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Guerra de sordos

Por: Emmanuel Rincon | @emmarincon

Cuenta la leyenda que en los países desarrollados los gobernantes escuchan las necesidades e inquietudes de su gente. Esta leyenda no ha podido ser constatada por el pueblo venezolano, cuyos líderes han sido afectados por la maldición del sordo.

Bueno, basta de fábulas, basta de realidad, basta de realidades que son fábulas, o de fábulas que son realidades, necesitamos coherencia, sí, una gran dosis de coherencia. El país se va por la tangente (esto no es secreto para nadie), el divorcio MUD—PUEBLO quedó en evidencia en la jornada del martes cuando al trancón convocado no acudieron ni los propios convocantes.

¿Qué es lo que pasa? ¿El pueblo se cansó? ¿Perdió la esperanza? No. Lo que sucede es que el pueblo se hartó de la falta de coherencia política de los líderes de la Unidad. En lo que va de año, y con la instauración de la constituyente por parte del gobierno, la MUD ha repetido en miles de ocasiones que el sistema electoral venezolano es fraudulento (hecho que quedó en evidencia el 30 de julio con las informaciones de Reuters y las declaraciones del Presidente de Smartmatic): 80% del país ha planteado una lucha contra la dictadura para demostrarle a ellos y al mundo que en Venezuela reina una tiranía y que hay que desmontarla a como dé lugar. Entonces, resulta que luego de que el discurso MUD ha calado hondo en cuanto al desconocimiento de las instituciones secuestradas por el Estado, y ese mismo discurso escala a nivel internacional recibiendo un apoyo sin precedentes de múltiples naciones, la MUD decide cambiar de estrategia e irse por el camino electoral para “salir” del régimen. ¿Absurdo, no?

Pongamos las ideas en orden, pues en estos momentos necesitamos de sensatez política. Los problemas de la MUD son tanto de fondo como de forma, sus errores comunicacionales han progresado hasta codearse con el pobre discurso de CAP que condujo al país al caracazo hace un par de décadas y que a la postre nos metería en este castro—comunismo—populista—autoritario—terrorista—socialista—chavista—invertebrado. Si a cuatro meses del inicio de las protestas, y con más de cien muertos en el camino, el régimen ha vuelto a pisar terreno firme, no ha sido por sus astucias, sino por la falta de conducción de sus adversarios. Ya se ven muy lejanos aquellos días en los que Capriles, Guevara, Machado, Borges, o cualquier miembro de la Mesa anunciaba acciones de calle y el respaldo era monumental y contundente; que la represión ha tenido que ver en ello, sí, no se puede negar, pero más que la represión, la principal causa de esta apatía es la sordera de la clase política. Actualmente no existen encuestas que aclaren qué parte del 80% del país opositor está dispuesto a ir a elecciones, pero lo cierto es que, según lo que se escucha en supermercados, barrios, oficinas, conversaciones familiares, grupos de WhatsApp y redes sociales, una amplia mayoría está en desacuerdo en acudir a un llamado del régimen que los legitime —y aclaro, con esto no intento conducir a pensar a todo el que cree que se debe votar a que no lo haga, a mi parecer ir a esas elecciones es un error, pero no soy dueño de la verdad y admito que la otra vertiente también tiene puntos a favor— pero más allá de ello, tú como cabeza de una gran mayoría en el país no puedes pasar años pidiendo que sea deslegitimado el gobierno, llamándolo dictatorial, acudiendo a organismos internacionales para denunciar la falta de democracia, mostrar pruebas de los fraudes electorales en el país, y a la hora de la chiquita inscribirte para participar en los comicios, ¿cuál es tu coherencia como líder político? ¿cuál conexión existe entre tu discurso y lo que haces?

Pongamos algo en claro: acudir o no acudir a las elecciones no hará que salgamos del régimen por un milagro. Más allá del tema de elecciones regionales, lo que debe medirse es el tema credibilidad—confianza—país. Si en momentos cruciales como éste le das la espalda al pueblo, el pueblo te la dará a ti, y como aspirante a jefe de gobierno quedarás desnudo. No saber escuchar es peor que no saber hablar, pues en ello se traduce tu labor como líder y gestor de las inquietudes y necesidades de un pueblo.

El tema de agenda a seguir para batallar contra el régimen ya es otro punto más extenso, y sí, cabe la posibilidad de que acudiendo a elecciones regionales se ganen unas cuantas gobernaciones, pero también existe la posibilidad de que posterior a ello el régimen por la ANC desconozca los resultados de esas elecciones e instaure un nuevo poder superior a las gobernaciones, tal como hicieron con la Alcaldía Metropolitana y con la Asamblea Nacional, y así habrás ganado unas gobernaciones de papel y habrás perdido tu discurso, tu coherencia, el apoyo internacional y la empatía con tu pueblo. Razones de sobra hay para desconocer las elecciones, fuera de que son extemporáneas y vienen precedidas por un fraude electoral: ya el CNE estableció que la MUD no podrá inscribir candidatos en siete estados, y en otros como Miranda ya ha inhabilitado al menos a siete posibles gobernadores (Capriles, María Corina, Leopoldo López, Ramón Muchacho, Antonio Ledezma, Adriana D´Elia, yDavidSmolansky), y cabe acotar que una gran mayoría están presos o buscados por el SEBIN para cumplir condena. Ese escenario se repite en otros estados como Mérida, Táchira y Lara.

Por si fuera poco, en la noche de ayerDiosdado Cabello ha advertido que los candidatos opositores deberán mostrar una “carta de buena conducta” avalada por la Asamblea Nacional Constituyente para poder postularse. Entonces el problema no radica en acudir al llamado a elecciones, el problema está en que piensas acudir a pesar de los atropellos y humillaciones del régimen, legitimando unos comicios en los cuales ellos mismos están eligiendo a sus contrincantes, y sabiendo que de ganarlas instalarán unas gobernaciones paralelas y perderás la confianza del pueblo que te apoya.

A la MUD solo me queda decirles que si no aman al pueblo, al menos tengan amor propio, que tengan dignidad y no se presten para ese tipo de aberraciones, que no sean parte de un proceso desigual y fraudulento, y no sucumban a los “requisitos del régimen”. Mañana terminará pidiendo Diosdado entre risas que le besen los pies de Maduro para poder inscribirse, y detrás de ustedes hay al menos 25 millones de personas y un centenar de muertos que no se merecen la humillación ni las migajas del régimen; todavía están a tiempo de cambiar de ruta, de reconciliarse con el pueblo que los eligió como sus representantes. No se pierde nada con escuchar, todo lo contrario, se gana, y mucho. La maldición del sordo es peligrosa, no dejen que se esparza, puede ocasionar que el chavismo se enquiste para siempre en Miraflores.

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El problema de la oposición

Por: Juan Sanoja | @JuanSanoja

El problema no son las regionales. El problema es el infame CNE. El problema no es llamar a votar. El problema es que han dicho hasta el cansancio que esto es dictadura. El problema no es ganar. El problema es que después te quiten las gobernaciones. El problema no es explicar cuál es la estrategia. El problema es que no se ha hecho de forma conjunta. El problema no es debatir sobre las elecciones. El problema es hacerlo días antes de inscribir las candidaturas. El problema no es anunciar que tu partido irá a los comicios. El problema es que le das pie al chavismo para decirte incoherente. El problema no es proclamar un nuevo Consejo Nacional Electoral. El problema es que los nuevos magistrados quedaron en el olvido. El problema no es debatir propuestas. El problema es que se ventilen tus discusiones. El problema no es afirmar que el gobierno está por caer. El problema es que no cumplas con las expectativas. El problema no es convocar un plebiscito. El problema es que después ignores las respuestas. El problema no es ser mayoría. El problema es convencer a la gente de que la salida es electoral. El problema no es la hora cero. El problema es la cero planificación. El problema no es pelear en todos los frentes. El problema es cómo aumentar la presión. El problema no es el sufragio. El problema es la percepción de la comunidad internacional. El problema no es el plan. El problema es la congruencia. El problema no es la disyuntiva. El problema es que el PSUV sigue avanzando. El problema es que mientras nosotros hablamos de esto, la ANC se está instalando.

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Una conversación moderada

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

Cuando le pregunto por Carlitos y si lo ha visitado después de que lo cosieran a perdigones en Bello Campo, Julio hace una mueca. “Sí, man, ayer fui. Y casi nos caemos a coñazos”, me dice. “¿Por política?”, le pregunto. “¿Por qué más, bro? Lo mismo de siempre. A ese carajo la resistencia lo ha puesto peor”. “Pero ha estado echándole bolas pess. Todo el tiempo me lo encuentro adelante. No es cuento”. “Pero está loco, man. Loco, loco”. “Él muy cuerdo nunca ha sido, ¿pero por qué pelearon?”. “Porque ese carajo no entiende que tenemos que ir a las regionales?”. Ojos como dos platos. “¿Tenemos que ir a las regionales?”. “Coño, Abdalita, no me digas que tú también?”. “¿Que yo también qué?”. “Que tú también estás en contra de ir a las regionales”. “Pues muy de acuerdo no estoy, si te soy sincero”. “No vale”. “Es que de verdad no le veo el sentido”. “¿No le ves el sentido, bro? ¿Cómo no le ves el sentido?”. “Pues no viéndoselo”. “Si está de anteojito”. “Serio yo no lo veo”. “Marico, el mapa de Venezuela”. “Ajá, el mapa de Venezuela”. “¿Lo estás viendo, no?”. “Sí, lo veo”. “Ahora imagínatelo pintado todo de azul”. “Ok”. “¿No te parece ya suficiente motivo? El mapa todo de azul porque arrasamos con todas las gobernaciones”. “Tampoco serán todas”. “Bueno, quita Delta Amacuro, Portuguesa y Cojedes, que no tienen remedio”. “Ok”. “¿Y no lo ves? Azul. Bro: es precioso”. “Ya. Sí. Lo que no veo es cómo vamos a pintarlo de azul con este CNE que hasta Smartmatic confirma que hace trampa”. “Bueno, eso es otro tema”. “Coño, yo creo que es EL TEMA”. “Si supieras que no tanto”. “¿No tanto?”. “No, bro”. “Ya va, ¿tú me estás diciendo que vas a ir a elecciones con este CNE?”. “No. Momento. Lo ideal sería ir a elecciones con otro CNE”. “¿Lo ideal? ¡Lo fundamental, hermano!”. “No. Lo ideal. Y eso se va a buscar y se está negociando ya: que haya un cambio en el CNE. Pero si no lo hay, todavía sería posible…”. “Loco, no”. “Sí, bro”. “Marico, ¿tú escuchaste la denuncia de ayer de Smarmatic?, ¿los números de Reuters? ¡En hora y media sacaron de la chistera 4 millones y tanto de votos!”. “Exactamente. Lo de Smartmatic. ¿Qué dijo ese pana?”. “Que los números estaban inflados”. “Ajá, pero no te quedes con el titular: que por falta de supervisión y de auditoría los números los inflaron”. “¿Y?”. “Fácil, bro: que ellos pueden hacer el fraude siempre que nosotros se lo permitamos. Pero si estamos pilas y hacemos todo lo que tenemos que hacer, con testigos y observadores en cada mesa, no hay forma de que nos roben. Y esa maquinaria la tenemos, porque con ella ganamos la Asamblea”. “Sí, bueno, eso es verdad”. “¿Ves?”. “Pero igual queda muy mal ir con ese CNE. Es casi inmoral”. “Yo sé, bro. Eso no te lo discuto. Y se va a trabajar para cambiarlo. Pero tampoco vas a perder la oportunidad de tener prácticamente el control del país por una cosa de quedar bien o mal, por un escrúpulo moral. Así visto es accesorio”. “No sé”. “Claro, por tu peo católico y la moral y la vaina y  todo eso. Yo sé. Pero es  eso o el mapa pintado todo de rojo”. “Mierda”. “To-do ro-jo: en Miranda, en todos lados, rojo”. “Da cague y todo”. “Además, bro, vamos a tener policías, recursos, control, margen de maniobra, capacidad de hacer cosas”. “Ajá, y entonces viene la Constituyente y dice que no, que se acabaron las gobernaciones, que el Estado pasa a ser comunal y chao”. “¿Quién te garantiza que eso va a ser así?”. “¿Quién te garantiza a ti que no?”. “Por eso. Nadie nos garantiza a los dos nada: estamos especulando, y renunciar a ganar unas gobernaciones por una especulación, por algo que puede ser o no, eso no tiene lógica”. “Ok. Pero esto no es especulación, esto es algo que está pasando: te destituyen vía TSJ”. “Bro, es igual: especular”. “Marico, no: está pasando”. “Pero es otro sinsentido: ¿te vas a privar del chance de ganar algo por el miedo a que te lo quiten después?”. “Pero es que esto no es un miedo hipotético: es algo que está pasando y va a pasar”. “Supongamos que sí”. “Dile supongamos a los merideños que les acaban de quitar al alcalde”. “Ok, quitemos el supongamos. Esto pasa, las ganas y te destituyen: al menos los haces pasar por el mal rato y el descrédito de tener que sacarte del juego”. “¿Cómo así?”. “No es lo mismo regalarles en bandeja de plata la Gobernación de Miranda, por ejemplo, a que tú la ganes y tengan luego que echarle bolas para sacarte”. “Pero al final el resultado es el mismo”. “Pero el proceso no”. “¿Entonces el juego es hacerles pasar trabajo?”. “Desgastar al adversario, hermano. Obligarlo a hacer vainas. No ponérsela tan fácil”. “Ya. Pero al final el mapa rojo igual”. “Y ni se sabe”. “No lo sabrás tú, yo sí”. “Porque eres adivino”. “¡Porque ya lo vivimos con la Asamblea, hermano! Campaña, elecciones, esfuerzo descomunal, arrasamos, mayoría calificada y al final no sirvió de nada”. “No seas injusto tampoco”. “Bro. No sirvió de nada. La Asamblea, al final, no hizo nada”. “No pudo hacer”. “¡Exacto! No pudo hacer. No la dejaron hacer. Ahí me das toda la razón: haces el esfuerzo descomunal, les ganas las elecciones y luego no puedes gobernar. El mapa se pinta de azul, como se pintó de azul la Asamblea, y no te dejan hacer nada: no te pasan los recursos, te intervienen la policía y te terminan destituyendo”. “Y ahí se arma el peo en las regiones”. “¿Ah?”. “Piensa, Abdalita: ¿se hubiera podido armar un peo como este si nos hubiéramos abstenido de participar en las parlamentarias? ¿Hubiera habido una rebelión así? ¡No! Participamos, ganamos el parlamento, los obligamos a que lo cerraran, quedaron desnudos ante el mundo y la calle se activó”. “¡Loco, esto no tiene sentido!”. “¿Qué?”. “Marico, eso de lo que me hablas. Ganar cosas para que te las quiten”. “Ya te lo expliqué: los desgasta. Cada vez salen más débiles. Y además, hablamos ahora de regiones. Piensa en esto: que se prenda el peo en cada región. La gente del interior va a defender lo suyo, lo que le duele”. “No veo que lo hayan hecho con sus diputados”. “Coño, es diferente. Ellos sesionan en Caracas, no hay ese contacto directo y diario que puedes tener con un gobernador”. “Ya. ¿Pero no es mejor, en vez de andar pensando sólo en desgastarlos de a poquito, buscar sacarlos de una y luego, sí, pintas tu mapa todo lo azul que quieras y gobiernas todo lo que quieras?”. “Volvemos al principio: lo ideal contra lo que es”. “¿Y qué es lo que es?”. “Que no hay manera de sacarlos de una”. “¿Asimismo?”. “Asimismo, hermano. Llevamos ciento y pico de días de calle, y pueden llegar a trescientos. Los muertos se pueden multiplicar por tres, y vamos a seguir en esto”. “Entonces el 350, la desobediencia, la rebelión y todo eso, ¿qué fue?”. “Idealismo”. “¿Jugaron con nosotros?”. “No deliberadamente”. “No entiendo”. “Esa fue una apuesta honesta y sincera, pero luego los hechos demostraron que no basta la gente para sacar a una dictadura”. “¿No?”. “No, bro. La gente, al final, es casi accesoria. Y esa es la gran lección de esto: militares y dinero, papá. Ahí se resuelve todo, y mientras no lo tengamos, no nos queda sino intentar erosionar y erosionar a ver si lo logramos”. En ese momento, derrotado, le doy la mano y nos despedimos.