El Traductor del Cluj

Por Eduardo Sánchez Rugeles

Cluj Napoca, 1995

Traducción al español: Viorica Draniceanu

Fuimos niños amorfos. Existían, entonces, argumentos jurídicos para eliminar nuestras taras. Fuimos débiles. Llevábamos varias condenas a la espalda. En aquel tiempo, más que ser enfermo, nos dolía ser húngaros. Luzny fue el octavo o el noveno de una familia mal nutrida. Algunos murieron por asuntos de sangre, otros por conjuros malignos y, unos pocos, de tristeza.

Nuestra escuela fue un lugar de exclusión. Éramos los tontos del pueblo. Se burlaban de nuestra manera de andar, de nuestro autismo, de nuestra torpeza motora; el vientre de Luzny siempre fue objeto de mofa. Fuimos un grupo pequeño que sobrevivió gracias a las bondades de Lazlo Dragota, el pastor de la iglesia ortodoxa. La enfermedad nos hizo fuertes. Pocas cosas generan tanta afinidad entre los hombres como la desgracia. El hombre que ha nacido enfermo, por lo general, es tolerante. Hay enfermos crueles, es cierto, pero estos suelen ser aquellos que han caído en desgracia luego de haber disfrutado de algún tipo de plenitud. Hay rencor en aquel que ha visto colores y, por algún imprevisto, deja de mirar; tendrá pesadillas aquel que haya gozado un cuerpo de mujer y que, repentinamente, por alguna bala perdida ve cercenada su lascivia. Nosotros nacimos incompletos y esa situación nos hizo ser buenas personas. Con Lazlo Dragota entendimos, desde un principio, que nos había tocado sufrir.

Read More…