiene al enemigo número uno del PSUV (inhabilitado por el gobierno desde el 2008 por temor a su potencial) y a la mujer que se atrevió a hablarle de frente al expresidente Chávez en la Asamblea Nacional. Con el primero remará desde la cárcel, mientras que la segunda será la voz fuera de ella. Por sus posturas incorruptibles, se han convertido en las piedras en el zapato de la dictadura.