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RESEÑA: La conjura contra América – Phillip Roth

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

¿Qué habría pasado en los Estados Unidos si por allá en 1940 Franklin Delano Roosevelt hubiera sido derrotado por un candidato republicano, aislacionista, antisemita y amigo de Hitler? Esa es la pregunta que en casi 400 páginas responde el brillante escritor norteamericano Phillip Roth en las páginas de ‘La conjura contra américa’, una fantástica ucronía (novela histórica alternativa) magníficamente escrita, en la que se nos narra la alarmante transformación de América tras la victoria de semejante espécimen.

 “El temor gobierna estas memorias, un temor perpetuo. Por supuesto, no hay infancia sin terrores, pero me pregunto si no habría sido yo un niño menos asustado de no haber tenido a Lindbergh por presidente o de no haber sido vástagos judíos”

Con estas líneas arranca la novela, escrita en primera persona y a modo de memoria. Su protagonista es un niño que vive en un vecindario judío en Newark (New Jersey), junto con su padre, su madre, su hermano mayor y un primo. Son una familia de clase media, que comparte el piso de abajo con unos inquilinos, y que viene de reponerse del crack bursátil de 1929 y de la llamada “Gran Depresión”. Todos profesan por Roosevelt una admiración que llega casi a la devoción y ven con malos (pésimos) ojos que Lindbergh (ese aviador que un día fue motivo de orgullo para la nación al llegar a París en vuelo directo desde Nueva York y ahora es amigo de Hittler y contrario a que EE.UU. participe en la II Guerra Mundial) gane la presidencia. Pero lo hace, y con él en la Casa Blanca comienzan una serie de cambios que parecen sutiles para todos menos para esta familia judía (a la que tachan de paranoica), que finalmente terminará por tener razón cuando todo desemboque en un tremendo caos.

Si ya el tema de la novela es interesante, lo es mucho más la manera en la que está desarrollada. Página a página, Roth va logrando que cada pieza encaje y todo vaya pareciendo perfectamente verosímil; más que eso: real. Para quien no tenga ni remota idea de la historia (cualquier niño de Liceo Bolivariano, por ejemplo) esta novela podría pasar perfectamente como el relato de un hecho real; e incluso, quien tenga la historia estudiada no dejará de ser visitado una que otra vez por la duda y la pregunta de si esto fue o no así. En ese sentido el libro logra con creces el cometido de novelar (construir) la historia a partir de la modificación de un suceso determinado; de especular con sentido, para que nos entendamos. Resulta indispensable para ello el tremendo conocimiento que tiene Roth de lo que podríamos llamar el alma norteamericana: tanto la sociológica como la política. Sabe cómo piensa, cómo actúa y cómo reacciona el americano promedio; y  sabe también cómo es y funciona el sistema: los partidos políticos, los medios de comunicación, los poderes y las instituciones.

Y sabe también otra cosa que en esta novela resulta fundamental: pensar y escribir como un niño. Ese derrotero por el que tan buenas plumas se han desbarrancado, Roth lo pasa con hidalguía. No cae en el estereotipo de la ingenuidad forzada (esos niños extremadamente cándidos y bobos) ni tampoco pierde el hilo (no le crece el niño en las páginas, sino que siempre se mantiene en la edad). Que sea narrado por un niño, además, da lugar a que el libro tenga un tinte costumbrista y descanse toda la tensión política (que es mucha) en esos ojos inocentes que suelen ver e interpretar lo que pasa afuera por la mediación de terceros (sus padres, sus amigos) y centrarse en detalles y anécdotas que unos ojos muy mayores pasarían por alto. Todo ello escrito, además, con una prosa sobria, discreta y correcta (no hay frases grandilocuentes ni muy hermosas, pero tampoco hacen falta) que se deja leer fácilmente.

Se trata, pues, de una novela magnífica: interesante, entretenida y bien escrita.

La conjura contra américa

Autor: Phillip Roth

Año: 2003

Páginas: 428

Calificación: 09/10

VOZ VEIS

Jamás se dice adiós – Voz Veis

Por: Ezequiel Abdala | @eaa17

Un reencuentro con el primer amor es la historia que canta –y cuenta– este tema de Voz Veis, perteneciente a su sexto disco, ‘¿Qué me has hecho tú?’. Un reencuentro entre dos que se quisieron mucho y tenían años sin verse, y que, cuando lo hacen, descubren que el único ha sido físico, porque el cariño que se tenían se mantiene inmutable. Y entonces, surge la sugerente idea que le da título al tema: hay gente que por más tiempo que pasen sin verse, por más cosas que los separen en la vida, nunca se despiden, jamás se dicen adiós.

¿Qué tal? ¿Cómo estás?
Hoy te encuentro más bella de lo normal
A pesar, que han pasado tantos años sin hablar
la verdad tienes la misma manera de mirar
que aún no puedo olvidar

Esta primera estrofa nos pone en la escena de un encuentro inesperado. Todo está cantado en primera persona, pero dirigido siempre a otra. No es exactamente un monólogo, sino más bien un diálogo del que solo tenemos las líneas de una sola de las partes. Arranca con un saludo casual (“¿Qué tal? ¿Cómo estás?”) tras el cual viene un piropo (“hoy te encuentro más bella de lo normal”). Hasta el momento no sabemos qué tipo de relación había entre ambos, pero sí que tenían mucho tiempo sin contacto (“han pasado tantos años sin hablar”). También, que al reencontrarse él la halla preciosa y que no ha podido olvidarla. Esa última línea (“que aún no puedo olvidar”) es la clave de la estrofa: porque ha pasado de todo y esa mirada suya ha permanecido en el recuerdo.

Yo sigo acá:
me reviento en cada gira y al llegar, descansar;
siempre encuentro alguna amiga a quien llamar.
No está mal,
¿pero a quien engaño si en mi alma estas
dura de sacar?

Seguimos con la misma estructura del diálogo mutilado; es decir, teniendo sólo su perspectiva. Ese arranque (“yo sigo acá”) sugiere que es la respuesta a una pregunta. “Me reviento en cada gira y al llegar, descansar…”: la pone al día de su vida y de su  rutina, que es, ya se ve, la de un cantante. Interesante esto, ya que le da un toque de realismo a la historia. Luego, entra al plano de lo sentimental: “siempre encuentro alguna amiga a quien llamar”. Tiene una vida, casi, de playboy, no le faltan las mujeres, pero inmediatamente agrega un “no está mal”; es decir, que algo no está bien, lo que se confirma inmediatamente con una confesión en forma de pregunta retórica tras la cual queda poco por decir: “¿a quién engaño si en mi alma estás dura de sacar?”. Ya no es sólo que la ve bonita, o que no ha olvidado su mirada; es que la tiene en el alma (en lo más profundo) y “dura de sacar”: sigue allí a pesar del tiempo, de las amigas que llama cuando llega de gira, de todo.

Fuimos tan perfectos debutando en el amor
Fuimos como el viento entregado al cielo
Fui un velero navegándote amor
y tú la playa anclada al corazón
Fuimos más que un cuento que se acabó
hay gente que jamás se dice adiós

Este es el coro de la canción, que arranca con una línea que bien paga todo el tema: “Fuimos tan perfectos debutando en el amor”. Es una frase nostálgica, que remite a un recuerdo feliz, a una añoranza maravillosa: el debut en el amor…sea lo que esto pueda ser. Llámese noviazgo o primera vez o ambas juntas, eso da igual. Lo importante es que en esas lides fueron “perfectos”. Y en ese momento, teniéndola en frente, viéndola, lo que le sale es eso: “¡Fuimos tan perfectos debutando en el amor!”. Es sencillamente precioso, incluso conmovedor. Aunque también doloroso: el fuimos (pretérito perfecto) se remite a algo que sucedió en el pasado y concluyó. Y con ello, ya tenemos el cuadro completo de la historia: dos primeros novios que se rencuentran tras mucho tiempo.

Le siguen dos líneas que no le hacen justicia a la anterior: “fuimos como el viento entregado al cielo” (¿?), “fui un velero navegándote amor y tú la playa anclada al corazón” (¿?); son dos imágenes que tienen poco o ningún sentido, y de las que es muy poco lo que se puede sacar. Pero tras ellas viene un cierre de altura: “Fuimos más que un cuento que se acabó. Hay gente que jamás se dice adiós”. Comencemos por lo primero: “más que un cuento que se acabó”; aquí está diciendo que lo de ellos no fue una historia del montón, con principio, desarrollo y fin, sino algo más, muchísimo más, que ni siquiera se puede medir con los estándares o parámetros típicos; no fue algo que pasó y en el pasado quedó. “Hay gente que jamás se dice adiós”: es una afirmación tan categórica (“jamás”) como esperanzadora, que sugiere una eternidad, al menos terrena: mientras estemos en este mundo jamás podremos decirnos adiós.

Puede pasar que ya tengas compañía
¿Y qué más da?
Si al final, lo que importa en esta vida es recordar,
es guardar eso que fotografía el corazón
que solo es de los dos

Esta estrofa arranca admitiendo la posibilidad de que en la vida de ella pueda haber otro en ese momento, cosa que despacha muy ligeramente con un “¿qué más da?” porque tiene confianza en algo inamovible: los recuerdos. Él es parte de su historia, de algo que nadie va a poder arrancar. “Al final, lo que importa en esta vida es recordar”. La sentencia hace volver a Sábato (“vivir consiste en crear recuerdos futuros”) y no deja de tener una cierta e interesante sabiduría existencial; inmediatamente le sigue otra frase mejor: “[lo que importa en esta vida] es guardar eso que fotografía el corazón, que solo es de los dos”. La imagen es tan gráfica como preciosa y se entiende perfectamente: se refiere a esos recuerdos que quedan grabados inmarcesiblemente en ese espacio inabarcable e inaccesible del corazón, los instantes que éste decide congelar para siempre, que son tan ingobernables como imborrables, y que, como bien agrega la canción “sólo [son] de los dos”, no pertenecen a más nadie.

Inmediatamente entra de nuevo el coro, que aquí cobra la plenitud de su sentido. “Fuimos tan perfectos debutando en el amor”; y como lo fueron, hay (tienen) un álbum entero de recuerdos, de fotografías del corazón; y como lo fueron, porque lo fueron, hay (y ellos son) gente que jamás se dice adiós.

CAMIONWEB

El coleccionista de muñecas

Desde hace años circula por Caracas produciendo a su alrededor las más diversas reacciones. Hay quien al verlo se santigua, hay también quien reza, no falta quien se estremezca ni quien voltee para otro lado; tampoco el que se le quede mirando fijamente sin entender nada. Y se comprende: un camión lleno de muñecos mutilados, sucios y despeinados es, cuando menos, un espectáculo dantesco, si no aterrador. Pero hay quien lo considera arte también, porque toda moneda tiene dos caras. Para la cuentacuentos caraqueña Gladys Laporte, lo que Jesús Poleo (ese es el nombre del chofer) hace en su camión no es otra cosa que “arte psicodélico”. Así lo expresa ella en un magnífico corto (minidocumental lo llaman algunos), producido por Verona Office y dirigido por Joyce Kahn y Emiliano León, en el que se explora en la historia de este particular personaje que ha aterrorizado a media Caracas desde hace años. ¿Quién es el hombre que maneja ese espeluznante camión? ¿Cómo lo creó? ¿Por qué lo hace? ¿Qué siente al hacerlo? Esas y otras preguntas son respondidas en este corto que puedes ver a continuación:

GASSETWEB

Ortega Gasset, Maduro y las panaderías

“En los motines que la escasez provoca suelen las masas buscar pan, y el medio que emplean suele ser destruir las panaderías”.

No es nueva la tragedia que vivimos. Ha pasado antes y volverá a pasar después. Sorprende, sí, cómo los hombres no aprendemos las lecciones de la historia, pero nadie escarmienta con experiencias de otros y menos aprende en cabeza ajena. De cabeza ajena (la del brillante filósofo y ensayista español José Ortega y Gasset) salió la observación que encabeza este post y que bien describe una de las paradojas (más bien tragedias) de los movimientos de masas, sean de izquierda (comunismo) o de derecha (fascismo), que eran los que estaban en boga cuando el filósofo pergeñó estas palabras. La Revolución Bolivariana no existía en ese entonces, pero tampoco merece unas palabras diferentes: ella también quiere hornear pan destruyendo panaderías. Ya ayer fueron ocupadas y expropiadas las tres primeras en el centro de Caracas y se estima que en los próximos días suceda con otras. ¿El resultado? Menos pan y más hambre. También lo advertía el filósofo: “Si usted quiere aprovecharse de la ventajas de la civilización, pero no se preocupa de sostener la civilización… se ha fastidiado usted. En un dos por tres se queda usted sin civilización. ¡Un descuido, y cuando mira usted en derredor todo se ha volatilizado!”. O parafraseándolo mal: si usted se quiere aprovechar de las ventajas de la producción (el pan) pero no se ocupa de producirlo, en un dos por tres se queda usted sin él. Un descuido, y todo (pan y país) se habrá volatilizado, como en efecto está sucediendo.

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REVIEW: “Millennial Kingdom Vol. 1” – Fourth Dimension

Por: Humberto González

Fourth Dimension presenta su último disco “Millennial Kingdom Vol. 1” con una simple premisa: la experimentación a través de los sentidos. La musicalidad del disco es obvia, y el virtuosismo es exactamente lo que se espera de la banda oriunda de California. Como lo hiciese el buen Kamasi Washington con su última obra maestra, Fourth Dimension trata de emular esas sensaciones, esa experimentación con el jazz y las fusiones con géneros como el funk y el rock. Sin embargo, los 6 temas que componen el álbum se quedan aislados el uno del otro, sin complejización que aplaque el ruido musical, sin lugar a nuevos horizontes dentro del jazz y la música.

“Millennial Kingdom Vol. 1” es un disco bidimensional, sin un tercer plano que lleve al espectador a escuchar algo que no haya sentido anteriormente, más allá de la enorme cantidad de notas por tema. Salvo temas como “Darkness Rising”, el cual cierra el álbum, el resto de la propuesta no incide demasiado en contribuir con un avance del género, y cae en lugares tan comunes que, para finalizar el disco, con la mejor canción, el oido se encuentra en un estado de automatismo y hastío.

Fourth Dimension presenta un disco con pretensiones obvias, puesto que no es fácil reavivar la llama de la música a través de un disco experimental y de fusión jazz. No lo hacen, pero allí está.

FLORENCIOWEB

Florencio Porras: “No entiendo cómo El Aissami es dueño de tantas cosas”

Fue uno de los militares que se alzó el 4F, y entre 2000 y 2007 fue gobernador de Mérida por el MVR y el PSUV. Florencio Porras se llama y ahora se encuentra en la otra acera. Este domingo fue entrevistado en ‘La Razón’ y disparó una artillería de alto calibre contra varios personajes de la dictadura. Del comandante eterno que se murió, dijo que “hacía lo que quería y se rodeaba solo de personas incondicionales. A quienes nos atrevimos a realizar críticas sobre lo que estaba pasando, nos entraron a patadas (…) La crisis se agravó por el estilo de Hugo Chávez, donde, a pesar de que se hacía planificación de cosas, no se cumplían y se hacían grandes improvisaciones. Nunca se aceptaron las críticas. Hubo improvisación permanente”. Con respecto a Maduro, Porras indicó que “no asume nada, lo que hace es hablar, acabar con el equipo de producción, con los empresarios. Agravó todo y avaló todo, hasta la corrupción, el narcotráfico, con un cinismo a millón”. Sobre Diosdado declaró que “cualquier cosa que diga este teniente me resbala, y no le digo capitán porque no lo es. Él sigue siendo un teniente y esos ascensos que han hecho son inconstitucionales” ¿Y de El Aissami? “Es de una familia de clase media, pero ahora es dueño de manzanas de propiedades aquí en Mérida. Eso lo saben los de aquí. Yo lo conocí desde sus inicios en la ULA en el año 92; conocí a su modesta familia en Mérida. Yo iba a su casa, conocí mucho a su hermana y su mamá. No entiendo de dónde es dueño de tantas cosas”. En cuanto al venezolano, comentó que “pareciera no importarle mucho tener un Gobierno corrupto y con dirigentes metidos en el narcotráfico. A la gente no le importa que el narcotráfico haya penetrado el poder. Y ni siquiera le preocupa que la corrupción llegue a los ‘Clap’. No le importa al venezolano que un pobre explote a otro pobre”.

CRONICATBTWEB

Pistola, papelón y el resto del mundo

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Por Gabriella Mesones – (@unamujerdecente)

Somos la generación del desencanto y la incertidumbre. La sensación colectiva es que somos un país fracasado, y podríamos hacerle los honores a Chocrón y venderle la nación a los asiáticos, agarrarnos el dinero y que cada quien busque su camino en la internacionalidad. La destrucción ya es parte de nuestra idiosincrasia. Lo vemos en nuestra vestimenta de arquitectura modernista, en los constantes edificios que vemos caídos y suplantados por cubos de vidrio, en las perennes construcciones que inundan la ciudad, en las noticias de los periódicos, en el discurso de nuestros líderes y en el discurso de los que no lo son.

Por mucho tiempo quise irme, hasta que se me quitaron las ganas. Sí, mis días también están teñidos de hostilidad, malos servicios, tráfico, contaminación, corrupción, discriminación, indignación y pare usted de contar. Pero alguna vez fuimos la ciudad más amable del mundo, y en la actualidad somos el país más feliz de esta corteza terrestre; sea como sea que los entes internacionales lleguen a esas conclusiones a las que siempre me mantendré escéptica.

Amo todo esto que nos rodea. Amo su desorden, su ruido y su caos; su carácter impredecible para lo bueno y para lo malo; y, sobre todo, creo que amo su energía destructora. Quizás por eso tenemos memoria a corto plazo: derribar para montar cosas nuevas nos deja poco espacio para el recuerdo. Por otro lado tenemos a su cielo azul y su sol tan caliente que pareciera que lo vemos de noche. Sus guacamayas y sus guacharacas que te despiertan a las cinco de la mañana. Sus mangos y sus guayabas. Su naturaleza luchadora que hace que crezcan lindas matitas con flores en el concreto y en los cables de electricidad. Su café y su cacao. Sus llanos, sus tepuyes, sus cataratas, sus ríos y sus montañas. El Ávila, a veces verde, a veces roja, a veces amarilla. Su gente zalamera con ansias de hablarte en la calle. Su gente extraña, extrañísima.

Hay una anécdota que siempre me ha parecido la metáfora perfecta: mi madre camina conmigo en mano y detiene una camionetica, me monta y con ella todavía pisando la calle el carrito arranca. Un señor detiene el carrito y regaña al conductor: “¿Cómo es esto posible? ¿Qué le ha pasado a esta ciudad que una señora no puede caminar tranquila con su hija?” Mi madre da las gracias y, apenas se sienta, el señor saca un machete y roba a toda la camionetica, menos a mi madre y a mí, claro. Nos sorprende de la misma forma un acto de maldad como uno de bondad y la mayoría de las veces encontramos estos extremos en una sola persona. Una metáfora de nuestra ciudad o del mundo, me gusta más pensar ese señor es la esencia de lo que se vive únicamente en esta ciudad.

En la calle me he caído a cervezas con obreros y después he conocido a mendigos que hablan del espacio y la velocidad de la luz mientras me ofrecen aguardiente a pico de botella. He comido mango con vendedores de libros que saben todo lo que yo quisiera saber de teatro venezolano. Se han inventado acentos para conquistarme en las calles, como lo hizo  “Habibi” con su acento llanero árabe. Viejitos españoles han bailado conmigo en plazas. Artesanos me han invitado a la playa con drogas duras incluidas. La piedrera que me ofreció unas puñaladas me terminó abrazando cuando se enteró de que era mi cumpleaños. Camioneros me han regalado patilla porque me han visto con sed caminando bajo el sol.

La magia de hablar con desconocidos es que no hay ningún tipo de atadura: he escuchado los sueños y las decepciones más profundas del que se sienta al lado mío en el carrito. He hablado de la maldad y de la esencia del ser humano con barrenderos que se jactan de ser los perfectos espectadores de la calle. He compartido cigarros con seres que se inventan profesiones y absurdas cuando les pregunto qué hacen. He tomado guayoyos con señores mayores que se han mochileado toda Latinoamérica y extrañan no haberlo hecho más. Se me han acercado mujeres hermosas de voz ronca y manzana de Adán para hablarme de cuán esclavos somos de nuestro cuerpo.

La realidad detrás de los esporádicos encuentros suele ser dura. Acostumbran a hablar de la tristeza, de los matrimonios fallidos, de las malas relaciones conlos hijos, de lo vacíos que están nuestros monederos, de los futuros proyectos que uno sabe que no se van a dar, de los vicios de los que no podemos despegarnos. Por alguna razón siempre he percibido que estas pequeñas descargas de calle están bañadas con un aire de humor, plenitud y hasta sabor, coño. Quizás es que estoy obsesionada con Gabriel García Márquez o capaz es que verdaderamente somos felices por el simple hecho de tener pájaros de colores en nuestro cielo azul, frutas que pareciera que tuvieran azúcar encima, palomas tímidas, viento fresco que nos pega en la cara, café increíble en cada esquina y petróleo en abundancia.

Recordando la literatura que leía cuando niña, me doy cuenta de que las historias venezolanas tenían siempre un halo de conformismo encima. Como en El cocuyo y la mora, donde el insecto era un insensible y un ingrato con quien lo cobija tiernamente. Creo también que Caracas nos trata así, porque nosotros no la tratamos muy distinto. La ciudad claro que es hablante y el discurso que generan a veces nos obliga a irnos, cuando en realidad debería convencernos para quedarnos. Tulio Hernández nos lo dice también: Caracas siempre ha sido una tarima desde la cual se habla al país, pero nadie se ocupa de mirarla a ella. Caracas termina siendo nuestra Odisea, un viaje complicado lleno de obstáculos terribles, pero al final la meta siempre es volver a casa, y qué buena suerte que casa sea este valle generoso que nos cobija o nuestros campos de papas, tapiramas y frijol. La casa está donde está el corazón, y qué rico que Caracas nos lo haya robado.

ALMAGROWEB

Almagro a Maduro: o te cuentas o te vas

Un duro ultimátum le cantó ayer a la dictadura el Secretario General de la OEA, Luis Almagro, al exigir que en un plazo no mayor a 30 días se realicen en el país elecciones generales con observadores internacionales, so pena de ser suspendidos definitivamente del organismo. Lo hizo al entregar el día de ayer al Consejo Permanente una actualización del informe que había presentado en mayo sobre el país. En aquella oportunidad, Almagro había pedido la aplicación de la Carta Democrática a Venezuela, pero ahora pidió la expulsión del país, de no cumplirse el requisito electoral: “Aprobar la suspensión del desnaturalizado gobierno venezolano es el más claro esfuerzo y gesto que podemos hacer en este momento por la gente del país, por la democracia en el continente, por su futuro y por la justicia”, exhortó el Secretario General. ¿Qué motivos tiene Almagro para pedir sanción semejante? “En Venezuela ningún ciudadano tiene posibilidades de hacer valer sus derechos; si el Gobierno desea encarcelarlos, lo hace; si desea torturarlos, los tortura; si lo desea, no los presenta a un juez; si lo desea, no instruye acusación fiscal. El ciudadano ha quedado completamente a merced de un régimen autoritario que niega los más elementales derechos (…) La corrupción es generalizada y la economía va en caída libre (…) No hay suficiente comida; los servicios de salud son extremadamente precarios, y la profunda crisis humanitaria es de una escala inaudita en el Hemisferio Occidental”, alega en el informe. Delcy (no se podía esperar menos) respondió fue con insultos: “[Almagro] es un malhechor (…) enano de la moral y la ética”. Ahora bien, la expulsión de Venezuela de la OEA (cosa que sólo ha sucedido dos veces en la historia: con Cuba en 1962 y con Honduras en  2009) no está en manos ni de Almagro ni de Venezuela, sino en la de 2/3 de los 34 miembros del organismo. Ya la dictadura no cuenta con Brasil ni Argentina y puede que tampoco Ecuador. ¿Le alcanzará PetroCaribe?

JULOCESARWEB

Aparte de político, Julio César también fue escritor

“Los cobardes agonizan muchas veces; los valientes ni se enteran de su muerte”

Fue, de todos los césares, el más prestigioso y famoso. No se tiene certeza de cuando nació, pero sí de cuando murió: 15 de marzo del año 44 A.C. Sus últimas palabras (“Tu quoque, Brute, filii mei” | “¡Tú también, Brutus, hijo mío!”) fueron de desencanto, al descubrir entre sus asesinos a su propio hijo, quien era parte de la conspiración de senadores que lo asesinó a puñaladas en el Teatro de Pompeyo, a los pies de cuya estatua quedó su cadáver. Antes de eso, había sido un gran y habilidoso estratega, un militar corajudo con cuyas victorias se extendió notablemente el territorio del imperio romano, un político habilidoso y astuto para manejar los intríngulis de la política, un populista sin reparos que supo seducir y ganarse el favor del pueblo, y, también, un literato excepcional, que, entre otros, escribió uno de los textos más notables del latín clásico: ‘La guerra de las Galias’, en el que describe extensamente la campaña militar que durante siete años (del 58 A.C. al 51 A.C.) libró como procónsul romano y que le permitió al imperio ganar todo el territorio galo. Es su obra más importante, considerada por muchos como una de las primeras y mejores propagandas políticas de la historia, ya que la escribió con la intención de persuadir de su grandeza a los lectores romanos; es, también, uno de los textos favoritos de los profesores de latín de todos los tiempos para enseñar esta lengua, ya que está redactado con una prosa limpia, sin adornos, correcta y sobria. Hoy, en otro aniversario de su muerte, lo recordamos con una de sus máximas más célebres.

Sterile

REVIEW: No Gods no loss – Sterile Jets

Por: Humberto González

El último disco de Sterile Jets se integra dentro de una sensibilidad creadora desordenada, agresiva y, en muchos momentos, desoladora. No Gods No Loss es un disco que podría medirse con la cinta métrica del Noise, del Punk o el Post-hardcore. Pero Sterile Jets lo lleva a los extremos que quizás los géneros no reconocen o conciben.

Una batería que no conoce lo técnico, y que carece de un intento por crear un diseño básico de ritmos del género, se decanta por ser ruido, por ir a destiempo y porque el registro musical transforme todo beat en un sonoro golpe sin elegancia de un par de tambores y platillos. Al igual que la guitarra, el bajo, o la voz de Robert Bly Moore.

Y esto no es algo malo. Esto es lo que define la música de la banda oriunda de California. El ruido escabroso, lo abrupto de sus tiempos, el desorden y la fiesta. No Gods No Loss es un disco para los interesados en adentrarse dentro del hardcore más independiente.

Durante 10 temas, Sterile Jets desintegra cualquier tipo de fe o esperanza en cualquier aspecto de la vida. Y la desolación se convierte en rabia, desorden y angustia. Un disco divertido.