CHAVISMOWEB

El chavismo 13 años después

Dice el comediante Ricardo del Búfalo que Venezuela tiene cuatro estaciones: campaña, elecciones, depresión y protesta. Visto lo visto, tras dos décadas de Revolución Bolivariana, resulta imposible llevarle la contraria. La era chavista, desde este lado de la acera, no ha sido otra cosa que campaña, elecciones, depresión y protesta. Hemos vivido el período de los jingles pegajosos, la veintena de comicios, la melancolía omnipresente y las marchas interminables. El país es un círculo vicioso, un cuento que no deja de morderse la cola para volver a empezar. Una y otra vez. Duele decirlo, pero ‘La Salida’ comenzó en 2002 y hasta ahora no ha tenido éxito, aunque sí matices. Hoy se cumplen 13 años del día favorito del gobierno: 15 de agosto de 2004. Fue en esa fecha, luego de vencer en el referéndum revocatorio, cuando más se sintieron indestructibles. Con la victoria del máximo líder, ponían fin a unas protestas que iniciaron en 2001, tuvieron su clímax en el trágico 11 de abril del año siguiente, pasaron por el paro petrolero, siguieron durante todo el 2003 y, ante el fracaso de diálogos estériles, terminaron, cómo no, con campaña, elecciones y depresión. Una depresión que duró tanto que por un tiempo no hubo ni protesta, sólo resignación: la oposición se saltó las estaciones del año siguiente (2005) y volvió a vivirlas con el insípido Manuel Rosales. Otra vez: campaña, elecciones y depresión. Con RCTV vendría la protesta y, por primera vez, una falla en la Matrix. La oposición conocería la quinta estación: euforia (2007). La misma que sentiría ocho años después (Parlamentarias), pero que inevitablemente desembocaría en los períodos ya conocidos. En 2017, más que nunca, Venezuela se ha encontrado con su primavera-verano-otoño-invierno particular. Ante tanta protesta, el chavismo aplicó su fórmula favorita. Aunque, a diferencia de 2004, esta vez no tenía los votos suficientes para ganar. Ni siquiera el apoyo necesario para meter la coba. Por ello, inventaron una elección extrañísima y unos números inverosímiles. Si en 2004 les creyó hasta Bush y la OEA, ahora Smartmatic los ha dejado mal frente al mundo. No obstante, la oposición sigue escuchando el Vivaldi más ácido. Las cuatro estaciones siguen su curso y el país está a la espera de que por fin, de una buena vez por todas, mejore el tiempo y cambie la melodía.

Demonstrator take cover during clashes at a protest against Venezuela's President Nicolas Maduro's government in Caracas, Venezuela, July 10, 2017. REUTERS/Andres Martinez Casares

Fusilamiento en el puente (y otras historias)

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

I

El mejor termómetro para medir la convocatoria de una marcha es la cola que deja. Y la del sábado pasado marcó una temperatura bajísima. Exactamente quince minutos después de que la marcha arrancara de Parque Cristal, la vida en la Francisco de Miranda era la de cualquier sábado al mediodía: camioneticas y carros transitando, gente caminando, negocios abiertos. No había rastro y ni siquiera sospecha que de allí hubiera salido manifestación alguna. Lo mismo en Altamira: todo estaba absolutamente normal. Fue apenas en Chacao, a mediados de Chacao, y luego de transitar a paso veloz un buen número de cuadras, que el indicio de una marcha se hizo presente: estaban sentadas en un banco dos personas de gorra tricolor. Habría entonces que transitar dos cuadras más para toparse con un par de patrullas que cerraban la calle y luego llegar a Chacaito para encontrarse, allí sí, con la manifestación, que había caminado rapidísimo (otro indicador infalible: marcha grande camina lento) y estaba ya comenzando a bajar a Las Mercedes.

La Alfredo Sadel, su destino final, fue una pequeña reunión de lugares comunes. La vista desde la tarima era desoladora: apenas y un pequeño grupo de personas, inflado por una bandera gigante extendida en toda su dimensión bajo un sol inclemente. Hubo micrófono abierto, cantada de himno, proclamación de consignas y par de discursos de Freddy Guevara y Delsa Solórzano, pero nada reseñable. Solo la comprobación del radical divorcio que hay entre pueblo y dirigencia, en el peor de los momentos posibles.

II

Las malas ideas siempre vienen precedidas de una advertencia. La vida avisa. Y la fotógrafa de pelo largo (imposible reconocerla con todo el equipo anti motín encima) dijo “¿para qué?” inmediatamente antes de que un grupo de casi veinte trabajadores de la prensa decidiéramos cruzar el puente de Las Mercedes. Su pregunta tenía respuesta: lo hacíamos para poder ver algo. Aproximadamente quince minutos tenían enfrentándose en el comienzo de Las Mercedes, por el CVA, un pequeño grupo de la resistencia con otro grupo (pequeño también) de la GNB, luego de concluida la marcha. En ese pésimo punto, donde no hay con qué cubrirse y la GNB desde arriba tiene vista y ángulo para hacer lo que le da la gana, habíamos estado en todos los lugares posibles hasta que terminamos en esa especie de túnel que está debajo de la autopista, desde donde se oía todo y no se veía nada. Y cuando ya la situación pareció calmarse, entonces decidimos cruzar. “¿Para qué?” dijo la fotógrafa de pelo largo, pero igual se vino con nosotros. Y entonces comenzó una andanada de disparos en ráfaga en contra nuestra: desde arriba, la GNB jugaba a fusilarnos.

Los sonidos eran tres y violentos: un ‘po’ seco (el de la detonación), un ‘pin’ metálico (el de cuando los perdigones pegaban de las barandas del puente) y un ‘zzzz’ fugaz (el de cuando pasaban zumbando cerca). Se sucedían incesantemente, en paralelo y por todas partes: así se escuchaba la banda sonora de nuestro ajusticiamiento, a la que se sumaban interjecciones, gritos y exclamaciones. Si lo planificaron o no, eso sería especular, pero lo calcularon bien: comenzaron a disparar en el momento exacto en el que devolverse dejaba de ser opción y cruzar el puente todavía se llevaría tiempo. La aparición de los perdigones tuvo, además, dos efectos físicos: nos encogió a los periodistas (que empezamos a correr agachados y apretándonos unos con otros) y alargó el puente (cuyo trayecto se nos hizo interminable). En el cruce, ardor en la pierna: un perdigonazo. El dolor al momento es intenso, pero puntual y localizado. El jean amortigua bastante y bien. No pasa así con la camisa blanca del periodista español que está a mi lado, que en un instante comienza a teñirse de rojo en la manga del brazo derecho, donde le dieron.

Al otro lado del puente las caras son de desconcierto. Casi nadie entiende y mucho menos cree lo que nos acaba de pasar: nos dispararon desde arriba cruzando un puente. Todos hacemos conteo de daños. Casi todos tenemos algo, pero el más grave es el español, al que atienden los paramédicos. Un fotógrafo joven se quita el casco y enseña la huella que dejaron dos perdigonazos contra éste: le voló la pintura y lo hundió un poco. Él lo ve entre incrédulo y turbado. Entonces, saca un rosario tricolor, lo besa y se lo enrolla en la muñeca.

III

No copiosamente, pero llora. Es una mujer ya mayor, delgada, de pelo corto y canoso, que se lamenta por un nombre que la grabadora no registra pero que pertenece a quien probablemente sea su esposo: un hombre entrado en años al que la GNB, en una redada sorpresa, se acaba de llevar en Colinas de Bello Monte. Y es que luego de perder la pelea en Las Mercedes, un grupo todavía más pequeño de jóvenes encapuchados decidió irse hasta la Principal de Colinas a drenar su frustración: armaron dos endebles barricadas y comenzaron a lanzar piedras contra la autopista, desde donde la GNB, que pasaba cada cierto tiempo por allí, les disparaba perdigones. Durante dos horas, el enfrentamiento fue cíclico y rutinario, pero cuando la prensa comenzó a retirarse, entonces sí la GNB se paró en la autopista y disparó incluso un par de lacrimógenas. Volvió entonces la prensa y con ella una calma de casi veinte minutos, que se vieron interrumpidos por la llegada abrupta de una brigada en moto de la GNB.

La emboscada fue breve pero efectiva, diríase quirúrgica. Aparecieron de repente y atraparon a casi seis jóvenes, algunos de ellos emblemáticos. Allí cayó el que guerreaba con el torso descubierto y se pintaba consignas sobre éste (“No soy guarimbero, soy venezolano”, decía la de su por ahora último día en libertad). Sobreviviente de un sinfín de ataques y emboscadas, cayó probablemente en la manifestación más tonta e innecesaria de todas en las que participó. Le cubrieron el rostro con la bandera tricolor que usaba para manifestar y se lo llevaron entre dos Guardias. Lo mismo a un anciano de pelo blanco, bandana negra y guantes de esqueleto, el hombre por quien la mujer lloraba. En un segundo les cambió la vida a todos. Sin la efervescencia mediática de otrora, con la calle gélida, su detención quedó en anécdota, en denuncia de twitter, en lamento de unos conocidos que ni siquiera sabían bien sus nombres ni a quien avisar.

IV

El muchacho tiembla de la rabia. Respira violentamente, más bien resuella. Tiene un palo en la mano y los ojos fijos en un fotógrafo sobre el que concentra todo su odio y vierte una cantidad inmoderada de insultos. La escena termina siendo la más irracional de una jornada que no se había caracterizado por su moderación. Pero las post-emboscadas (y las post-represiones) son siempre así: momentos de frustración, dolor y rabia, en los que los últimos demonios se terminan de desatar.

Inmediatamente después de la redada de la GNB, Poli-Baruta apareció con dos patrullas para remover los escombros y deshacer las barricadas que trancaban la principal de Colinas. Los que sobrevivieron a la Guardia fueron saliendo uno a uno de sus escondites, y la emprendieron inmediatamente contra los funcionarios de la Policía Municipal. “Cómplices”, “choros”, “vendidos”, les decían; “nosotros hacemos nuestro trabajo”, se justificaban. La situación se tornó entre trágica y cómica cuando de un lado cuatro policías cargaban una lámina de zinc que trancaba la vía para arrojarla al Guaire, y del otro lado un manifestante la jalaba para que no lo hicieran. En la acera, algunos vecinos los seguían increpando.

Fue mientras captaba e inmortalizaba uno de esos momentos, cuando un fotógrafo fue abordado por un muchacho de la resistencia. Que parara inmediatamente, le exigía, que nada de fotos con la cara descubierta, que borrara inmediatamente las que acababa de tomar. Lo que empezó como la ya clásica discusión prensa-resistencia, terminó de repente en una trifulca violenta, en la que al fotógrafo le partieron un palo de madera en el casco mientras otro muchacho le tiraba una de sus dos cámara al suelo. La rápida acción de otro fotógrafo logró recuperar el equipo, pero no así los ánimos, que se caldearon a niveles solares. Hubo amenazas de muerte, insultos y puños. Y aunque  algunos vecinos y periodistas intentaron mediar, la situación no mejoró ni culminó hasta la retirada de toda prensa, que se fue abucheada por algunos y con la promesa de no volver a cubrir Colinas más nunca.

V

Aunque jura que tiene dieciséis, bien podrían ser unos cuantos menos sus años. Por el aspecto, entraría en lo que el estereotipo denominaría “de la calle” y el prejuicio aconsejaría tener lejos. Pero es pilas y simpático. Caminó de Colinas a Chacao con nosotros, se puso todos nuestros cascos y alucinó cuando le dijimos que parecía un asistente técnico. En la puerta de unos chinos nos increpó con gracia: “Na’guará: no tienen plata pa’regalarme una malta, pero sí para tomar cerveza ustedes”. Se la terminó ganando. Del local, pestilente pero barato, se adueñó. Era él quien les silbaba a los chinos para pedirles más rondas, en las que aprovechaba para meter de contrabando en la orden una malta (otra) para él. Pero no abusaba. Lo hacía con gracia. “Ese pana lo que pasa es que estaba periqueado”, nos dijo sobre el de Colinas. “Y allá se quedaron dándole una coñaza por eso que le hizo al fotógrafo”. Contó que había estado preso varias veces, pero que siempre lo soltaban por ser menor, aunque con unos cuantos golpes encima. Fue uno de los que cayó en aquel famoso autobús anaranjado detenido en Plaza Venezuela un sábado. En su versión, un infiltrado de la resistencia, que insultó desde el bus a unos PNB, fue el culpable de todo. Dijo que vio torturas y hasta una cosa peor en la sede de la policía política, pero todo tan difícil de confirmar como su edad o la historia de que vive en Chacao con toda su familia y que cuando no guarimbea cursa III año de un bachillerato del que no parece tener noción. Lo cierto es que era simpático, cargó unas cuantas maltas a la cuenta, y, como siempre, ninguno sabe si lo volverá a ver.

TRAGEDIWEB

La tragedia de estar unidos

Venezuela pasó del Pacto de Punto Fijo al conflicto ‘escuálido’-chavista.  De votar por un oligopolio político a sufragar a favor o en contra de un proceso: la Revolución Bolivariana. Del blanco y verde adecocopeyano al azul y rojo ‘pitiyanqui’-antimperialista. El país tiene años, décadas, sin poder elegir. Hugo Chávez rompió con el binomio de la IV para instalar la recalcitrante polarización de la V. O estabas con él o eras un traidor vendepatria. Los grises desaparecieron y la gama de colores se mantuvo estrecha. La oposición se dio cuenta de que, para competir contra aquel fenómeno electoral, debía agruparse. Si picaba la torta estadística, los números no le darían para vencer. Las fuerzas, en cualquier campo de batalla político, debían estar unidas. Por eso, la Coordinadora Democrática emergió en 2002 para dictar el precedente y la Mesa de la Unidad recogió el testigo. Nacieron como organizaciones de composición diversa pero de propósito compartido. El fin les obligaría a acoplar sus medios. Cientos de cerebros, miles de ideas, un único objetivo: cambiar el gobierno. La primera sucumbió ante las discrepancias y la segunda vive su peor crisis. La pluralidad de pensamiento empieza a pasar factura. Todos los partidos coinciden en que Venezuela necesita un cambio, pero no se ponen de acuerdo en cómo llegar a él. De la indecisión ha venido la falta de contundencia y de ella surgió la escasa o nula coherencia. Compuesta por gente de derechas y de izquierdas, por adecos y “lechuguinos”, marxistas y liberales, socialdemócratas y exchavistas, a la MUD le ha costado elegir con qué guion enfrentar al PSUV. Pública fue la riña entre Allup y Guevara y público ha sido el deslinde entre Vente Venezuela y la Unidad. Voluntad Popular, partido que había compartido hasta ahora la línea de María Corina Machado, fue arrastrado por la corriente y decidió no tomar los riesgos de quedar fuera del tablero político que representan unas insólitas regionales. Cabe preguntarse: ¿algún partido opositor tiene la fuerza suficiente para arrastrar todo el descontento? ¿La MUD como organización política, como estructura, ha caducado? ¿Debe replantearse? ¿O es que acaso nunca ha sido viable? ¿Será, quizás, que en política, contrario a lo que pasa con la física, polos opuestos han nacido para repelerse siempre? No lo sabemos. Nuestra certeza es una sola: si de ponernos griegos y clásicos se tratara, esta tragedia no merecía otro nombre que la de estar unidos.

SORDOSWEB

Guerra de sordos

Por: Emmanuel Rincon | @emmarincon

Cuenta la leyenda que en los países desarrollados los gobernantes escuchan las necesidades e inquietudes de su gente. Esta leyenda no ha podido ser constatada por el pueblo venezolano, cuyos líderes han sido afectados por la maldición del sordo.

Bueno, basta de fábulas, basta de realidad, basta de realidades que son fábulas, o de fábulas que son realidades, necesitamos coherencia, sí, una gran dosis de coherencia. El país se va por la tangente (esto no es secreto para nadie), el divorcio MUD—PUEBLO quedó en evidencia en la jornada del martes cuando al trancón convocado no acudieron ni los propios convocantes.

¿Qué es lo que pasa? ¿El pueblo se cansó? ¿Perdió la esperanza? No. Lo que sucede es que el pueblo se hartó de la falta de coherencia política de los líderes de la Unidad. En lo que va de año, y con la instauración de la constituyente por parte del gobierno, la MUD ha repetido en miles de ocasiones que el sistema electoral venezolano es fraudulento (hecho que quedó en evidencia el 30 de julio con las informaciones de Reuters y las declaraciones del Presidente de Smartmatic): 80% del país ha planteado una lucha contra la dictadura para demostrarle a ellos y al mundo que en Venezuela reina una tiranía y que hay que desmontarla a como dé lugar. Entonces, resulta que luego de que el discurso MUD ha calado hondo en cuanto al desconocimiento de las instituciones secuestradas por el Estado, y ese mismo discurso escala a nivel internacional recibiendo un apoyo sin precedentes de múltiples naciones, la MUD decide cambiar de estrategia e irse por el camino electoral para “salir” del régimen. ¿Absurdo, no?

Pongamos las ideas en orden, pues en estos momentos necesitamos de sensatez política. Los problemas de la MUD son tanto de fondo como de forma, sus errores comunicacionales han progresado hasta codearse con el pobre discurso de CAP que condujo al país al caracazo hace un par de décadas y que a la postre nos metería en este castro—comunismo—populista—autoritario—terrorista—socialista—chavista—invertebrado. Si a cuatro meses del inicio de las protestas, y con más de cien muertos en el camino, el régimen ha vuelto a pisar terreno firme, no ha sido por sus astucias, sino por la falta de conducción de sus adversarios. Ya se ven muy lejanos aquellos días en los que Capriles, Guevara, Machado, Borges, o cualquier miembro de la Mesa anunciaba acciones de calle y el respaldo era monumental y contundente; que la represión ha tenido que ver en ello, sí, no se puede negar, pero más que la represión, la principal causa de esta apatía es la sordera de la clase política. Actualmente no existen encuestas que aclaren qué parte del 80% del país opositor está dispuesto a ir a elecciones, pero lo cierto es que, según lo que se escucha en supermercados, barrios, oficinas, conversaciones familiares, grupos de WhatsApp y redes sociales, una amplia mayoría está en desacuerdo en acudir a un llamado del régimen que los legitime —y aclaro, con esto no intento conducir a pensar a todo el que cree que se debe votar a que no lo haga, a mi parecer ir a esas elecciones es un error, pero no soy dueño de la verdad y admito que la otra vertiente también tiene puntos a favor— pero más allá de ello, tú como cabeza de una gran mayoría en el país no puedes pasar años pidiendo que sea deslegitimado el gobierno, llamándolo dictatorial, acudiendo a organismos internacionales para denunciar la falta de democracia, mostrar pruebas de los fraudes electorales en el país, y a la hora de la chiquita inscribirte para participar en los comicios, ¿cuál es tu coherencia como líder político? ¿cuál conexión existe entre tu discurso y lo que haces?

Pongamos algo en claro: acudir o no acudir a las elecciones no hará que salgamos del régimen por un milagro. Más allá del tema de elecciones regionales, lo que debe medirse es el tema credibilidad—confianza—país. Si en momentos cruciales como éste le das la espalda al pueblo, el pueblo te la dará a ti, y como aspirante a jefe de gobierno quedarás desnudo. No saber escuchar es peor que no saber hablar, pues en ello se traduce tu labor como líder y gestor de las inquietudes y necesidades de un pueblo.

El tema de agenda a seguir para batallar contra el régimen ya es otro punto más extenso, y sí, cabe la posibilidad de que acudiendo a elecciones regionales se ganen unas cuantas gobernaciones, pero también existe la posibilidad de que posterior a ello el régimen por la ANC desconozca los resultados de esas elecciones e instaure un nuevo poder superior a las gobernaciones, tal como hicieron con la Alcaldía Metropolitana y con la Asamblea Nacional, y así habrás ganado unas gobernaciones de papel y habrás perdido tu discurso, tu coherencia, el apoyo internacional y la empatía con tu pueblo. Razones de sobra hay para desconocer las elecciones, fuera de que son extemporáneas y vienen precedidas por un fraude electoral: ya el CNE estableció que la MUD no podrá inscribir candidatos en siete estados, y en otros como Miranda ya ha inhabilitado al menos a siete posibles gobernadores (Capriles, María Corina, Leopoldo López, Ramón Muchacho, Antonio Ledezma, Adriana D´Elia, yDavidSmolansky), y cabe acotar que una gran mayoría están presos o buscados por el SEBIN para cumplir condena. Ese escenario se repite en otros estados como Mérida, Táchira y Lara.

Por si fuera poco, en la noche de ayerDiosdado Cabello ha advertido que los candidatos opositores deberán mostrar una “carta de buena conducta” avalada por la Asamblea Nacional Constituyente para poder postularse. Entonces el problema no radica en acudir al llamado a elecciones, el problema está en que piensas acudir a pesar de los atropellos y humillaciones del régimen, legitimando unos comicios en los cuales ellos mismos están eligiendo a sus contrincantes, y sabiendo que de ganarlas instalarán unas gobernaciones paralelas y perderás la confianza del pueblo que te apoya.

A la MUD solo me queda decirles que si no aman al pueblo, al menos tengan amor propio, que tengan dignidad y no se presten para ese tipo de aberraciones, que no sean parte de un proceso desigual y fraudulento, y no sucumban a los “requisitos del régimen”. Mañana terminará pidiendo Diosdado entre risas que le besen los pies de Maduro para poder inscribirse, y detrás de ustedes hay al menos 25 millones de personas y un centenar de muertos que no se merecen la humillación ni las migajas del régimen; todavía están a tiempo de cambiar de ruta, de reconciliarse con el pueblo que los eligió como sus representantes. No se pierde nada con escuchar, todo lo contrario, se gana, y mucho. La maldición del sordo es peligrosa, no dejen que se esparza, puede ocasionar que el chavismo se enquiste para siempre en Miraflores.

TRANCAZOWEB

El trancazo que no fue

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

El trancazo que no fue estuvo convocado por dos diputados jóvenes, que aparte del nombre (Juan) y el cargo han compartido también el primer frente de las protestas: Requesens y Guaidó. Lo hicieron en un tono de súplica, casi de ruego: “Le pedimos al pueblo, a aquellos que nos echan sus abrazos y regaños, que lo sigan haciendo, pero que también nos acompañen en las calles (…) les pedimos que no abandonemos las calles ni el compromiso que hemos venido teniendo. Sigamos movilizándonos”. Estuvo aderezado, además, por dos hechos de alcance sucedidos en la madrugada: el asalto al Hemiciclo de Sesiones por parte de la GNB, Delcy Rodríguez y Darío Vivas, y la destitución vía TSJ del Alcalde de Chacao, Ramón Muchacho, con sentencia de 15 meses de cárcel.

En cualquier otro momento, habría bastado apenas uno de esos sucesos para encender la calle a niveles de la Roma de Nerón. El martes, sin embargo, no alcanzaron los tres juntos para cerrar, si quiera, la mitad de las avenidas que en cualquier otro trancazo se cerraron en el municipio al que le acaban de quitar el Alcalde. El trancazo no es que fracasó estrepitosamente, es que sencillamente no pasó, no ocurrió, no fue, y dejó en evidencia lo que desde hace días ya se advertía con bastante claridad: la total desconexión, el divorcio absoluto, entre la gente y los líderes de oposición.

El antecedente más inmediato fue el viernes pasado, en una marcha que estuvo a punto de no ser (se pospuso dos veces) y sólo al final terminó siendo, y bastante pequeña (“¿la suspendieron otra vez?”, nos preguntó a los periodistas una señora ante la poca cantidad de gente que había). Ese día, en Plaza Altamira, donde apenas había dos diputados (la mayoría de ellos se concentró en Parque Cristal, hay que decirlo), el discurso de la anti-política (o de la anti-dirigencia, para ser más precisos) fue pronunciado con ferocidad por espontáneos y aplaudido a rabiar por los presentes. Dos cosas criticaban: la inacción (ese fue el primer acto de calle luego de la elección de la Constituyente, y tuvo lugar seis días después) y la convocatoria a las regionales.

En la  marcha, el diputado Carlos Paparoni (herido con una metra en la pierna y revolcado por la ballena hasta quedar inconsciente en la autopista en manifestaciones anteriores) fue abucheado, insultado e increpado por los manifestantes mientras transitaba la Francisco de Miranda. Era el mismo Paparoni que mes y medio antes, brazo en cabestrillo, arrastraba gente al Distribuidor Altamira entre aplausos, vítores y aclamaciones incluso de los mismos encapuchados. Pero los tiempos cambiaron radicalmente.

Lo que se recoge en la calle es que la gente está entre decepcionada y dolida. Ese sábado todavía había rabia, pero ya mudó a otro estadio: la indiferencia. ‘Si lo que les importa es una cuota de poder’, razonan varios, ‘pues que vean cómo la obtienen y no cuenten más con nosotros’. Es difícil determinar si ese es el sentir de la mayoría del pueblo opositor, pero sí por lo menos de los más ligados a la resistencia, que eran los que todavía salían a la calle (que, dicho sea, se había ido vaciando paulatinamente gracias a la represión, sobre todo desde que comenzaron las emboscadas en moto, hará cosas de dos meses).

La mala noticia es que la dictadura sigue, y aunque en discursos se diga que está en su peor momento, el de la oposición no luce mejor: ha perdido, pareciera, todo vínculo con la gente. Se habla sola y a sí misma. No convence, no persuade, no convoca, no tiene con qué resistir y mucho menos con qué defenderse. A Chacao, probablemente el más opositor de los municipios (o al menos al que mayor cantidad de protestas ha congregado) y en el que se encuentran lugares emblemáticos de la lucha, le quitaron el alcalde sin protesta ni costo alguno. Y eso ya lo dice todo.

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El problema de la oposición

Por: Juan Sanoja | @JuanSanoja

El problema no son las regionales. El problema es el infame CNE. El problema no es llamar a votar. El problema es que han dicho hasta el cansancio que esto es dictadura. El problema no es ganar. El problema es que después te quiten las gobernaciones. El problema no es explicar cuál es la estrategia. El problema es que no se ha hecho de forma conjunta. El problema no es debatir sobre las elecciones. El problema es hacerlo días antes de inscribir las candidaturas. El problema no es anunciar que tu partido irá a los comicios. El problema es que le das pie al chavismo para decirte incoherente. El problema no es proclamar un nuevo Consejo Nacional Electoral. El problema es que los nuevos magistrados quedaron en el olvido. El problema no es debatir propuestas. El problema es que se ventilen tus discusiones. El problema no es afirmar que el gobierno está por caer. El problema es que no cumplas con las expectativas. El problema no es convocar un plebiscito. El problema es que después ignores las respuestas. El problema no es ser mayoría. El problema es convencer a la gente de que la salida es electoral. El problema no es la hora cero. El problema es la cero planificación. El problema no es pelear en todos los frentes. El problema es cómo aumentar la presión. El problema no es el sufragio. El problema es la percepción de la comunidad internacional. El problema no es el plan. El problema es la congruencia. El problema no es la disyuntiva. El problema es que el PSUV sigue avanzando. El problema es que mientras nosotros hablamos de esto, la ANC se está instalando.

ConversacionWEB

Una conversación moderada

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

Cuando le pregunto por Carlitos y si lo ha visitado después de que lo cosieran a perdigones en Bello Campo, Julio hace una mueca. “Sí, man, ayer fui. Y casi nos caemos a coñazos”, me dice. “¿Por política?”, le pregunto. “¿Por qué más, bro? Lo mismo de siempre. A ese carajo la resistencia lo ha puesto peor”. “Pero ha estado echándole bolas pess. Todo el tiempo me lo encuentro adelante. No es cuento”. “Pero está loco, man. Loco, loco”. “Él muy cuerdo nunca ha sido, ¿pero por qué pelearon?”. “Porque ese carajo no entiende que tenemos que ir a las regionales?”. Ojos como dos platos. “¿Tenemos que ir a las regionales?”. “Coño, Abdalita, no me digas que tú también?”. “¿Que yo también qué?”. “Que tú también estás en contra de ir a las regionales”. “Pues muy de acuerdo no estoy, si te soy sincero”. “No vale”. “Es que de verdad no le veo el sentido”. “¿No le ves el sentido, bro? ¿Cómo no le ves el sentido?”. “Pues no viéndoselo”. “Si está de anteojito”. “Serio yo no lo veo”. “Marico, el mapa de Venezuela”. “Ajá, el mapa de Venezuela”. “¿Lo estás viendo, no?”. “Sí, lo veo”. “Ahora imagínatelo pintado todo de azul”. “Ok”. “¿No te parece ya suficiente motivo? El mapa todo de azul porque arrasamos con todas las gobernaciones”. “Tampoco serán todas”. “Bueno, quita Delta Amacuro, Portuguesa y Cojedes, que no tienen remedio”. “Ok”. “¿Y no lo ves? Azul. Bro: es precioso”. “Ya. Sí. Lo que no veo es cómo vamos a pintarlo de azul con este CNE que hasta Smartmatic confirma que hace trampa”. “Bueno, eso es otro tema”. “Coño, yo creo que es EL TEMA”. “Si supieras que no tanto”. “¿No tanto?”. “No, bro”. “Ya va, ¿tú me estás diciendo que vas a ir a elecciones con este CNE?”. “No. Momento. Lo ideal sería ir a elecciones con otro CNE”. “¿Lo ideal? ¡Lo fundamental, hermano!”. “No. Lo ideal. Y eso se va a buscar y se está negociando ya: que haya un cambio en el CNE. Pero si no lo hay, todavía sería posible…”. “Loco, no”. “Sí, bro”. “Marico, ¿tú escuchaste la denuncia de ayer de Smarmatic?, ¿los números de Reuters? ¡En hora y media sacaron de la chistera 4 millones y tanto de votos!”. “Exactamente. Lo de Smartmatic. ¿Qué dijo ese pana?”. “Que los números estaban inflados”. “Ajá, pero no te quedes con el titular: que por falta de supervisión y de auditoría los números los inflaron”. “¿Y?”. “Fácil, bro: que ellos pueden hacer el fraude siempre que nosotros se lo permitamos. Pero si estamos pilas y hacemos todo lo que tenemos que hacer, con testigos y observadores en cada mesa, no hay forma de que nos roben. Y esa maquinaria la tenemos, porque con ella ganamos la Asamblea”. “Sí, bueno, eso es verdad”. “¿Ves?”. “Pero igual queda muy mal ir con ese CNE. Es casi inmoral”. “Yo sé, bro. Eso no te lo discuto. Y se va a trabajar para cambiarlo. Pero tampoco vas a perder la oportunidad de tener prácticamente el control del país por una cosa de quedar bien o mal, por un escrúpulo moral. Así visto es accesorio”. “No sé”. “Claro, por tu peo católico y la moral y la vaina y  todo eso. Yo sé. Pero es  eso o el mapa pintado todo de rojo”. “Mierda”. “To-do ro-jo: en Miranda, en todos lados, rojo”. “Da cague y todo”. “Además, bro, vamos a tener policías, recursos, control, margen de maniobra, capacidad de hacer cosas”. “Ajá, y entonces viene la Constituyente y dice que no, que se acabaron las gobernaciones, que el Estado pasa a ser comunal y chao”. “¿Quién te garantiza que eso va a ser así?”. “¿Quién te garantiza a ti que no?”. “Por eso. Nadie nos garantiza a los dos nada: estamos especulando, y renunciar a ganar unas gobernaciones por una especulación, por algo que puede ser o no, eso no tiene lógica”. “Ok. Pero esto no es especulación, esto es algo que está pasando: te destituyen vía TSJ”. “Bro, es igual: especular”. “Marico, no: está pasando”. “Pero es otro sinsentido: ¿te vas a privar del chance de ganar algo por el miedo a que te lo quiten después?”. “Pero es que esto no es un miedo hipotético: es algo que está pasando y va a pasar”. “Supongamos que sí”. “Dile supongamos a los merideños que les acaban de quitar al alcalde”. “Ok, quitemos el supongamos. Esto pasa, las ganas y te destituyen: al menos los haces pasar por el mal rato y el descrédito de tener que sacarte del juego”. “¿Cómo así?”. “No es lo mismo regalarles en bandeja de plata la Gobernación de Miranda, por ejemplo, a que tú la ganes y tengan luego que echarle bolas para sacarte”. “Pero al final el resultado es el mismo”. “Pero el proceso no”. “¿Entonces el juego es hacerles pasar trabajo?”. “Desgastar al adversario, hermano. Obligarlo a hacer vainas. No ponérsela tan fácil”. “Ya. Pero al final el mapa rojo igual”. “Y ni se sabe”. “No lo sabrás tú, yo sí”. “Porque eres adivino”. “¡Porque ya lo vivimos con la Asamblea, hermano! Campaña, elecciones, esfuerzo descomunal, arrasamos, mayoría calificada y al final no sirvió de nada”. “No seas injusto tampoco”. “Bro. No sirvió de nada. La Asamblea, al final, no hizo nada”. “No pudo hacer”. “¡Exacto! No pudo hacer. No la dejaron hacer. Ahí me das toda la razón: haces el esfuerzo descomunal, les ganas las elecciones y luego no puedes gobernar. El mapa se pinta de azul, como se pintó de azul la Asamblea, y no te dejan hacer nada: no te pasan los recursos, te intervienen la policía y te terminan destituyendo”. “Y ahí se arma el peo en las regiones”. “¿Ah?”. “Piensa, Abdalita: ¿se hubiera podido armar un peo como este si nos hubiéramos abstenido de participar en las parlamentarias? ¿Hubiera habido una rebelión así? ¡No! Participamos, ganamos el parlamento, los obligamos a que lo cerraran, quedaron desnudos ante el mundo y la calle se activó”. “¡Loco, esto no tiene sentido!”. “¿Qué?”. “Marico, eso de lo que me hablas. Ganar cosas para que te las quiten”. “Ya te lo expliqué: los desgasta. Cada vez salen más débiles. Y además, hablamos ahora de regiones. Piensa en esto: que se prenda el peo en cada región. La gente del interior va a defender lo suyo, lo que le duele”. “No veo que lo hayan hecho con sus diputados”. “Coño, es diferente. Ellos sesionan en Caracas, no hay ese contacto directo y diario que puedes tener con un gobernador”. “Ya. ¿Pero no es mejor, en vez de andar pensando sólo en desgastarlos de a poquito, buscar sacarlos de una y luego, sí, pintas tu mapa todo lo azul que quieras y gobiernas todo lo que quieras?”. “Volvemos al principio: lo ideal contra lo que es”. “¿Y qué es lo que es?”. “Que no hay manera de sacarlos de una”. “¿Asimismo?”. “Asimismo, hermano. Llevamos ciento y pico de días de calle, y pueden llegar a trescientos. Los muertos se pueden multiplicar por tres, y vamos a seguir en esto”. “Entonces el 350, la desobediencia, la rebelión y todo eso, ¿qué fue?”. “Idealismo”. “¿Jugaron con nosotros?”. “No deliberadamente”. “No entiendo”. “Esa fue una apuesta honesta y sincera, pero luego los hechos demostraron que no basta la gente para sacar a una dictadura”. “¿No?”. “No, bro. La gente, al final, es casi accesoria. Y esa es la gran lección de esto: militares y dinero, papá. Ahí se resuelve todo, y mientras no lo tengamos, no nos queda sino intentar erosionar y erosionar a ver si lo logramos”. En ese momento, derrotado, le doy la mano y nos despedimos.

MUDWEB

Las cosas que quiero decirle a la MUD

Por: Emma Rincon | @emmarincon

En la jornada de la constituyente el tuit de un diputado de la MUD llamó mucho mi atención. “Pueblo de Venezuela manténganse en las calles. Firmes. Esta noche daremos nuevas acciones a seguir. La victoria está cerca”, decía. ¿Manténganse? ¿No habrá querido decir el diputado ‘mantengámonos’? Al terminarlo de leer entendí por qué en la resistencia está instaurada la idea de que la MUD está vendida: es natural que un ser humano que a diario se expone a que la Guardia Nacional lo detenga, lo torture o lo mate, observe con desprecio a un diputado que desde su oficina tuitea mandando a la gente a la calle.

En el discurso político el lenguaje es esencial, me atrevería a decir que más importante que las acciones (las acciones muchas veces se manipulan, el lenguaje no, el lenguaje es lo que queda), y en eso el chavismo le ha propiciado una fuerte paliza a la MUD.

Yo no seré uno más del montón que solo emite críticas sin aportar soluciones, por ello, aparte de expresar lo que a mi parecer está mal (usted tiene todo el derecho a pensar diferente), también aportaré posibles remedios a la coyuntura política nacional:

  1. El descuido en las provincias de Venezuela: si bien es cierto que el eje político del país se encuentra en Caracas, existen otros 23 Estados que han sido completamente desatendidos por la agenda de la MUD. La mesa se ha dedicado a plantear agenda de calle únicamente en la capital, y si bien el propósito es sacar a Maduro del poder, ¿no creen que poniendo a temblar las provincias el régimen se tambalea más? ¿Por qué no han organizado a la sociedad civil también para librar batallas en ciudades y pueblos del interior? ¿Por qué no se ha tramitado una agenda nacional? ¿No creen que emitiendo presión desde cada rincón del país el agua se le subiría más al chavismo, o sólo importa lo que pase en Caracas? Además: muchos diputados de la Asamblea Nacional viven permanentemente en Caracas para luchar contra el régimen, ¿y es que acaso en los estados donde fueron electos no se debe luchar contra el régimen? ¿No creen que serían más útiles en ciudades desmovilizadas que en una Caracas que ya tiene a líderes de sobra? El problema con estos diputados es que todos quieren estar en el epicentro de la noticia, les preocupa más su popularidad, aparecer en un artículo de ‘The New York Times’ que derrocar al régimen, ninguno se quiere perder la foto en Miraflores el día que el tirano caiga, y es por ello que en las provincias del país no se han vuelto a convocar grandes movilizaciones de personas, de esas que inflan el pecho. Los cuerpos represores del Estado se han concentrado en las ciudades con mayores índices de protesta (Caracas, San Cristóbal, Mérida, Barquisimeto, Valencia, Maracaibo, y un poco más), ¿qué pasaría si el gobierno se viera obligado a enviar tropas a otras ciudades, a otras locaciones? ¿No se lo han preguntado? La calle debe volver a activarse, con agenda bien definida en el resto del país. Las marchas (les gusten a unos sí y a otros no) son la prueba fehaciente de que hay un pueblo en la calle que quiere cambio (esa eficacia no la tienen las trancas con carros), el poder de una manifestación multitudinaria y lo que inspira el ver a miles de personas caminando a tu lado persiguiendo el mismo sueño no te lo da otro tipo de protesta, así que es indispensable que se llame a la calle de nuevo, con contundencia, con fuerza. Insisto, sonará frívolo, pero el régimen ejecutará a sus opositores en sus casas o en la calle, los más de 120 muertos lo comprueban, y quienes vamos al asfalto todo el tiempo sabemos que podemos ir pero no volver (es eso o perder el país).
  2. El uso del lenguaje: el domingo, luego de que el régimen enviara a sus esbirros a asesinar venezolanos con armas de guerra, la MUD emitió sus declaraciones con un tono de normalidad espantoso. Acababan de matar a 16 venezolanos, y lo que le pidió a la gente fue salir de las oficinas a trancar con carros. La oposición al gobierno supera el 80% de la población, es decir que somos una mayoría inmensa, los desbordamos en gente, ¿entonces por qué seguir actuando y expresándonos como minoría? Es hora de subirle también al discurso y a la calle: ya para atrás no podemos correr, el régimen nos está disparando con armas de guerra, ¿vas a seguir trancando con carros nada más? De una u otra forma, mientras ellos estén en el poder van a seguir asesinando o encarcelando a sus disidentes u opositores, estemos en la calle o estemos en nuestras casas (pregúntenle a Leopoldo, a Ledezma, o Alfredo Ramos, o si quieren casos más comunes, consúltenle también a los cientos de allanados en Los Verdes y el resto de Caracas). Estamos en el punto en el que aceleras o te embisten.
  3. La amenaza: quedó comprobado que el parapeto Constituyente sólo fue un invento del régimen para tratar de negociar la calle y bajar la presión. Por primera vez la MUD hace bien en no negociar bajo condiciones fraudulentas. Sin embargo, el oficialismo amenaza y cumple, ¿y nosotros? Ya quedó demostrado que si queremos paralizar el país lo paralizamos, que si queremos llenar las calles las llenamos, ¿entonces? ¿Por qué no hacer un uso adecuado de la fuerza? ¿Qué estamos esperando?
  4. Los voceros: La Mesa de la Unidad como representante de la gran mayoría del país necesita ante todo credibilidad. ¿Cómo va a tenerla si permite que sigan perteneciendo en ella políticos como Manuel Rosales y Henri Falcón cuyos partidos le hacen juego al gobierno? La última desgracia fue la de Ramos Allup, quien horas después de que el presidente de Smartmatic afirmara que los números del CNE habían sido alterados, declara que su partido, AD, participará en las elecciones regionales. Estas personas no sólo le hacen daño a la Mesa, sino a todo un país, transformando una gran victoria (el desenmascaramiento del régimen) en un gran fracaso. Ya Jorge Rodríguez y Diosdado Cabello están diciendo que el gobierno es legítimo y el CNE también, ya que la oposición va a participar en las regionales. Es hora de ser un poco más estrictos y radicales: a estas medias tintas hay que expulsarlas de la Mesa de la Unidad, no pueden seguir siendo voceros de un pueblo que no apoya sus decisiones (será eso, o el pueblo se aislará por completo de la dirigencia opositora).
  5. ¿Las instituciones para cuándo?: ¿Por qué se ha esperado tanto para nombrar los magistrados del TSJ? ¿Por qué se ha esperado tanto en remover y sustituir los rectores del CNE? ¿Por qué la Asamblea Nacional ha perdido tanto tiempo en politiquería en vez de ejecutar las acciones que se prometieron en la campaña electoral del 2015? Héctor Rodríguez lo decía en su entrevista con Vladimir Villegas, ¿recuerdan las promesas de la oposición en el 2015 de la última cola? ¿Por qué no han cumplido? Y bien, cualquiera con dos dedos de frente sabe por qué, pero ese no es el gran porcentaje de la nación, una gran parte del pueblo puede ser fácilmente manipulada de esta manera, pero entre todo, Héctor Rodríguez tiene razón: la MUD prometió muchas cosas en el 2015 y no cumplió una sola de ellas, se limitó a sacar los cuadros de Chávez del hemiciclo de la Asamblea, tomarse fotos, y mandar a callar a los chavistas en las sesiones; de resto, lo prometido quedó en el aire. El régimen puede bloquearte o intentar hacerlo, pero hay que hacer valer la autonomía del Órgano Legislativo. Desde luego que después habrá una lucha de poderes (vean el caso de la “vicefiscal” Harrington) pero allí es donde habrá que aplicar la fuerza, donde habrá que ejercer presión. Si el gobierno lo hace, ¿por qué nosotros, como oposición con 80% del pueblo a favor, no?

Para cerrar, yo no soy partidario de que se nombre un gobierno paralelo (o de transición, como le llaman algunos), ¿las razones? No repetir los errores del pasado. Eso fue justo lo que sucedió con Carmona Estanga en el 2002, y el resultado es todo esto que hemos vivido 15 años después: si los líderes de aquel entonces hubiesen tenido cabeza fría y no hubiesen desconocido todos los poderes y armado un Estado de facto, toda esta pesadilla revolucionaria nos la habríamos ahorrado. Un gobierno paralelo no contará con el reconocimiento de otros países (así muchos piensen lo contrario). Además, aquello atenta con dividir más al país y también a la MUD, puesto que, a falta de elecciones, cualquiera que sea el elegido para presidir el gobierno de transición va a recibir palo por todos los costados. Un nuevo gobierno solo puede ser electo por el pueblo vía electoral. Poner a la MUD en el exceso de nombrarlo a dedo puede terminar de destruir lo que se ha construido y brindarle argumentos al régimen para terminar de declarar una guerra armada en la nación.

Lamento haberme extendido tanto, pero es que la situación del país no cabe en tan pocas páginas. Para culminar solo les pediré cuatro cosas muy concisas:

  1. Recuerden que somos mayoría, y la soberanía reside en nosotros.
  2. Si van a criticar, por favor háganlo de manera constructiva.
  3. Cero pesimismo.
  4. En estos días finales: fuerza, fuerza, y más fuerza, que nadie pierda la voluntad, este país nos pertenece.

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Las piedras en el zapato de la dictadura

Por: Juan Sanoja | @JuanSanoja

Sabía lo que le esperaba. Preso desde febrero de 2015, había perdido espacio en la opinión pública nacional. Su liderazgo, desde la distancia, estaba mermado. En popularidad, sufría los embates del olvido. A Antonio Ledezma la insignificancia le carcomía y decidió disparar un último cartucho desde la cárcel que dos años atrás le habían asignado: su hogar. No era el primer mensaje que colgaría en YouTube –el día del plebiscito y el pasado 26 de julio subió comunicados–, pero sí el más contundente.

Con temple y voz profunda, Ledezma señaló, desde la autocrítica, el camino que debía tomar la oposición venezolana. Preciso, puntual y certero, enumeró cada uno de los errores de la Mesa de la Unidad Democrática. “Asumidos todos los riesgos, he decidido mandar este mensaje”, dijo al empezar su alocución, para luego pasar a la lista de fallos: permitir que el chavismo echara del hemiciclo a los diputados de Amazonas, dejar que Maduro gobernara por decreto ante un supuesto desacato y dialogar a escondidas.

“No se pueden ganar batallas, cuando nos derrotamos nosotros mismos”, sentenció el sexagenario Antonio, como abuelo que reparte lecciones a sus nietos. No tendrá en la maleta los mil refranes de Allup, pero irradia la sapiencia de los zorros más viejos de la política.

Según Ledezma, el secretismo generó rumores. Aunado a ello, la oposición pecó al elegir a los dirigentes menos indicados para conversar con el gobierno, esos que velaron por libertades personales y no por la liberación de todo el pueblo de Venezuela. Allí, en República Dominicana, la mesa de negociación enterró el revocatorio. “A veces la gente no entiende nuestras propias contradicciones, cuando ve que nos metemos autogoles y que nosotros mismos diluimos nuestros triunfos, porque a veces priva la vanidad. A veces los egos se convierten en demonios tormentosos”.

Unas contradicciones que, por cierto, no pocas veces han confundido a quienes día a día patean calle: “marche mañana, no marche mañana, pare mañana, no pare mañana, marche a las 12, no marche a las 12. Esos son pequeños detalles que a veces conspiran contra nuestros esfuerzos”. Pequeñísimos detalles como, por ejemplo, ir a unas regionales con este Consejo Nacional Electoral, propuesta defendida por Acción Democrática y Henry Ramos Allup.

“Ahora vienen a plantearnos elecciones regionales. Yo no me imagino a nadie que sea leal a la lucha que ha dado el pueblo inscribiéndose, haciendo una fila india para inscribirse en ese Consejo Nacional Electoral (CNE). Bastante que le aguantamos a este CNE, que protagonizó este domingo una de las estafas más burdas”, opinaba Ledezma antes de que el plan de AD fuese anunciado al país.

Antonio, junto a Leopoldo López y María Corina Machado, era de los que opinaba en 2014 que la salida del gobierno era urgente y que, llegado el 2015, lucía impostergable. El fundador de Alianza Bravo Pueblo perteneció en sus inicios a Acción Democrática e incluso fue una figura cercana a Carlos Andrés Pérez, pero hoy, con 62 años, sus ideas para salir de la crisis están más cerca de Voluntad Popular y Vente Venezuela que del histórico partido blanco de Rómulo Betancourt.

A su lado, y en la misma lucha, tiene al enemigo número uno del PSUV (inhabilitado por el gobierno desde el 2008 por temor a su potencial) y a la mujer que se atrevió a hablarle de frente al expresidente Chávez en la Asamblea Nacional. Con el primero remará desde la cárcel, mientras que la segunda será la voz fuera de ella. Por sus posturas incorruptibles, se han convertido en las piedras en el zapato de la dictadura.

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La anarquía que seremos

Por: Emmanuel Rincón | @emmarincon

“Algunas personas solo quieren ver el mundo arder…”.  Iniciamos este escrito con el mismo enunciado del de la semana pasada porque en evidencia quedó que algunos solo quieren ver este mundo (país) hecho pedazos. Los resultados de la jornada electoral del domingo no fueron los emitidos por Tibisay Lucena a medianoche: los verdaderos resultados del invento constituyente fueron los 16 venezolanos asesinados a sangre fría (muchos de ellos menores de edad, una gran parte con disparos a la cabeza). No haré ningún análisis de esa “votación” porque creo que no merece la pena, ya todos saben que fueron números inflados para el acomodo del chavismo (no hay que ser experto en materia electoral ni un superdotado para saberlo).

En vista de los acontecimientos y del panorama en que nos encontramos, para el ciudadano común hoy parecen quedar solo cuatro soluciones: te arrodillas, te anarquizas, te mueres, o te vas. Como era de esperarse, la agenda del domingo por parte del gobierno fue la de la violencia: el 30 de julio del 2017 se vivió en Venezuela uno de los días de mayor represión política en la historia de nuestra República; no obstante a ello, Jorge Rodríguez soltó una carcajada cuando le preguntaron por los muertos, y en la madrugada Nicolás Maduro solo se refirió al caso del Guardia Nacional asesinado (para ellos el resto del país no existe). La crueldad desde el discurso es una herramienta que el oficialismo ha implementado sin medir consecuencias: que el país supere los más de cien asesinatos en protestas es un comedia para ellos, pero eso no es lo preocupante, porque tenemos bien claro que en la morfología de los que se aferran a las franelas rojas no queda un alma, no queda un cerebro, solo maldad.

Ese día por la tarde salí a la calle a intentar documentar la situación, pero acercarme a los centros electorales para demostrar la ausencia de votantes rojos se me hizo imposible: no había paso en ninguna parte. Allí estaba, en medio de una ciudad convertida en campo de guerra, armado con una cámara y una bandera, mientras que a escasos metros los colectivos paramilitares y la Guardia nos rodeaban, esta vez no con perdigones y gases sino con sniper y fusiles de asalto. Ya había reportes de francotiradores y muertos en algunas partes de nuestro estado, y fue entonces cuando entré en razón: puedo morir en cualquier segundo sin darme cuenta.

En ese instante opté por resguardarme en un edificio con varios miembros de la resistencia, y comenzamos a hablar. Allí volví a encontrarme con el que ya es un punto de vista en común: los de la MUD son unos vendidos, unos traidores. Yo jamás he llegado a pensar aquello, ni creo que lo piense, por lo que estuvimos debatiendo largo rato. Al final de la discusión uno de ellos dio un poco su brazo a torcer y me dijo: “Está bien, voy a creerte. Esperemos a ver que van a decir esta noche”; y se hizo de noche, y la MUD no me ofreció un buen argumento para tratar de hacerles entender que en su agenda no hay nada turbio: tras el escandaloso número de fallecidos, aparte de seguir empleando un discurso victimista, en vez de confrontar y dar la cara por el 80% del país que los respalda, la MUD lo que pidió fue trancar Caracas con carros.

Hablemos claramente, nadie está llamando a la guerra armada, ¿por qué? Porque en ese campo saldríamos destrozados antes de empezar el partido, pero sí es tiempo de ir presurizando la represión del gobierno. No es posible que luego de 16 asesinatos políticos en una jornada, tu solución como cabeza de aproximadamente 25 millones de personas sea seguir trancando Caracas con los carros. Lo cierto es que somos más, somos la mayoría del país, la soberanía reside en nosotros, no en ellos, ¿entonces por qué seguir actuando como oprimidos siempre a la defensiva, en vez de pasar a ejercer el control? Durante mucho tiempo he defendido a la MUD, y no por placer o convicción, sino porque soy consciente de que es necesario que exista un liderazgo y una unidad en el país para poder salir adelante, y muchas veces he preferido callar para no alborotar el avispero, pero a mi parecer el domingo el cántaro se rompió.

La muestra de debilidad de la MUD es directamente proporcional al empleo de la fuerza por parte del gobierno. Nuestros líderes opositores se han comportado como esas mujeres a las cuales el esposo golpea y engaña, y la amenaza que le suelta es la de no volver a lavarle la ropa interior, ¿cómo van a respetarte si tú mismo no te respetas? Las consecuencias de su fragilidad y discurso lánguido las vimos esta madrugada cuando el SEBIN secuestró a Leopoldo López y Antonio Ledezma sin aviso ni premeditación, ¿por qué lo hicieron? Porque simplemente les dio la gana de hacerlo, y porque nadie les ha puesto un parado, aplicando el miedo como política de Estado, la represión como única forma de autoridad.

El país se está saliendo de control, no solo de las manos del oficialismo, sino también de la dirigencia opositora. El domingo una bomba explotó en Altamira lastimando a ocho Guardias Nacionales, y es inevitable preguntarse: ¿a cuánto estamos de los carros bomba, de los sicariatos políticos y de la total y absoluta anarquía? La falta de una lectura adecuada de la Mesa de la Unidad en el país originará que la sociedad explote llevándose todo por delante, por la sencilla razón de no saber conducir la frustración de los ciudadanos.